¿Cómo podría negarse?
22 de diciembre de 2025, 18:53
Las luces del flash cegaron por un segundo al Omega, quién apenas podía concentrarse mientras su alfa lo tomaba de la cintura.
—Eso es, se ven preciosos —Afirma la mujer antes de tomar otra foto —Una sonrisa, por favor.
Charles sonríe forzadamente antes de tragar en seco por la cercanía a su prometido.
No podía evitarlo, se sentía incómodo.
Nunca pensó que no disfrutaría el procesos de sus propias fotos nupciales.
La familia del Omega era muy tradicional, y quería que hicieran todo bien, o que hicieran el intento.
Así que decidieron llevar acabo una sesión de fotos con diversos trajes, en donde ambos se vieron adorables y así poder usarlas en la recepción de la boda.
—Díganme la verdad, ¿Soy un idiota? ¿O por qué él lo hace tan difícil? —Sergio, quién los estaba acompañando, se encontraba sentado en un sofá observando todo —Esto es un desastre.
Les había contado todo lo que sucedió con Max para obtener un punto de vista distinto al suyo, pues se sentía desesperado.
—Si puedo ser honesto, a veces eres un idiota —Afirmó Carlos mientras se acomodaba en la pose que le dio la fotógrafa —Pero no entiendo que más quiere si preparaste todo una cena para él.
Una foto más y el Omega creería que perdería la paciencia. No podía creer que ese par de alfas fueran tan tontos.
—Lo siento, pero en esta ocasión estoy del lado de Max —Dijo Charles captando la atención de ambos —¿En serio? ¿El anillo de tu madre para un matrimonio... como ese?
El Omega rápidamente disimulo para no delatar a su amigo. Sabía que los chismes corrían rápido y no podía exponerlo así.
—Pero él se quejó por el anillo, entonces decidí hacerlo más especial y me dijo que no, ¿Cuál es el punto medio de todo esto? ¿Por qué los omegas son tan complicados? —Checo no tardó en bombardearlo con sus preguntas.
—Tomemos un descanso —Dijo la fotógrafa sabiendo que debía darle su espacio al grupo de amigos.
—Quiero decir, soy un buen prospecto ¿No? —Pregunto el pelinegro una vez estuvieron solos.
En ese instante los prometidos volvieron a verse el uno al otro, ambos se percataban de cómo el aroma del otro alfa se volvía un poco amargo.
Se le no estaba estresado por todo el tema de la herencia y la boda.
—Claro que lo eres —Se apresuró a responder el Omega para intentar tranquilizarlo —Pero ustedes dos apenas están conociéndose. Y aunque su unión no sea precisamente genuina, creo que deben ir poco a poco, y no presionarse el uno al otro.
Carlos observaba con atención a su prometido. No había dejado de pensar lo lindo que se veía en aquel traje blanco de dos piezas.
Pero también una parte suya se sintió un poco celoso al haber afirmado que Sergio era un buen prospecto.
Y entendía bien por qué lo había hecho, pero no podía evitar sentirse así.
—Quizá una propuesta diferente, con un anillo diferente —Así que Carlos intento darle una solución rápida para terminar con el tema
Ya de por sí se había sentido un poco extraño desde que se reunió con su prometido.
Como si algo le hiciera percibir un pesar en su pecho que se hacía cada vez más grande.
No se había percatado de que su nuevo lazo formado con Charles, a base de haberle dado su marca, también le hacía sentir con más intensidad sus emociones.
Pero al ser algo tan reciente, solo causaba confusión en el alfa.
—¿Y si me vuelve a decir que no? —Cuestiona el pelinegro sacándolo de sus pensamientos —Incluso aunque este obligó a decir que si por nuestro acuerdo, él igual me rechaza. ¿Acaso es algo tan feo el casarse conmigo?
El Omega suspira pesadamente ante el actuar de su amigo.
—Checo, ya basta —La paciencia de Charles se estaba agotando —Solo disculpate con Max y verás cómo todo se arregla.
—Sé que no debí hablarle de esa manera, dime la verdad, ¿Crees que en lugar de comprarle el departamento, mejor hubiera adquirido el edificio? —Su pregunta solo molesta más al omega —Bien, ya me voy a callar
—Sergio, solo has lo que Charles te dice —Carlos apoyo a su prometido, algo que pareció gustarle a ambos.
—Bien, ya me voy a disculparme —Respondió el pecoso levantándose del sofá —Los llamaré luego.
—Con cuidado —Dijo el Omega despidiéndose.
—Perfecto —Soltó Carlos antes de ver cómo se acercaba de nuevo la fotógrafa.
Todo parecía haberse solucionado, así que podrían continuar con aquella sesión de fotos sin las interrupciones del pecoso.
Sin embargo, aquella pesadez no dejaba en paz al alfa ajeno del efecto de su nuevo lazo.
“¿Acaso es algo tan feo el casarse conmigo?”
Para Carlos, aquella pregunta le despertó muchas dudas. Y también inseguridades.
¿Acaso Charles se sentía de esa manera respecto a él? ¿Consideraba su matrimonio alguna especie de castigo o imposición? No quería pensarlo así.
Esa sensación de tristeza, sumado al aroma agrio de su Omega, le hacía sentir que no era bienvenido.
Como si estuviera haciendo algo malo.
Como si lo estuviera lastimando.
Y sabía que no podían continuar así.

Por otro lado.
—No puedo creer que le dijeras que si, creí haberte criado mejor —Se quejó Lando mientras terminaba de preparar la comida.
—Pero si eres menor que yo... —Murmuro el rubio.
—Amor, no te alteres —Daniel rápidamente intervino —No quiero que afecte al bebé.
El alfa se acerca a su esposo y acaricia su barriga delicadamente.
—Tienes razón —Respondió el castaño con una sonrisa que rápidamente desapareció —Pero es que Max no se comporta. ¿Cómo va a aceptar casarse con un extraño? Incluso yo lo dude contigo.
—¿Qué tú qué? —La respuesta de su esposo shockeo a Daniel.
—Es que estábamos muy jovencitos, amor —Afirmó antes de darle un beso —Pero aquí el que me decepciona es Max.
—Pero Sergio es una buena persona, solo es medio tonto —Señaló el rubio algo indignado por sus cuestionamientos —Además, sabes que no tengo muchas opciones.
—Bueno, si te divorcias no tendrás ni una sola —Lando se se sentó a su lado y tomo su mano con cuidado —Sabes que nadie quiere un Omega así.
—Sé bien lo que pasa con los omegas abandonados —Max se mostró algo afectado al respecto —Pero eso no me pasara a mi, principalmente porque nunca tendré su marca. Te prometo que saldré bien de todo eso.
Lando lo dudo un poco pero le dio el beneficio de la duda.
Eran amigos de prácticamente toda la vida y se preocupaba genuinamente por él.
—¿Y como está tu mamá? Hemos querido ir a visitarla pero sabes que Lando no debe hacer muchos esfuerzos —Daniel rápidamente cambio el tema para dejar atrás la discusión.
—Ha estado bien estos días, pero no quiero ir a visitarla hasta que Sergio me de el anillo —Confesó el omega —Ella no sabe la verdad, y no quiero que se entere. Debe creer que soy feliz, y con eso estaré contento.
La pareja de esposos intercambiaron miradas ante esto.
—¿Y como harán que crea en su matrimonio falso? ¿Si sabes que estar casado es más que solo llevar un anillo? —Señaló Daniel cuidando bien sus palabras para no ponerse en una situación difícil con su esposo —Deberan tomarse las manos, abrazarse, besarse.
Max se puso algo nervioso al pensar en esto. Jamás había besado a nadie en su vida.
Era algo que lo avergonzaba al sentirse que se quedaba atras comparado con sus amigos.
No quería parecer inexperto, pero tampoco quería sentir que su primer beso sería una mentira.
—Tienes que pensarlo bien, Max —La voz de Lando lo saco de sus pensamientos —El matrimonio es un tema serio.
Con estas palabras en mente, Max se retiró de la residencia de sus amigos y comenzó a caminar sin rumbo fijo.
Nunca se había detenido a pensar en todas las complicaciones que traía el estar en un matrimonio.
Ahora bien, se notaba que Sergio era un empresario de alto perfil e inevitablemente su boda causaría curiosidad.
Y él no sabía si deseaba esa clase de exposición.
En ese momento su teléfono vibró ante la llegada de un mensaje.
El rubio rápidamente lo leyó al percatarse de quién era.
“¿Podemos hablar?
—Sergio”.
El Omega se alegro al haber recibido ese mensaje porque las palabras de su amigo lo ayudaron a entender una cosa.
Necesitaban reglas.
Tenían que definir aquello que estaba permitido de lo que no lo estaba.
Hasta el momento habían estado caminando a ciegas, dando vueltas entre ellos, sin llegar a un fin en común.
Ambos debían ser honestos si querían que eso funcionara.
Es así como se puso de acuerdo junto a su prometido para verse en un parque conocido de la ciudad.
Y si bien parecía el momento perfecto para una resolución, la realidad es que ambos iban con ideas muy distintas sobre la reunión.
Cuando Max llegó al lugar, se percató que el punto de encuentro sería en una pequeña plataforma que servía como un teatro hundido, rodeado de bancas donde otras personas se encontraban sentadas.
Por alguna razón se sentía nervioso al estar rodeado de desconocidos.
Era como si su instinto le dijera algo, y si le hubiera hecho caso quizá las cosas hubieran desarrollado de manera diferente.
Por su parte, el pecoso había hecho una parada antes de llegar a aquel parque.
Sergio no había decidido solo hacerle caso a los consejos de Charles, si no también a los de su amigo Carlos.
Ambos tenían razón respecto a sus acciones.
Charles era muy considerado y empático, sabía ponerse en el lugar de los demás, y su petición para disculparse con más era bastante acertada.
Checo reconocía que se había equivocado en la forma en cómo le había hablado la noche anterior.
El reclamo del libro había sido no solo excesivo sino también ridículo.
Y sabía que también había hecho mal al hacer una cena tan privada para algo que debería ser espectacular, en su altura.
Se repetía una y otra vez en su cabeza aquella frase que Max le había dicho: Se tiene que ver real.
Aunque no pudiera usar el anillo de su madre, el cuál fue el causante del conflicto la noche anterior también habían otros anillos muy preciosos que podía usar.
Carlos tenía razón, debía volver a intentarlo con un plan diferente y un anillo que no causará conflicto.
Ellos habían hecho un trato y Max aceptaría.
Así que cuando llegó al lugar y lo vio parado completamente solo en aquella plataforma, supo que era el momento indicado.
—Pensé que no vendrías —Afirmó el rubio cuando lo vio llegar.
Sin duda alguna representó una especie de alivio el hecho de que estuviera presente y así no se quedaba solo más tiempo.
—Había un poco de tráfico y tuve que detenerme en el camino —Respondió el peli negro un poco nervioso.
Su actitud extraño al Omega, alertándose un poco al notarlo diferente.
Sin embargo, Max decidió seguir adelante con todo eso
—Bueno, ¿De qué querías hablar? —Pregunto algo tímido —Es que yo también tengo algo que decirte.
En ese momento el Alfa toma a su mano con delicadeza. Este actuar resulta una sorpresa para el rubio, quien inevitablemente se sonroja ante sus acciones.
—Quería disculparme por mi comportamiento contigo. Sé que fui impertinente y reclame cosas que no debía —Comenzo el pecoso —Lo último que deseo es que discutamos. Y me gustaría saber si nuestro acuerdo sigue en pie.
Max sonríe al recibir esta disculpa que parecía sincera.
No entiende el cuestionamiento al acuerdo que tenían ambos, pues no había motivos para echar marcha atrás.
—Acepto tus disculpas, y reconozco que tampoco reaccioné de la mejor manera —Afirmo el rubio tan vivaz como siempre —Y sobre el acuerdo, claro que sigue en pie.
Esto fue una señal de luz verde para el pecoso, quién ya tenía una de sus manos dentro de su bolsillo.
—En el camino pensaba en los escenarios perfectos para poder hacer esto, pero luego comprendí que la espontaneidad también podría ser interesante —En ese instante el alfa se arrodilla frente a Max, quién siente como el color se le va del cuerpo —Mi apreciado omega, ¿Te casarías conmigo?
El rubio voltea a ver para todos lados y se da cuenta de que están siendo observados.
La situación se torna complicada para él, pues aunque no pretende negarse, tampoco le agrada la presión que siente con tanto público.
Y, sin más opciones, asiente.
Esto es acompañado por una serie de aplausos de varios desconocidos que observaban la escena.
Además, por si fuera poco, el vitoreo por presenciar un compromiso público provocó que las palomas se dispersaran y volaran hacia ellos. Dando todo un espectáculo digno de un cuento de hadas.
Claro, si este no hubiera sido acompañado por un repentino beso que fue robado.
Uno que dejó al Omega sin palabras.

Nota: Perdón la hora jaja