ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Orgullo

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Estaban tan lejos del otro pero la tensión se sentía en el aire. —¿Y cual es tu decisión? —Pregunta el alfa tan curioso como nervioso. Un pequeño silencio se hizo presente acompañado de un suspiro. —No puedo, lo siento —Responde el rubio con firmeza —Es una oferta tentadora, pero usted sigue siendo un extraño y nada me asegura que cumplirá su palabra. Esto ultimo molesto al pelinegro. —¿Qué insinúas? ¿Qué soy un mentiroso y no tengo palabra? —Su voz se vuelve dura y las pocas personas a su alrededor se alejan debido a que su aroma se había vuelto picoso para los presentes. —No, yo no quería decir... —Max se da cuenta de su molestia e intenta remediarlo, pero ya es tarde para eso. —Creí que hablaba con alguien serio respecto a este tema, pero me alegra que te hayas negado porque claramente no podías con esto —Molesto, no mide sus palabras —Suerte mendigando empleo. Cuelga la llamada sin esperar respuesta y regresa a su lugar con un semblante que hace que sus amigos se tensen. Ninguno de los tres dice palabra y eso hace que todo se sienta más extraño. —¿Todo bien? —Charles se anima a hablar al notar el picor en su aroma. —Se negó a casarse conmigo —Soltó casi en un susurro. Pronto pasó de la molestia a la vergüenza. Nunca pensó que sería tan difícil encontrar a un Omega dispuesto a casarse con él. Tenía todo lo necesario para ser un buen Alfa ¿No? Era guapo y exitoso, ofrecía una vida bastante cómoda y lujosa, ¿Por qué se negarian a él? O quizá estaba viendo para el lado equivocado, y su respuesta estaba enfrente. —Lo lamento mucho, ¿Cuánto tiempo tienes para poder conseguir que alguien se case contigo y hacer válido el testamento? —El omega apoyar su mano en su hombro para intentar tranquilizarlo. No espera la respuesta que está por recibir. —Charles, ¿Por qué no quieres casarte conmigo? —Su pregunta lo aturde por un momento, dejándolo sin habla —Somos muy buenos amigos. Nos conocemos desde hace años y estoy seguro de que nos iría muy bien juntos. No sabía si era la mezcla de alcohol con sus malas decisiones lo que lo habían orillado a decir eso. Carlos los observa sin decir nada, pero no puede evitar incomodarse respecto al tema. —Y-yo... —Balbucea el omega —Ya te había dicho que no —Le recordó al anotar cómo lo quería convencer —Somos buenos amigos, pero... No creo que se pueda ser más que eso. Sin embargo, Checo no parecía rendirse. —Es justamente eso —Insistió —No seremos más que amigos, solo fingiremos ser una pareja. Por favor, es lo único que necesito. La idea era tentadora para cualquiera que quisiera acceder a ese estilo de vida a cambio de apariencias. Pero Charles no era alguien que necesitara eso. —No me parece buena idea —Confiesa bajando un poco la mirada —Para ti es fácil decirlo porque eres un Alfa, pero si nos divorciamos yo sere quién quedará marcado para todos. —Puedes decir que fui un pésimo alfa y que por eso me dejaste, no me importa, de todas formas nunca me casare de verdad —Suelta esto último con algo de amargura. Sergio no lo admitiría abiertamente, ni siquiera para él mismo. Pero creía que nadie podía amarlo como una pareja. No con lo ocupado y distante que era. —¿Por qué dices eso? —Y Charles se siente un poco mal al escucharlo —Ya verás que encontrarás a alguien que te haga cambiar de idea sobre las relaciones y te enamoraras de esa persona. —Así es, ya deja ese tema —Carlos finalmente dice algo cuando ve la oportunidad de terminar ese asunto —Ya bebiste demasiado, es hora de irse. —Charlie... —Sergio lo llama, se le ve desesperado —Por favor... Esto hace que el otro alfa se ponga nervioso, sabe que el Omega es muy débil ante alguien llorando, más si es cercano a él. —Checo yo... —No sabe que más decir y se decide por abrazarlo. Se siente mal por verlo en ese estado, y toma una decisión —Tranquilo, lo haré. —¿Qué? —Pregunta el pelinegro separandose un poco. Una pregunta parecida se escapa de los labios de Carlos, pero fue más un murmullo que ninguno de los dos alcanzó a escuchar. Ambos alfas lo observan expectante. —Me casare contigo. Sergio lo abraza alegremente, ya había encontrado la solución a todos sus problemas. —No —La voz dura de Carlos se alzó un poco y su aroma, canela con vainilla, se amargo un poco —Déjate de tonterías. No te vas a casar con él. Su tono era más a un reclamo mezclado con incredulidad. No sabía porque estaba tan molesto. —Carlos, ni siquiera es real —Dice Charles, pero lo que su amigo no sabe es que solo lo ha dicho para que ya dejé de llorar. Sabe que podrán hablar al día siguiente y aclarar el asunto de que no habría boda. Pero Carlos no lo ve así. —¿Y como se supone que vas a fingir? Te conozco, eres enamoradizo... —En ese momento se muerde la lengua y niega con la cabeza —No podrías fingir una relación con él, ni siquiera un beso. Charles se sonroja al sentirse exhibido. Claro que era enamoradizo, le gustaba la idea de amar y ser amado, ¿Qué tenía de malo? —¿Y qué...? —No pudo terminar de hablar cuando sintió el peso de los labios de su amigo sobre los suyos. Checo se aventuró a robarle un beso para probar que su amigo estaba equivocado. Ni siquiera fue un contacto profundo, apenas pegaron su boca al otro pero eso fue suficiente para que el otro alfa se mostrará molesto. —¿Ves? No significo nada —Dice el pecoso separandose del Omega —No es tan difícil. Charles no dice nada debido al impacto. Jamás pensó en besar a Checo, nunca lo vio de esa manera. —¿Y bien? —Carlos no puede evitar sentirse celoso, pero se niega a reconocerlo —¿En serio no significó nada? —Pues no sentí nada —Responde el pelinegro, aunque la pregunta no era para él. —¿Y tú? —Reclama hacia el Omega. —¿Qué acaba de pasar exactamente? —Charles se muestra muy confundido al respecto. —Le diste cuerda a su tontería, eso paso —El alfa toma su saco y comienza a ponérselo —Hagan lo que quieran, estoy harto. Sin esperar respuesta alguna, Carlos se marcha del lugar con un huracán de emociones en su interior.  Al día siguiente, Max estaba en el restaurante cuando vio llegar a un Omega castaño y muy bien arreglado. Le era inevitable observarlo de arriba a abajo. Se notaba que llevaba un estilo de vida muy superior al suyo. —Buen día, ¿Está listo para ordenar? —Pregunta el rubio acercándose a él. —De momento solo un café, estoy esperando a alguien —Responde Charles con una sonrisa amable. Max se aleja para llevarle su pedido cuando se da cuenta que alguien más ha entrado esa mañana. Sergio, el alfa que rechazo la noche anterior, llegó con una pequeña bolsa de compras muy llamativa. Puedo reconocer el logo de una famosa joyería especializada en anillos de compromiso. —Ay no... —Susurró el Omega. “¿Acaso no había sido claro en su decisión?” Pensó mientras lo veía caminar entre las mesas. Le había dicho que no, ¿Por qué...? Entonces casi se tropieza al verlo detenerse en la mesa de aquel muy bien parecido Omega. Siente sus mejillas arder y sonríe nerviosamente. ¿Cómo pudo pensar que se trataba sobre él? Uno de sus compañeros le recuerda que tiene que ir a atender la mesa y dejarle el café al castaño. Suspira profundamente y comienza a caminar hacia ellos. Sin decir nada, deja el café frente a Charles y este le agradece. Por un momento voltea a ver al alfa, quién lo mira fijamente y después desvía la mirada. El rubio se aleja y mira como el pelinegro saca un pequeño cajita de terciopelo azul de aquella bolsa. Sabe bien lo que es y lo confirma cuando la abre, revelando un hermoso y llamativo anillo. No puede evitar sentirse triste al respecto. Nunca quiso ofenderlo ni que se molestará con él. Y quizá debió hacerle caso a su instinto y aceptar la propuesta. Pero siguió el consejo de sus amigos y ahora veía como ese alfa, quizá el mejor prospecto que alguna vez pudo tener, se comprometía con alguien de su mismo nivel. Porque lo podía notar con solo ver sus manos. Tan finas y bien cuidadas, a diferencia de las suyas, quizá nunca había tenido que lavar pisos para poder vivir. Sergio no solo se consiguió a otro omega, sino a alguien mucho mejor que él. Así que camino de regreso a la cocina para no seguir presenciando eso. —Checo, no puedo casarme contigo —Charles puso su mano sobre la caja y la cerro —Lo siento, solo acepte para que dejaras de sollozar. —No me digas eso... —Susurra el pelinegro todavía observando aquella caja —Creí que ya había solucionado todo. —Carlos tiene razón, soy enamoradizo —Comenzó el castaño —Me gusta amar y ser amado. No puedo casarme si no tengo la seguridad de que mi alfa me ama y no separara de mi lado. —No es mi intención hacerte daño —Insiste el alfa pero está vez no logrará nada. —No puedo ser marcado por un divorcio —El Omega está muy seguro de su decisión —Lo lamento. Charles se prepara para irse y hace una señal a otro mesero para que le lleve la cuenta. —¿Crees que debería rendirme sobre esto? —Sergio no puede evitar preguntar. —Como omega, no me parece buena idea —El castaño suspira antes de continuar —Y como tu amigo, te aconsejos que rompas ese círculo que te tiene así. El Omega se levanta de su asiento y se marcha del lugar. Sabe que si se queda más tiempo su amigo buscará la manera de persuadirlo para cambiar de opinión. Checo toma la caja y la mete en la bolsa de compras, dispuesto a regresarlo esa tarde. Quizá debería dejar ir esa idea loca, pero se sentía incapaz. Y para cuando Max salió de la cocina, la pareja de amigos ya no estaba. Entonces asumió que se marcharon juntos y felices por su compromiso.  Pasaron un par de horas donde el rubio no era capaz de concentrarse en el trabajo. ¿Había hecho mal al rechazarlo? A este punto ya era muy obvio que se había arrepentido de su decisión. —¿Era un diamante? —Escucho a su compañero Esteban susurrando mientras arreglaban todo para cerrar —¿Y le dijo que no? Max no pudo evitar voltear hacia su dirección. —Si, yo mismo les entregué la cuenta y el alfa estaba pálido —Afirma George mientras negaba con la cabeza —Hermoso anillo, una lástima que hayan omegas que desperdician tal oportunidad. El rubio supo muy bien de quienes hablaba y una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios. Pero rápidamente negó con la cabeza. —No seas tonto Max, él no te buscará —Susurró para sí mismo. Claro que él podría llamarlo y decirle que cambio de opinión. Que lo pensó mejor y siempre sí. Pero había un problema con ambos: Su enorme orgullo. Y ninguno de los dos daría el paso para poder solucionar ese embrollo. —Max, tienes una llamada —La voz de Esteban lo saca de sus pensamientos —Es del hospital. En ese momento sintió que se le heló la sangre. Sabía bien que solo le llamarían si era una emergencia. No tardo en atender, poniéndose muy nervioso al escuchar a la persona del otro lado de la línea. Angustiado, le ceden el permiso para salir más temprano y se marcha de inmediato. No dejaba de llamarse a si mismo “tonto” por haber dejado ir una oportunidad que pudiera ayudar a sanar a su mamá. —Por suerte logramos estabilizarla... —La doctora le explica la situación y él asiente en automático. Observa a su madre en aquella cama y una lágrima escapa hasta deslizarse por su mejilla. —Es un tratamiento muy costoso, y no lo cubre el seguro —Es lo último que escucha que la doctora le dice. Ya lo sabe, lo ha escuchado varias veces. Sale del hospital y toma su teléfono, ya no puede seguir así y lo sabe. —¿Hola? —Pregunta del otro lado de la línea. —Soy Max, si todavía está disponible la oferta, la acepto —Soltó sin dar más rodeos. Sergio se sorprendió no solo por su llamada, sino también por su cambio de decisión. Le gustaría recriminarle por haberlo rechazado la noche anterior o por sus insinuaciones de ser un estafador. Pero se resistió a eso porque sabía que solo lo arruinaría. —Bien, debemos reunirnos para discutir a fondo el acuerdo... —Ni siquiera pudo terminar de hablar. —Me parece perfecto, me gustaría discutirlo inmediatamente —El Omega se apuro en interrumpirlo —Pero tiene que venir a hablar conmigo en persona ahora. El pelinegro nota la desesperación en su voz y sabe que algo debe estar pasando para que su tono dulce desaparezca. Porque había notado lo lindo y amable que era al momento de expresarse, incluso si estaba incómodo. No dudo en aceptar y al poco tiempo llegó al lugar, sorprendiéndose al ver qué era un hospital. Camino entre los pasillos hasta donde lo ve recargado en la pared. —Si haremos esto, primero debe que no lo hago por mi —Comenzó Max sin siquiera saludarlo —Lo hago por ella. El alfa se acerca y mira a través de la ventana a una mujer recostada en una cama dentro de la habitación. —¿Es tu...? —Es mamá, está enferma y necesita un tratamiento muy costoso —Afirmo el rubio con una voz temblorosa —No me interesa nada más que ella se cure. Sergio se sintió un idiota. Pensó en esas veces que le echó en cara su situación económica sin saber porque el joven se la pasaba tan mal. —Lo lamento mucho —Susurra el alfa volteandolo a ver, notando la sorpresa en su rostro —No sabía nada de esto. Por favor, perdoname por como te trate. El Omega se conmueve un poco y siente como sus mejillas arden de lo sonrojadas que están. Sergio se miraba tan vulnerable en ese momento, como si hubiera tocado una fibra en su interior que lo había puesto emocional. —Deberíamos empezar de nuevo —Rapidamente encuentra una solución a su incomodidad —Soy Max. Le extiende la malo y el alfa rápidamente acepta el saludo. —Sergio. Se sonríen el uno al otro con amabilidad, esperando que ahora hagan todo bien. —¿Maxie? —La voz de Geri los alerta. Ella no sabía que está acompañado y no puede hacer el esfuerzo por levantarse. —Por eso lo llame aquí hoy, tiene que pedirle mi mano a mamá —Afirma el rubio algo tímido —La hará feliz pensar que es real. El alfa se conmueve un poco y asiente. Ambos entran a la habitación para dar el primer paso en su falsa relación. Geri al principio se confunde con todo lo dicho, pero Max sabía cómo responderle sin dar tantos detalles y finalmente la mujer sonríe. —Mi niño, podrás ser feliz —Acaricia la mejilla de su hijo, quien le sonríe con ternura —Tendrás tu propia familia. —Pero usted necesita recuperarse, por nuestra familia —Sergio entra bien en su papel y la hace sonreír. Al final todo fue más fácil de lo que parecía y se despiden sabiendo que los siguientes días eran pesados en la organización de su boda. Pero al menos ya estaba más claro el asunto. Sin embargo, a la mañana siguiente una llamada en el teléfono del alfa hace que despierte abruptamente. —¿Hola? Son como las cuatro de la mañana —Se queja el pelinegro todavía acostado en su cama —¿Qué pasó, Carlos? —Lo arruine. Su voz mostraba su visible preocupación y desesperación. Y repitió esa frase una y otra vez.  Nota: perdón por la tardanza jaja wenas noches
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