ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Nada personal

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Momentos antes. Sergio se miraba al espejo una y otra vez para revisar que su imagen fuera tan impecable como siempre. No sabía porque estaba tan nervioso cuando ni siquiera era real. Max diría que si, ese era el acuerdo. —¿A qué le tienes tanto miedo? —Pregunta mientras observa su reflejo —No es como que vaya a decir que no. Intenta relajarse antes de tomar aquel pequeño artefacto que había sacado de una caja de seguridad hace unos días. Acaricia la pequeña caja con sus dedos y suspira profundamente. No es que esté inseguro por lo que va a hacer, sino que está nervioso porque ha hecho algo que pensaba nunca haría. Pero rápidamente niega con la cabeza ante cualquier idea de duda que se pudiera asomar. Está convencido de que era lo correcto. Max compartió con él algo muy personal, y quería ser recíproco. Si bien su relación era falsa, eso no significaba que no podrían generar un lazo de amistad. ¿Por qué complicar las cosas cuando simplemente pueden llevarse bien? Además, el rubio le dijo que debía verse real y con eso estaba dando su máximo esfuerzo para darle veracidad a las cosas. —¿Todo listo? —Pregunto el alfa llegando a la sala. —Perfectamente listo —Afirmo Otmar. Claro que le pareció extraño esa cena romántica imprevista que lo hizo trabajar durante horas para poder tenerla lista antes de que llegara el omega. —¿Crees que le guste? —Pregunta el pecoso admirando la decoración. Habían pétalos de rosas en el suelo, luces cálidas y algunas velas. La mesa estaba perfectamente puesta y todo daba un ambiente romántico. —Me tiraré del balcón si no es así —Respondió el mayordomo antes de marcharse. Otmar se había esforzado en sacar adelante algo que para otros resultaría imposible. Nunca le había gustado los eventos de último momento y por eso disfrutaba trabajar con el señor Pérez, ya que era bastante organizado y poco social. Sin embargo, en esa ocasión sí lo tomó desprevenido y tuvo que hacer malabares para cumplir con la tarea. —Ya debe estar por venir —Dijo el alfa observando su reloj y entonces el sonido del ascensor lo puso nervioso una vez más. Sergio trago en seco cuando lo vio frente a frente con un libro en la mano. Max sabía exactamente lo que estaba a punto de ocurrir, era demasiado obvio con solo verlo. Y nunca pensó sentirse tan agobiado al respecto. Volteo a ver por todos lados y se dio cuenta de que estaban solos, algo que lo relajo. —Bienvenido —Dijo el alfa intentando sonreírle —Pasa, siéntate a mi lado. El pecoso toma su mano con delicadeza, algo que desconcentra al rubio. Observa sus manos juntas, con sus dedos tocándose con tanta naturalidad que lo hizo negar con la cabeza ante cualquier absurda idea que se le pudiera venir a la mente. Llegan a la mesa y el pelinegro se apresura en ayudarlo a sentarse, mostrándose como todo un caballero. —Espero que todo sea de tu agrado, Otmar se esforzó mucho por esta noche —Sergio se sentó frente a él y le hizo una señal al mayordomo para que se acercara —¿Quieres un poco de vino? El Omega asiente todavía muy atento a todo lo que pasaba. Otmar se acerca a ellos y comienza a atenderlos. —Todo es muy bello, gracias —Murmura el rubio hacia el mayordomo, quién asiente satisfecho. —¿Y como estuvo tu día? —Pregunta el alfa llamando su atención. Tuvo suerte que el Omega no se haya percatado del pequeño papel que escondía en la manga de su saco donde enumeró cada tema de conversación que podían tener esa noche. No era muy bueno socializando, y había decidido cuidar más la forma en cómo trataba a su prometido. Todavía recordaba la bofetada que este le dio cuando le propuso matrimonio la primera vez afuera del restaurante de Kamui. Incluso podía sentir su mejilla arder ante el recuerdo. Ese Omega podría parecer tierno, pero tenía una mano muy pesada. —Charles es muy amable, y todos los vestidos eran muy hermosos —Dijo el rubio antes de beber de su copa —Realmente tiene buen gusto. —¿Puedo llevarme esto, señor? —Pregunto Otmar señalando el libro que tenía el omega en sus piernas. —Por favor —Respondió con una sonrisa amable. El mayordomo tomo aquel libro y se retiró para dejarlos de nuevo solos. Sergio aprovecho ese momento para echarle otro vistazo al papel. —El clima es agradable el día hoy, ¿No? —Justo cuando el alfa soltó esa pregunta, el estruendo de un rayo lleno la habitación alertandolos a los tres. Se había desatado la lluvia. —Dios mio, que suerte tuve de llegar antes de empezará a llover —Murmuro el Omega mirando hacia la ventana. El pecoso suspiró pesadamente antes de volver a revisar aquel papel. “Preguntar por intereses” —Uhm... Oh, Max, el libro que trajiste —Comenzó un poco torpe por la fallida pregunta anterior —¿De qué es? Quiero decir, ¿Es de política? ¿O historia? —De cocina —Respondió el rubio algo apenado por no tratarse de temas intelectuales como los que propuso el alfa. Comenzó a cuestionarse si había sido buena idea comprarlo. Quizá debió consultarlo antes. ¿Qué tal si eso no era algo que Sergio quisiera para su Omega? No creía que tuviera algo de malo cuando lo compro en la tienda, pero se dio cuenta de que no era la clase de contenido que le gustaba al alfa. Por su parte, Sergio se sintió un tonto e internamente maldijo la página Conquistaatucrush.com por lo mal que le había salido todo con sus temas de conversación. —Tu tarjeta —Max extendió el objeto al pecoso, sacándolo de sus pensamientos —No quisiera olvidar devolverla. Checo tomó el plástico y lo guardo en su billetera. Y pronto una idea paso por su mente. —Te daré una propia, para que compres todo lo que necesites —Afirmó el pecoso orgulloso de sí mismo. Un buen alfa debe proveer. —No es necesario, creo que aquí tengo todo lo que necesito —El Omega niega rápidamente con la cabeza ante la loca idea de su prometido. Ni siquiera había recibido la herencia como para querer darle más de lo que ya le había dado. —Es lo correcto, y no acepto un no por respuesta —Insistió sabiendo que tenía las de ganar. Max terminó cediendo, aunque no le gustará del todo. E internamente se prometió a si mismo no usarla hasta que fuera necesario. —Eres muy terco —Murmuro el rubio haciéndolo reír. —Y tú definitivamente no eres un Omega fácil —Le recordó sus palabras del día en que se conocieron y pronto saco aquella cajita que tenía oculta en su bolsillo —Por lo tanto, no podía darte un anillo cualquiera. Max observo aquel precioso anillo coronado con un enorme diamante rosa que captaba la atención de cualquiera. Tenía pequeños brillantes a su alrededor, pero nada podía opacar la piedra central. —Es hermoso —Susurró haciendo sonreír al alfa. —Lo es, y también muy especial porque es el anillo de mi madre —Su respuesta conmovió al Omega y sabía que era el momento perfecto para hacer la pregunta —Max, ¿Te casarías conmigo? El rubio estaba tan hipnotizado por aquel anillo. Jamás había visto uno tan hermoso. Además, saber que era una joya familiar lo hizo sentir especial. Pero pronto su sonrisa se esfumó al recordar la falsedad de su compromiso. —No, Sergio, no está bien —Su respuesta es como un balde de agua fría cayendo sobre el alfa —No es correcto. Sergio se quedó estupefacto ante esto. ¿Cómo era posible que aunque su compromiso ya estaba pactado, aún así había sido rechazado? ¿Tan malo era para no querer casarse con él? —P-pero... —Balbuceo —Me dijiste que me esforzará. El rubio toma su mano notando lo frustrado que estaba. —Si, pero esto es muy personal como para usarlo en una mentira como esta —Afirmó el Omega tocandolo con delicadeza —No quiero que hagas algo que no te guste solamente para complacerme. Checo se sentía burlado, pero también algo molesto. Pero con él mismo. ¿Por qué parecía que nunca podía hacerlo bien? Siempre un torpe en sus relaciones, incluso en las ficticias. Pero quizás se le explicaba su situación, entonces el omega entendería porque había escogido ese anillo. —Quiero que se vea real —Señaló —Nadie creerá que es cierto si te entrego un anillo cualquiera. Te prometo que estoy bien con esto. No me siento obligado a hacerlo. Max suspira pesadamente. Sigue creyendo que no es una buena idea. —Te entiendo, y agradezco tu esfuerzo, de verdad —El rubio se levanta de su asiento y vuelve a tomar sus manos —Pero era de tu madre. No creo que a ella le hubiera gustado que esta joya sea usada en una mentira como esta, y que la porte alguien que no la merezca. En ese momento el pecoso se molestó. —No es cierto, ella no hubiera pensado eso —Afirmó el alfa también levantándose —Le agradarías, porque eres amable y lindo con todos. Así que ya deja de despreciarte. Max sonrió sus mejillas arder ante esta declaración. ¿Acaso Sergio había dicho que era lindo? —Yo... —Ni siquiera pudo terminar de hablar. —Tienes una facilidad para entablar amistades con personas que apenas conoces —Recalco con cierto pesar —Charles confío en ti rápidamente, y yo también. Me gustaría tener ese talento. Parecía que algo había explotado dentro del alfa. Quizá un cúmulo de días llenos de frustración por la situación en la que estaban. —Señor Pérez, no creo que... —Otra vez fue interrumpido. —Ya te dije que no me llames señor Pérez, dime Sergio o Checo —Reclamó el pelinegro —Pero como seremos esposos, deberás de referirte a mi como tu amor. Está declaración tomo por sorpresa al Omega, cuyas mejillas se volvieron más coloradas. —¿Mi amor? —Murmuró con timidez, algo que puso nervioso al alfa. —S-si... Uhm, yo... —Las palabras se escapaban de su boca, siendo un completo desastre incapaz de formular oraciones —Eso. Hacía años que alguien lo había llamado de esa manera. Pero la forma en cómo Max lo dijo, con esa dulzura en su voz y sus hermosos ojos azules, lo cuales resaltaban con el rubor natural de su rostro, removió algo dentro del alfa. —¿Entonces yo también seré tu amor? —Y su pregunta termino de matarlo. Sergio desvío la mirada y cerro los ojos con fuerza mientras sentía sus mejillas arder. Se sentía como un adolescente hormonal que apenas tenía contacto con un Omega. —¿Por qué me hago esto a mi mismo? —Susurró el pecoso. —Sergio, mi amor, ¿Estás bien? —El rubio ensaya sus líneas totalmente inconsciente de lo que sus palabras provocan —¿Y cuando nos casemos serás mi esposo o esposito? No entiendo que tan cariñosos debemos ser con el otro. El Omega intenta centrar su mente imaginando que es un rol que debe interpretar. Porque sabe bien que si deja que su cerebro se deje ir con la imaginación, terminará confundiendo sus sentimientos en esa mentira. Sin embargo, se sorprende cuando ve al alfa de rodillas en suelo. Checo no podía soportar la dulzura de su voz. ¿Por qué sentía tan bonito al escuchar la forma en cómo se refería a él? No debería sentirse tan bien, ¿No? Y su cerebro pronto le recordó que había sido rechazado por segunda vez en su propuesta de matrimonio, incluso cuando este ya estaba pactado. —No me puedes decir así si no aceptas mi anillo —Le respondió casi en un reclamo —Y si te mandé con Charles era para que también vieras un vestido. Te di mi tarjeta y regresaste con un libro. Al parecer Sergio tenía mucho que reclamar en menos de un minuto. Pero Max ya estaba cansado del tema, y no cedería en esa parte de la mentira. —Pues así menos acepto tu anillo —Dijo el rubio antes de comenzar a caminar lejos hacia su habitación. —Max, no hemos terminado —Checo comenzó a seguirlo, pero el Omega le cerró la puerta en la cara. El alfa suspiro pesadamente antes de regresar al livin. Tomo el anillo de la mesa y se retiró a su habitación. Cuando Otmar se percató de lo que había ocurrido, negó con la cabeza. —Si a él le dicen que no, ¿Qué será de nosotros los mortales? —Murmura para sí mismo antes de comenzar a limpiar. Esa noche ambos no cedieron ante el otro, pero pronto tendrían que entender que en un matrimonio no puede haber guerra si este quiere durar, al menos, hasta donde puedan sostener la mentira.  Nota; no estoy muy segura de como me quedo jaja
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