Un problema inesperado
22 de diciembre de 2025, 18:53
TW NSFW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO.
Horas antes.
Carlos estaba sentado en su asiento favorito de la barra del lugar.
Desde la noche anterior no había dejado de sentirse afligido y su lobo se sentía inquieto.
¿Por qué tenía esa sensación tan extraña en su pecho?
Su cabeza dolía con solo recordar lo que había pasado.
Ese estúpido beso.
"¿En serio no significó nada?"
Esa pregunta no abandona su mente, pero lo tortura la falta de respuesta.
—Carlos —Una voz familiar lo hace levantar la mirada y rápidamente se encuentra con esos ojos verdes que lo observan con curiosidad —¿Estás bien? No me respondiste las llamadas en todo el día.
El alfa no puede evitar soltar una pequeña risa que parece más producto del cansancio que de otra cosa.
—Pensé que estarías organizando tu boda —Se burló y esto solo provocó que su amigo desviara la mirada —¿Por qué te pones así? Ustedes insisten que no significa nada.
Charles suspira pesadamente y niega con la cabeza ante la idea que tiene de dicha situación.
No es que no quiera pensar en eso, solo que sentía que ya lo habia superado y no se ilusionaria más con él.
Porque hace algunos años se sintió muy atraído hacia el alfa, pero rápidamente se bajó de esa nube cuando se dio cuenta de que quizá nunca lo miraría de esa manera.
Esto porque hacía unos años comenzó una relación con Roberto Merhi, la cual duró varios años hasta que el omega lo dejo al no poder seguir soportando el estilo de vida tan ocupado que llevaba.
O al menos esa era la versión que el alfa contaba.
Sin embargo, durante esos años Charles se enfocó en olvidar sus sentimientos hacia él, creyendo que al ignorarlos estos desaparecerían.
Y pensó que eso había pasado, que lo había superado, hasta que se encontró a si mismo creyendo que quizá Carlos estaba celoso por su cercanía con Checo.
—¿Por qué te molesta tanto? —Y cedió ante su curiosidad, ya que su actitud se había vuelto muy errática y su aroma delataba su estado de animo —Ni siquiera me casaré con él, pero parece que te importa demasiado.
—Es porque le sigues ese estúpido juego de casarse por dinero —El alfa levanta un poco la voz, completamente hastiado por la situación —Ya estaba a punto de renunciar a esa idea absurda y luego aceptaste la propuesta, y ustedes se...
No puede terminar esto último, se niega a aceptar que ese beso lo afectó sólo a él.
Pero esto solo hace que una idea no deje de dar vueltas en la cabeza del omega, quien comienza a pensar que su amigo esta celoso porque quiza gustaba de checo y no de él, como lo creyó al principio.
—¿Acaso te gusta él? —Suelta una pregunta que solo lo confunde y se apresura a ser más específico —¿Te gusta Checo?
Carlos casi se ahoga con su bebida y tose un poco antes de comenzar a reírse.
—¿De donde sacas eso? Dios, ¿Checo y yo? Debe ser el mejor chiste que he escuchado —El alfa continúa riéndose un poco más hasta que se detiene al ver lo avergonzado que está su amigo —Ya Charles, si vas a estar aquí, al menos toma algo conmigo.
Parece que Carlos quiere cerrar ese tema al sentir que esa conversación podía tomar un rumbo diferente con el omega, y tendría que tocar un tema para el que quizá no estaba listo.
Charles quiere hacer otra pregunta, pero se decide por hacerle caso y pedir una bebida para él.
Y ese es el último recuerdo claro que tenían sobre esa noche.
Desde ese punto todo comienza ser fragmentos de momentos juntos: Bebiendo, bailando, riendo, acercándose y besándose.
No sabe en que momento ambos perdieron la cuenta de cuanto tomaron, o cuando se fueron de ese lugar.
Solo una memoria fugaz queda, donde Carlos entra torpemente al departamento y toma de la cintura a Charles.
El Omega parece desesperarse con los botones de un camisa y esa estorbosa corbata que no deja el camino libre en la zona de su bien trabajado pecho.
—Uhm... —Balbucea cuando la traviesa mano del alfa se posa su miembro erecto, acariciándolo sobre la tela de sus pantalones —Si, tócame.
No era consiente de cuánto tiempo había deseado eso, no hasta que se encontró a si mismo de rodillas en el suelo de la sala de Carlos.
Charles toca el duro miembro del alfa y no tarda en deshacerse de sus pantalones y boxers, encontrándose con aquel pedazo de carne que lleva a la boca sin dudarlo ni por un segundo.
Mueve la cabeza en un vaivén que solo excita a su amante, con su boca saboreando su húmeda y caliente piel, y sus manos recorriendo el tronco de su falo.
Carlos se siente atrapado en una fantasía que no pensaba tener, pero ver a su amigo, convertido en amante, dándole placer con la boca, era algo que deseaba guardar en su memoria.
Observa como Charles pasea su longitud en sus labios rosados por el esfuerzo, y esto solo aumenta más su deseo.
Lo toma de la mano para levantarlo del suelo y llevárselo hasta su habitación donde ambos terminan de despojarse de sus ropas.
Acostado en la cama, el Omega gimotea al sentir la lengua del alfa saboreando su entrada.
Carlos sabe que esta listo cuando nota lo mojado que está, más que preparado para recibirlo.
Y se muere por hacerlo, porque había reprimido demasiado tiempo ese deseo.
Sin embargo, se toma el tiempo para estimularlo con su lengua, haciendo uso de sus manos para separar aquellas dos suaves nalgas y tener una mejor vista de su agujero.
Hunde su rostro entre sus piernas, ahogándose en su cálida piel y sin dejar de saborear cada parte de esta.
Charles muerde la almohada que se encuentra bajo suyo, aferrandose a esta cuando siente como el alfa comienza a posicionar su longitud en su entrada.
Puede sentir ese pedazo de carne abriéndose paso dentro suyo, gimoteando al finalmente haber cumplido su deseo.
El Omega no es más que un desastre de gemidos y lloriqueos, pidiendo cada vez más.
Con sus manos en la cintura del joven, Carlos embiste su delicado cuerpo y sus caderas chocan llenando la habitación con el sonido de sus pieles rozandose.
—Eres mío —Susurra el alfa casi clavando sus uñas en la piel blanquecina su amante —Dilo.
Espera que el de ojos verdes le responda lo que quiere escuchar, pero le dice algo mucho mejor.
—Dame tu nudo —Más que una exigencia, era una súplica.
Excitado, Carlos no duda en salir de él y acercó acomodarse para que lo vea fijamente a los ojos.
Su pecho está colorado y sus mejillas sonrojadas, es un Omega tan bonito que se toma el tiempo para apreciarlo.
Pero Charles se abre de piernas y comienza a tocarse el miembro en espera de que el Alfa lo vuelva a llenar con su presencia.
Se agacha entre sus piernas y saborea la punta de la polla del más joven, haciendo que el Omega ponga sus manos en el espeso cabello del alfa, quien termina metiéndolo en su boca.
Mueve su cabeza y su lengua se resbala por todo el falo, haciendo que al de ojos verdes sollozar de placer y robar por más.
No tarda mucho en esa posición, quería darle lo que tanto le había pedido.
—Di que eres mío —Repite mientras se reincorpora, acomodándose entre sus piernas con su polla apuntando a su entrada —Dilo, Charlie.
El Omega apenas puede pensar debido al calor del momento, pero termina cediendo ante la insistencia del alfa.
—S-si, lo soy... —Balbucea cuando finalmente Carlos deja ir toda su carne en su interior —Soy tuyo, Carlos, cógeme.
El alfa no tarda en mover sus caderas y se inclina hacia adelante, colocando su cabeza junto al cuello del Omega, gimiendo en su oído.
Sus caderas llevan un vaivén descontrolado que solo lleva a que el Omega se abrace a su cuerpo con sus piernas, buscando profundizar el contacto.
—Yo soy tu alfa, nadie más —Susurro a su oído y Charles asintió rápidamente —Te vas a correr solo por mí... Y llenaré mi vientre con mis cachorros.
Decía esto como si fuera un mantra a cumplir, algo que parecía ser bien aceptado por el Omega.
Continúa embistiendolo hasta que siente como su miembro se hincha dentro de su amante, llegando al climax de su excitación y anudandolo en el proceso.
—Soy tuyo, de nadie más —Charles susurra sin saber que esto llevará a que el Alfa se acerque a su cuello y lo muerda, dándole su marca.
Carlos, por instinto, busco completar la tarea de dejarle en claro que él era su alfa y nadie más.
Pero en el estado en el que estaban, ninguno de los dos era lo suficientemente consciente de esto.

A la mañana siguiente, el despertador no dejaba de sonar y Carlos siente su cabeza arder debido al desenfreno de la noche anterior.
Mira el techo de su habitación y se confunde al no tener muy en claro cómo llegó ahí.
Entonces siente como alguien se remueve en las sabanas, como si buscara más espacio para acomodarse y esto lo hace maldecir por lo bajo al creer que ha hecho una tontería con un extraño.
—Uhm... —La otra persona se queja al dormir, algo que hace que su voz le parezca conocida.
—¿Qué? —El alfa susurra pensando que quizá está equivocado en su suposición.
Sin embargo, el aroma a fresas con miel del alfa es bastante familiar y no puede dejarlo pasar por alto.
Esta casi seguro que es él, y lo confirma cuando voltea a verlo y lo encuentra dándole la espalda, completamente desnudo.
Carlos se quita la sábana solo para confirmar lo que hicieron la noche anterior.
Cierra los ojos con fuerza y se tapa el rostro con la manos.
—Ay no, soy un idiota —Dice para si mismo y decide que no se puede quedar así.
Se levanta con cuidado de no despertarlo y recoge sus boxers del suelo para después ponérselos.
—Tuve sexo con Charles —Susurra recordando vagamente la noche anterior —Pero solo fue eso, no fue nada más.
Gira para ver al joven todavía acostado en la cama, durmiendo plácidamente y ajeno al problema.
Camina hacia él y observa la marca en su cuello, haciendo que maldiga por lo bajo.
Siente que va a entrar en pánico en cualquier momento, así que toma su teléfono y marca un número conocido.
—¿Hola? Son como las cuatro de la mañana —Se queja el pelinegro con una voz somnolienta —¿Qué pasó, Carlos?
—Lo arruine —Confiesa —Checo, hice algo muy estúpido.
—¿De que hablas? ¿Esta todo bien? —Claro que lo hizo preocuparse, pues su voz era una mezcla de desesperación y pánico —¿En donde estas?
—En mi departamento, por favor, ven —Es lo último que logra decir antes que el pecoso cuelgue la llamada.
Deja su teléfono en la mesita de noche y busca su bata para ponerse algo encima.
El lugar está hecho un desastre.
Ropa por todos lados, una mezcla de sus aromas que por más que le cautivaba, era un recuerdo de la tontería que había hecho.
Charles no solo era uno de sus mejores amigos, sino también alguien a quien no podía tocar.
Sebastián, la madre Omega del joven, le advirtió en más de una ocasión que no quería que viera a su hijo con otros ojos y Mark, el padre de este, también le dio a entender que no lo quería cerca.
Y podría pensar que era unos exagerados, pero también tenía culpa en esto al haber sido un irresponsable cuando era más joven.
Porque había disfrutado mucho su soltería, siendo muy cotizado por diversos omegas que no solo lo encontraban atractivo, sino también un buen partido económicamente.
Charles venía de una familia muy tradicional y que lo haya anudado y marcado sin estar en una relación, solo hacia más jodida la situación.
Al poco tiempo escucha el timbre de la puerta y corre a abrir.
—¿Qué paso? —Es lo primero que dice Checo apenas abre, pero el castaño lo jala de su abrigo para hacerlo entrar y lo lleva hasta su habitación —Oye, sueltame.
Sergio no comprende lo que sucede, hasta que Carlos abre la puerta y mira la desastrosa escena frente a él.
—Te dije que lo había arruinado —Le recuerda.
El pecoso camina con cuidado de no despertar al omega en la cama y se asombra al ver la marca en su cuello.
—Y me hiciste sentir que yo era el pendejo —Susurró para después acercar su mano a la marca y en ese momento el otro alfa lo toma de la muñeca para alejaron —Pinche territorial, ya sueltame.
El pelinegro se libra de su agarre y lo observa poniendo sus manos en la cintura, juzgando a su mejor amigo.
—¿Qué hago? —Carlos se nota desesperado ante la situación.
—Podemos celebrar una boda doble —Bromea el pecoso para después recibir un ligero golpe en el hombro —Estas demasiado agresivo está mañana. Ya sabes lo que tienes que hacer si no quieres que Mark te mate.
El castaño traga en seco.
Claro que le gusta Charles, ahora lo tiene muy en claro, pero teme que su unión sea más por obligación que por otra cosa.
Además, no quería hacerlo sufrir. No a él.

Nota: siempre pensé que mi primera puercada de un Charlos sería en Red Velvet, pero al final fue en este jaja nos leemos el otro lunes.