ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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El amor en los tiempos del pan quemado

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Faltaba muy poco para la cena de compromiso de Carlos y Charles, y Max no sabia si habia sido buena idea aventurarse a probar nuevas recetas con el tiempo encima. Tenía que darle uso a ese libro que había comprado cuando acompañó al castaño a comprar su vestido, y realmente estaba emocionado por dedicar su tiempo a eso. Siempre había querido aprender más sobre repostería, pero la ausencia de su padre lo llevó a tomar responsabilidades muy grandes a una edad tan temprana; algo que no sólo limitó su tiempo, sino también sus sueños. Pero ahora tenía una nueva oportunidad para poder hacer todo lo que siempre quiso. —Si necesitas ayuda, Otmar podrá auxiliarte —Dijo Sergio mientras se ponía su saco —Volveré un poco más tarde, saldre un rato con Carlos. Nos vemos. El alfa se acercó a él y le dio un beso en la frente, algo que acordaron la tarde anterior. Tenían que trabajar más en el contacto físico y no actuar incómodos con el otro, o las personas sospecharian de la veracidad de su relación. El rubio asiente mientras continúa mezclando los ingredientes tal y como decía la receta. Otmar estaba bastante atento a lo que sea que estuviera haciendo en la cocina, con un extintor a la mano en caso de necesitarlo. Max solo esperaba poder aprender al menos tres postres nuevos para la cena de compromiso, pues unas simples galletas no serían suficiente para los invitados. Terminó de verter la mezcla en los moldes de panecillos y los metió al horno. Entonces se propuso a limpiar un poco todo el desastre que había comenzado, y olvido poner el temporizador del horno. Ni siquiera el beta que lo acompañaba se dio cuenta de esto al estar ocupado limpiando, y como lo vio muy tranquilo, salió de la cocina para comenzar a arreglar la sala de estar. Ninguno de los dos pareció percatarse del tiempo que paso. Otmar había terminado de aspirar y se encontraba acomodando los cojines del sofá cuando escucho como alguien llegaba al penthouse. —Señor, regresó muy rápido —Afirmó mientras sostenía uno de los cojines —¿Necesita que lo ayude en algo? —No te preocupes, solo olvide algo en la cocina —Dijo el pecoso caminando hacia aquella habitación. No se percató de la falta de su teléfono hasta que estaba cerca de su oficina, así que decidió regresar por este ya que todavía tenía algo de tiempo antes de la junta de esa mañana. Apenas entro a la cocina y aroma invadió sus fosas nasales, arrugando un poco la nariz y volteando a ver al horno. Max se encontraba muy entretenido en la alacena que estaba en una pequeña habitación que más bien parecía un armario. Parecía estar buscando algo entre los jarrones de conservas. —Uhm, ¿Max? —La voz del alfa llama la atención del rubio, quien rápidamente voltea a verlo —¿No sientes ese aroma?   El omega lo mira con confusión porque se suponía que no debía estar ahí y no entendía a qué aroma se refería. Así que sale de la alacena y comienza a caminar hacia él, con cada paso percibiendo un olor molesto. Entonces su cerebro hace clic y al salir lo único que atina a pensar es en sus panecillos. —¡No, no, no! —Grita corriendo hacia el horno para apagarlo y cuando lo abre sale el humo que casi golpea su cara, de no ser porque el pelinegro lo jalo del brazo para atraerlo hacia él y cubrirlo de este. —Tranquilo, no corras —Murmura mientras lo abraza —Ahora checáremos que tal esta, pero ten cuidado. No quiero que termines quemándote. Max se pone nervioso por la cercanía entre ambos, y siente sus mejillas arder, pero no sabe si adjudicarle esto al calor del horno. —No me queme —Respondió en el mismo tono y en ese momento el pecoso se separo un poco de él y tomo sus manos con las suyas para inspeccionarlo —Te prometo que no me lastime. —Solo tienes que tener más cuidado —Sergio acaricia sus dedos con delicadeza, siempre ha intentado generar esa cercanía entre ambos pero se detiene al pensar que quizá lo está llevando muy lejos —Veamos lo que hay en el horno. Los dos se separan y observan aquello que hay ahí dentro. En los molde se puede apreciar una corteza casi completamente oscura de lo que parecía ser un intento de panecillo. El aroma del Omega se amargo un poco, algo que sintió el pelinegro y volvió a tomar su mano. —Max... —Le habla intentaba llamar su atención, pues nota un atisbo de tristeza en su rostro y pocas veces lo he visto así. —Soy muy torpe, en verdad siento que no puedo hacer nada bien —El rubio aparta la mirada y suelta su mano para comenzar a buscar algo para limpiar el desastre. Checo se siente afligido al verlo así, y no planea quedarse de brazos cruzados. —No digas eso, eres muy bueno con tus galletas y por eso Charles confía en ti para hacerlas —Intenta animarlo, pero es interrumpido. —Soy un desastre y es probable que solo me lo haya pedido por ti —Comenzó Max mientras tomaba un trapo para mojarlo con agua —Son tus amigos, claro que va a decirme cosas lindas para agradarme. El alfa se frustra al escucharlo hablar así, conocía a Charles y él no haría algo por el estilo. Sabía que detestaba las mentiras y falsedades, que jamás se juntaba con alguien que no le agradara y era muy obvio que disfrutaba de la compañía de Max. —Eso no es así... —Sin embargo, no pudo continuar al ser interrumpido otra vez. —Es muy obvio que no soy bueno en esto y que solo me pidió hacerlo porque me tiene lástima. Soy un tonto, nunca debí aceptar —El rubio estaba a punto de tomar uno de los moldes con panecillos, pero el pecoso se interpuso en su camino. —No me gusta cuando te refieres a ti de esa manera —Levantó un poco la voz al sentirse tan molesto al respecto —Nunca pienses que alguien siente lástima por ti. Si Charles te pidió hacer esto es porque te tiene aprecio y confianza. —Y voy a decepcionarlo, tan solo mira esa bandeja de panecillos quemados —Señaló el Omega visiblemente frustrado —Déjame tomarlo, voy a limpiar todo esto. Sergio no va a dejar las cosas así, y aunque podría intentar decir algo más,  sabe que no es muy bueno con las palabras y se decide por actuar. —No está tan mal, te lo probaré —Dijo para después voltearse hacia la charola con panecillos y tomar un pedazo con sus dedos, sintiendo un ardor en el proceso de lo calientes que estaban y rápido llevándolo a su boca —Q-que rico. Su lengua quema y hace todo lo posible por masticar lo duro del pan, es como si masticara un pedazo de carbón encendido. Por más que se esfuerza, en su rostro no solamente se puede notar lo mucho que le quema la boca sino también el asco que le da el sabor a quemado. Traga en seco y Max solo puede verlo algo horrorizado por lo que presenció. Claro que entendía su punto, solo quería hacerlo sentir bien. Incluso si eso significaba comer pan casi hecho cenizas y quemarse en el proceso. —¿Estás bien? —Dijo el rubio tomando su mano y viendo como está a algo rojiza —¿Te duele? El alfa mueve ligeramente los dedos y una mueca de dolor se refleja en su rostro. —¿Ya ves que yo soy el tonto? —Responde con una sonrisa que rápidamente contagia al Omega —Olvide tomar los guantes. Toda esta situación le trajo un recuerdo a Max, algo que lo hace sonreír aún más y sostiene la mano del pecoso con cierta nostalgia. —¿Sabes? Cuando era pequeño me lastimaba, mamá siempre hacia esto —En ese momento acercó su mano a sus labios y le dio un beso en la zona dañada —Así curará más rápido. Sergio siente sus mejillas arder ante esto, y desvía la mirada al sentirse extraño por la situación. Sin embargo, había empezado una táctica personal para acercarse más a Max y así poder conocerse mejor. Y eso era intercambiar un recuerdo por otro. —Cuando era pequeño y tenés algún accidente en donde me hacía daño, mi abuelo solo me decía que dejara de llorar —Su respuesta llama la atención del Omega, quién no comprende la frialdad del desconocido —Porque los alfas no lloran. Ni siquiera había hecho mi presentación como uno, pero él ya estaba seguro de eso. Esta nueva información resulta bastante deprimente para el rubio, y comienza a creer que muchas cosas en Checo tienen sentido si le cuesta expresar lo que siente. Muy contrario a él, que a veces pareciera que siente demasiado y teme que eso incomode a las personas a su alrededor. Y quizá eso era algo en lo que ambos podían trabajar juntos. Así que el rubio no suelta su mano, y se acerca más a él, pero manteniendo cierta distancia para no ser invasivo. —¿Puedo darte un abrazo? —Su pregunta lo confunde —Te puede ayudar a sentirte mejor, a soltarlo todo. El alfa duda un poco, si bien buscaba cercanía con el omega, también era consciente de que debían tener cuidado con sus dinámicas. Ambos eran conscientes de la falsedad de su relación, pero eso no significaba hacer fríos el uno con el otro. Así que acepta, envolviéndolo en un abrazo que, contrario el primero, era más íntimo. Y cuando el pelinegro posó su cabeza en el hombro de Max, se sintió un poco relajado. Muchas veces se sentía algo tonto por la manera en Cómo se le dificultaba relacionarse con otros, principalmente omegas, pero con el rubio era muy diferente. Se sentía tranquilo, como si pudiera soltarse y ser él mismo. No puede evitar abrazarlo por la cintura, pegándose más a él y respirando su delicioso aroma que lo hacía sentir en casa. —Gracias —Dice separandose de él —Creo que me ayudó, y ya no me duele tanto la mano. Max sonríe ante esa respuesta y se aleja para continuar limpiando la cocina, pero Sergio comienza a quitarse el saco y lo arroja a una silla. —¿Qué haces? —Pregunta el Omega visiblemente confundido en tu actuar. —Voy a limpiar todo esto, y luego ambos cocinaremos esos panecillos —Afirmó el alfa tomando el trapo de su mano. —Pero me habías dicho que tenías una junta esta mañana —Le recordó —Y ya te ha robado bastante tiempo. En ese momento el pecoso deja el trapo a un lado y lo mira con atención. —Cierto, la junta —Dijo el pelinegro tomando su teléfono y marcando unos números —Cancela todas mis citas, incluyendo la reunión, hoy estare muy ocupado en casa. Max asombra ante esto y sonríe nervioso. —N-no puedes hacer eso, ¿O sí? —Balbucea al hablar. No puede negar que está impresionado. —Claro que puedo, soy el jefe —Sergio sonríe al responder esto, había algo coqueto en su actuar. —Pero no es necesario... —Y esta vez es el Omega quien resulta interrumpido. —¿Piensas que voy a abandonar a mi Omega cuando me necesita? —Su voz es algo juguetona, algo que provoca que las mejillas del rubio se sonrojen —Puede que nuestra relación sea falsa, pero no sería irresponsable contigo. Eres mi prioridad. Max no sabe por qué razón escapó un suspiro de sus labios. Pero rápidamente niega con la cabeza y se apresura a ayudarlo a limpiar. Sonríe discretamente, nunca nadie lo había puesto primero, solo su mamá. ¿Cómo era posible que un hombre tan ocupado y exitoso como Sergio, se preocupara más por su bien que por sus negocios? No podía creer lo afortunado que era, aunque está relación fuera una mentira. Y aunque negara que algo más podría pasar, no podía luchar contra sus instintos al sentir su corazón acelerándose cada vez que estaba cerca de ese alfa. La forma en cómo lo ayudó a preparar la mezcla, hornear los panecillos e incluso decorarlos. Había mucha dedicación para ser algo falso. ¿Era solo su percepción o realmente se podría dar algo?  Nota; hoy si me puse a chambear desde temprano jaja
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