El segundo impacto.

Slash
NC-17
En progreso
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 74 páginas, 24.245 palabras, 7 capítulos
Descripción:
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Capítulo 6: Aprendiendo a ser espía.

Ajustes
Clark no visitaba una escuela primaria desde, bueno, desde que salió de una. Su experiencia escolar fue del todo buena, exceptuando algunos despistes, cómo preocupar a sus padres cuando jugaba con otros niños debido a su fuerza excesiva. Y ahí estaban, entrando a un ambiente escolar. Lex se llevó una mano a la cabeza mientras caminaban por los pasillos. Un secretario se metió entre los dos para darle una aspirina de forma rápida. Le entregó una botella de agua que bebió hasta el tope. —Muy bien, Kent – dijo abotonando el chaleco negro que llevaba. –Quiero un par de fotos con los niños, entrevista corta y la promesa de bajar los costos de las colegiaturas ¿Entiendes? Clark miró al frente escuchando el bullicio de los niños correr y jugar a lo lejos. —Entendido.   Irónicamente, Lex fue el primero en tener problemas. Aunque aparentaba llevarse bien con los niños, cada vez perdía más la paciencia. Las maestras de la sala sonreían a Lex, murmurando entre ellas sobre su apariencia, Clark dejó de usar su super audición cuando empezaron a debatir seriamente sobre que llevaba debajo de la ropa.   Lex fue forzado a sentarse en una diminuta silla roja por un niño de seis años, quien lo animó mostrándole los dibujos recientes de la clase de arte. Contando cada detalle, Lex permaneció inmóvil, en una posición muy incómoda en dónde tenía las piernas flexionadas contra su pecho. Los pocos reporteros merodeando la zona, rieron entre ellos. — El cielo no es blanco y las nubes no son azules — se quejó Lex cuando el niño le mostró su quinto dibujo. Clark se apresuró a intervenir. En cambio, el niño pareció no molestarle el dato, entrecerrando los ojos en lo que miraba fijamente a Lex. — ¿Por qué no tienes cabello? Clark juró sudar, aunque en él era algo imposible. — Digamos que tuve un accidente — explicó fingiendo estar tranquilo — Luego de ello mi cabello no volvió a crecer. Clark sonrió. — Al igual que este dibujo tuvo un accidente cuando te saliste de la línea quince veces… Clark se agachó a la altura del niño, quien tenía los ojos cristalinos, llamando la atención de los reporteros que se acercaban de a poco con sus cámaras. — ¿Sabes que sería lindo? Dibujar aves en tu obra de arte — animó al pequeño, tomando la hoja con una sonrisa. El niño dejó de hacer un puchero, pero volvió a mirar a Lex con curiosidad. —¿Tú eres amigo de Superman? Lex miró a Kent fastidiado por lo que acababa de comenzar. —Lex tiene esperanza en el futuro, igual que Superman – mencionó Clark en voz alta — Y la esperanza son ustedes, el futuro del país. El niño se río cuando Clark le acarició el cabello. Las cámaras comenzaron a fotografiar la situación Al menos estaba dándole sentido a su sueldo.   …………………..   Lex no le agradeció a Clark de que lo salvará de la situación, no es que él esperara algún elogio. Aunque sí muy en el fondo…   Por lo que más tarde ese día decidió retirarse diez minutos menos de lo habitual como una pequeña recompensa y descanso de la vida de apariencias, en la que no sabe cómo se metió en primer lugar.   Entró a la oficina de Lex, después de golpear débilmente en la puerta. Se adentró unos pasos viendo a Lex, quien estaba mirando por la ventana el atardecer. Casi se muere del susto al imaginar que tal vez Kara pasó por ahí, por lo que se asomó, pero no había nada inusual en el atardecer de afuera, es más, todo era silencioso, bajo control. Lex ni siquiera se quitó parte de su formal traje, sino que permaneció inmóvil viendo el sol ponerse, en un estado anormal de quietud en él. — Lex, voy a irme ahora, si no necesita nada más… — ¿No lo escuchas, Clark? Clark se sobresaltó. No, definitivamente no hay ningún sonido anormal, y él es quien más podría notarlo. Lo más extraño es escuchar que por primera vez Lex le llama Clark y no Kent.   — Yo no oigo nada… — El muelle Clark — dice Lex con voz rota. – ¿No lo oyes? Se escucha todo el tiempo, todo el día, nunca para… No sabe si acercarse, si tomarlo del brazo y sentarlo o dejar que pase. No cree que se trate de manías de un hombre rico, sino que hay algo en él que no se siente bien de verdad, y para que eso le suceda a Lex debe pasar algo grave.   Clark piensa y piensa, pero al final decide tomarlo con cuidado del brazo, acompañándolo a sentarse en su escritorio, donde puede sentir con su poder, su corazón latir con mucha rapidez. — Tal vez necesite algo de agua — menciona Clark, semi arrodillado a su altura ¿Se trata de una descompensación? No, más bien parecía alejado de la realidad. Cuando está por buscar agua, Lex lo toca débilmente con una palmada en el brazo. Lex se ve menos alterado, más calmo pero consciente de todo. — No. Puedes irte. – dijo frío, seguro, con sus ojos oscurecidos mirándolo con seriedad. — ¿Seguro? Antes déjeme buscar el agua… — Vete, quiero que te vayas de mi vista – interrumpe alzando la voz. Al menos el enojo es algo familiar en él. Clark se retira sin decir nada más. A esa hora el edificio suele estar vacío, por lo que no puede dejarle a nadie encargado que vigile a Lex.   Se va a su apartamento, sin dejar de usar su audición para saber dónde está, y le sorprende enterarse de que pasó casi el resto de la noche en LexCorp solo, sin hablar con nadie. ¿Cuántas veces él repetía la misma rutina? Clark nunca lo notó, y se siente algo mal por eso.   ………………………………………………   A Clark siempre le va a resultar increíble lo fácil que es conseguir cosas cuando se tiene el dinero apropiado.   De joven, sus padres tenían aquellos malos tiempos en los que no podían pagar los impuestos, pero se las arreglaban para conseguir dinero de una u otra forma. Vendiendo incluso artículos preciados por el valor de mantener un techo bajo sus cabezas.   Y luego estaban las personas cómo Luthor, que podían hacer una fiesta privada antes de las elecciones de mañana, solo porque se le ocurrió.   El lugar de la fiesta, era un gran salón de dos pisos propiedad de LuthorCorp, alejado de la ciudad y miradas curiosas de reporteros, solo para trabajadores en la escala más alta de la empresa. El techo estaba adornado con luces tenues, camareros paseaban con tragos de champagne, hombres y mujeres vestidos de forma formal.   Clark se miró a sí mismo en el reflejo de un espejo en la zona del bar. Repitiendo el traje negro que usaba siempre, pero con el toque de una pajarita a juego. Negó con la cabeza, no pertenecía a ese ambiente.   Una mano delicada lo tocó del hombro. Fue grande su sorpresa al ver a Lois, con un vestido rojo llamativo y el cabello suelto, llevaba una copa en la mano. — Necesito saber por qué mi compañero de investigación dejó de contactarme. El jefe se pasó la semana de mal humor, aunque faltes al trabajo aún eres parte de LexCorp, no puede despedirte. – sonrío. — ¿Cómo pudiste entrar? – Clark sonrió también. Era una reportera en una fiesta privada, y a pesar de eso llevaba el vestido más llamativo, como una burla a que nada podía detenerla. — Digamos que tengo las llaves de tu apartamento, pasé y encontré tu pase de asistente de LexCorp. Clark se sorprendió, llevándose las manos a los bolsillos, apenas notó que olvidó su pase, de todas formas nadie se lo pidió al ingresar. Estaba por ser vicealcalde, debía hacerse idea al reconocimiento. Lois se paró a su lado. —¿Y bien? ¿Qué descubriste sobre Lex? — Que no le gustan los retardos, el azúcar en el café y la improductividad… Se calló de repente antes de mencionar el episodio extraño que vivió con Lex en su oficina. Tal vez era demasiado personal. — Lamento no haberte llamado — se disculpó, mientras Lois bebía de su copa — Pero necesito que averigües que tiene en común Lex con los muelles. Lois alzó las cejas. — ¿Y eso qué tiene que ver con él? — Aún no lo sé – se excusó mirando por arriba del público, entre todos ellos logró ver a Lex, más brillante y carismático que de costumbre. — Ahí está él, creo que debo ir. Lois le palmeó la espalda. — Suerte, infiltrado. Veré si consigo alguien de ayuda aquí.   Clark comenzó a abrirse paso entre la multitud, lentamente pidiendo permiso de forma incómoda, asegurándose de no pisar los vestidos de las damas. Mientras tanto, captó su atención una conversación que Lex, estaba teniendo con otro hombre, en una de las esquinas del salón más alejadas de la gente. — Owen ¿Cierto? — Lex le sonrío al desconocido que lo miró con algo de sorpresa. — Adivino, no asistes a muchas celebraciones por aquí.. — No realmente… — Lo imaginé – susurró Lex sonriendo de lado. El joven frunció el ceño tratando de ignorar que hablaba con un hombre poderoso. — No entiendo que es lo que pretende, señor Luthor – se encogió de hombros. — Oh, pero yo sí. Owen Smith, te graduaste de la preparatoria en el noventa y seis, tu padre siempre tuvo ese gran problema con las apuestas, le encantaba ese juego en dónde hacen girar la ruleta. Trabajaste como repartidor, pero fue devastador cuando te despidieron de repente y dejaron sin ese… — Cheque por discapacidad… — murmuró el hombre, horrorizado de todo lo que Lex sabía de él. — Te casaste por compromiso, ya que ningún Texano podía ser soltero en esos días. – Lex se sirvió una copa de vino oscuro de un mesero al pasar. — Ahora tienes deudas, tú madre tiene que hacerse esa fusión espinal, pero le debes crédito a cada tarjeta. Ahora en el fondo odias tú vida, viviste para cumplir los sueños de otros, pero te da culpa desear algo diferente, porque tu padre no tiene la culpa de ser un adicto y tu pareja de que tú te casaras sin estar listo. Luthor bebió de su copa, agitando el vino para oler los frutos de uva de una cosecha antigua. Indiferente ante la mirada consternada frente a él. — Increíble cosecha… — ¿Qué es lo que quiere con todo esto? ¿Cómo usted sabe todo eso? – preguntó el joven, sintiendo que estaba entre la espada y la pared. Lex bebió con tranquilidad. — Puedo solucionar tú vida en una noche. Convertirte en alguien rico, respetado, dejar de ser el hazmerreír que te convirtieron desde preparatoria. – Miró hasta el fondo vacío de su copa. –Solo tienes que concederme una noche. Clark se tropezó al oír eso, una mujer junto a él se quejó. Lex desvío la vista levemente, pero Clark se las arregló para esconderse entre la multitud. —Yo… no sé si pueda – respondió aquel hombre, bajando la barbilla, perdido en todo lo que se le estaba ofreciendo ahora. —Claro que puedes. Piensa en todo lo que podrías tener, o en todo lo que podrías perder si dices que no… — miró su reloj de mano. — Tienes ocho minutos exactos para pensarlo, si no es así, la oferta se retira.   Lex se mezcló de nuevo con la gente, subiendo al segundo piso como si nada hubiera pasado. Clark estaba molesto ¿Cómo se atrevía a usar así a las personas? Su mente apenas podía calcular lo que acababa de pasar. Su sentido de justicio no le permitía quedarse quieto ante eso. Tan solo imaginar a Lex con alguien más lo desesperó.   Comenzó a caminar al frente dispuesto a confrontarlo, pero un hombre le palmeó la espalda y lo atrajo contra él, cayendo de nuevo en en el bullicio de gente. Era un político con ideas nuevas y deseos de trabajar con LexCorp, comenzó a hablar de finanzas y planes a futuro que ni él entendía. “Será en otro momento..” pensó tensando la mandíbula, fingiendo que escuchaba todo lo que le decían.   ………………………………………………..   La mañana siguiente, Clark se esfuerza en no preguntar por eso. Es Clark Kent y como tal no hubiera sido normal mencionar que escuchó una conversación personal desde tan lejos a la perfección. Al entrar a LexCorp, el portero del edificio se le adelantó unos pasos, para que su tropiece de todas las mañanas sea menos difícil. Al sostenerlo del brazo soltó un comentario sobre lo pesado que era. Al pasar, un asistente le entrega un informe sobre los resultados de las elecciones en las últimas horas, no salta de alegría al ver que van ganando votos en los suburbios, era obvio que pasaría. Entra a la oficina de Lex. Como viene haciendo todas las veces, deja un archivo y se sienta a encogerse en su silla. Lex está viendo desde una televisión que está conectada a la pared, una imagen de él votando con una sonrisa. Todos los noticieros siguen de cerca las elecciones minuto a minuto. — Mercy, quiero que despidas a mi fotógrafo.. — dice Lex con la mano en el control remoto. — No soy Mercy — admite Clark con la mano en la nuca. Lex se da la vuelta incómodo. Olvidó que ahora esos dos son los únicos que pueden entrar a su espacio con tanta tranquilidad. ¿En qué momento dejó a Kent estar tan cerca? Bueno, ya daba igual. Se sentó frente a él y pensó brevemente, entrelazó ambas manos mirándolo fijo. —Me dijeron que te fuiste antes de que acabara la fiesta ¿Temes por la gente de traje? —No me gustó estar ahí – admitió con la mirada seria – Creo que hay cosas que no son de mi agrado.   Silencio. La televisión se apaga y se esconde detrás de la pared, mediante un sofisticado sistema tecnológico. Ambos continúan sin quitarse las miradas, Lex, quien arqueando una ceja espera explicaciones, y Clark, quien solo quiere encontrar una parte humana que se sienta culpable por lo que hizo.   Por chantajear a otro hombre con necesidades. —¿Y qué cosa si es de tu agrado? – increpó acercándose aún más, hasta estar frente a frente. Lex usaba esa colonia que impregnaba su nariz y de la que le era imposible huir. —La honestidad, el respeto… Lex asiente levemente. — Suena como si te acostaras con Superman. — dijo con sarcasmo. Clark permanece sorprendido, avergonzado con el rubor tiñendo sus mejillas, pero Lex parece más bien curioso por esa reacción.   Kent solo conocía a Superman, eran solo conocidos... ¿Cierto?   Ahora estaba más intrigado todavía, por lo que se para y se sienta al borde de su escritorio.   — ¿Existe algo humanamente posible que si le guste, señor Kent? Clark parpadea, se lleva los anteojos al puente de la nariz en un notorio tic nervioso. Lex parece disfrutarlo, por lo que sonríe de lado sin dejarse perturbar, por primera vez algo en la vida de Clark se le hace posiblemente interesante. ¿Qué clase de relación mantenía con Superman? Averiguarlo iba a ser realmente interesante.   La mano de Lex está por acercarse al cabello de Clark, en el transcurso de la acción, Clark no lo mira a la cara, se queda callado aguardando lo siguiente. Como si esperara lo que va a pasar. Pero la puerta se abre de golpe, y ahora Lex está parado junto a su escritorio, como si siempre hubiese estado ahí, y Clark se levanta torpemente avergonzado, su nerviosismo lo delata y Lex chasquea la lengua, en definitiva, piensa que es un idiota cuando se trata de discreción.   Ambos saben que es Mercy, quien camina hacía ambos sin preguntar, en silencio. Llevando una bandeja con dos tazas de café. Imperturbable se acerca a Lex y le entrega un café proveniente de una sucursal.   Lex alza las cejas curioso, Mercy jamás hace esto, en especial porque Lex tiene su propia cafetera en su despacho, sin contar que Mercy nunca tiene tareas banales como esa. Sin embargo, acepta el café con naturalidad.   —Pensé que quería uno — dice Mercy de forma monótona, encogiéndose de hombros — Señor Kent…   Mercy tropieza con sus tacones, dejando caer de lado la bandeja plateada que lleva encima. La taza de café se derrama encima de la camisa de Clark, el humo caliente hace presencia sobre la mancha café oscuro.   Uno, dos segundos.   Es el tiempo que se tarda Clark en reaccionar.   —¡Auch, me duele! — finge soplando su camisa. Lex rueda los ojos fastidiado. —Ve a limpiarte. — demanda sin importarle que Kent acaba de recibir agua hirviendo en el pecho. Clark se va, pasando al lado de la seria mirada de Mercy. Cuando ambos están solos, Mercy deja la bandeja a un lado y se cruza de brazos, caminando a ver los ventanales de su oficina.   Piensa rápidamente que Kent, se tardó mucho tiempo en reaccionar, incluso su reacción sonó bastante programada, un hombre normal corre al baño a quitarse la camisa, o al menos se desabotona la parte sucia para aliviar el dolor, pero Kent no solo tardó en reaccionar, sino que indirectamente esperó una orden de Lex para ir a limpiarse.   —¿Qué fue eso? — pregunta Lex. —¿No crees que hay algo muy extraño en Kent? Cómo reaccionó al café en su camisa… Lex frunce el ceño, deja su café sin beber y se lleva las manos a los bolsillos. “Oh, ahora lo entiendo” Piensa Lex.   Antes todo el espacio lo compartía con Mercy, su oficina era su segundo hogar, pero ahora pasan menos tiempo solos, no charlan como antes porque ahora Kent suele estar presente. Cómo no pudo notarlo antes, o prever que esto pasaría. “Es un asunto de celos” reflexiono. — Sé que no te gusta que Kent pase tanto tiempo aquí, pero ese simple poblador no puede reemplazar la eficacia de tu trabajo en esta empresa — afirma tranquilo. Mercy se da la vuelta, ambos se miran, no puede creer que Lex esté tan seguro con Kent como para no notar las cosas extrañas. Pero ella era Mercy, la única capaz de defender a Lex y dar su vida por él, porque él le había dado una segunda vida a ella. No tenía caso discutirlo, pero ese era el primer paso para indagar más sobre la vida de Kent, algo ocultaba y aunque Lex no fuera capaz de verlo, ella podría, claro que lo haría.   Y volverían a ser solo Mercy y Lex, igual que en el principio, tal como siempre debió ser.   Después de todo, si Clark no era Superman, no haría daño que ella usara las debilidades del héroe con Kent.   —Si necesitas algo, llámame, gobernador — se despide con mucho en que pensar.   ……………………..   Hank Henshaw está anotando las últimas investigaciones en una lista de tareas, cuando escucha como un clip se azota en la mesa frente a él. Ladea la cabeza y respira profundo antes de preguntar a Clark, quien camina algo nervioso con las manos en la cintura. — Hay una urna de quejas en la entrada por si quieres… Ambos miran el pequeño micrófono que Clark se quitó de la corbata sobre la mesa. Hank se muestra decepcionado. — No sé si pueda hacer esto, espiar a Lex en todo momento, no sé si sea lo correcto… – dice nervioso. — ¿Superman puede luchar contra los malos pero no Clark? Cuando estuviste aquí accediste a ayudarnos. — se quejó. — ¡Pero no así! Tal vez no averigüe nada sobre Lex, es reservado y ya intenté que confíe en mí. jamás funcionará. Hank suspira dejando lo que anotaba de lado. Años en las fuerzas especiales no le dieron suficiente paciencia con los Kryptonianos como hubiese querido. Lidiaba con un hombre adulto en crisis y una adolescente fuera de control.   — Este era el trato, tú grababas todas tus conversaciones con Luthor, y cuando tuviéramos suficientes pruebas, íbamos a encargarnos de que no le hiciera daño a Clark Kent, y encontraríamos la forma de atraparlo con las manos en la masa cuando cometiera un delito. ¿Se te olvidó?   Lo confronta. Clark suspira, parece contar en voz baja hasta diez, en cierta forma tiene la misma actitud inocente que su prima. —Yo le doy igual, no me contará nada, hoy me derramaron café hirviendo y actuó como si hubiese visto una pared en blanco.   —En mis años de experiencia, señor Kent, he visto a los hombres más fuertes doblegarse ante mis ojos ¿Sucedió por arte de magia? claro que no ¿Esos hombres eran fuertes? si que lo eran. Pero todos tenían algo en común, un lado humano que los debilitaba, un lado de ellos que no podía esconderse de la naturaleza humana, lo que los hacía hombres y no monstruos — explicó con convicción — Todos tienen su propia kryptonita, encuentra la suya antes de que él te la de a ti.   Clark parece tener la mirada pérdida, perdida en sus pensamientos, perdido en un plan del que es muy tarde escapar. — ¿Crees que Luthor tenga una debilidad? – consulta Hank, confundido de ver a Clark tan ansioso. Y a Clark se le viene a la mente ese hombre, ese sujeto con problemas financieros que Lex chantajeó aquella noche, y lo entiende. La debilidad de Lex es el poder, la ansía en todos los aspectos de su vida, incluso en el privado. Incluso con amantes. La clase de persona con la que podría encariñarse. ¿Por qué no aprovecharse de eso? Clark da un paso atrás. ¿Acaso estaba considerando seducir a Lex para su propio beneficio? No podía ser tan malo, Lex seguramente hacía eso cientos de veces, usaba a personas quienes después seguro ni recordaría. Porque así era él, era un hombre malo. Y Clark solo estaba usando eso para una buena causa, al igual que Lex juraba usar la Kryptonita por una buena razón. —Creo que si me esfuerzo, podré hacerlo —susurró Clark, listo para irse, volviendo a tomar el micrófono de la mesa. —Por cierto, no hemos visto a Kara por aquí ¿La tienes escondida ahora? Clark siente un gran peso en los hombros. —Digamos que está en un lugar más seguro que aquí. Hank sabe que debería sentirse ofendido, pero en cambio sonríe de lado. Algunas cosas nunca cambian.
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