ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Un vistazo de nosotros

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Carlos podía escuchar el agua cayendo de la regadera. Después de que su mejor amigo se marchó con el rubio, él mantuvo la distancia con Charles. No quería presionarlo ni llegar a incomodarlo con su presencia, pues sabía que todo fue demasiado para ambos. Asi que espero un poco a que las cosas se dieran de manera más natural. Toma su teléfono y marca un número conocido; una vez que tiene luz verde, deja una nota para el omega. Cuando Charles sale del baño y comienza a vestirse, se percata de un papel sobre la mesita de noche. “No tardo, por favor, no te vayas” El castaño se queda observando aquel pedazo de papel por un rato, todavía deprimido por como su mente lo atacaba. Camino hacia el espejo y observo la marca en su cuello. Le dolía un poco pero no tanto como la culpa. Se sentía pésimo por haberse enredado en esta situación con Carlos, pero ya era muy tarde para poder hacer algo. Así que terminó de vestirse antes de escuchar como alguien cerraba la puerta principal. —Charles, ¿Podemos hablar? —Escucha la voz de Carlos al otro lado de la puerta —Por favor. El Omega se acerca y abre un poco nervioso. —Ya termine de cambiarme, debo irme a casa —Charles se mueve con impaciencia, esa situación era bastante incómoda. —Espera, hablemos —Carlos extiende su mano como si fuera a tocarlo pero mantieme la distancia probado terreno —No quiero que las cosas cambien entre nosotros, pero es inevitable que eso pase. —Carlos... —El Omega sospechaba que podrían tocar un tema que lo ponía muy mal —No es el momento. —Lo es, porque no quiero que pienses que no me importas —Y esas palabras fueron suficiente para detenerse a escucharlo —No puedo dejarte ir así sin más, no sin hablar sobre lo que ocurrió. —Estabamos ebrios —Señaló desviando la mirada. —Lo sé, y te di mi marca —Le recordó el alfa acercándose a él —Eres mi Omega, Charles, no puedo separarme de ti. El Omega parpadea un par de veces al escuchar esto. Sentía que lo estaba obligando. —Claro que puedes —Charles se cruza de brazos intentando consolarse a si mismo —Ni siquiera querías esto, así que no hay que ir por ese camino. Carlos frunce el ceño al escucharlo hablar así como si fuera un desobligado como alfa. —Eres mi Omega, Charles —Insistió —Y seré responsable de ti, así que te daré todo de mi. Charles estuvo a punto de protestar, pero un suspiro escapa de sus labios cuando observa lo que está haciendo el alfa. Carlos se encuentra de rodillas frente a él y en sus manos sostiene una cajita aterciopelada con un enorme anillo dentro. —¿Qué? —Es lo único que alcanza a murmurar. —Charles, ¿Te casarías conmigo? —El alfa está bastante nervioso debido a lo apresurado de la propuesta. Pero Carlos era un hombre de palabra, hecho y derecho que se haría cargo de su Omega. Así que no dudo en comprar un anillo para él y entregárselo lo antes posible. Charles se queda en silencio observando todo esto. No sabe qué decir. —Charlie... —Lo llama cariñosamente esperando su respuesta —Di algo, por favor. Claro que su silencio lo preocupo, porque el joven era todo menos callado y más en un situación así. —Carlos, ¿Por qué? —Pregunta el Omega con los ojos llenos de lágrimas —¿Por qué haces esto? El alfa se levanta del suelo apenas nota que está llorando, y lo envuelve en un cálido abrazo.. —No llores, no tienes por qué llorar —Dice mientras acaricia sus castaños cabellos —Si no quieres, solo tienes que decirlo. —Pero si quiero —Confesó entre sollozos. Carlos sonrió ante esto, al menos no salió tan mal. Quizá era lágrimas de felicidad. Pero no era así. Charles lloraba porque si bien él siempre quiso casarse con Carlos, sabía que este solo lo hacía por obligación. La diferencia entre “poder” y “querer” era bastante obvia. —No te preocupes por tus padres, organizaré una cena para darles la noticia —Continuó Carlos mientras se separaba un poco para colocar el anillo en su dedo —Podremos inventar algo para que no se molesten por como se dieron las cosas. El Omega asentía sin mucho ánimo. Miraba el brillante en sus dedo, tan bonito como lujoso. Un recordatorio constante de un matrimonio por obligación.  Por otro lado, Checo movía su pie con nerviosismo. Todo el camino en el auto fue un absoluto silencio desde que Max se negó a ir por el anillo y le pidió ser más romántico respecto a su propuesta. El problema era que el alfa no sabia como hacerlo, hacía años que no se permitía ser sentimental y detallista. Esto solo lo dejo en una encrucijada. Pronto se detuvo frente a un edificio, confundiendo al omega sentado junto a él. —¿Donde estamos? —El rubio observa por la ventana aquel lugar, dándose cuenta de que se encontraba en una de las zonas más lujosas de la ciudad. —A comer —Respondió Checo bajando del auto para después caminar hacia la puerta del copiloto y abrirle —Los vecinos deben vernos, así no habrá dudas de nuestra relación. Max toma su mano cuando lo invita a salir del vehículo y se siente algo nervioso por el simple contacto. —¿Vives aquí? —Le daba mucha vergüenza hacer esa pregunta. Pero está se respondió sola cuando el valet toma las llaves del auto y saluda al señor Pérez. —Vivimos aquí, porque tendrás que mudarte —Afirmó el alfa para después tomar su mano y hacerlo caminar hacia adentro del edificio. Max se asombra ante esta respuesta, pero no puede evitar sentirse emocionado. Observa cada parte del lobby hasta llegar al elevador. Es bastante curioso, principalmente cuando llegan al penthouse de Sergio y se asombra por lo grande que es. Camina torpemente, soltando su mano en el proceso, y mira las decoraciones con mucha atención. El lugar está muy bien decorado con colores neutrales y el piso de madera combinaba bastante bien con estos. —Vaya, tienes una hermosa vista a la ciudad —Señaló deteniéndose en el enorme ventanal que era la atracción principal del living. —Bienvenido, señor Pérez —Un hombre mayor y bien vestido se acerca a ellos con una actitud bastante amable. —Otmar, él es Max, mi pareja —Dice Sergio de golpe, tomando por sorpresa al hombre —Por favor, dale todo lo que necesite. —Por supuesto, señor —Otmar se apresura en responder y después voltea a ver al rubio —Un gusto, señor Max. El Omega aguanta una risa que estuvo apunto de escapar de sus labios. “¿Señor Max?” se repitió en su cabeza. Nadie nunca se había referido a él con tanta formalidad y respeto. Casi siempre era “el tonto ese” o “el mesero inútil”. Aunque en el colegio era más como “el ratito” o “el llorón” por estar más preocupado por su familia que por sus estudios. —¿Podrías servir el almuerzo? Mi cuerpo necesita energía —Afirma el pecoso antes de caminar hacia la mesa y le hace una señal a su 'pareja' para que lo siga. —En seguida, señor —Responde Otmar antes de girar a ver al omega —Señor Max, ¿Hay algo a lo que sea alérgico? El rubio niega con la cabeza. —No, a nada señor, pero le agradezco su preocupación —Dijo con una sonrisa amable y después se sentó junto a su futuro prometido. Otmar se marchó hacia la cocina con más preguntas que respuestas. Jamás le había conocido una pareja a su jefe, y le parecía curioso que llegara con alguien de la nada. Era un beta muy curioso, así que no podía evitar pensar en eso. Pero sonrió al pensar en lo amable que era aquel joven, y ante la idea de que su jefe no fuera alguien tan distante gracias a él. Sin embargo, en la mesa se estaba planificando el actuar de la falsa pareja. —Trae todas tus cosas está tarde, entre más rápido mejor —Comenzó el alfa —Tambien debemos ir pensando en la historia de como nos conocimos y el cortejo. Max baja la mirada, no sabe qué decir ante esto. ¿Qué tenía de malo la forma en cómo se conocieron? ¿Era porque trabajaba de mesero? ¿Acaso le avergonzaba? —Cómo decidas que eso sea, yo te seguiré la corriente —Afirmó sin siquiera levantar la mirada —Solo dime que decir y lo repetiré. Sergio no era tonto y noto como su actitud cambio al hablar de eso. —Max, ¿Qué te pasa? —Temía que se hubiera arrepentido. En ese momento Otmar apareció para servir el almuerzo y ambos se quedaron en silencio. Pero una vez que se fue, Sergio repitió su pregunta. —Nada, estaba pensando en la mudanza —Mintió —¿Es necesario? —Claro que lo es, ¿Qué clase de matrimonio vive separado? —Señaló sin darse cuenta lo mucho que le afecto la pregunta —No te preocupes, tendrás tu propia habitación. No te obligaré a dormir conmigo ni te forzaré a nada, lo prometo. Max asintió y regreso la vista a su plato. La comida se miraba deliciosa, pero el rubio no era muy bueno con los cubiertos y no le gustaba la idea de que el Alfa se diera cuenta. Así que comió moderadamente, aunque eso significará quedarse con hambre. —¿No te gusto la comida? Sin embargo, Sergio si cuestionó. —Estaba deliciosa, pero ya había comido un poco antes de ir con tus amigos —Mintió algo nervioso. —¿Seguro? Porque Otmar puede prepararte algo diferente si así lo deseas —Ofreció pero el Omega rápidamente negó con la cabeza. —Estoy bien, gracias —Insistió —Ya debería irme a casa para comenzar a empacar. El rubio se levantó de su asiento y Sergio lo imitó. —Te llevo. —No es necesario, puedo tomar un autobús —Max caminaba hacia el ascensor siendo seguido por el alfa. —Déjeme compensar lo de esta mañana —El pelinegro no aceptaría un “no” por respuesta, y eso el Omega lo sabía. Así fue como los dos volvieron al auto y el alfa lo dejo en su departamento para poder empacar sus cosas. Le hubiera gustado quedarse a ayudarlo, pero la realidad era que estaba preocupado por otra cosa. Apenas Max se bajó del auto y entro al edificio, Sergio piso el acelerador para encaminarse hacia un lugar tan familiar como lejano.  Por su parte, Max comenzó a hacer su maleta pero se sentía bastante triste al respecto. Amaba mucho el departamento familiar. Quizá no era tan grande y lujoso como el de Sergio, o una vista espectacular a la ciudad. Pero en sus paredes estaban enmarcados recuerdos de toda una vida. Cada fotografía de su familia. El retrato de boda de sus padres, fotografías viejas de sus abuelos que fallecieron cuando era niño o incluso las marcas en la pared que marcaban su altura con los años. ¿Cómo se empaca un recuerdo? ¿Una memoria de algo que se fue hace tiempo? No se sentía capaz de deshacerse de alguno de esos objetos. Sabía bien que Sergio no querría un sofá viejo y gastado en su sala, pero era el lugar donde se acurrucaba en los brazos de mamá. Tampoco le gustaría aquella máquina de cocer cubierta en polvo, pero gracias a esta a Max nunca le faltó ropa. No podría tirar los dibujos que estaban pegados en el refrigerador, porque en muchos había escrito lo mucho que amaba a su madre. Y le aterraba que esas paredes fueran pintadas, y que la próxima vez que viera ese lugar, no fuera ni la sombra de lo que tendría en sus recuerdos. ¿Cómo podía un espacio tan pequeño estar lleno de momentos tan especiales? —No puedo dejarme ir —Susurró para sí mismo. En ese momento toma su teléfono y marca el número de aquel desconocido que ocupaba un rol importante en su vida. Uno, dos timbres. Nada. Entonces llama a aquel alfa que había visto esa mañana y responde casi al instante. —¿Max? ¿Paso algo? —Checo se preocupa cuando solo escucha silencio —Dime, ¿Qué pasa? —No puedo irme —Confiesa con un nudo en la garganta —Es mi casa, es mi familia. Perdón. En ese momento cuelga la llamada sin esperar respuesta alguna. ¿Acaso se había arrepentido?  Nota: disculpen la ausencia pero he pasado unos días complicados :c espero que está semana volvamos a la normalidad.
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