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Coraline no supo en qué momento llegaron al territorio Black, solo sabía que estaba agotada y con muchas cosas que procesar. ¿Estaba segura de querer formar parte del clan que había masacrado al suyo? No. Pero también sabía que podía hacer esto por las malas o por las buenas, y que la opción mala no era nada agradable. Decidió seguir a Regulus confiando en que la menos siendo su destinada no le haría daño. A Coraline se le asignó una habitación, por el momento estaría sola. Y casi que lo prefería así. Con eso el tiempo comenzó a pasar. Coraline y Regulus no se acercaban a pesar de vivir en el mismo lugar. Coraline no sabía cómo sentirse, si esto era un rechazo o no y por qué debería dolerle. Conocía la teoría de las parejas destinada. Leyendas que se contaban a los niños desde que tienen capacidad para entenderlo. Pero Coraline nunca creyó que estaría destinada a su enemigo. Una parte de ella quería acercarse. Pero se detenía en cada intento. Le daba miedo. La casa se sentía fría y era de noche. Habían pasado dos meses desde que estaba allí, ni siquiera sabía qué hacer. Cada noche se le revolvía el estómago y se sentía fuera de lugar sobre las sábanas de seda oscura. Anhelaba el calor de Regulus, aunque se negara a admitirlo.***
Regulus se sentía confuso. Decidió darle espacio a Coraline. No creía que forzar las cosas diera resultado. En cambio, se quedaba con el silencio, se concentraba en los entrenamientos y la vigilancia del territorio. Se sentía mal. Estaba seguro de que su celo se acercaba y no quería ni pensar en ello. Esa noche su calor aumentó, su propio aroma se expandió por la habitación de forma necesitada. Serían tres días muy largos.***
Hasta la habitación de Coraline llegó el aroma almizclado de Regulus. Era como si la estuviera llamando en silencio, rugiendo por su ayuda, necesitándola. Coraline despertó entre las sábanas suaves sintiendo escalofríos. Incluso en su forma humana el aroma le afectaba. Sintió cómo su cuerpo reaccionaba al celo de Regulus de inmediato. Su intimidad se humedeció preparándose para él. Aún dudaba cuando se levantó de la cama vestida solo con su camisón. Caminó sigilosamente hacia la habitación de Regulus que estaba al otro lado del pasillo. Tragó saliva a medida que el aroma se hacía más fuerte, más insoportable y a la vez adictivo. Abrió la puerta de la habitación con cuidado. Las manos le temblaban. Regulus estaba en la cama con evidente fiebre. — ¿Qué haces aquí? — La voz de Regulus sonó ronca. Coraline no contestó, sino que se acercó hasta la cama. — Vete, no creo que pueda controlarme si te quedas. — Gruñó Regulus. — No te controles. — Dijo Coraline sentándose al borde de la cama. Regulus la miró con algo parecido a la sorpresa y a la esperanza. ¿Tal vez ella no lo rechazaría? En el bosque pensó que era mejor mantener la distancia porque ella no parecía dispuesta a ceder. — No hagas nada de lo que luego te arrepientas. — Dijo Regulus intentando mantener la cordura. — Cállate, sé lo que hago. Coraline no le dejó responder más, presionó sus labios contra los de él en un beso suave que pronto se tornó fogoso y necesitado por parte de ambos. Coraline se dejó envolver por el aroma de Regulus sintiendo que pronto se excitaba con él y que su cuerpo se preparaba para satisfacerlo. Y por primera vez no se lo cuestionó. Regulus recorrió el cuerpo de Coraline con devoción. Coraline sentía que se derretía con cada caricia, que perdía el control. Ninguno pensó que besar a su enemigo sería tan satisfactorio. Regulus comenzó a frotar su erección contra Coraline. Ella emitió un gemido dulce que hizo que Regulus apretara los dedos contra sus caderas. Regulus comenzó a simular embestidas aun con la ropa puesta. Coraline gimió aún más desesperándose por sentirlo más. Regulus se desesperó también terminando por arrancarle el camisón a Coraline y quitándose su propia ropa con rapidez. Entró en ella de una sola embestida sin previo aviso dejándose llevar por su celo. Coraline soltó un gemido de dolor mezclado con placer. Regulus se quedó quieto permitiéndole a su compañera que se acostumbrara a la intromisión. Coraline comenzó a mover sus caderas una vez se acostumbró. Regulus gruñó en su oído comenzando a empujar dentro y fuera de ella en un ritmo lento pero constante. — Márcame. — Suplicó Coraline. Regulus abrió los ojos con sorpresa. No esperaba eso, pero sin duda se lo daría a su querida loba. — Como desees, mi amor. — Dijo. Coraline cambió de posición para dejar el cuello descubierto para Regulus. Sin esperar más permiso Regulus clavó sus fauces en la glándula de Coraline sellando el vínculo entre ellos para siempre. La sangre comenzó a brotar, Regulus lamió la herida para que cicatrizara. La admiró por unos momentos mientras sentía que su nudo comenzaba a crecer en el interior de Coraline. Entonces Coraline no pudo más y se corrió sobre el nudo de Regulus, apretándolo con intensidad mientras su orgasmo la golpeaba. Ahora sabiéndose unida a su enemigo, pero ya no le importaba que lo fuera.***
Los días pasaron y el celo de Regulus terminó. Coraline no se arrepentía, pero sentía miedo por si Regulus volvía a distanciarse. Regulus podía sentir las preocupaciones de Coraline a través del vínculo. La abrazó por la espalda besando la marca que había dejado en ella días atrás. — No me iré. — Dijo. Coraline se aferró a él. — Vale. — murmuró. — Eres mía, no hay escapatoria ahora y no me arrepiento. — Dijo Regulus con firmeza. Coraline se acurrucó entre los brazos de Regulus. Sentía el amor y certeza de Regulus a través del vínculo así que no debía temer. Coraline aún sentía tristeza por haber perdido a su clan, pero sabía que debía aceptar esto, después de todo no quería estar lejos de Regulus, era lo único que le quedaba. Era su querido enemigo.