ID de la obra: 1488

𝐖𝐢𝐧𝐝𝐟𝐥𝐨𝐰𝐞𝐫~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Slash
NC-17
En progreso
4
Fandom:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 365 páginas, 115.635 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Dorado atardecer

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Los rayos del sol se colaban por las cortinas de la ventana junto a su cama, haciendo que el rubio abriera los ojos algo molesto por la intromisión de la luz en su rostro. —Uhm... —Se queja intentando sentarse, pero se detiene al sentir el peso de alguien en su pecho —¿Qué? Max baja la mirada y observa a su novio recostado sobre él, profundamente dormido y abrazandolo por la cintura, como si temiera que en cualquier momento lo dejaría solo. Sabe que han pasado un par de horas desde que se quedaron dormidos, pero no parece haber actividad en la casa gracias al silencio que se hacía presente. Con su mano acaricia el espeso cabello oscuro de su pareja, apreciando sus lindos rizos que se enrollaban en sus dedos y se encogían como un resorte cuando los soltaba. De pronto el pecoso se separa y estira los brazos, para al final darse la vuelta dándole la espalda. —Abrázame, Maxie —Le dice casi en un susurro. El rubio no duda en hacerle caso y lo abraza por la cintura, pegando su cuerpo al de su novio y dándole un dulce beso en su cabellera. No iba a negar que disfrutaba todo esto. La suave brisa entrando por la ventana, moviendo las cortinas a la par que unos pájaros cantaban y las ramas de los árboles bailaban con el viento. Abrazando a su novio sin temer a ser interrumpidos, disfrutando de la tranquilidad de la tarde y de una vida que desearía fuera rutinaria para ellos. No era nada tonto y sabía los motivos detrás de las insinuaciones de su pareja, pero no sabia si estaban yendo demasiado rápido. Era algo que se había repetido en su cabeza los últimos días. Claro que era lindo como estaba su relación, pero la velocidad de todo esto resultaba un poco abrumadora. Quizá era la forma en que Checo hacia las cosas, pero él no estaba acostumbrado. Max pasó bastante tiempo en una relación falsa que ahora sentía que daba largos saltos con su pareja. Pero no le molestaba, solo quería que ambos estuvieran seguros de eso. Porque le gustaba demasiado y temía la idea de que algún día se aburriera y lo dejara, pero al mismo tiempo creía que era algo muy lejano. —Me gusta estar así contigo —La voz del pecoso lo saca de sus pensamientos —Me siento feliz en tus brazos. Esto lo anima a pegarse más a él, hundiendo su rostro en su cuello y sacándole una pequeña risa. —Despertaste, amor —Susurra para después darle otro beso y está vez su pareja se gira y le roba uno en los labios. —¿No te gustaría despertar así todos los días? —Esto provoca una sonrisa en el rubio —Tú y yo, abrazados, sin que nadie nos moleste. Pero no se iba a engañar a si mismo, la simple idea lo llenaba de emoción. —Si, me encantaría —Confiesa para después darle un beso en la punta de su nariz —Y todas las mañanas besaría cada una de las pequitas de tu lindo rostro, mi hermosa luna. El pelinegro posa su mano en la sonrojada mejilla de su novio, acariciándolo con delicadeza y después le dedica una sonrisa llena de ternura. —¿No has pensado de independizarte? —Finalmente lanza la pregunta que tanto había deseado decirle —Es que he querido mudarme desde hace tiempo, ya estoy muy grande para seguir en el dormitorio. Max sonríe sabiendo que esa pregunta llegaría pronto, y no se equivocó. —¿Quieres que vivamos juntos? —Pregunta y el pecoso asiente rápidamente —¿No sientes que eso es ir demasiado rápido? Sergio baja la mirada algo avergonzado, pero no podía evitar querer todo con él. —Maxie, siento algo muy fuerte por ti que no sé cómo explicarlo —Comienza sin levantar la mirada —Quiero que seamos muy serios con esto, pero no sé si tú lo quieres... En ese momento se detiene al hablar, ya que su novio a puesto su mano en la barbilla del joven y lo hizo levantar la mirada. Sus ojos se encuentran, un profundo pero a la vez cristalino azul lo hipnotizan. Y el rubor de sus mejillas solo hace que se vea más lindo. Max también se siente cautivado por los ojos cafés con un poco de verde frente suyo, y esas pequitas que adornan aquel rostro que le parece el más hermoso que ha visto en su vida. —Jamás había sentido algo así por alguien —Confiesa el joven abogado mientras su mano se desliza de su mejilla hasta tomar de la mano a su novio y llevar su palma a su pecho —Mi corazón se emociona cuando te veo, no hay nadie más en este mundo con quien desee despertar cada mañana. Sergio suspira al escuchar esto, jamás pensó provocar algo así de manera genuina. Sabía que su novio no gustaba de su grupo, y quizá tampoco del género musical al que pertenecía. Pero aún así se fijo en él más allá del idol, como la persona. Como su luna. —Y despertaremos juntos si así lo decides —Le recordó envolviendo su mano con la suya —Maxie, por favor, al menos piénsalo. El rubio se acercó a él, quedando tan cerca del otro que podían sentir sus respiraciones chocando contra sus rostros. —Solo un par de días y te daré mi respuesta —Prometió para después darle un corto beso en los labios —Solo quiero que estés seguro de que realmente quieres esto. Al hablar de la seriedad de su relación, se volcaban más al asunto de no solo “ser una diversión”. Porque ninguno de los dos quería eso. Si bien Alice le había dicho que intentará relajarse, la realidad era que Checo estaba muy flechado a Max y no podía evitar desear tenerlo a su lado. La lejanía era su mayor enemigo, pero al menos su novio le prometió pensarlo. Un par de días y tendría la respuesta que tanto deseaba.  Se quedaron un rato más en esa posición, con Max acariciando el cabello de Checo mientras el viento lo despeinaba. No fue hasta que el pecoso confesó que tenía hambre, que terminaron saliendo de casa para comprar que le gustará. —Es un día muy lindo, y los árboles están llenos de flores —Señaló mientras caminaba tomado de la mano de su novio —¿Cuál es tu flor favorita? La mía es la margarita, me gusta contar sus pétalos. —¿Y le preguntas si te quiero o no? —El rubio se detiene abruptamente y lo toma de la cintura para atraerlo hacia él —Porque realmente te quiero, tú eres mi flor favorita. Checo sonríe y se deja mimar por su novio, quien deja un rastro de besos por todo su rostro. Entre risas y jugueteos, terminan yéndo a un restaurante algo pequeño pero bastante bueno, donde comen ligero para después dar un paseo. —Mira, ahí venden sandías —El pelinegro lo jala de la mano para hacerlo caminar más rápido hasta el local que estaba algo vacío —Quiero la sandía más pequeña que tenga. Max quiso pagar la fruta pero su novio no lo dejo. —Amor, no me dejas pagar nada —Se quejó el rubio. Pero, para su sorpresa, el joven casi le aventó la sandía. —Esta muy pesada —Dijo el pecoso haciendo un puchero —Si yo pago, tú la cargas. No dijeron mucho en el camino de regreso a casa, solo se detuvieron a ver algunas chucherías que vendía pero no se llevaron nada. Al llegar a casa notaron el silencio que seguía gobernando el lugar. Esto preocupo un poco al rubio, pues su madre o hermana ya deberían estar ahí. Y mientras Checo cortaba la fruta, Max revisaba si no había pasado algo fuera de lo común. “Estoy comprando con tu hermana, debemos surtir la alacena. ¿Puedes avanzar con la cena, cariño? Nosotras tardaremos un poco en llegar” El mensaje de su madre lo tranquilizó. —Listo —La voz de su novio llamo su atención —Comamos en el jardín. El rubio asintió y caminaron hacia afuera de la casa. Por suerte, la residencia de los Verstappen no solo era discreta sino también segura. Había un muro que rodeaba la propiedad, y un portón que aseguraba que ningún extraño tuviera acceso libre al lugar. Su jardín estaba bien cuidado, lleno de árboles y flores. Se sentaron en el pasto a disfrutar de la brisa que hacía bailar las ramas de los árboles, con los pequeños pétalos de flores cayendo de estos. Sergio poso la cabeza sobre las piernas de su novio, y este último apoyo sus manos hacia atrás para cerrar los ojos y disfrutar de ese momento juntos. —Maxie... —La voz del pecoso hace que abra los ojos y voltee a verlo —Te quiero. Esto hizo que sonriera con emoción. —Yo también te quiero. —Lo sé —Afirmó sonriéndole de vuelta —Me lo has dicho varias veces, pero siento no decirlo antes. Me esforzaré en mencionarlo más veces, para que siempre recuerdes que tienes mi corazón. —Soy consciente de eso amor, por eso viniste a verme incluso cuando tus vacaciones son tan cortas —Señaló —Eso solo se hace cuando se quiere a alguien. —Sabes que mañana me voy —Le recordó el pecoso para después soltar un pequeño suspiro —Quisiera quedarme más tiempo contigo. Volver a la rutina es como despertar de un perfecto sueño. —Te llamaré cada mañana y noche —Prometió el rubio mientras acariciaba su cabello —Te dire cuánto te quiero, para que siempre recuerdes que mi corazón está esperándote. En ese momento Sergio se levantó de su posición y se avalanzo a sus brazos, hundiendo su rostro en su cuello. Max sonríe y lo abraza de la cintura para atraerlo más hacia él. Ambos están conmovidos por los sentimientos del otro, sabiendo que su cariño es genuino, real. Pasan el resto de la tarde comiendo y bromeando, hasta que el rubio recuerda que prometió avanzar con la cena y terminan entrando en casa. Checo tira las sobras de la fruta en el bote de basura de la cocina y después observa a su novio cortando unas verduras. Los pantalones cortos que lleva le quedan tan bien que no es capaz de pensar en otra cosa. Sabe que es su último día antes de irse y no quiere desaprovechar ningun momento. —Quiero ayudarte —El pecoso se ofrece acercándose a él —Enseñame a cortar las verduras. Max no ve las intenciones ocultas detrás de esa petición y accede. Pero es entonces que su novio se coloca frente suyo dándole la espalda cuando su cercanía se vuelve peligrosa. —Debes de tomar el cuchillo de esta forma —El rubio toma su mano para guiarlo, pero siente su trasero golpeando su entrepierna. No era un accidente, Checo se movía a propósito para provocarlo. —¿Así? —El idol no se rinde y comienza a mover sus caderas para provocar la reacción que busca. Max siente como esos movimientos han dado fruto y ahora su miembro está duro por aquel joven. —Checo, amor, no puedo —Dijo el rubio dejando el cuchillo aun lado para evitar accidentes —Tengo que preparar la cena. —Me puedes cenar a mí —Propuso el pecoso para después voltear a verlo y comenzar a devorar su boca. El joven abogado no puso resistencia y al poco tiempo ya lo tenía semidesnudo frente a él. Sus besos se vuelven cada vez más intensos, y sus caricias se convierten en un reclamo de atención. Checo no pierde el tiempo y le baja aquellos estorbosos shorts para revelar aquella polla que se moría por tener dentro. Saben que no tienen mucho tiempo para sus travesuras, así que el rubio lo hace apoyarse en la barra de la cocina y acomoda su miembro para entrar en el suave coño de su novio. —Maxie, que rico, cógeme —Suplica el pecoso y el joven no duda en obedecer. Sergio lo tenía a su merced cuando se trataba de placer Sus caderas chocan y el sonido obsceno es lo único que llena la cocina junto con sus respiraciones pesadas. —Te voy a dejar el coño desbordando de mi esperma —Le dice como si fuera una promesa. La brusquedad de sus embestidas solo los excita más, y con un par de nalgadas tiene al pelinegro viendo las estrellas. —Si, uhm... Maxie, lléname... —Balbucea el idol inclinando todo su cuerpo hacia adelante, casi recostado sobre la barra —Te deseo tanto... Max abre la boca como si estuviera a punto de decir algo, pero solo recibe la excitación de su novio manchando sus piernas. Sus manos sostienen con fuerza esas caderas de piel canela, marcando su agarre con sus dedos. Checo continúa balbuceando cosas que no logra comprender, mientras que una presión en su abdomen se hace presente. —El primer amor de la nación recibiendo toda mi verga —Susurra antes de soltar un gruñido que solo anuncia la llegada de su orgasmo. Corriendose dentro de su pareja, el color se le va del cuerpo al escuchar la puerta principal de la casa cerrándose de un portazo.  Nota: perdón por la hora jaja hoy si me pusieron a chambear en el jale :c jaja nos leemos el martes ❤️  
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