El segundo impacto.

Slash
NC-17
En progreso
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 74 páginas, 24.245 palabras, 7 capítulos
Descripción:
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Capítulo 5: Aprendiendo a ser espía.

Ajustes
Se sirvió una pequeña taza de expreso, el líquido oscuro llenó su taza casi hasta el tope. Tomó una cucharilla y revolvió el contenido saboreando el aroma de las notas amargas que desprendía. Se sentó en su asiento de todos los días, no miró al frente, se quedó con la mirada perdida en su escritorio, reluciente, vacío de papeles como no veía hace tiempo. La taza que sirvió para su invitado seguía inamovible, debía suponer que a Kent no le gustaban los sabores amargos, un capuchino hubiera sido ideal, congeniaba con ese aspecto tan inocente que aparentaba. Claro que en parte lo aparentaba. En el fondo supo que la excusa de su madre enferma era una decisión consciente de Kent para alejarse de él. Pero ahí estaba, a media mañana sentado en su oficina cómo si nada hubiera pasado entre ambos los últimos días. Cómo si no hubiera estado en un traumático incidente y desaparecido casi una semana. — ¿Cómo está su madre, señor Kent? Kent casi pareció dar un pequeño salto de su asiento. — Mejorando… Lex apoyó ambos brazos en la mesa. — Después de ese ataque no supe más de ti ¿Cómo saliste del edificio? no te vi salir con el resto de mi equipo.   Clark tomó su taza y dio un pequeño sorbo. “Igual de amargo que él” pensó para dejar la taza más lejos. — Salí más rápido, creo que es increíble lo que puedes hacer cuando estás en una situación de alto riesgo como esa… Ahora mismo Lex se recostó en su asiento. Llevaba solo una camisa blanca, lo que no era incómodo para Clark, pero si el hecho de que la tela se frunciera con cada ligero movimiento contra su cuerpo. — ¿Tu superhéroe te ayudó a escapar? —Él no es tan… preferencial con la gente. Otro silencio incómodo. Lex tomó la taza de Clark y la alejó aún más de él. Lo admitía, trabajar con Kent había sido más difícil de lo que pensaba. Por momentos parecía tan cegado a su apoyo por Superman y por otros momentos un poco más fiel a Lex. Lo confundía. Dios. Como lo hacía.   Clark se dió media vuelta, los rayos del sol iluminaban sus ojos azules. Después de todo, siempre ocupaba el mismo espacio en su oficina. — ¿Ventanales nuevos? — Admirable observación — dijo sarcástico, se levantó de su asiento y le dió la espalda a Clark. — Su mejor amigo casi destruye toda mi oficina, cuando lo vi en un curioso momento de caridad con su querida novia. Clark tosió de forma exagerada para no mostrarse renuente ante tal idea, Lex rodó los ojos, su propia suposición no era nada tonta. ¿No tenía sentido? Aparece una mujer desconocida igual a Superman, seguramente su pareja. Si eran similares a la biología humana entonces requerían de formas familiares para reproducirse. Lex hizo una mueca. — Ríete si quieres — volteó a verlo — Es asqueroso imaginar que esos seres seguramente se reproduzcan. Kent se puso algo rojo, volviendo a mirar fijamente el escritorio con los labios apretados. Lex volvió a sentarse, acabando sus últimos sorbos de expreso, que eran siempre los más amargos. No lo supo hasta que bajo la barbilla, Kent se había quedado mirando su cuello. “No, este tipo no va a distraerme” recapacitó Lex. — Las elecciones son el próximo viernes. Se que no quieres estar aquí — explicó sacando de su cajón un archivo que casi le lanzó encima con desdén. — Es una firma legal, no compraré el Daily Planet, es un acuerdo que deja en claro que la editorial tendrá un solo jefe, de por vida. Clark lo leyó brevemente, alzó la vista mirándolo esperanzado, con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro. — Ahora, renuncia a ser mi vicealcalde, está claro que ya no nos necesitamos.   Clark casi deja escapar de un gran suspiro, estuvo a punto de responder pero cerró la boca de golpe. Su taza estaba fría junto a Lex, quien esperaba una respuesta crítica. ¿Debía ser así no? Lex ya no lo necesitaba, y si Clark aceptó ser candidato fue solo por su chantaje para acabar con el Daily Planet si no lo hacía. Después de vino a su mente el recuerdo de ese pobre hombre, el que cayó en ese edificio, que estaba temblando de miedo mientras era arrastrado por oficiales crueles. Todo para que Lex esté ahí, sentado cómo si nada hubiera pasado, tranquilo ante la crueldad que causaba. Claro que no iba a dejarse intimidar, en el pasado había luchado contra seres espaciales como para rendirse con derrotar a Lex. —Prefiero seguir trabajando aquí. — contestó sin pensarlo mucho. Lex casi se ríe. –Solo renuncia – espetó molesto. Clark casi tiembla, casi. —Quiero ayudar a la gente, justo como tú quieres ¿Es un trato? — dijo alzando la mano para un apretón de manos.   Lex lo miró fastidiado. Estaba por negarse, a punto de tomar otro sorbo de café, pero se había terminado su expreso y no iba a tomar el frío de Kent. Aún así reclinó el apretón de manos. — Solo si firmas el contrato de confidencialidad… Y Clark sonriendo apenado. — En ningún momento me negué. Solo ahí, Lex aceptó darle la mano a regañadientes.   …………………………………   Mercy es esa clase de mujer que nota todo. No sé se trata de instinto femenino como suele decirse, es más bien un instinto desarrollado después de una vida dura, en dónde conseguir comida y hogar era más esencial que estudiar o salir de fiestas. Todos tienen algo que los delata, los estafadores tienen la característica de ser muy carismáticos, sonrientes, los charlatanes suelen ser más bien seguros. Cada vez que veía a un posible inversor entrar por la oficina de Lex, ella ya tenía listo un veredicto sobre la persona, con un muy confiado Lex que agradecía su ayuda. Escaló muy alto en LexCorp, una vez estaba robando en las calles y casi a fin de año ya estaba caminando a su lado, anotando los viajes y emprendimientos de Lex, contando millones de dólares como si fuera una simple inversión.   Y estaba agradecida, no tenía palabras para explicar lo mucho que Lex cambió su vida. No pidió nada más de ella que su presencia y buen trabajo. Era ciertamente, la primera vez en su vida que alguien le brindaba tanto si pedir algo terrible a cambio.   A menudo entraba a la oficina de Lex para anotar algunas cosas, le gustaba sentir su compañía protectora, tranquila. No era necesario charlar. Mercy se había alojado en la presencia de Lex, al igual que un gato callejero hace con el dueño que le da un techo bajo su cabeza.   Solo que Lex ni siquiera la miraba como alguien inferior.   Muy seguido, Lex hacía un comentario sarcástico sobre política o gente que odiaba, ella apenas murmura asintiendo, aunque por dentro se reía, se reía con él. ¿Cómo no quererlo? Incluso apreciaba los pequeños detalles, como usar la misma cafetera que él por las mañanas, o elegir deliberadamente la corbata que usaría ese mismo día. Todo en un implícito orden de confianza.   La primera vez que sintió que eso se debilitaba fue con la llegada de ese hombre. Una simple mañana, entró a la oficina y notó que ahora tendría que compartir espacio con Kent. Ese tipo estaba en todas partes ¡Incluso había adoptado el sillón reclinable contra los ventanas! Con el tiempo, se paseaba por la empresa como un trabajador más, como si no fuese el peón en el juego de un Luthor.   Lo peor era que a Lex parecía no importarle, claro que se quejó con Mercy un par de veces, el tipo parecía ser un gran fan de estar bajo el sol todo el día y no dejaba de trabajar en el Planet. Pero con el tiempo, Lex dejó de quejarse, ya le era normal. Acostumbrado a otro gato callejero en su espacio personal. Solo que este era un hombre, algo que generaba cierta preocupación en ella, esperaba que su jefe no fuera gran fan de los hombres nerds con trajes aburridos. Porque eso es lo que era, y tarde o temprano debía irse de su vista. Tiro un informe de estadística a firmar sobre el escritorio de Kent. Aún no superaba que Lex le hubiera cedido un espacio propio, en tan poco tiempo. — Quiero que firme estos, ahora — demandó con la punta de sus afiladas uñas sobre los papeles. Kent sonrió torpemente. — No hay problema — El incidente de la campaña…. — ni siquiera entendió porque sacaba a relucir ese tema. Claro que siempre supo que ese ataque terrorista fue un plan de su jefe, claro que supo que todo estaba planeado para no dejar heridos. Aún así... — ¿Cómo hiciste para salir sin el equipo? Nadie te vio salir con los guardias de ese edificio. Al demonio con él, si iba a estar tan cerca de su jefe tenía que estar seguro de Kent. Aún no entendía porque Lex no le sacaba información a Kent sobre Superman. ¡Era tan obvio! — A decir verdad, escape por las escaleras de incendios, fuí más rápido.   Fácil, conciso. Deslizó la mano de sus informes y se alejó. Tenía cosas más importantes que hacer que perder el tiempo con él. Su jefe tenía un viaje a París, un almuerzo al mediodía y una visita a una escuela. Si algo no le sobraba, era tiempo.   Pero por otro lado, ese maldito gato callejero metiéndose en su espacio, en el espacio que compartía con Lex.   — ¿Saliste por el ala derecha o por el ala izquierda…? Kent pareció pensarlo una décima de segundo. —Por el ala derecha, claro. Salió de allí con dos cosas en mente. Una, que investigará la verdad sobre Clark Kent. La segunda, el ala derecha no tenía escaleras de incendios. “Idiota mentiroso” murmuró adentrándose en la oficina de Lex. Ahora necesitaba sentirse segura.   ……………………………………   Para cualquier hombre mayor, sentir la presencia de una figura volar hasta aterrizar sobre su granero hubiera sido algo aterrador. Excepto para el señor Kent. Aferró sus manos a una gran bolsa de heno, caminando al establo de caballos. Era el atardecer pero aún tenía mucho trabajo que hacer. — Tú madre está en la casa — mencionó seco. Clark se adelantó. — Los necesito ahora. — ¿A nosotros, por qué? — preguntó Jonathan, de brazos cruzados. — Solo tengo dos padres… — Creo que Lex Luthor puede darte dinero para comprar hasta otra familia… — lo ignoró saliendo a ver los pastizales. — Esto no es sobre él — explicó apenado — Es sobre alguien que necesita ayuda. Clark le explicó todo, excepto las golpizas de esa desconocida. Ahora estaba confirmado: existía alguien más como él. La prueba era esa adolescente. La chica que había sacado de la nave pasó casi dos días dormida. Cuando por fin despertó, contó todo lo que sabía. Se llamaba Kara Había vivido en Krypton toda su vida. O al menos lo que pudo. Su familia era amorosa y, de vez en cuando, ella cuidaba de un pequeño bebé que resultó ser Clark. No era su primo de sangre, pero lo suficiente para que ella lo considere así. Con la mirada furiosa, Kara le explicó que, de haber sido por ella, jamás habría abandonado a sus padres cuando Krypton estuvo a punto de desaparecer. Se habría quedado a morir con ellos. Pero aquel día Clark también iba a bordo de una nave, y él teniendo apenas tres años, necesitaba de alguien que lo cuidara. Su padre la forzó a entrar en la nave tras un malentendido. Cuando Kara subió, miró por última vez su planeta ya su familia, justo antes de verlos desaparecer. Lo peor vino después: un meteorito desvió su nave de las coordenadas programadas. Según ella, fue como dormir durante años, perdida en el espacio, sola, sin nadie. Solo podía esperar un milagro, llegar a algún lugar con suelo firme para poder olvidar la perturbadora soledad del inmenso espacio. Algo finalmente la trajo hasta la Tierra. Habían pasado veinticuatro años dormida. Todo ese tiempo perdido. Kara no pudo evitar derrumbarse. Empujó su rostro contra la almohada de Clark y lloró hasta el hartazgo. Tenía frente a sí a un primo que ya no la necesitaba como cuando era pequeño. Ahora, sentía que no tenía ninguna razón para seguir viva. Mientras tanto, Jonathan apoyaba los brazos sobre la cerca de madera, viendo al ganado pastar mientras la noche caía. Estaba horrorizado, lamentando todo lo que esa pobre niña había tenido que pasar. Incluso pensó en el hostigamiento de Lex por atraparla. Cuando Clark menciona a Lex, su padre hace una mueca, de asco, de agotamiento. Clark mira lo mismo que su padre, nada en especial, el atardecer que acabó, la inmensidad del bosque a lo lejos, como cuando una tormenta se avecina. — Ahora imagina que trabajar con Lex, es un plan tuyo para derrotarlo. Clark asistente. — Hijo, se que no digo esto muy seguido… – habló con voz firme, llevando su mano al hombro de Clark — Pero quiero que acabes con él, acaba con Lex Luthor. Hazlo como te enseñamos, nunca vuelvas a lidiar con él. Los ojos de su padre son suplicantes, no quiere morir sabiendo que su hijo estará siempre en peligro, y ambos saben que ya no les quedan muchos más años juntos. No puede decepcionarlos, Lois, su padre y ahora Kara. Lex se merece caer con todo el peso de la ley. — Te prometo que lo haré, papá — afirma con seriedad digna de un héroe, digna de alguien que sabe que va a cumplir su palabra.   — Si vuelvo a oír el nombre de un Luthor por aquí creo que me volverá loca. Su madre lo ve y sonríe. — La cena está en casa, Jonathan deja descansar a Clark — dice maternalmente. El abrazo de su madre, valió todo el viaje de ida.   ………………………………………………   — Hasta que vienes de visita… El actual líder de la DEO lo saludó vagamente desde una sala de control en dónde analizaba casos propios. La DEO era una agencia secreta encargada de monitorear, controlar e investigar amenazas metahumanas que podrían afectar la seguridad nacional.   Aunque era una noble causa, Clark nunca estuvo del todo convencido con ellos. Eran esa clase de gente poderosa que visitaba cuando se quedaba sin opciones. Le preocupaba mucho los secretos que la agencia guardaba o su trato a los diferentes, pero al igual que con Lex, no podía hacer nada al respecto.   Superman caminó a su lado. No le gustaba mucho estar en la DEO, ni siquiera le gustaba cómo lo miraban los trabajadores cuando entraba a la base.   Sin embargo, era consciente de que para detener a Lex, se necesitaba más que de un Superman o intenciones buenas, necesitaba mucho más. El líder, Hank Henshow, caminó delante de él adentrándose en una zona de laboratorio. Clark camino apresurado, mirando de reojo los enormes frascos con seres disecados que ni él entendía lo que eran. — ¿Finalmente vienes a colaborar con nosotros? preguntó Hank tomando una libreta, estaba anotando algo mientras miraba a un recipiente con líquido azul, adentro estaba una extraña forma rugosa. — ¿Qué es lo que saben sobre un “hombre de fuego” que fue puesto en custodia hace una semana? Hank hizo una leve mueca de decepción. — No tenemos idea, Lex Luthor contrató a otra agencia para encargarse del caso, no podemos investigarlo… Clark se llevó una mano a la cabeza, debió suponer que Lex escondería todo rastro de su juego. — ¿No hay nada que hacer? — Protegemos a alienígenas, no a terroristas… Hank bufó al ver su recipiente con esa masa extraña, Clark lo analizó unos segundos. — Eso parece un gusano espacial… Hank alzó las cejas. Anotó a regañadientes en su libreta. — Nos vendría muy bien tener a un Superman con nosotros – mencionó entre queja y pedido. Clark ni lo pensó. — Trabajo solo. Hank soltó una pequeña mueca que Clark creyó, fue una risa. — Por suerte no es cosa de familia. “Maldición” pensó ¿Se estaba refiriendo a Kara? Por un momento palideció, no permitiría que le hicieran daño y disecaran como un horrible gusano espacial. — ¿Ella vino? ¿Le hicieron daño? Hank se adelantó unos pasos. — No, a diferencia de tí, ella quiere ayudarnos. El idioma entre nosotros nos limita, pero queremos ayudarla. — Querrán decir investigarla — se quejó. En parte molesto con él mismo, por dejarla sola tanto tiempo en su departamento. Hank se arrugó la nariz. Clark se aclaró la garganta, debía calmarse, si a Kara le pasaba algo malo seguro la oiría a kilómetros de distancia. — ¿También investiga a Lex Luthor, no es así? Casi se tropieza con sus palabras. — Es posible – contestó fingir de forma pésima ser casual. — Sabemos quién eres — Se quejó Hank saliendo del laboratorio, Clark entreabrió los labios con sorpresa, yendo tras él. — ¿Qué quiere decir con eso? — Clark Kent – ​​mencionó casual, a Clark casi se le cae el corazón del pecho. Hank sonrió de lado. — Creo que Kara vio tus anteojos, nos los mostró antes de regresarlos. No creo que esa tecnología venga con receta… — ¿Qué es lo que quiere...? Hank se puso serio. — ¿Confías en mí? Porque si es así, Luthor dejará de ser un problema para los dos.   …………………………   Lex se acomodó la corbata, a su lado, Mercy lo esperaba, tenían un auto abajo listo para llevarlos a un evento de cierre de elecciones. Miró al reloj y maldijo, Kent se retrasaba y llegar tarde causaba una mala impresión. Miró a los ventanas, hacía demasiado calor ¿O era su nerviosismo? no importaba. La puerta se abrió, con Clark tropezando mientras estaba agitado. — Llegas tarde — espetó Lex, con la sombra molesta de Mercy. — El tren se retrasó — aseguró parándose recto.   Fingió acomodar su corbata, estaba aterrado de que aquel diminuto micrófono detrás de la tela se hiciera notar. Lo estaba cazando.
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