ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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El hombre

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Sergio se quedó inmóvil en donde estaba. No podía creer lo que había escuchado. Termina de cerrar la caja de seguridad y guarda el objeto en su bolsillo antes de salir de ahí a toda prisa. —Vamos Max, contesta —Decía mientras manejaba su vehículo hasta llegar al departamento del omega. El teléfono sonaba una y otra vez pero no respondía. No supo cómo logró llegar tan rápido al lugar sin tener un percance en el camino, pero finalmente entró en el edificio ignorando los gritos de la casera. —Departamento 33, departamento... —Susurraba mientras subía por las escaleras al descubrir que el ascensor estaba estropeado —Dios, que calor. Sentía como su traje lo aprisionaba con cada escalón que pisaba Así que cuando llegó al departamento del Omega y este le abrió la puerta, sintió su corazón latir al mil por hora cuando vio al alfa con la camisa desabotonada y su corbata a medio quitar. —Max... —Su voz denotaba el cansancio por haber subido corriendo por las escaleras y logra sacarlo de su estado embobado —¿Qué paso? ¿Qué fue ese mensaje? ¿Por qué te arrepentiste? El rubio parpadea un par de veces antes de que pueda decir algo. —¿Arrepentirme? —Murmura algo confundido —¿De qué? Sergio no entiende su pregunta, y empieza a cuestionarse si todo había sido un malentendido. —Me llamaste diciéndome que no podías —Le recordó —¿Por qué te arrepentiste de nuestro trato? El Omega rápidamente niega con la cabeza ante esta pregunta. —No, no, no me arrepentí de eso —Aclaró algo nervioso —Solo que no puedo irme de mi casa, me resulta imposible. El alfa suspira aliviado al darse cuenta que, en efecto, había sido un malentendido. —¿Y por qué no puedes irte? —Pregunta mientras hace una señal con su mano, pidiendo entrar. Max se hace a un lado y el pelinegro entra al pequeño departamento adornado con mueble viejos y fotografías de sus familiares. —Es que es mi casa —Comienza el rubio después de cerrar la puerta —Toda mi vida la pasé en este lugar y mi corazón se aflige al solo pensar en que alguien más lo ocupará cuando me vaya, entonces ya no quedarán recuerdos. Sergio entiende bien lo que el Omega expresa, pues también le costó mucho dejar ir el recuerdo de sus padres. Y es que él no recordaba mucho de su casa familiar, pero sabía que había sido feliz allí. —Déjame arreglarlo —Dice el alfa acercándose a Max, tomando su mano con delicadeza en un intento de generar confianza y cercanía —No tiene que ser de esa manera. El Omega titubea un poco, es claro que está algo nervioso ante el contacto físico y esto lo lleva a retroceder en sus pasos. —No es necesario, yo puedo vivir aquí y fingir que estamos juntos en su departamento —Insiste ante el temor de perder el lugar. —Guarda lo que quieras llevar a mi departamento, vuelvo en un momento —Pero Sergio era demasiado terco. El alfa sale del departamento y comienza a bajar la escaleras, hasta que encuentra a la persona que estaba buscando. —¿Eres la casera? —Pregunto el pelinegro apenas se topo con una mujer pelirroja, quién recién había terminado de cobrar la renta en un departamento. —Así es, ¿Quién es usted? —Alice se acerca con cautela, nunca había visto a ese hombre en su edificio y su pinta era demasiada llamativa. —Soy Sergio Pérez, el prometido de Max Verstappen —Dijo con una firmeza que no dio cabida a dudas —Quisiera hacer un trato con usted. La pelirroja se sorprende al escuchar que el tierno Omega del departamento 33 tenía pareja, y que este sea alfa de un rango elevado. Podía notar que era esa clase de persona que no contaba el dinero antes de comprar algo, y estaba apunto de confirmar este pensamiento. —¿Un trato? —Repite llena de curiosidad —¿De qué exactamente? Y su respuesta no la toma por sorpresa. —Vendame el departamento 33, le haré la compra inmediata —El alfa no iba a flaquear en su decisión —Deme el precio que sea, y se lo daré. Alice sonríe ante esto. —¿En serio? —Su incredulidad respecto al tema solo hizo que el pecoso se mantuviera firme en su propuesta. —Es importante para mí prometido, así que confío en que usted entienda que necesito comprar el departamento —Insiste y puede ver que ella realmente está fascinada con su actuar. —Bien, hablaremos para llegar a un acuerdo —Y Alice no se negó —Si es tan importante, podemos hacer un trato. El alfa sonríe orgulloso de haber resuelto un problema tan rápidamente. —Vaya que Maxie es suertudo —La voz de la pelirroja lo saca de sus pensamientos —Ese joven es muy amable incluso con la situación que ha estado pasando. Lo llegué a encontrar sentando en la escaleras, llorando desconsoladamente. Me alegra que ahora tenga a alguien que lo ame tanto como para comprar ese viejo departamento. Las palabras de la mujer hicieron que la sonrisa de Checo se desvanecerá. Saber que su situación era tan complicada que quizá lloraba por la desesperación hizo que se conmoviera por él. —Usted parece conocerlo bastante bien —Murmura el alfa. —Si, crecimos juntos —Comenzó —Mi padre fue quien les arrendó el departamento. A su retiro comencé a encargarme del negocio. Maxie es muy dulce, y ha pasado por momentos muy complicados, pero estoy tranquila al saber que está avanzando después de tanto dolor. Alice desvía la mirada, no puede creer lo conmovida que está al hablar de Max. Lo conoce desde niño y sabe que sufrió mucho con los maltratos de su padre. Y ella, por compasión, dejo de cobrarle la renta por unos meses. El rubio siempre le dijo que se lo pagaría, pero ella se sentía más tranquila al saber que él estaba bien. En ese momento el teléfono de Sergio comienza a sonar. Era Max. —Debo volver arriba, pero pronto arreglaremos todo para la compra —Dijo el pelinegro como si fuera una promesa. Alice asiente y lo ve marcharse escaleras arriba. Sonríe de nuevo ante tal acto de amor.  Cuando Sergio regresa al departamento, ve que Max ya ha terminado de hacer su maleta. —Sigue siendo difícil irse, solo espero que Alice no me pida que lo vacíe tan pronto —Dijo el rubio todavía entristecido por la situación. —Eso no va a pasar —Afirmó el alfa caminando hacia él y posando suavemente sus manos en sus brazos —Ya me encargue de eso. Max lo observa con confusión, pero puede notar un atisbo de confianza en su actuar. —¿Cómo? —Incluso teme preguntar. Todavía no conoce bien a Sergio ni sus tácticas de resolución. Desde su punto de vista, era un hombre rico que posiblemente se salía con la suya en todo lo que quería, como su compromiso. Y sabía que muchas veces con el dinero viene el poder y la falta de límites. Eso lo llevo a preguntarse que clase de hombre era. ¿Habría amenazado para que nadie toque ese departamento? ¿O que lo lleva actuar con tanta confianza? —Compre el departamento para ti —Y su respuesta le deja en claro que clase de persona es —Así ya no tendrás que preocuparte por tus recuerdos familiares. Max parpadea un par de veces antes de poder decir algo. —¿M-me compraste el departamento? —Pregunta todavía incrédulo —¿En serio? Sergio asiente pero pronto se aflige al notar como el rubio se sienta en el sofá y sus mejillas se vuelven coloradas. Entonces una lágrima se desliza por su sonrojada mejilla y el llanto no se hace esperar. —¿Max? ¿Qué pasa? —Checo no entiende su reacción y se sienta a su lado para intentar consolarlo al poner una mano sobre su hombro. No sabe cómo actuar. —N-no... —Balbucea el Omega siendo incapaz de responder. —¿Estuvo mal? —Pregunta el alfa pero no obtiene ninguna respuesta más que su llanto —¿Debería haber comprado el edificio completo en su lugar? En ese momento Max levanta la vista y niega con la cabeza. —Señor Pérez, no puede comprarme un edificio —Le dice el Omega un poco más calmado, aunque su llanto seguía presente. —Claro que puedo, y lo haré si eso hace que estés más tranquilo con todo esto —Insistió el pelinegro levantándose del sofá dispuesto a hacer otro trato con Alice. —No —Responde Max tomándolo del brazo para evitar que se marche —No me refiero a que no puedas, sino a que no debes. No es correcto. Sergio vuelve a sentarse a su lado ante tal señalamiento. —¿Por qué no es correcto? —Cuestiona sin entender cuál es el problema. —Porque es la herencia de Alice, sus propios recuerdos —Explicó —Con mi departamento es más que suficiente, te lo juro. La voz del rubio se quiebra al decir esto último, algo que llama la curiosidad del alfa. —¿Y por qué lloras? —Pregunta tomando su mano con delicadeza. No sabe si eso es suficiente para consolarlo. —Porque yo nunca... —El Omega se detiene un momento antes de continuar —Jamás hubiera podido pagar algo así. Apenas podía pagar las cuentas y el tratamiento de mamá. Sergio se sintió algo tonto al respecto. Para él era común adquirir cosas que deseara, pero Max venía de una realidad muy diferente y esas acciones golpeaban de otra manera. —Perdón —Dice el pelinegro, sorprendiendo a su prometido —No quise hacerte llorar con mis acciones, y por eso quiero pedirte una disculpa. El Omega sonríe ligeramente ante su respuesta. —No tienes nada porque disculparte, no hiciste algo malo —Señaló el rubio para después limpiarse las lágrimas —Lloré porque estaba muy feliz. Sergio asiente y no puede evitar sentirse más tranquilo al escucharlo decir esto. Así que después de que Max se recuperará de su llanto, ambos se marcharon del edificio con maleta en mano. El alfa cargo la maleta del rubio a pesar de las protestas de este. No iba a dejar que cargará todo ese peso y menos bajando las escaleras. Y desde su ventana Alice los observó marchándose en el lujoso auto del alfa, sabiendo que el joven Omega se había sacado la lotería en el amor.  Una vez en el departamento de Sergio, Max comienza a desempacar toda su ropa y la acomoda en una cajonera en la habitación de invitados. Era un poco extraño estar en ese lugar que ahora debería llamar hogar. Admira su nueva habitación con sumo cuidado, le encanta los amplia y fresca que es, pero detesta lo fría y vacía que se siente. No le gustaba pensar que su matrimonio sería así. —Toc, toc —Escucha la voz de Sergio al otro lado de la puerta —¿Puedo pasar? —C-claro —Responde algo nervioso. No había dejado de sentirse así desde que llegaron. Y quizá era porque el alfa parecía volverse cada vez más cercano. El pelinegro abre la puerta y cierra tras de si observando todo. —Parece que ya desempaste todas tus cosas —Señaló y el rubio asintió —Oh, ¿Qué es esto? El alfa se agacha para recoger un peluche en forma en pescado que movió su cola apenas lo tocó. Max sonrió y tomo de sus manos con cierta nostalgia. —Era de Sass —Comienza y en su rostro se podía notar un atisbo de tristeza, a la par que su aroma agrio un poco —Lo único que me queda. —¿Sass? —Pregunta el pelinegro pero rápidamente se arrepiente —Disculpa, no quiero ser entrometido.   —No lo eres —Max rápidamente lo tranquiliza —Es un bello recuerdo que quería traer conmigo. —¿Sass era tu mascota? —Se arriesga a preguntar teniendo luz verde y el rubio asiente —¿Y cómo era? —Era un gato de color blanco con manchas naranjas, con sus orejas y nariz rosadas, junto a unos profundos y muy hermosos ojos azules  —El omega sonrió al decir esto —Su pelaje era esponjoso, le gustaba meter su cara en mi café con leche, pero yo nunca lo dejaba. Una pequeña risa escapó de sus labios. —¿Y qué pasó con él? —A Sergio le daba pena preguntar, porque podía notar mucha tristeza detrás de sus palabras. —Era una gatita, pero ella ya no está conmigo —Comenzó y no puedo evitar desviar la mirada —La di en adopción con una familia que podía darle todo lo que yo no. Pero hace tiempo se mudaron y ya no supe mas de ella. Su respuesta denotaba demasiado arrepentimiento y Checo no le gustaba verlo así. —Pero está en buenas manos, ¿No? —Pregunta el alfa intentando animarlo —Seguramente te recuerda con cariño. —Espero que no me odie —Y su respuesta lo sorprende —No quiero que piense que la abandone. —No la abandonaste, hiciste lo que creíste mejor para ella —Sus palabras son bien recibidas y el Omega vuelve a sonreír. —Tienes razón, no sé por qué me torturo con estas cosas —Max guarda el juguete en una de las cajas y rápidamente busca cambiar de tema —¿Deberíamos hablar sobre el compromiso? Sergio asiente pero sabe bien que ese tema no puede quedar así. El rubio está intentando suprimir sus pensamientos y dolor, ocultando lo de atrás de esa felicidad radiante que contagia a todos. Sin embargo, el Alfa está dispuesto a encontrar la manera de que sus días de infelicidad queden en el pasado. Y para eso debe encontrar a un gato, pero no cualquiera, debe dar con Sass.  Nota; perdón por la tardanza y los días de ausencia, me pusieron a chambear :c así que intentaré retomar esto lo antes posible, los Tkm ♥️
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