Melodia estelar
22 de diciembre de 2025, 18:53
Pasado unos días, el despertar el uno junto al otro se volvió una rutina que difícilmente podrían abandonar.
Su relación se había vuelto bastante sería, pero había una situación que todavía debían abarcar.
Ese lunes habían despertado muy temprano, más de lo normal.
El despertador no dejaba de sonar, casi opacando los quejidos del pecoso que se abrazaba a la almohada debajo suyo.
Max había tenido un antojo mañanero, y ahora se encontraba sobre su novio llenándolo con su miembro.
Un fuerte sonido llena la habitación al momento en que le rubio suelta una nalgada a su pareja.
No tiene prisa, se toma su tiempo entre embestidas. Siendo lento o quedándose quieto dentro suyo.
Checo no lo está soportando.
Puede sentir el líquido caliente de su novio escapando de su coño, lo ha dejado tan lleno que siente que las pastillas no tendrán más efecto.
Mientras que ahora se ha adueñado de su trasero, golpeando duro en su apretado agujero pero torturandolo con un ritmo eterno.
Sus fuertes manos se posan en sus nalgas, las cuales ya están bastante coloradas por todas las veces que lo ha azotado.
Sabe bien lo que al idol le gusta.
El control, la fuerza, la dominancia, pero también el cuidado, el afecto, y la admiración.
Porque a Max le encantaba decirle lo hermoso que era, y más cuando estaba en sus brazos.
—Eres mío —Susurra el joven abogado.
Le gustaba recordárselo cada que podía.
Empuja sus caderas contra las suyas, y Checo suelta un gemido pesado, siente su pecho arder y sabe que está muy sonrojado.
Y cualquiera podría decir que el rubio estaba obsesionado con marcar cada parte del cuerpo del idol con su presencia.
Pero el pecoso también era muy descarado al ni siquiera molestarse por ocultar la serie de marcas rojas que le dejaba en el cuello.
Aún cuando era bastante evidente, si le preguntaban diría que le había picado un mosquito.
Mientras que Alice lo regañaba y obligaba a usar cuellos de tortuga para intentar ocultarlo.
“No seas imprudente” Le repetía la pelirroja cuando se encontraban solos.
Ella sabía bien quién era el responsable de todo eso, y se preguntaba si había sido buena idea apoyar este comportamiento desde un inicio.
Claro que le gustaba verlo feliz, pero también se estaba volviendo algo descuidado.
Y no quería que salieran más rumores sobre el grupo, principalmente con un álbum en puerta.
—Amor, ya no puedo —Se quejó el pecoso por el ritmo lento —Dámelo todo, no puedo más.
Max sonrió ante esto.
Le gustaba mucho cuando le rogaba, pero no tanto como cuando se le insinuaba apenas tuviera oportunidad.
Sergio era muy coqueto, pero habían estado intentando ser un poco más cuidadosos al respecto.
No querían un accidente.
El rubio se apresuró en cumplir sus deseos, tomándolo con fuerza de las caderas para hacerlo tomar toda su polla en repetidas ocasiones.
El pelinegro se posicionó en cuatro sobre la cama y comenzó a empujar sus caderas hacia atrás, buscando más contacto con su pareja.
Max da una, dos embestidas y continúa dándole distintas nalgadas. Le gusta ver como su culo rebota en su miembro.
Checo solloza hasta que siente como su novio vuelve a correrse dentro suyo, apoyando su pecho en su espalda.
El rubio suelta un pequeño gruñido mientras se abraza al cuerpo de su novio al momento de llegar al clímax.
Siempre le resulta fascinante como su cuerpo lo recibía tan bien.
El joven abogado sale de su pareja con cuidado y se acomoda a su lado, abrazándolo por la cintura mientras le dejaba una serie de besos en la nuca.
Sergio sonríe ante esto, sus besos le causan cosquillas y no puede evitar moverse para verlo a los ojos, con ese hermoso color azul que lo hipnotizaba.
—¿Estás bien, amor? —Pregunta el rubio mientras acaricia su mejilla con delicadeza —¿Me excedí?
—No, no, estoy bien —Afirmó el pecoso y en ese momento su novio se acercó para darle un beso en la punta de la nariz.
—Es demasiado temprano amor, hay que dormir otro rato —Susurró para después pegarse a él, haciéndolo recostarse en su pecho —Duerme tranquilo, yo te cuido.
El pelinegro pronto cerro los ojos, quedándose profundamente dormido en los brazos de su pareja.
Tranquilo con la idea de tenerlo a su lado.
Pero todo eso termino cuando despertó solo en aquella amplia cama. Sin rastro alguno del rubio.
—¿Maxie? —Murmuro apenas se sentó en la cama —¿Max? ¿Amor?
Todavía se sentía algo sucio por todo lo que habían hecho esa mañana. Apenas había dormido otra hora cuando de pronto se encontró solo.
—¿Bebé, donde estas? —Pregunto el pecoso mientras caminaba hacia el baño, donde escucho un ruido —¿Amor?
Entonces lo vio en la ducha enjabonandose el cuerpo, demasiado concentrado para siquiera escucharlo llamarlo.
—¡Max! —Gritó apenas abrió la puerta de la ducha —¿Te estás bañando sin mí?
El rubio pegó un brinco cuando escuchó aquel grito, y pronto soltó una pequeña risa.
—Amor, me asustaste —Dijo con una sonrisa, la cual pronto despareció debido a la expresión seria de su pareja —Checo, ¿Qué pasa?
—Pudiste despertarme para que nos bañaramos juntos, y en lugar de eso me dejaste solito en la cama —Se quejó el pecoso con un puchero que solo le saco otra sonrisa a su novio —Lo digo en serio.
Max extendió su mano para invitarlo a entrar, lo cual hizo pero sin corresponder al contacto.
—No te pongas así, mi amor, es solo que bañarme contigo casi siempre implica hacer otras cosas menos bañarnos —Señaló con una sonrisa mientras se acercaba a él —Y no me molestaría si no llevará algo de prisa.
Checo siente el agua tibia cubriendo su cuerpo, pero esto no relaja sus músculos al escuchar que su novio tiene planes para ese día.
—¿Prisa? —Repite con curiosidad —¿Para qué?
El pecoso no podía con su curiosidad, pero también estaba nervioso ante la idea de que su novio estuviera planeando escapar de él ese día.
Cuando ellos tenían esa clase de intimidad, normalmente Checo se quedaba en cama para poder recuperarse de esa actividad.
Y no solamente lo habían hecho, sino también el rubio se estaba bañando solo porque quería irse sin despertarlo.
¿A dónde iba con tanta prisa? ¿Y por qué lo hacía sentir tan inseguro?
—Tengo una entrevista de trabajo —Y su respuesta lo toma por sorpresa —Debo que generar ingresos para nuestra casa amor, no creerías que me iba a quedar todo el día sin hacer nada ¿O sí?
El pelinegro se queda en silencio por un ul momento y después de unos minutos se abraza al cuerpo de su novio.
—No vayas —Dice de una forma tan adorable que lo hace sonreír —Quédate.
—Amor, no tardaré mucho —Afirmó el rubio abrazandolo para que se calme —Quizá unas dos horas. Sé que es tu día libre y volveré rápido.
Sin embargo, el pecoso se abraza con más fuerza.
—Quédate conmigo —Insistió.
Max le dio varios besos en la frente antes de lograr separarse de él.
—No voy a tardar —Pero el rubio era muy terco.
Así que Checo no tuvo más opción que aflojar la lengua.
—Yo deseo que sigas tu sueño de ser artista —Confesó —Por eso no quiero que busques un empleo. Quiero que seas feliz con aquello que siempre quisiste.
El joven abogado sonríe al escuchar esto. Su corazón se siente conmovido al saber que su novio realmente se preocupaba por sus sueños.
—Amor, te lo agradezco pero ya es muy tarde para mí —Respondió cerrando la llave del agua —Voy a ejercer porque de igual forma mi padre comenzará a hacer más preguntas y no quiero que se aparezca aquí de la nada.
Pero el pecoso lo sigue después de que sale de la ducha.
—Pero ya he concretado una reunión —Afirmó llenándolo de curiosidad —Es un amigo, conoce muy bien el negocio y te puede ayudar. Puede ser tu mentor.
Max se detuvo en seco y se giro a verlo.
—¿De qué hablas, amor? —Se acercó a él con la toalla en la mano —¿Mentor de qué?
—Para que tengas tu propia galería de arte —Respondió el pecoso tomando su mano —Al menos inténtalo, hazlo por mí.
El rubio cerro los ojos con fuerza. En cualquier otra situación se negaría rotundamente y seguiría con su camino.
Pero no era lo mismo cuando se trataba de él.
Sergio era lo más preciado que tenía y le gustaba complacerlo.
Era bastante obvio que el idol se había dado cuenta de este efecto en él, y ahora lo estaba usando en su contra sabiendo que no se iba a negar.
Y Max era consciente de esto. Así que sonrío como respuesta antes de ceder.
Fue de esa manera que volvió a faltar a otra entrevista de trabajo. Y todo por un capricho de su gran amor.

Ese día se la pasaron en casa viendo películas.
Checo estaba disfrutando su día libre hasta que se le ocurrió una idea un tanto arriesgada.
—Amor, salgamos —Soltó de la nada llamando la atención de su novio —Quiero mostrarte algo.
Max miro el reloj y se dio cuenta de que ya era casi la media noche.
—Es bastante tarde, no creo que sea prudente —Afirmo el rubio mientras apagaba la televisión —De hecho, deberíamos ir a dormir.
Sus palabras fueron como un deja Vu.
—¿Quién eres? ¿Alice? —Pregunto con cierta mofa al recordar el asunto de “Ser imprudente” —Vamos. Es la mejor hora para salir, así nadie nos va a ver.
Al joven abogado no le gustó para nada esa comparación con la pelirroja. Y, lo quiera o no, tuvo un efecto en él.
—Toma tu abrigo —Respondió levantándose del sofá.
El no era Alice, no se tomaba atribuciones que no le correspondían. Ni despeinaba al novio de otras personas.
No iba a permitir que su pareja lo comparará con ella, principalmente cuando esa simple acción le había causado tantos celos.
Sergio sonrió al ser tan consentido por su novio. Siempre cumpliendo cada capricho suyo.
Es así como salieron del edificio de departamentos y comenzaron a caminar por las movidas calles en la capital.
Si bien era bastante tarde, eso no quería decir que no hubiera movimiento.
Solo era un poco más tranquilo.
Pero, a diferencia de la ciudad origen de Max, en la capital llevaban un ritmo de vida acelerado y rara vez mirarías las calles vacías.
Aún así después fácil llegar a su destino sin ser cuestionados en el camino o reconocidos por algún fan obsesivo.
El pelinegro saludó al guardia como todos los días. Y entraron al elevador que los llevaría a dónde él quería.
—Amor, no creo que sea buena idea estar aquí —Afirmó el rubio bastante nervioso ante la idea de ser descubiertos.
—No estamos haciendo nada malo, tengo permitido entrar a cualquier área menos los ejecutivas —Explicó —Y nosotros iremos al estudio de grabación.
—Ya lo dijiste, bebé, tú tienes permitido, yo no —Le recordó —Me van a echar a patadas.
Max lo seguía de cerca, pues tampoco quería perderse. El lugar era enorme.
—No hay nadie, solo estamos tú y yo —Insistió el pecoso —Y quizá los fantasmas que se parecen en los pasillos.
—¿Qué? —El rubio se sorprende con su respuesta.
—Es una broma —Dijo Checo mientras abría la puerta del estudio.
Tuvo suerte de ir al frente y que su novio no se diera cuenta de la expresión en su rostro al haberle mentido.
El tema de los fantasmas dentro de la empresa era algo recurrente.
Se decía que se trataban de las almas de algunos jóvenes que no alcanzaron a debutar y tomaron decisiones extremas.
El pecoso no quería creer eso, y no lo hizo hasta que durante las grabaciones de un video musical del grupo, se logró divisar la imagen de una persona al fondo.
Alguien que claramente no debía estar ahí en primer lugar.
Claro que no le contaría esto a su pareja, aunque este parecía algo escéptico.
—¿Y cuál es la urgencia por estar aquí? —Preguntó Max observando cada parte del lugar.
Nunca había estado en un sitio así y se sentía bastante curioso al respecto.
—El álbum sale dentro de poco, pero hay una canción en especial que me gustaría que escucharas primero —Explicó mientras rebuscaba en los archivos y finalmente dio con el suyo —Es una de las que escribí apenas nos conocimos.
El rubio se sorprendió ante esto. Nunca pensé que alguien le dedicaría una canción, y mucho menos que esta haya sido compuesta por esa misma persona.
Y se sentía bastante especial por esto.
Entonces el pecoso le mostró la canción, pero había una parte en específico que se quedó clavada en la mente de Max:
“When I’m struggling and tiredWhen I sometimes fallYou always pick me upJust like now, by my sideNext to me, every single dayStay like thatSometimes we fightBecause it’s different from the startYou are in meYou know that I love you ma baby”
El joven abogado se sentía sumamente conmovido por esto. Nunca pensó en sentir algo tan fuerte por otra persona.
Se levantó de su asiento y camino hacia donde estaba su novio, arrinconadolo en una esquina de la habitación y plantando un dulce beso sus labios.
—Gracias... —Murmuró antes de abrazarlo.
Sergio se dejó envolver por sus brazos, sonriendo al saber que su amor era más que correspondido, sino también muy bien apreciado.