Estrella fugaz
22 de diciembre de 2025, 18:53
Una tranquila melodía se escuchaba por la radio.
Max conducía en silencio, siendo la música lo único que armonizaba dentro del auto.
Se detiene en un semáforo en rojo, y aprovecha ese momento para observar a la persona a su lado.
Checo estaba profundamente dormido en el asiento de copiloto, apoyando sus manos en la ventana del coche.
Arrugaba ligeramente la nariz y se acomodaba de vez en cuando, haciendo pequeños ruidos entre sueños.
Al rubio le encantaba observarlo, le parecía tan tierno y adorable, que solo quería abrazarlo.
Continuo su recorrido por aquellas calles solitarias, deseando poder detener el tiempo y permanecer a su lado.
Pero sabía que tarde o temprano su luna de miel terminaría, y tendrían que volver a la realidad.
Llega a casa y estaciona el vehículo, confiando en que la ausencia de iluminación en casa era una señal de su familia estaba durmiendo.
Baja del auto y camina hacia el asiento del copiloto, abriendo la puerta para poder tomar a su novio en brazos.
El pecoso se abraza a su cuello con una mano, mientras que con la otra sostiene el león de peluche que había ganado para su pareja.
Max empuja la puerta del auto con su pierna y se asegura de poner la alarma para así poder entrar en casa con tranquilidad.
Logra abrir la puerta a pesar de la dificultad de la tarea al llevar en brazos a su amado, pero finalmente entran y cierra con cuidado de no hacer ruido.
El corto camino para llegar a su habitación no presentó ningún problema, y termino recostando a su pareja en la cama en lo que él se cambiaba de ropa.
Lo observa de reojo acomodarse, buscándolo con su mano para poder abrazarlo, algo que hace que se apresure para acostarse a su lado.
—Amor, ¿No quieres cambiarte de ropa? —Le susurra el rubio mientras se tumba al lado del joven —Te quitaré los zapatos.
Mientras Max está ocupado quitándole sus zapatos, Checo suelta el peluche y comienza a quitarse la playera.
—Uhm... —Se queja el pecoso y su novio rápidamente voltea a verlo —Me atore.
El idol tenía sus brazos atrapados en la prenda a medio quitar, así que su pareja se apura en ayudarlo.
Una vez hecho esto, también le ayuda con la parte baja de su ropa, quedando solo en ropa interior.
El rubio lo cubre con sus sábanas y el joven se recuesta en su pecho para continuar durmiendo.
Pasan dos horas hasta que el pecoso se despierta bastante sediento.
Su novio está durmiendo y no quiere perturbar su sueño, así que decide ir por un vaso de agua a la primera planta de la casa.
No parece haber nadie más despierto, así que no tuvo mucha precaución al momento de realizar la tarea.
Decide llevar el vaso a la habitación, así que regresa rumbo a las escaleras y cuando está a punto de entrar al cuarto de su novio, escucha una puerta cerrándose detrás de él.
—¿Max? —Una somnolienta Victoria lo confunde con el rubio.
La escucha bostezar y aprovecha ese momento para entrar a la habitación de su novio, sumamente asustado.
Victoria se extraña por el comportamiento de quien creía su hermano, pero pronto se da cuenta de que era más bajo que este.
—¿Max? —vuelve a llamarlo, esta vez del otro lado de su puerta —¿Puedo pasar?
Checo se asusta, no está dispuesto a ser descubierto.
Y cuando la joven entra a la habitación, solo ve a su hermano profundamente dormido en su cama.
Una idea fugaz había pasado por su mente, tan absurda y ridícula que soltó una pequeña risa.
Por un momento creyó ver a Checo, pero pronto se lo adjudicó al cansancio y decidió irse de la habitación.
La joven bajó por un vaso de agua, así como lo hizo el idol minutos antes.
Y aunque sus caminos se cruzaron por un momento, el pecoso tuvo la suerte de esconderse en el armario para evitar delatarse.
Después de que la vio salir, puso el seguro en la puerta y así regreso tranquilo a la cama con su novio.
El peligro había pasado... Solo por esa vez.

A la mañana siguiente, Max despertó al ser víctima de una serie de besos por parte de su novio.
—Amor... —Dice el rubio con una sonrisa boba en los labios —Que linda forma de despertar.
—Estoy aprovechando mis últimas horas a tu lado —Afirmó el pecoso algo desanimado.
Había comprado un boleto de regreso a su realidad, y el vuelo sería esa misma tarde.
—Entonces déjame abrazarte un poco más —El joven abogado lo tomo de la cintura para pegarlo más a su cuerpo.
No desaprovechó el momento para comenzar a besarlo y acariciarlo.
—Te voy a extrañar mucho —Dijo el idol entre besos —Te quiero tanto.
En ese momento ahogo un pequeño quejido cuando su novio comenzó a dejar algunos besos en su cuello, marcando un poco su piel.
—Sabes que te quiero aún más —El rubio no tardo en deshacerse de la ropa interior de su novio —Podemos hablar todos los días, aunque también quiero darte algo antes del viaje.
Su novio sonríe al ya no ser él quien siempre inicie esos juegos calientes entre ambos.
Entonces siente sus dedos acariciando sus pliegues, al principio algo cuidadosos pero después un poco más atrevidos.
Deslizando dos dígitos dentro del joven, adueñandose de su húmedo coño.
Checo echa la cabeza hacia atrás y de sus labios escapan pequeños gemidos mientras comienza a mover sus caderas en busca de más contacto.
—¿Te gusta? —Susurra su novio a su lado y el pecoso asiente —Me pones tan duro.
El idol coloca su mano en la entrepierna de su novio, tocando su miembro que se marcaba en sus pantalones cortos
—Entonces dámelo, quiero sentirte duro dentro de mí —Pide el pelinegro para después morderse el labio.
En ese momento su novio se acerca a su rostro y le roba un beso que poco a poco se va volviendo más atrevido.
Sus dedos no dejan de jugar con él, moviéndose dentro suyo y robándole diversos suspiros.
El pecoso se muerde el labio, desea tanto que se lo folle que podría ponerse a llorar en un berrinche si su novio sigue jugando con él de esa manera.
—Maxie... —Insiste.
Esto solo provoca que su novio suelte una pequeña sonrisa.
—¿Qué pasa, amor? —Pregunta antes de volver a besarlo —¿Quieres que te coja? ¿Que te llene el coño?
El joven asiente repetidas veces, pero sabe que la única forma en que lo haga, es que salga de su propia boca.
—Si, Maxie, follame tan rico como antes —Suelta el pelinegro y esto solo alienta al rubio, quién saca sus dedos y rápidamente se deshace de su ropa.
Checo no dice nada, solo sonríe mientras se acomoda de piernas abiertas.
Observa el miembro erecto de su novio, aquella polla sonrosada que tanto le gusta y cuyo líquido preseminal se escurre por el falo.
—Parece que estamos solos en casa, así que dime cuánto te gusta —El abogado presiona la cabeza de su pene en el coño de su novio, entrando en él poco a poco, arrancándole un pesado gemido de placer.
Empuja sus caderas contra las suyas, se siente tan caliente cuando está dentro de su pareja y le gusta ver cómo sus pecas resaltan cuando está sonrojado.
El pecoso tiene la boca entre abierta y sus quejidos no se hacen esperar, pero Max acorta la distancia y junta sus labios en un candente beso.
Continúa follandolo mientras su novio novio se queja entre besos y ensarta sus uñas en su espalda.
El vaivén tan lento lo está matando, y sus lenguas bailando entre ellas solo aumentan el calor en la habitación.
—Si, Maxie, cógeme así —Susurra el pelinegro con dificultad —Dame más, por favor.
El rubio sabe bien lo que le pide y lo toma de la cintura con fuerza para embestirlo con brusquedad.
El pecoso gime sin vergüenza, le gusta la forma en cómo lo toma y se deja hacer lo que quiera.
Su miembro golpeando su interior lo tiene viendo las estrellas, y pronto lleva su mano a su coño para tocarse al mismo tiempo en que su novio lo llena.
—Oh, mierda... —Apenas sale de sus labios cuando siente como se corre con su novio todavía dentro suyo.
Sin embargo, esto no detiene al rubio.
Sale del joven y lo hace ponerse en cuatro sobre la cama, dándole una nalgada en su redondo trasero.
—Te dejaré tan lleno y desbordando mi esperma para que no me extrañes los primeros días —Afirmó Max mientras posicionaba su miembro en la entrada del joven y se deslizaban en su coño.
Checo apenas puede decir palabra cuando el vaivén de sus caderas vuelve es quemar su cerebro.
Todavía puede sentir su excitación corriendo en sus piernas, pero también las bolas de su novio chocando con estás con cada embestida.
Pronto Max toma de los brazos a su pareja, como si estás fueran sus correas y lo hace pegarse más a él con cada movimiento de cadera.
Se siente tan cerca que hasta sus orejas arden de lo rojo que está.
Ver su voluptuoso trasero de su novio rebotando en su polla solo aumenta su excitación y suelta una nalgada que lo hace temblar.
Al pecoso le comienzan a doler los brazos y las rodillas, pero no le importa porque sabe que su novio pronto llegará el climax, al igual que él.
—Eres mío —Le dice el rubio antes de dar una estocada que termina llevándolo a correrse dentro de su pareja.
Suelta los brazos del joven, quién se recuesta boca abajo y respira pesadamente al alcanzar el climax junto a su novio.
Pronto Max sale de él y se acuesta a su lado, dandole pequeños besos y mimos.
—Maxie... —El pecoso apenas esta recuperando el aliento cuando lo llama —Creo que provocará el efecto contrario.
Este comentario solo le saca una risa a su pareja y se vuelven a besar.
Saben que es verdad, pero no es momento de pensar en eso.
Descansarían esa mañana antes de que el joven deba partir de vuelta a su realidad.

Un par de horas más tarde.
Después de asearse y arreglar todo, ambos estaban acomodando la maleta del joven.
—Es una lástima lo de la rueda —Dice el pelinegro viendo como está estaba rota —Tantos días libres y nunca compre otra.
—Estábamos muy ocupados con otras cosas —El comentario de Max lo hace reír —Pero mi mamá si se llevó algo de tu ropa a la lavandería.
En ese momento cierran la maleta y se sientan en la cama.
—Quedátela, amor —El pecoso tomó su mano y depositó un suave beso en esta —Tendrás algo mío en mi ausencia.
—Entonces tú también deberías tener algo mío —El rubio no se quedó atrás y camino hacia su armario, rebuscando en este —Toma, es mi favorita.
Pronto le extiende una chamarra negra con capucha.
El idol la toma muy emocionado y se la pone, para después oler la manga.
—Huele a ti, gracias amor —Se acerca a su novio y deposita un suave beso en sus labios —Me la pondré cada vez que te extrañe.
Max lo toma de la cintura y lo besa con cuidado, pero Checo profundiza el beso y se abraza a su cuello para disfrutar más de él.
Este contacto poco a poco fue subiendo de nivel, pero saben que ya han tenido demasiado de eso y se separan.
—Te llevaré al aeropuerto —No es pregunta, es una afirmación.
Y el pecoso no protesta, sabe que le queda poco tiempo para estar a su lado.
El rubio toma la maleta y se disponen a salir de casa.
Se van en taxi hasta el aeropuerto, donde Max lo lleva hasta donde sé le permite llegar con él y le da un beso de despedida.
—Cuídate mucho, amor —Comenzó el abogado mientras toma su mano —Recuerda que estoy a solo un mensaje de ti, así que no dudes en llamarme por cualquier cosa.
—Maxie, te quiero mucho —El pecoso se mostraba muy triste ante todo esto —Por favor, hablemos siempre. Y piensa bien lo que te dije.
El rubio asiente y vuelven a besarse, está vez por última vez en sus vacaciones.
Checo se abraza a su peluche de iguana, y comienza a caminar lejos de su pareja, volteando a verlo más de una vez.
Le dolía mucho tener que separarse de su novio, pero ambos sabían que esa era la dinámica que llevarían.
Estar casi completamente cubierto en un aeropuerto con el temor de ser fotografiado con su pareja era algo que lo molestaba.
Porque no era la clase de vida y relación que quería tener.
Deseaba estar junto a Max, libremente junto a él.
Pero inevitablemente subió aquel avión, recordándola cruda realidad a la que se afrontaba.
Mientras que el rubio regresó al taxi con un nudo en la garganta, sosteniendo el llanto ante la idea de separarse de su pareja.
Sabiendo bien que era así como debían ser las cosas. Aunque eso no les gustara.