ID de la obra: 144

Lejos de tus ideales.

Mezcla
NC-21
Finalizada
10
Promocionada! 1
Fandom:
Tamaño:
1.121 páginas, 530.177 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Permitido mencionando al autor/traductor con un enlace a la publicación original
Compartir:
10 Me gusta 1 Comentarios 2 Para la colección Descargar

Capitulo 50. Una última conversación.

Ajustes
La habitación estaba sumida en penumbras, pero para ambos sol y luna era un consuelo. Catnap dormía profundamente, enroscado alrededor de Dogday, ambos refugiados bajo las cobijas como si aquel nido cálido pudiera protegerlos de todo lo que había afuera. El suave respirar del perrito le llegaba como una melodía frágil, suficiente para mantenerlo en calma. Sin embargo, unos golpes discretos en la puerta lo arrancaron del sueño. Catnap gruñó en voz baja, arrugando el entrecejo, con los párpados pesados y un cansancio marcado bajo sus ojos, la falta de descanso le pasaba factura, y solo lograba dormir un poco cuando Dogday estaba con él. Aun así, con cuidado de no despertarlo, se apartó lentamente, deslizando sus brazos con delicadeza para que su sol siguiera envuelto en la calidez de las cobijas. Se levantó en silencio, estiró un poco su cuerpo adormecido y, con pasos cautelosos, se dirigió hacia la puerta. El felino la entreabrió, dejando escapar un hilo de luz hacia la penumbra de la habitación. Al otro lado, de pie y con un gesto contenido, se encontraba Kissy Missy. Kissy Missy lo observó un instante en silencio, como calibrando las ojeras bajo los ojos de Catnap y el cansancio que lo rodeaba como un manto. Finalmente, con sus manos hablo con su lenguaje de ceñas, mostrando su preocupación por ellos. —¿Cómo están? —preguntó ya que sabia por lo que habían pasado, era evidente que estaba angustiada por la salud de ambos. Catnap bajó la mirada, procurando no alzar demasiado la voz, contestando apenas audible, cuidando que el perro sobre la cama no escuchara. —Se está recuperando… lento… pero está conmigo. Eso es lo único que importa ahora. Lo que Catnap no sabía era que Dogday ya había abierto los ojos, aunque fingía dormir, atento a cada palabra. No quería interrumpir, pero tampoco deseaba que lo mantuvieran al margen. —¿y tú? —volvió a preguntar el juguete rosado. —Mejor. —Eso fue todo lo que contesto el felino. Kissy solo asintió, teniendo un poco de alivio de escuchar que estaban bien, sin más rodeos, dio la noticia. —Catnap, Poppy y el Prototipo los llaman, me pidieron que les comentara que necesitan hablar con ustedes con urgencia. Catnap tensó la mandíbula, sus garras se clavaron levemente contra la madera de la puerta. Sus ojos brillaron con un destello de irritación. —Ahora no —murmuró, negando de inmediato—. No después de lo que él ha pasado. No pienso arrastrarlo fuera de esta habitación todavía. Un silencio se extendió entre ambos. Fue entonces que Dogday se incorporó lentamente en la cama, sus movimientos torpes pero firmes, y su voz clara quebró la tensión. —Iremos. —Sentenció sin titubear, aunque la fatiga se reflejaba en su mirada. El felino giró de golpe, sorprendido al verlo sentado. Dogday se pasó una pata por el rostro por su pecho, sostuvo la mirada de Catnap transmitiendo un mensaje, estaba bien y quería demostrarlo, incluso estando débil. Kissy solo asintió en silencio, aceptando la decisión. Antes de retirarse, agregó con calma. —Los esperan en la antigua oficina de Elliot. El pelaje de Catnap se erizó al instante, sus ojos se encendieron en un destello de rabia contenida. —¿Qué clase de broma es esa? —escupió, con los colmillos apenas asomando en su furia—. ¿Después de todo lo que le hicieron, después de todo lo que pasó… pretenden arrastrarnos ahí? Pero Kissy negó suavemente con la cabeza, su tono casi suplicante. —Solo… vayan. No es lo que parece. Confíen en mí. Catnap se quedó en silencio, con la respiración agitada y los ojos clavados en la muñeca, mientras Dogday lo miraba con calma, sosteniéndolo con esa paciencia que solo él sabía tener. Kissy Missy no dijo más. Se limitó a soltar un suspiro cargado de cansancio y se retiró por el pasillo, dejando tras a la parejita. Catnap cerró la puerta con un golpe suave, pero sus manos aún temblaban de la rabia contenida. —Catnap… —la voz de Dogday lo llamó con calma, serena pese al cansancio —Vuelve. El felino giró hacia él y, sin discutir, obedeció. Caminó de nuevo hasta la cama y se sentó a su lado. Dogday, sin esfuerzo inútil, se recargó contra su hombro, buscando ese refugio que solo él le daba. Por unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Entonces, el perrito murmuró, con los ojos entrecerrados y un pequeño suspiro de alivio. —Estaremos bien… yo estaré bien… —sus palabras eran suaves, como una promesa. Catnap cerró los ojos un instante, dejando que el calor de Dogday lo envolviera, y lentamente apoyó la cabeza sobre su hombro. Su voz salió en un susurro tranquilo, apenas audible. —Me alegra escucharlo… —dijo, sintiendo cómo el ritmo de su respiración empezaba a sincronizarse con el de Dogday. ☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* Dogday se sujetaba con fuerza del pelaje de Catnap, intentando no caer ni perder el equilibrio mientras avanzaban por los pasillos. Cada paso parecía resonar en aquel lugar silencioso, donde los ecos de los gritos se habían apagado y solo quedaba un olor pesado, mezcla de sangre y otras cosas. A su alrededor, los estragos de la “hora de la alegría” se hacían visibles, cuerpos humanos inertes, contorsionados en posiciones antinaturales, charcos de sangre seca y fresca, manchas que dibujaban un mapa de horror a cada lado del corredor, además que también había uno que otro cuerpo de un juguete que habían caído muertos, ya que los humanos se habían defendido. Dogday sentía que su estómago se revolvía, las ganas de vomitar le amenazaban a cada instante, pero apretó los dientes y desvió la mirada, apoyándose más en Catnap, que avanzaba con una calma casi fría. El felino parecía ajeno a la repulsión que lo rodeaba, sus pasos firmes y decididos como si nada pudiera afectarlo, no le importaba pisar charcos de sangre solo quería terminar con esto rápido y volver a su nido de amor con el perrito solar. Dogday, por su parte, luchaba por mantener los ojos abiertos, temiendo lo que pudieran encontrar al llegar a la oficina de Elliot. Finalmente, el corredor se abrió frente a ellos, revelando la puerta de la oficina. Allí, varios juguetes pequeños arrastraban con esfuerzo los restos de lo que alguna vez fue la asistente de Elliot. El cuerpo estaba irreconocible, mutilado y devorado en parte, y mientras los juguetes lo pasaban hacia afuera de la puerta de la oficina, Dogday no pudo evitar un escalofrío que le recorrió la columna, el horror reflejado en sus ojos. Su estómago se retorció, y un nudo de náusea le subió por la garganta. Catnap, a su lado, permanecía impasible, su expresión dura y fría, mostrando indiferencia ante la escena que Dogday apenas podía mirar sin sentirse enfermo. Los juguetes pasaron bajo la sombra del felino, diminutos en comparación, y se escabulleron hacia los corredores oscuros hasta desaparecer, dejando tras de sí un rastro pegajoso en el suelo. Dogday solo sentido náuseas y tuvo miedo de entrar a esa oficina, porque no sabía que horrores se encontraría adentro, pero Catnap no se detuvo. Con un empujón suave de su pata contra la puerta, el felino abrió paso, y ambos cruzaron el umbral. El interior era un caos. Los muebles, antes pulcros y elegantes, yacían volcados en el suelo, cajones abiertos con papeles regados por todas partes, manchas de ese rojo intenso que aún parecía brillar bajo la luz tenue, dibujando un escenario grotesco. El aire estaba cargado de un olor metálico y espeso Sin embargo, lo que dominaba la escena no era el desorden, sino la pequeña figura que se mantenía erguida parada en ese escritorio del exfundador, frente al enorme ventanal. Poppy, con su vestido impecable sin ningún rastro de sangre y su cabello rojo cayendo como una cascada por su espalda, ya que hace poco se había quitado las coletas por comodidad, observaba en silencio la vasta extensión de la fábrica. Su silueta recortada contra la luz le daba un aire solemne, casi irreal. Al sentir la presencia de los recién llegados, la muñeca giró lentamente. Sus ojos que mostraban tener manchas azules en sus iris, brillantes y firmes, se fijaron directamente en Dogday. —Dogday… —susurró, su voz cargada de ternura y alivio. El corazón del perrito dio un vuelco. Por un instante, el horror que lo acompañaba desde la cafetería se deshizo, y lo único que sintió fue emoción. Sus ojitos se llenaron de lágrimas y con un jadeo entrecortado trató de estirar sus patas, queriendo correr hacia ella, pero sus fuerzas no lo permitían. Catnap, comprendiendo de inmediato, inclinó un poco su cuerpo y encaminó a su amado hasta la muñeca. Con cuidado, se agachó lo suficiente para que Dogday pudiera bajar de su espalda y acercarse, sus pasos torpes pero decididos, como un niño regresando a los brazos de su madre. —Poppy. —Murmuro el perrito mientras llegaba a ella y los dos se abrazaban, permitiendo que el can, hundiera su cabeza en el cuerpo de su madre, mientras ella lo rodeaba con sus pequeñas manos, sosteniéndolo con delicadeza y firmeza a la vez. Era una escena cálida, reconfortante, casi irreal después de todo lo vivido. Ambos habían anhelado ese reencuentro desde el juicio, conscientes de que aún había mucho por decir y heridas que enfrentar. Sin embargo, en ese momento las palabras no importaban ya que lo esencial era la presencia del otro. Madre e hijo se daban mutuo alivio, recordando que, al final, el instinto de proteger y ser protegido era más fuerte que cualquier dolor, y que encontrarse de nuevo era, en sí mismo, un alivio esperado. Poppy lo sostuvo un poco más, hasta que con suavidad bajó la mirada hacia él, acariciando su cabeza buscando consolarlo. —Dogday… ¿cómo te sientes? —Preguntó con preocupación, sabiendo que su hijo estaba herido y traumatizado. El perrito parpadeó, su voz se le atascó en la garganta y solo pudo responder con un gesto torpe, encogiéndose un poco en los brazos de su madre. Catnap, mientras tanto, se sentó a un lado, en silencio, observándolos con una calma que solo tenía cuando lo veía seguro. Sus ojos cansados se suavizaron, atento, pero sin interrumpir. Fue en ese momento, sostenido entre ambos, que Dogday dejó de contenerse. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas hasta que al fin se rompió, hundiendo otra vez el rostro contra Poppy mientras su cuerpo temblaba. El llanto brotó callado al principio, pero pronto se volvió más fuerte, desgarrado, el eco de todo lo que había guardado en su interior. —Está bien mi solecito, estará bien… esta vez… estas a salvo—susurraba Poppy mientras lo acariciaba, mientras trataba de llorar con él, de mantenerse fuerte y controlada, cuando su hijo había sufrido lo mismo que ella. sintiéndose fracasada y frustrada por no poder salvar a tiempo a su hijo. Ahora solo podía abrazarlo, como si con ello pudiera reparar todo lo que habían perdido. —¡NO!, ¡NO ESTARE BIEN! —Gritó Dogday, la voz quebrada por la desesperación. Sus patas temblaban mientras se apartaba bruscamente del abrazo de su madre. Con torpes movimientos comenzó a arrancarse la camisa que cubría los vendajes, jadeando de rabia y dolor. La tela cayó al suelo con un golpe sordo, dejando al descubierto su cuerpo marcado, los vendajes cubrían la mayoría de las cicatrices que Elliot dejo, pero aún se podían ver moretones, como había partes lampiñas de su cuerpo, además no quería ni siquiera bajar el short que tenía, tenía tanto horror de mirar su parte intima. Señaló con desesperación, los ojos llenos de lágrimas, la garganta desgarrada en cada palabra. —¡MIRA LO QUE ESTE MOSNTRUO ME HIZO! Fue entonces que Dogday no pudo resistir más. Sus patas se doblaron y cayó al suelo con un golpe seco, cubriendo su rostro con ambas manos mientras un llanto desgarrador brotaba de su garganta, crudo, agónico, imposible de contener, Catnap no pudo soportarlo rápidamente se puso a su lado para poder abrazarlo. —Dogday…—Murmuro su nombre angustiado, mientras trataba de calmar a su pareja, que parecía sufrir un ataque de pánico, ante todas las emociones que estaba experimentando. El aire le quemaba los pulmones, como si cada respiro fuese un recordatorio de lo que había vivido. El recuerdo de Elliot encima suyo, su peso aplastante, embistiéndolo con ese pene nauseabundo y jediondo en especial cuando el hombre no se había bañado en días, lo tocaba, lo lamía con esa repulsiva obsesión, tan solo el maldito recuerdo de cada palabra enferma que aquel monstruo le susurraba, lo hacían sentir asqueroso. Dogday sollozaba con fuerza, temblando como si quisiera arrancarse la piel a jirones. Deseaba bañarse hasta hacerse sangrar, frotar su cuerpo hasta borrar cada huella, no podía pensar bien, La sensación de esas manos recorriéndolo lo hacía querer vomitar, y por un instante lo hizo, inclinado sobre el suelo, entre espasmos y arcadas. Su vientre se contrajo de dolor, su cuerpo aún resentido y un ardor insoportable lo atravesaba. Su coño le dolía aun y hasta deseo poder clavarse algo, para arrancarse todo lo que Elliot toco. Se sentía contaminado, como si ya no fuera suyo, como si lo hubiesen robado de sí mismo. —¿Com-como lograste superarlo? —preguntó Dogday entre sollozos quebrados, con la voz hecha trizas, mientras sus lágrimas se mezclaban con los mocos que no paraban de correr. Su cuerpo se sacudía con espasmos de dolor y asco, jadeando entre cada palabra como si hablar lo desgarrara por dentro. Hundió la mirada en el suelo, incapaz de sostener los ojos de su madre, temblando sin control, ni siquiera sentía el calor de su pareja —Yo… yo no puedo… me siento sucio… siento que nunca voy a escapar de él… —su voz se apagó, ahogada por un sollozo aún más fuerte. Poppy no pudo resistir más. Las palabras de su hijo rompieron la última muralla que intentaba sostener. Las lágrimas le corrieron libres por las mejillas mientras se bajaba lentamente del escritorio, sus pequeñas piernas temblando, hasta quedar a su altura. Sin pensarlo dos veces, abrazó con toda la fuerza que tenía, las piernas de su hijo, por supuesto por la altura era imposible rodearlo entre sus brazos. Ambos lloraron juntos, sus sollozos mezclándose en un mismo dolor compartido, un lamento que resonaba entre las paredes de aquella oficina caída en ruinas. Poppy solo acariciaba un poco el pelaje de su hijo, como si intentara calmar su dolor, pero era prácticamente imposible. Cada lágrima de Dogday era un puñal que atravesaba su propio pecho, porque veía en él a la misma niña rota que alguna vez había sido. —No lo he superado —confesó, con una sinceridad que calaba hondo—. Nunca se supera del todo. Las cicatrices no desaparecen… los recuerdos siempre vuelven, las pesadillas te persiguen. —Poppy seguía sintiendo que su pecho iba a explotar, le dolía todo, se sentía tan miserable no poder proteger a su hijo. Aun así, trato de ser honesta. —Pero… aprendí a vivir con ello. Aprendí a respirar otra vez, aunque duela. Y con el tiempo… duele un poco menos. Dogday la escuchaba, temblando con cada palabra, con los ojos rojos y las mejillas empapadas. sintió como Catnap se pegaba más a él y se permitió sentir la calidez de su pareja y madre, como si de repente entendiera que no estaba solo en su tormento, que no era el único con las cicatrices que Elliot había dejado. Poppy tuvo que limpiar sus mejillas para poder ver mejor, además de respirar con un poco de dificultad buscando calmarse—La diferencia es que tú no tienes que enfrentarlo solo, Dogday… —Comento la muñeca, esta vez haciendo que el nombrado la mirara, sin entender a que se refería—. Tienes a Catnap, me tienes a mí, tienes a tus amigos, no estás solo cariño, a diferencia de mi… yo nunca tuve a alguien ayudándome, todo lo enfrente sola. —Confeso la muñeca porque cuando eso empezó, Kissy aun no existía, por lo que Poppy tuvo que afrontarlo en soledad. — No voy a dejar que te hundas. No voy a permitir que la sombra de ese monstruo te robe la vida también. Dogday aun sollozando entiende de inmediato. así que solo tomo a Poppy con sus manos y le dio también un abrazo, por primera vez desde lo ocurrido, se permitió descansar un poco su corazón, sentir la calidez de no estar solo, de tener a alguien que lo comprendía y lo sostenía, le devolvía una chispa de alivio en medio de tanta oscuridad. Durante unos segundos se abandonó a ese consuelo, respirando el tenue aroma de su madre, grabando en su pecho la certeza de que seguía vivo porque alguien lo amaba. Cuando al fin pudo calmarse un poco, con las fuerzas justas y el llanto todavía marcándole el rostro, bajó suavemente a Poppy hasta el suelo, como si no quisiera soltarla del todo. Dogday, aún con la voz quebrada y la mirada perdida en el suelo, reunió valor para preguntar lo que tanto lo atormentaba. —¿Elliot… está muerto? —su voz tembló, cargada de un miedo infantil que lo hacía aferrarse a esa posibilidad como si de ello dependiera poder respirar en paz. Porque él no sabía que le habían hecho, solo escucho sus gritos, pero nunca quiso saber que fue de él. Poppy abrió la boca, pero no alcanzó a responder. Fue otra voz, profunda y metálica, la que llenó la oficina con un eco que hizo vibrar las paredes. —Nunca más volverá a hacerte daño. —El Prototipo apareció en la entrada, pero lo que más impacto al perrito solar, fue notar que el mismísimo 1006 con su tamaño pudiera llegar, sin que lo escucharan, sin siquiera sentir sus pasos pesados. Realmente era demasiado aterrador su sigilo extremo, tanto que hasta el mismísimo Catnap al ser un felino palidecía ante su sigilo. El marco de la puerta tembló al contacto de su cuerpo, era demasiado estrecha para él. El Prototipo gruñó con visible fastidio, como si aquella limitación arquitectónica fuera una ofensa personal. Forzó el paso, y la madera crujió con un sonido lastimero, el concreto se resquebrajó y parte de la pared terminó partiéndose como si fuera de papel, cediendo sin dignidad alguna ante la fuerza descomunal de la máquina. Pedazos del marco rodaron por el suelo, levantando una nube de polvo que obligó a todos a parpadear varias veces. Poppy, pese a la tensión del momento, no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, había algo irónicamente imponente casi cómico en ver a la deidad entrar de esa forma. Catnap, en cambio, se quedó con la boca entreabierta, sorprendido al ver a su padre irrumpiendo con semejante brutalidad. Y Dogday… bueno, la imagen se le hizo tan ridículamente graciosa que por un instante sintió que iba a reírse. Pero se contuvo de inmediato, el miedo aún lo tenía atado, y lo único que pudo hacer fue bajar la mirada, mientras sus labios temblaban al resistirse a la risa que su madre sí se permitió. —¿Padre? —preguntó Catnap, con una mezcla de desconcierto y sorpresa. No entendía por qué lo habían citado en un lugar tan reducido, casi ridículo para alguien de su tamaño. Dogday, en cambio, se quedó inmóvil, con la garganta seca. Tragó saliva con dificultad, y casi por instinto empezó a incorporarse, tambaleante, como si sus piernas no le respondieran del todo. Quería mostrar respeto, aunque aquella figura lo sobrepasaba en todos los sentidos. Cada movimiento suyo estaba cargado de un temor reverencial, como si temiera que un gesto fuera inapropiado frente a semejante deidad y el padre de su pareja. Pero la mano del prototipo se levantó dándole una señal a Dogday que no se levantara. —No. —dijo con una seriedad inquebrantable—. No necesitas inclinarte ante mí, Dogday. No cuando eres el hijo de Poppy… y la pareja de mi hijo. —Explico el prototipo, solemne y definitiva. El perrito solo asintió un poco intimidado, pero a pesar de eso aunque quería confirmar aquella afirmación. —así que… ¿él no volverá? —Pregunto de nuevo Dogday, queriendo estar al 100% seguro, no quería volver a saber nunca más de él. Necesitaba esa seguridad, cosa que el prototipo solo lo miro con su ojo metálico rojizo. —Él no volverá. —respondió el ser, dejando en claro su punto. Lo que hizo que Dogday solo respirara de alivio y sintiera sus lágrimas bajar de nuevo de sus mejillas, mostrando que estaba feliz de confirmar que Elliot ya no volvería a hacerle daño y probablemente ya esté muerto. Aquella deidad mecánica avanzó hasta adentrarse por completo en la amplia oficina. Su sola presencia parecía llenar el espacio, desplazando el aire, imponiendo un silencio reverencial. Se detuvo a unos dos metros de los demás, guardando la distancia suficiente para no oprimirlos con su sombra. Luego, con un movimiento pesado, recostó la mitad de su cuerpo contra el suelo, el gesto no era casual, buscaba evitar doblarse en exceso y resentir el peso de su espalda y cuello, un recordatorio de que incluso los titanes también cargaban con límites. Dogday, aún tembloroso, se aferraba al calor de la presencia de su madre y a la seguridad de Catnap. Fue entonces que el felino, que hasta ese momento había permanecido callado y observador, dio un paso al frente. Su pelaje aún erizado reflejaba la tensión de todo lo vivido, y sus ojos brillaban con la determinación de quien ya no podía tolerar más incertidumbre. —Está bien. —dijo Catnap, su voz grave pero firme, resonando en la estancia con un eco contenido—. Ya estamos aquí, como pidieron. Ahora exijo que nos digan la verdad. —Clavó su mirada primero en el Prototipo y luego en Poppy, como si buscara atravesar cualquier barrera de silencio—. ¿Por qué nos citaron? ¿Qué será de nosotros ahora? ¿Qué pasará con la fábrica, con todos? El felino apenas se movió de su lugar, pero su postura transmitía una mezcla de desafío y angustia. Su cola golpeaba suavemente contra el suelo, como una llamarada contenida, y sus orejas inclinadas hacia adelante mostraban que no se iba a retractar de lo que acababa de decir. Dogday lo miró desde su rincón, sintiendo el pulso firme de su pareja sostener lo que él todavía no podía expresar. Poppy, de pie, alzó un poco la cabeza, solo suspirando de forma cansada, necesitaban decirle la verdad. Mientras tanto, el Prototipo miraba en silencio analizando la situación, como si aquel silencio previo fuera el preludio de una verdad mucho más grande de lo que cualquiera de ellos estaba preparado para escuchar, fue entonces que miro a la muñeca que ella solo asintió mostrando que ya era hora. —La razón por la que los he convocado aquí —dijo, dejando que cada palabra cayese como un martillazo en el aire— es porque ha llegado el momento de hablar sobre lo que viene después. Este mundo… esta fábrica… ya no volverán a ser lo que eran. La era pasada terminó, y lo que se levante a partir de hoy dependerá de nosotros, de Poppy y mía. Entonces Poppy, que hasta ese instante se había mantenido a cierta distancia, comenzó a caminar con pasos firmes hacia el Prototipo. Cuando llegó a su lado, levantó la barbilla y, sin apartar la vista de los jóvenes, se colocó junto a él como su igual, como su contraparte. —Hemos hablado, y hemos decidido —dijo la muñeca, su voz clara, firme, pero con la ternura de una madre que sabe que lo que está a punto de decir cambiará el destino de sus hijos— Ustedes dos serán nuestros sucesores, si algo nos llega a pasar al Prototipo o a mí, ustedes gobernarán este nuevo reino. Un silencio denso se apoderó de la habitación. Catnap abrió los ojos de par en par, incrédulo, su cola se agitó con un movimiento brusco, como si esas palabras hubieran encendido un fuego dentro de él, por supuesto que ya lo sabía, pero lo que realmente le preocupaba que pasaría con su pareja. Dogday, en cambio, sintió que el aire le faltaba, su pecho se apretó con una mezcla de sorpresa, miedo y responsabilidad que lo aplastaba como una losa, en especial porque no estaba en condiciones ni siquiera para ayudar. El Prototipo inclinó apenas la cabeza, con ese gesto solemne que no necesitaba más explicación. —Este mundo no volverá a ser como antes. Lo que nace hoy es un nuevo orden. Y cuando nosotros no estemos… —su ojo rojo se fijó en ambos jóvenes, perforando sus dudas y sus miedos— Serán ustedes quienes lo sostendrán. Poppy, con suavidad, posó su mano sobre el metal oscuro del brazo del Prototipo, sellando con ese gesto una decisión que ya estaba tomada. —Esta vez tendrán responsabilidades más grandes, por esa razón a partir de ahora los criaremos como los nuevos lideres. —Contesto Poppy seriamente, no había emoción en su voz, porque sabía que era una carga enorme para sus hijos, en especial para Dogday, pero no podía confiar en nadie más que en ellos para cuidar de los juguetes, de mantener el orden si a ellos les llegaba a pasar algo. Entonces el aire pareció volverse demasiado denso para Dogday. El corazón le latía con una fuerza dolorosa contra el pecho, y de repente un ruido blanco, constante y abrasador, comenzó a llenar sus oídos, como si todo lo que lo rodeaba se disolviera en un zumbido insoportable. Sus manos temblaban, sus ojos se abrieron con un pánico desmedido y la respiración se le volvió entrecortada, descontrolada, como si se estuviera ahogando sin agua. La noticia no lo llenó de orgullo ni de esperanza, sino de terror. Un terror visceral que lo apretaba por dentro como una garra invisible. —¡N-no! —balbuceó, retrocediendo tambaleante, llevándose una mano al pecho, como si pudiera contener la presión que lo desgarraba—. ¡Yo no puedo… no soy digno! ¡No soy lo que ustedes creen, no soy nada! —gritó, la voz rota, quebrada, con lágrimas que ya ni sentía resbalar por su rostro—. Estoy roto… ¡Elliot me destrozó! —El nombre salió como un veneno, como un peso insoportable que lo hacía encogerse—. Yo no puedo… liderar cuando estoy roto, cuando lo intente no pude evitar que un grupo de juguetes se suicidara y ahora… como estoy, no soy digno … —su voz se apagó, rota, ahogada por un sollozo desesperado. Poppy lo miró con un dolor punzante en el pecho, entendiendo demasiado bien lo que esas palabras significaban. No era rechazo, era miedo, era la voz del trauma que todavía lo tenía encadenado. —Dogday… —dijo con suavidad, pero sin titubear—. Justamente por eso estamos aquí. Miro a su hijo, tratando de trasmitirle esa seguridad y calidez que necesitaba. —No voy a mentirte —continuó, su voz firme pero empapada de esa voz maternal—. Ahora mismo no estás listo. Y está bien. No esperamos que lo estés. —Ella camino hacia él para de nuevo quedar frente suyo y poner su mano en una de sus manos—. Este lugar… esta oficina… será tu refugio y tu escuela. Aquí vas a estar aislado, protegido de todos los demás hasta que sanes lo suficiente. Aquí recibirás terapia, aquí estarás vigilado las veinticuatro horas, ya sea por mí, por Catnap o por el Prototipo. No vamos a dejarte solo Dogday, como te dije… tú tienes una familia que va a apoyarte en todo. Dogday la miraba con los ojos rojos e hinchados, aun temblando, incapaz de aceptar del todo lo que escuchaba. —No podrás convivir con los demás, a menos que nosotros lo permitamos —continuó Poppy con una seriedad que no dejaba lugar a dudas— Bobby te ayudara a sanarte y cuando llegue el momento, cuando ya no duela tanto, cuando puedas mirarte al espejo sin sentir ese asco… entonces sí, podría ayudarnos poco a poco hasta convertirte el líder digno de ser mi sucesor. Se inclinó un poco más, apretando sus manos con más fuerza, sin dejar que escapara de su mirada. Dogday sintió un peso extraño en el pecho, como si las palabras de su madre fueran piedras colocadas una tras otra sobre él. El miedo lo atenazaba, la idea de estar aislado lo llenaba de un dolor mudo, porque sabía que significaba separarse de sus amigos, de los niños que cuidaba con tanto amor, de la risa que a veces era lo único que lo mantenía en pie. Esa ausencia le escocía como una herida abierta. Y, aun así, en medio de ese vacío que lo oprimía, había un brillo de esperanza, la promesa de que no estaría solo, de que cada paso sería vigilado no como una condena, sino como un refugio. Dolía, pero también lo salvaba. Una parte de él lloraba en silencio por lo que dejaría atrás, pero otra, más profunda, comprendía que ese sacrificio era necesario, si eso significaba superar y sanar de ese trauma entonces lo haría, aunque su corazón le doliera pensar separarse de sus seres amados. Catnap, a su lado, no apartaba la vista de su pareja. En sus ojos se reflejaba la tormenta de Dogday, y aunque sus labios se mantenían apretados en un gesto de dureza, sus orejas inclinadas hacia atrás y la cola enroscada contra el suelo delataban su propia angustia. El felino no dudaba de que Dogday merecía todo el cuidado y la protección que se le ofrecía, pero al menos le tranquilizaba que estaba la mayor parte de su tiempo a lado de su pareja, aunque sabía que para el perrito sería difícil al ser sociable. Sin embargo, en su interior también confía en Poppy para ayudarlo a sanar y aunque su método era cuestionable, al menos quería creerle que sería para bien. Así que respiró hondo, tragando sus propias dudas y se permitió aceptar la decisión de su padre y Poppy. Catnap respiró hondo, sus ojos se alzaron hacia la imponente figura del Prototipo. — ¿Y ahora que pasara padre?, ¿Qué haremos ahora? El Prototipo inclinó apenas la cabeza, como si meditara cada palabra antes de pronunciarla. —Ahora… comenzamos algo nuevo, estamos planeando en crear un refugio perfecto. Una utopía. Dogday se sorprendió de escucharlo, pensó que solo podía imaginarlo o soñar un lugar seguro para todos, pero enterarse que ahora podía hacerse realidad, lo hizo sentir esperanzado y adormecido, como si aún no pudiera creerlo de todo. Lo mismo sintió el felino lunar, que escucho lo que su padre tenía que decir. Catnap, con las orejas alzadas, entrecerró los ojos con suspicacia, sin creerlo de todo. —¿Una utopía? ¿Eso es de verdad padre? ¿Qué tenemos que hacer nosotros? Fue entonces que Poppy, quien hablo, su voz, aunque dulce, llevaba un filo oculto. —Como dijimos ustedes tendrán mucho peso, nos ayudarán con este orden nuevo… pero antes de comenzar a crear, debemos solucionar un problema. —¿Un problema? —Pregunto el felino cauteloso sintiendo que algo pasaba. —Tenemos un traidor. —Contesto el Prototipo, inclinándose levemente su figura, y su voz metálica, despojada de emoción, cayó como un golpe seco contra todos los presentes Las palabras golpearon como un cubo de agua helada. Dogday se tensó de inmediato, sus ojos se abrieron como platos, sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo. La presión en su pecho regresó con violencia, como si lo hubieran lanzado a la oscuridad otra vez, lo que provocó que este comenzara a pensar seriamente. ¿Cómo es que Elliot se enteró de Catnap y él? Catnap no fue menos, el felino parpadeó incrédulo, su cola se erizó con un espasmo involuntario. La palabra “traidor” se enredó en su mente como un veneno, y no supo cómo procesarla, tenía tantas dudas de cómo se originaron las cosas, pero apenas podía pensar con todo lo que había pasado, apenas hasta ahora tenía un respiro para procesar porque habían ocurrido las cosas. Dogday, con un hilo de voz ahogado, apenas pudo preguntar, incapaz de contener el miedo que lo oprimía. —¿A… a qué se refieren? ¿Un traidor… entre nosotros? Su mirada temblorosa se aferró primero a su madre y luego al Prototipo, buscando desesperadamente una respuesta que no quería escuchar. Los líderes se miraron en silencio, un intercambio breve pero cargado de significado, había llegado el momento. El Prototipo fue el primero en romper la quietud, y su voz retumbó como un mandato inapelable, revestida de un peso casi ceremonial. —Escuchen con atención. Lo que vamos a revelarles se quedará encerrado en estas paredes. Nadie más debe saberlo, ni siquiera sus amigos. El felino sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras las orejas se le inclinaban con un temblor involuntario. El can, por su parte, bajó la mirada, y el nudo en su garganta se apretó con la presión de un miedo que no sabía cómo contener. Había llegado el momento de hablar de lo que habían evitado nombrar durante demasiado tiempo. Les explicó que nada de lo ocurrido había sido casualidad, que Elliot no había llegado a ellos por azar ni por corazonada, sino porque alguien, desde las sombras, había abierto la puerta para que el monstruo entrara en sus vidas. Catnap escuchó inmóvil, el corazón latiéndole con tanta violencia que sentía su pecho estremecerse, saber que todo se originó por una maldita carta, lo hizo enloquecer de rabia. Se obligó a mantener la calma, aunque su cola erizada y la tensión de su mandíbula delataban el torbellino que lo consumía por dentro. Dogday, en cambio, parecía hundirse poco a poco en un océano sin aire. Su respiración entrecortada lo delataba, porque pensar que había sido alguien tan cercano a ellos, era imposible de creer, porque realmente no podía concebir la idea de que algún juguete los hubiera delato, en especial cuando tenía información muy personal. El traidor no era una mera sospecha, era la certeza amarga de que alguien cercano, alguien dentro de su círculo, había entregado una información tan personal, en especial cuando Poppy fue muy sigilosa a la hora de hacer sus movimientos, pero lo que realmente los alarmo fue saber que el traidor, sabia de Dogday. —¡ESTO ES MENTIRA! —estalló Dogday, con la voz quebrada y los ojos anegados de lágrimas que resbalaban sin control por su hocico. La furia lo sacudía, pero era una furia teñida de desesperación, no quería creer en lo que decía su madre y el Prototipo, no podía porque eso significaba que uno de sus cercanos quería lastimarlo. —¡ESTÁN MINTIENDO LOS DOS! —rugió, con la garganta en carne viva—. ¡NINGUNO DE ELLOS… NINGUNO DE LOS JUGUETES PUDO HABER HECHO ESTO! Su cuerpo entero temblaba, atrapado en esa negación que lo consumía. Cada palabra era un intento desesperado de reconstruir la confianza que se le estaba desmoronando entre las manos. Catnap por su parte solo se quedó helado, mientras miraba la carta en las manos de Dogday, por supuesto estaba en shock, pero sobre todo furioso, así que con cuidado le quito la carta de las manos del perrito que parecía querer romperlo, sabía que esa información era veneno, que cualquier palabra equivocada podía destruir a varios juguetes. Así que respiró hondo, clavando las garras en el suelo para no dejarse arrastrar por la rabia, y alzó la mirada hacia Poppy y el Prototipo. —¿Sospechan de alguien? —preguntó el felino con una seriedad que casi quemaba. El Prototipo no dudó. Su respuesta la dejo caer de forma que no dio espacio a evasivas. —Eso ya lo deben saber. Ustedes, más que nadie, conviven con ellos. Ustedes mismos deberían reconocer quién tiene acceso a esa clase de información. Catnap entrecerró los ojos, la cola golpeando el suelo con nerviosismo, mientras Poppy intervino. —Muy pocos sabían lo que planeaba —admitió—. Un grupo cerrado, selecto. Entre ellos… los Smiling Critters, más que nada Rabie, pero siendo como es esa pequeña… no se si lo sabrán lo demás. El silencio estalló en el pecho de Dogday como dinamita. La idea lo desarmó, y sin pensarlo, su furia lo arrastró de nuevo. —¡DEBIO SER UNO DE ELLOS! —ladró con la voz desgarrada, por supuesto que estaba lleno de ira, porque significaba que por culpa de alguien había sido violado—. ¡ya habíamos tenido problemas antes!, Se que ellos me odian… Pero Poppy no lo dejó continuar. Necesitaba que su hijo se calmara y pensara bien las cosas. —Dogday, suficiente. —Su voz fue firme pero compasiva—. Es una probabilidad, nada más. No estamos aquí para señalar a ciegas. Lo que realmente importa… —Hizo una pausa, dejando que las palabras calaran en ambos— …es cómo supieron algo tan íntimo. Cómo alguien pudo enterarse de lo que ustedes dos compartían, la carta dice… “Rompieron todas las reglas”, ¿Cómo sabría de eso? Las palabras de Poppy lo atravesaron como un cuchillo. Dogday abrió los ojos de par en par, y el temblor que lo recorría se volvió más violento, porque tenía mucho pánico y miedo, por el simple hecho que no podía imaginar a sus amigos traicionándolos, ¿Cómo podrían?, eran familia y estuvieron juntos casi desde que tenían memoria, a diferencia de Catnap que había ingresado al grupo años después. —¿Q-qué estás insinuando? —escupió, con la voz quebrada, el perrito estaba comenzando a sentir tanto dolor a su pecho, que ya no quería escuchar nada. —¿Estás diciendo que entre mis amigos… entre los Smiling Critters… está el traidor? El silencio que siguió fue insoportable. Catnap lo miró de reojo, intentando mantenerse entero, aunque sus pupilas ardían con un destello feroz que lo delataba, por supuesto que a diferencia de Dogday, él si creía que probablemente si era uno de los suyos, porque Catnap conocía la verdadera naturaleza de cada uno y sobre todo tenían motivaciones realmente válidas para hacerlo, pero tampoco eran los únicos. Poppy negó lentamente con la cabeza. —No lo sé, Dogday. —su voz bajó, pero no perdió firmeza—. Es una posibilidad, nada más. Hasta ahora, no encontramos un punto en común… porque ambos grupos adquirieron la información por separado. Pero alguien, en algún momento, unió las piezas y ese alguien sabía demasiado. —Sea quien sea… alguien quiso desatar la hora de la alegría. —Sentencio Catnap, mientras analizaba la carta, grabando cada palabra en su cabeza, lo que hizo que el Prototipo y Catnap lo miraran. —Explícate. —pidió el Prototipo buscando entender el análisis de su hijo. —El que escribió esta carta… no lo sé, padre. —La voz de Catnap salió grave, casi ronca, como un gruñido contenido—. Es solo una corazonada. Siento que no buscaba informar, sino provocar. El felino bajó la mirada hacia el papel arrugado entre sus garras, y la tensión en su cuerpo lo traicionaba. Sus ojos brillaban con una mezcla de rabia y sospecha, pero trataba de mantener la calma para pensar y dar con un posible sospechoso. —Si hubiera sido un trabajador… habría corrido de inmediato con Elliot. No se habría molestado en dejar constancia en una carta. además, que ni siquiera le hubiera dicho de Dogday, porque hasta donde se nadie más de los trabajadores conocía su obsesión por Dogday. —Catnap conocía muy bien su entorno y las personas que lo rodeaban, en especial los trabajadores, muchas veces fue de espía para su padre y últimamente para Poppy. De Poppy aprendido que Elliot se basaba por apariencias, debía dar la mejor cara ya que era el mismísimo fundador, porque ningún humano debía saber su amor retorcido por Dogday o por Poppy, por lo que solo le dirían la información que tenían de la muñeca, que sería la más importante a diferencia de la relación que tenía con Dogday, porque eso sería demasiado inútil de saber. —además… solo seamos realistas, ¿Por qué sería importante la información de Dogday y mía?, ¿A comparación de la traición de Poppy la segunda al mando de esta fábrica? —Pregunto el felino mirando a los lideres, que solo lo observaban en silencio, a diferencia de Dogday que se quedaba callado impactado por las palabras de su amado. —Eso es obvio. —volvió a contestar el Prototipo entendiendo de inmediato, Poppy, en cambio, no se apresuró. Llevó un dedo a sus labios, gesto delicado que contrastaba con la gravedad del momento, y se sumió en un silencio pensativo. Sus ojos se entrecerraron apenas, brillando con un destello agudo mientras desmenuzaba mentalmente las palabras de Catnap. El felino tenía un punto, y no uno menor, su intuición abría una grieta peligrosa en todo lo que creían comprender. —Así es, padre… —gruñó el felino de pelaje morado, cada palabra cargada de una amargura que le atravesaba el pecho—. Este traidor no solo quería que Elliot supiera. Quería que estallara, que se descontrolara por completo. Por eso puso en la carta mi relación con Dogday. Dogday abrió los ojos de golpe, el aire atrapado en su garganta como si se estuviera ahogando. Un mareo súbito lo recorrió, las náuseas subiendo hasta quemarle el estómago, porque entendía exactamente hacia dónde iba todo aquello y no quería escucharlo. —Sabía lo que Elliot sentía por Dogday… sabía que esa obsesión se transformaría en odio al descubrirlo. —continuó Catnap, la voz firme, pero con un destello de furia contenida en sus pupilas—. Y con eso bastaba para encenderlo. El silencio fue un filo cortante, hasta que el felino añadió lo más cruel —Agregar la información de Poppy… fue solo un bonus. Un segundo golpe, un combustible extra para que Elliot terminara por perder el control. Su voz se endureció, áspera como un gruñido que nacía desde lo más profundo de su garganta, impregnada de un odio que apenas conseguía sofocar. —El que lo hizo… es un juguete. Eso lo sé. —Las palabras salieron como un veneno, firmes y cargadas de rencor—. No dio detalles precisos, solo lo justo, lo esencial. Lo suficiente para desatar la furia de Elliot… y lo bastante calculado para forzarlos a ustedes, los líderes, a moverse. Mientras hablaba, Catnap lo sentía con una claridad perturbadora, no era una deducción al aire, era un instinto nacido de su propio olfato de depredador. Alguien había redactado esa carta con la frialdad de un cazador que prepara su trampa, cuidando cada palabra para que no revelara demasiado y, al mismo tiempo, encendiera la chispa de un incendio inevitable. No buscaba entregar información, buscaba provocar un desastre. Un gruñido bajo escapó de su garganta, y sus palabras finales resonaron como un golpe seco. —Eso quiere decir… que cayeron en su trampa. —Las palabras de Catnap fueron un zarpazo en el aire, duras y definitivas. Con un movimiento brusco, dobló la carta entre sus garras, como si quisiera aplastar en ella toda la rabia que lo devoraba, y la arrojó hacia su padre. El papel voló tenso, hasta que el Prototipo lo atrapó en el aire con la precisión fría de quien ya esperaba ese gesto. Durante un instante no hubo más que un vacío opresivo, como si todo el aire del cuarto se hubiera espesado. Entonces, sin previo aviso, una risa brotó de la aquella deidad. No era una risa común, ni ligera, era baja, áspera, tan seca y repentina que arrancó un escalofrío a quienes lo escuchaban, el Prototipo no pudo evitar reírse de lo irónica que era la situación, comenzando a pensar y analizar todo lo que tenía, lo que le provoco que le diera bastante gracia. Poppy, que nunca lo había oído reír de esa forma, sintió cómo la piel de su rostro se tensaba con incomodidad, mientras Dogday se erizaba instintivamente, y Catnap fruncía el ceño, convencido de que algo en esa reacción no era natural. La risa se alargó unos segundos más, hasta que se cortó abruptamente, dejando un eco que pareció retumbar en las paredes. El Prototipo bajó la mirada hacia la carta y por un momento se permitió pensar en las palabras de Harley, esas advertencias veladas que, en su momento, había interpretado como simples provocaciones, además de la plática que siguió después de que Poppy se fuera, hizo que el dios comenzara a pensar seriamente en el peso de todo. Ahora cobraban un nuevo sentido. Tal vez, por un instante, sintió una punzada de culpa al comprender lo obvio… pero la sensación fue devorada por algo más grande, una emoción que crecía en su interior, la certeza de que, al fin, lo que tanto había deseado había ocurrido. Poppy lo miraba con cautela, finalmente, incapaz de contenerse, preguntó en un hilo de voz tenso pero firme. —¿Qué es lo gracioso? ¿De verdad te parece una broma que hayamos caído en su trampa? El Prototipo levantó la cabeza y su ojo que brillaba como una chispa extraña, mezcla de lucidez y locura contenida. —Lo gracioso —dijo con una calma perturbadora— Es que nunca importo lo que hicimos. No importó cuánto luchamos entre nosotros dos, para pelear que ideología se quedaría, todas esas pequeñas peleas… fueron absurdas, ya que al final, siempre íbamos a pelear por nada. Porque la “hora de la alegría” … siempre iba a llegar. —Sus palabras eran un susurro pesado, cargado de certeza, haciendo que Poppy mordiera sus labios con rabia. Porque se dio cuenta que lo que hizo fue por nada, ya que al final iban a terminar igual, acudiendo a ese maldito genocidio para salvar la vida de sus hijos. Un silencio se impuso, helado y absoluto. La única conclusión era inevitable, el traidor solo había sido el detonante, que tarde o temprano iba a activarse. El Prototipo solo se guardó la carta dentro de su cuerpo, después de todo tenía que darles un buen uso a esas partes huecas de su estructura. —Ese traidor solo aceleró lo inevitable. Lo único que podemos hacer ahora… es encontrarlo. —Su voz se endureció, y la pregunta salió como un desafío—. Dime, Catnap… ¿tienes alguna idea de quién podría ser? El felino bajó la cabeza, sus orejas ladeándose apenas mientras dejaba que el silencio lo envolviera. Comenzó a ordenar en su mente las piezas sueltas que tenía, aunque sabía que su padre lo reprendería por basarse en conjeturas, comenzando a juntar la información que tenía. Alguien debía tener un motivo para hacerlo. Y motivos… los juguetes tenían de sobra. Pero entre todos, solo unos pocos sabían con exactitud lo más íntimo, su relación con Dogday. Esa certeza le permitió descartar varias imágenes mentales, tachando rostros que no podían haber tenido acceso a esa información. Poco a poco, la maraña de sospechas comenzó a estrecharse, reduciéndose a un círculo cada vez más pequeño. Después pensó en que también sabría de la información, por lo que se redujo en otro posible grupo. Por supuesto, Poe quedaba fuera de toda sospecha, no tenía la motivación suficiente para actuar ni la astucia necesaria para llevar algo así a cabo. Rabie, en cambio, era la más fácil de descartar, su lealtad hacia el Prototipo era casi fanática, rozando la devoción. Para ella, traicionarlo habría sido una herejía, y jamás pondría en riesgo la estabilidad de su propio grupo, mucho menos si eso implicaba que Simón pudiera volver a sufrir. Hoppy y Bobby, eran demasiados leales y sin motivaciones, nunca mostraron interés en inmiscuirse en los planes de los líderes, y cuando surgían disputas preferían apartarse, dejar en claro que no querían formar parte del conflicto. Bubba, por supuesto, también tenía motivos. Pero no eran lo bastante sólidos para justificar una traición de esa magnitud. Entre todos los Smiling Critters, él era quizá el más inquietante, un enigma imposible de descifrar, alguien en quien jamás se sabía con certeza lo que pasaba por su mente. Esa naturaleza lo convertía, sin duda, en el más peligroso. Catnap lo meditó con detenimiento. Algo en el elefante no cuadraba. Siempre había mostrado una indiferencia casi insolente frente a lo que hacían los demás, como si nada le importara realmente. Y conociéndolo, si alguna vez se decidiera a actuar, no lo haría de una forma tan burda. Bubba era más complejo, más calculador, jamás dejaría tras de sí una carta torpe, plagada de fallas. Era alguien que jamás había pensado en algo complejo, solo quería que detonara todo, por lo que el felino levanto su mirada dejando ver en sus ojos que tenía a dos posibles sospechosos. Pero uno de los dos destacaba más que el otro. Picky por mucho podría descartarse en el primer intento, ya que ni siquiera sabía lo que pasaba en mayoría de la cosa, y como las otras hembras, prefería mantenerse al margen, pero la relación con Mako sí levantaba una sombra de sospecha, porque los dos tenían exactamente la información que la carta relataba, esos dos con su unión pecadora pudieron saber que pasaba con todo, pero había un factor muy importante que se dejaba en claro que era imposible que actuaran, es porque los dos no tenían ningún motivo para hacerlo, Mako era egoísta y bastante indiferente con las cosas, poco le importaba lo que le pasara a su alrededor, Picky por su parte si hiciera algo por supuesto que se iría contra Bubba, ya que no era secreto que ella le agarro un odio Profundo, pero no podía pensar en otra cosa para que ella quisiera delatarlo y el porqué. Además, esos dos ni siquiera tenía, las agallas ni arruinar lo que estaban empezando, es especial cuando Picky siempre se ha caracterizado por asegurar el bien estar de sus amigos. Entonces pensó en su siguiente posibilidad. Porque por supuesto, esa persona tenía un a motivación muy fuerte, una ira que cegaba su mente y ya había demostrado que no le importaba sus amigos, alguien que no podía perdonar a Elliot ni a Harley, por lo que debía hacerlos pagar, pero para eso sabia los planes de Poppy y también era alguien seguidor del prototipo, además de que también era muy cercano a ellos y sabia de su relación. Pero la pregunta que no encontraba era… ¿Por qué ahora? Pero ante de dar una respuesta, solo miro de reojo a su precioso perrito, que estaba desconcertado con todo y más cuando Poppy le había dejado claro que el posible traidor estaba entre sus conocidos y cercanos. Sabía que solo lo destrozaría más, así que solo decidió mejor callar. —No… no tengo nadie en mente. —Contesto el felino mientras miraba a su padre, deseando que no insistiera. Pero el Prototipo muy atento a todo, hasta las mínimas señales, el ser solo miro unos segundos a Dogday y de nuevo a su hijo, comprendiendo de inmediato lo que pasaba. —Entiendo… entonces comenzare a mover a mis seguidores para la investigación. —Eso sería lo mejor. —Contesto Poppy notando la tensión y también ella entendiendo el momento, sabía que los dos hablarían con Catnap por aparte. así que la muñeca se concentró más en su hijo, volviendo acercarse y acariciar su mano. —Tranquilo cariño, ya todo estará bien… ordenare que comiencen a organizar este lugar, mientras tanto…—Ella miro ahora al felino y sonrió. — Los dos vayan a descansar, lo necesitan. Dogday asintió con un leve movimiento de cabeza, sus ojos aún empañados por las lágrimas. Se levantó con torpeza, el cuerpo encorvado sintiéndose drenado por todas las emociones que sufrió en ese poco lapso de tiempo. Catnap, en silencio, se agachó a recoger la camisa que su compañero había arrojado al suelo en medio del arrebato. Con cuidado, se la acercó a Dogday, ayudándole a pasar los brazos por las mangas. El contacto, aunque breve, fue suficiente para que ambos se miraran y, sin necesidad de palabras, se fundieran en un abrazo largo, porque más que nada necesitaban de ese calor mutuo, hasta olisquear sus aromas le traía seguridad y consuelo. —Ya no quiero seguir pensando en esto… —murmuró Dogday con voz rota, apretando su rostro contra el hombro del felino—. Solo quiero irme… irnos. Catnap asintió, hundiendo su hocico en el pelaje revuelto de su compañero, cerrando los ojos para ocultar la rabia que aún ardía en él. No había respuestas, no todavía y solo tenía conjeturas que tampoco podía basarse. La tensión en el aire seguía pesando, pero en ese instante lo único que importaba era salir de allí, por el bien de Dogday y suya porque en esos momentos su mente estaba dando demasiadas vueltas. Dogday no dudo en subirse a la espalda de Catnap, para poder retirarse, ya que aún le costaba moverse por su cuenta, cuando el felino se aseguró de que estuviera cómodo, este miro a los lideres por última vez, como una despedida. —Estaremos esperando sus órdenes. —Fue lo único que dijo Catnap, mientras comenzaba a retirarse mientras Dogday solo bajaba la cabeza, mostrando la decadencia de su propia mente, lo que provocó que Poppy sintiera su corazón doler por su querido hijo. Cuando cruzaron el umbral, el felino hablo con calma tratando de animar a su pareja. —Esta vez… todo estará bien Doggy, ya los escuchaste ahora somos libres. Dogday no respondió, solo apretó sus puños, mostrando que estaba realmente afectado por todo y ya no sabía que más hacer para ayudar, cuando ni siquiera la sabia como ayudarse a superar todo el que le había pasado. La única respuesta que obtuvo el felino fue como Dogday se recostó sobre su cuerpo y solo abrazarlo, porque para Dogday, Catnap era su refugio. Dentro del cuarto, el ambiente cambió con su ausencia. Poppy permaneció quieta por unos segundos, observando como desaparecían desde las sombras, su expresión grave, casi maternal en la forma en que sostenía el aire como si aún cuidara a su hijo a distancia. Luego giró lentamente hacia el Prototipo, sus ojos azules brillando con un matiz de inquietud. —¿Qué piensas al respecto? —preguntó en voz baja la muñeca. El Prototipo guardó silencio por unos segundos, él había analizado la situación bastante bien y aún tenía muchas cosas que hacer, en especial cuando aún podía recordar las palabras de Harley, que por asares del destino ahora era trabaja para él, vaya ironía. —Que nuestro pasado ha alcanzado a nuestros hijos. —Sus palabras cayeron como hierro candente, ásperas y definitivas—. Que no importo los caminos que tomaron, al final todo ocurrió como predije. Poppy lo observó con una mezcla de tristeza y desasosiego, pero no respondió de inmediato, porque 1006 tenía razón, lo que ellos querían evitar al final su hijo sufrió su mismo destino que ella y por el mismo hombre. Pero la única diferencia fue que esta vez Dogday no estaba solo, y Poppy fue la que remato el ataque a Elliot, porque a diferencia de su hijo, ella ya no iba a aguantar más mierdas del exfundador, que ya nunca más volver a meterse en su camino. No pudo catalogarlo como una victoria ni como una derrota, porque al final no pudo proteger a su hijo, ganaron muchísimas cosas valiosas, pero ella y su hijo fueron los que sufrieron ese proceso, eso hizo entristecer su corazón, por lo que no tenía motivos para festejar. En cambio, caminó despacio hasta subirse al escritorio, al dar un saldo a la silla y trepar en el mueble, para poder ver el enorme ventanal que dominaba la sala. El cristal estaba manchado de polvo y sangre, pero aún dejaba ver el panorama exterior, los juguetes celebraban su triunfo, algunos danzaban como en un carnaval grotesco, otros perseguían y castigaban a los humanos que habían intentado huir. El mundo se había reducido a esa escena caótica, un festín de vencedores y vencidos. El Prototipo se acercó a ella, quedándose a su lado frente a aquel espectáculo. La diferencia entre ambos era abismal, Poppy lo miraba con labios apretados, dolida por la crudeza del resultado, él, en cambio, lo contemplaba con un aire de satisfacción oscura, como un artista frente a su obra culminada. —¿Qué harás a partir de ahora? —susurró, aunque en su voz vibraba la exigencia de una respuesta honesta. El Prototipo se inclinó apenas hacia el cristal, como si escuchara las carcajadas lejanas de sus seguidores y se alimentara de ellas. Una risa ronca y breve escapó de su garganta. —Festejaré, Poppy. Festejaré con el resultado de todo esto. —Se volvió hacia ella, con su ojo llameante de una emoción retorcida—. Ahora somos libres Poppy. La muñeca lo miró con disgusto mal disimulado. Apretó los puños contra su falda, indignada por esa visión deformada de victoria. Sus labios se abrieron para replicar, pero no llegó a pronunciar palabra, solo pensó en una cosa que en su gesto se veía que no estaba del todo convencida. “¿A que costo?” Su hijo había sufrido por culpa de esa anhelada libertad, en especial de alguien que no mide sus acciones y ahora su pequeño tenía que pagar las consecuencias, porque ahora Dogday viviría por el resto de su vida, con el trauma de ser ultrajado de tal forma, algo que ni siquiera ella a sus tan solo 4 décadas había sanado. En un movimiento repentino, el Prototipo la tomó del brazo y la atrajo con fuerza hacia él, levantándola hasta pegarla en lo que se supone que es su pecho. El contacto era frío, implacable, pero al mismo tiempo cargado de una extraña autoridad, lo que hizo que Poppy no pudiera reaccionar a tiempo y solo se quedara en shock ante esa acción, estaba a punto de quejarse por ser tan brusco, pero él la interrumpe. —Tú no lo entiendes aún, y sé que aun te sigues negando como logramos ser libres… —murmuró, inclinándose lo suficiente para que su voz resonara solo en sus oídos—. Pero ahora debes enfocarte en una cosa Poppy, La muñeca ya cansada de todo solo se dejó llevar un poco por el abrazo extraño, y solo pego su mejilla en la piel fría del prototipo, mostrando que ya no quería seguir pensando en más cosas. —¿En qué? —Pregunto la muñeca, esperando una respuesta. —Que ahora eres mi reina. Mi compañera. —Contesto la deidad, con ese tono posesivo y orgulloso con lo que estaba diciendo, lo que hizo reír suavemente a Poppy, porque en cierto punto él tenía razón, ahora ellos eran los lideres de ese nuevo orden. —Y como líderes —Continuó él, con un tono que no admitía réplica— Debemos dar el ejemplo. Ellos necesitan vernos juntos. Necesitan saber que ahora somos los únicos que pueden guiarlos a esa utopía que tanto deseabas, como el nuevo orden que yo anhelaba. Poppy asintió con una sonrisa a medias, apenas perceptible, como si aún no pudiera procesar del todo lo que eso significaba. Pero al menos, por fin, eran libres. Lo demás… ya lo pensaría más adelante. Por ahora, solo pidió en un hilo de voz. —Por favor… levántame hasta tu cabeza. El Prototipo obedeció sin vacilar, sus manos metálicas y firmes sosteniéndola mientras la alzaba, acercándola hasta la altura de su cráneo cadavérico. Poppy cerró los ojos por un instante y, con un gesto casi tímido, presionó sus labios donde se suponía que debía estar la boca. La sensación era extraña, fría y hueca, pero a la vez liberadora. Era un gesto que simbolizaba más que afecto: era la aceptación mutua de su lugar en aquel mundo que ambos habían ayudado a construir. —En todo caso —murmuró ella, apartándose apenas— Lo mejor sería un pequeño descanso antes de planear nuestros siguientes pasos. El Prototipo no pudo ocultar la emoción que recorrió su cuerpo. Se inclinó apenas hacia ella de nuevo pegando su boca contra la mejilla de Poppy, mientras su único ojo brillaba con un fulgor cargado de deseo. No necesitaba palabras, en su mirada estaba implícita la súplica de otro beso. Poppy suspiró levemente porque a ella le gustaba eso, que pidiera más de afecto y lo correspondió, posando de nuevo sus labios sobre su boca. Esta vez, sin embargo, él se permitió ir más allá, dejó asomar su lengua áspera y la guio con sutileza, incitándola a abrirse a él. La muñeca, dudosa apenas un instante, cedió, y sus bocas se encontraron en un beso húmedo y profundo, cargado de ansias contenidas. Hacía demasiado tiempo que no compartían un instante tan íntimo, y la urgencia de ambos estalló en ese contacto, como si cada segundo perdido hasta ahora se reclamara en ese gesto. Cuando al fin se separaron, permanecieron en silencio, contemplándose como si quisieran memorizar cada detalle del otro. Poppy jadeaba con cierta torpeza, aún atrapada en la intensidad del momento, mientras el Prototipo guardaba un mutismo expectante, su respiración era calmada a diferencia de ella. Sus frentes quedaron unidas, compartiendo un extraño sosiego, y luego, casi al unísono, giraron la mirada hacia el ventanal. Más allá del cristal, su nuevo reinado se desplegaba con crudeza y esplendor, los juguetes celebrando con júbilo salvaje, otros dando caza sin piedad, y en medio de todo ello, el mundo transformado bajo su dominio, un reflejo caótico de la utopía que habían prometido. La muñeca, ya cansada de todo, se dejó llevar por el extraño abrazo, apoyando su mejilla contra la piel fría del Prototipo. Por primera vez en mucho tiempo, decidió no pensar en nada más. El Prototipo continuó con la mirada fija en la fábrica, y Poppy a su lado, ambas figuras recortadas contra la luz del ventanal, el ser se sintió orgulloso de su trabajo, por fin podía vivir como deseaba y a su lado estaba su reina, la única capaz de compartir ese trono torcido. Y juntos, lo supo sin necesidad de palabras, debían comenzar a actuar como los nuevos líderes de aquel reino recién nacido. ☆*゚ ゜゚*☆*゚゜Cometario de la escritora☆*゚ ゜゚*☆*゚ ゜゚*☆* ¡Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Mis amados lectores les traje otro capitulo mas y el penultimo capitulo uwu, mis queridos lectores la siguiente semana será el final del primer arco de Lejos tus ideales. Wouu a pesar que no hubo mucha acción esa conversación final con los lideres y sus sucesores fue bastante intensa de escribir en especial de un posible sospechoso 7w7r. ¿Qué les pareció este capitulo? Pero ustedes díganme, ¿quien creen que fue el verdadero traidor? Bueno mis queridos lectores la verdad estoy con muchos sentimientos porque pronto publicare el epilogo y dios dios estoy con las emociones en la piel, espero que ante todo estes disfrutando de mi obra uwu. Porque créanme que le hecho muchas ganas, amor y tiempo para poder crearla, aunque claro aun tengo muchos proyectos pendientes igual del mismo fandom Poppy Playtime uwu pero todas esas noticias las estaré publicando en mi espacio personal, para que se enteren de esas noticias. Y hablando de Poppy Playtime, subi un nuevo video de tiktok y en youtube donde hablo sobre sobre porque pienso que Elliot no es el Prototipo. Claro que utilizando mi voz real >//////< por favor no se burlen pipipi. No se preocupen para mis queridos lectores extranjeros, el video tiene subtítulos por lo que pueden traducirlo en su idioma sin ningun problema uwu. Bueno eso seria todo de mi parte uwu, estaré subiendo otro video antes de que estrenen el juego jeje y un dibujo uwu. Los amo mis lectores, cuídense mucho.
10 Me gusta 1 Comentarios 2 Para la colección Descargar
Comentarios (1)