¿Cuántos alfas se necesitan para cambiar un bombillo?
22 de diciembre de 2025, 18:53
A la mañana siguiente, Sergio termino de prepararse para salir a correr como cada mañana.
Lo hacia bastante temprano para poder estar lo mas apartado posible en aquel parque cerca de su departamento y también para regresar justo a tiempo para desayunar con su prometido.
En su mente repasaba los pendientes que había dejado en la oficina, mientras que se adentraba entre los arboles para seguir su ruta favorita.
Pero parecia que su propio cerebro quería traicionarlo esa mañana, ya que por mas que quisiera no pensar en Max, más lo hacia.
Lo recordaba frente a él, con esos ojitos azules que tanto le gustaban y sus mejillas sonrojadas por el alcohol.
Sus labios sobre los suyos, y la forma en cómo se pegaba a su cuerpo.
¿Por qué pensaba tanto en eso?
Sentado sobre él, moviendo sus caderas sin ningún tipo de pudor y jalandolo de la corbata.
No podía dejar de pensar en el sabor de su piel, el dulce aroma que se intensificaba con cada beso.
Estaba embriagado por él.
Sin embargo, sabía que no debía continuar, ¿Pero por qué no dejaba su mente?
El pecoso se detiene junto a un árbol, el sudor empapa su cuerpo pero es su cabeza la que duele.
Respira profundamente y niega varias veces con la cabeza.
—No, no, no... —Murmura en voz baja mientras se apoya en el árbol —¿Qué estás haciendo, Sergio? Dijimos que ya nunca nos volveríamos a sentir así por alguien.
Mira a su alrededor, cualquiera pensaría que está loco.
Pero incluso él cuestiona su propia cordura, ¿Cómo podía ser víctima de su propio juego?
Ambos decidieron que toda su relación sería una mentira para obtener un beneficio, y ahora él parecía querer cruzar la línea.
Todas sus reglas, todos los límites.
Y por unos besos que parecieron hacer cortocircuito en su cerebro.
Lo sabe bien, no puede dejar de pensar en Max por una razón.
Revive el recuerdo en su mente una y otra vez por una razón.
—Lo quiero... —Susurró para después tomar su teléfono y hacer una llamada importante.
Sabía que era muy temprano , pero esa de verdad era una emergencia.

Por su parte, Max se había despertado algo atareado.
—Uhm... —Soltó mientras ponía una mano en su cabeza, la cual ardía —¿Qué me pasó anoche?
Mira el techo de su habitación y los recuerdos pronto se hacen presentes.
Sus mejillas se vuelven coloradas al recordar el suave pero firme agarre del alfa en su cintura.
Un suspiro escapa de sus labios de manera inconsciente.
Todavía puede percibir su aroma que descuidadamente impregnó en su ropa de manera descarada.
No puede creer lo lejos que llegó en su comportamiento con tal de llamar la atención de Sergio.
Torpemente se levanta de la cama y comienza a desvestirse para aliviar un poco esa calidez.
Con cuidado se quita el anillo de compromiso y lo deja en la mesita de noche.
Puede ver el collar que su prometido le regaló mal colocado en su caja.
Era problable que fuera lo único se quitó la noche anterior además de los zapatos, ya que este collar era demasiado pesado.
Se siente un poco mareado y caluroso, asi que decide darse una ducha para despejar su mente.
El agua fría cubre su cuerpo, pero no puede dejar de pensar en Sergio.
Sus fuertes manos recorriendo su cuerpo, su dulce pero autoritaria voz.
La forma en cómo su lengua resbaladiza se adueñaba de su boca y danzaba con la suya.
Cómo lo tuvo casi semi desnudo sobre él, sientiendo su miembro erecto debajo suyo y deseando poder entregarse a él.
¡BAMM!
El estruendoso sonido de una cachetada llena el baño y el rubio se queja por haber sido muy brusco consigo mismo.
—¿Qué estás pensando? —Murmuro para si —Concentrate.
Max no podía creer que comenzó a fantasear con la idea de ser llevado a la cama por el alfa.
Sabía bien las complicaciones que podría sufrir un Omega si todo eso salía muy mal.
Tenía que concentrarse o sino perdería el control.
Se suponía que todo era falso, ¿Por qué le da tantas vueltas?
Muy en el fondo siente que Sergio jamás lo tomara en serio, solo lo necesita para obtener el dinero.
Y pensar en esto lo deprime un poco.
Sale de la ducha y se acerca al espejo, observándose detenidamente.
—No soy como ellos... —Murmuró con cierta tristeza.
En sus manos se reflejaban todos sus años de trabajo desde su juventud.
Sus facciones no eran tan delicadas como la de otros omegas, y tampoco tenía esa delgada y envidiada figura como ellos.
No sentía que Sergio pudiera escogerlo solo por ser él mismo, nunca podría.
A sus ojos el alfa solo se había acercado en su desesperación para encontrar a un Omega dispuesto a ceder a su tonta mentira.
Pero jamás se fijaría en él de manera genuina, y quizá esos besos de mentira no significaban algo para él.
Niega con la cabeza, no necesita esos pensamientos.
Toma su bata y envuelve su cuerpo húmedo para salir del baño.
Es algo tarde, así que se apresura a cambiarse para bajar a desayunar con su prometido.
Pero cuando llega, este ni siquiera está.
—¿Y Sergio? —Pregunto deteniéndose abruptamente —¿Ya se fue? ¿Llegué muy tarde?
El rubio se regaño en su menta al sentirse inútil por no ser más puntual.
—Salio a correr como todas las mañanas, pero me pidió que solo le sirviera el desayuno a usted —Explicó Otmar invitándolo a sentarse —Buen provecho.
Max se sienta en aquella mesa vacía, llena de comida pero ausente de compañía.
El beta se marcha y no le da las respuestas que necesita.
¿Acaso Checo estaba molesto con él por lo ocurrido la noche anterior? ¿Lo estaba evitando?
La preocupación provocó que casi no tocara la comida.
No quería creer que lo había arruinado todo.
Y quizá el alfa por eso se alejo de él esa noche.
Se arrepentio de haber llevado tan lejos el juego de los besos, pues ahora temía que todo fuera en vano.

Por otro lado, Sergio tocaba la puerta con desesperación hasta que esta Finalmente se abrió.
—Dios, al menos bañate antes de venir —Se quejó Carlos haciéndose a un lado para que pudiera entrar —Es muy temprano para esta peste.
—No seas exagerado —Se defendió el pecoso.
—Vas a dejar apestando mi casa, ve a ducharte si tanto quieres hablar —Condicionó el castaño mientras cerraba la puerta —Te daré algo de mi ropa.
Sergio acepto a regañadientes y pronto se metió a duchar.
Usando la ropa de su mejor amigo, se sentaron en la sala para poder atender el tema que tanto lo aflige.
—No se que hacer, siento que no puedo pensar —Comenzó el pelinegro —Pero siempre está en mi mente, todo el tiempo.
Carlos lo mira con confusión.
—¿Y que es eso que no abandona tu mente?
—Max —Confesó para su sorpresa —No dejo de pensar en sus lindos ojos y como pareciera que sonríe con ellos. O en sus lindas mejillas cuando se sonroja. Me siento como un tonto.
El castaño pronto entiende la complicada situación.
—Pensé que todo era fingido entre ambos.
—Lo era hasta que nos besamos —Continuó el pecoso —Y si bien solo era para ensayar, anoche casi me lo llevo a la cama.
Carlos se ahoga con su café al escuchar esto y voltea a verlo sumamente impactado.
—¿Qué tú qué? —Preguntó y pronto un sonrisa traviesa se asomó en sus labios —¿Tener sexo con él también es parte de tu teatro? ¿Te darán más rápido la herencia?
El pelinegro le da un golpe en el brazo que lo hace callar.
—Hablo en serio, nunca ha sido mi intención cruzar el límite de nuestra falsa relación —Insistió —Pero él de verdad estaba comprometido con la tarea...
No pudo continuar al verse interrumpido por la risa de su mejor amigo.
—¿Así le dicen ahora? ¿Comprometerse con la tarea? —Se burla una vez más y otro golpe lo hace callar.
—Lo digo en serio, yo no planeaba llegar más lejos —Se podía notar la desesperación en su voz —Pero ya no se que hacer.
—Entonces no vayas más lejos y listo, detén el problema antes de que se haga más tarde —Carlos intentó darle una solución.
—Pero ese es el problema, quiero más —Y su confesión lo deja sin palabras —Por un momento creí que casi le daba mi marca.
—¡¿Qué?! —Grita el castaño levantándose de su asiento —Dios, dime qué no lo hiciste.
—Pues claro que no lo hice, tonto —Checo se apresuró en responder —¿Qué parte de 'casi' no entendiste? Por eso yo te pasaba las respuestas en los exámenes, no se puede confiar en tu capacidad para pensar.
—Oye, controla tus palabras —A Carlos no le cayó en gracia su respuesta.
—Mejor ayudame y dime —El pecoso regreso al tema anterior —¿Por qué no puedo dejar de pensar en él? ¿O nunca te has sentido así? Que tu corazón se acelera cuando piensas en un Omega.
El castaño desvío la mirada.
Claro que sabía lo que eso se sentía.
No había dejado de pensar en Charles y en todo lo ocurrió después de esa noche cuando sus vidas cambiaron.
Desearía que lo mirara de nuevo a los ojos, pero el Omega se había vuelto distante.
Quería que su matrimonio funcionará, pero parecía que el de ojos verdes estaba en una página distinta.
Y anhelaba que volteara a verlo, que supiera que no había abandono su mente y... Su corazón.
—¿Eso es estar enamorado, no? —Soltó el castaño sin pensarlo demasiado.
Incluso él analizo su situación después de escuchar a su amigo.
Pero fue Sergio quién trago en seco al confirmar sus sospechas.
Ya habían cruzado muchos límites, y eso podría resultar un dolor de cabeza para otros.
Sin embargo, con él era diferente.
—Haré las cosas bien —Afirmó levantándose del sofá bastante decidido—Deseame suerte.
Lo había analizado bien de camino al departamento de su amigo y sabía lo que tenía que hacer si llegaban a la misma conclusión.
—Oye, espera —Dijo Carlos tomándolo del brazo —Ven.
El castaño se acercó a él y comenzó a olarlo detenidamente.
—Hey, ¿Qué te pasa? —Se quejó el pecoso alejándose.
Sin embargo, Carlos se había dado cuenta de algo.
—Apestas.
—Ya me duche, ¿Qué más quieres? —Se quejó.
—No, tonto, lo digo en serio —Continuó Carlos —Estas apestando, es muy fuerte. Parece que necesitas un supresor.
Sergio se sintió avergonzado cuando escuchó, ni siquiera se había dado cuenta.
El castaño pronto busco en su habitación algún supresor que lo pudiera ayudar a sobrellevar el celo de una manera más tranquila.
Si bien le resultaba algo vergonzoso toda esa situación, al menos su amigo logró darse cuenta antes de que se desarrollase más.
No tardo en hacer uso de este y, después de agradecerle, se marchó rumbo a su casa.
Sin embargo, al llegar no lo encuentro por ningún lado.
—Salió a visitar a su madre, señor —Fue la respuesta que le dio Otmar.
Y así fue como el alfa tuvo que quedarse varias horas esperando su regreso.
No quería ser intrusivo, sabía que era un momento personal que no debía interrumpir.
Respetaba y admiraba mucho esa parte de Max, su resiliencia y lucha por sacar adelante a su madre enferma.
Pero principalmente ese amor inquebrantable que sentían por el otro.
Y así fue como cayó la noche, cuando finalmente el rubio se hizo presente en el departamento.
Se había quedado junto a su madre casi todo el día, principalmente porque no se sentía muy bien.
Desde que se levantó se había sentido algo extraño.
Sergio decidió darle su espacio, sabía que debía ser más organizado con su plan si no quería otra bofetada como la primera vez.
Aunque podría decirse que fue esta misma lo que lo llevo a insistir en su idea de casarse con él.
Y mientras el alfa se encontraba durmiendo en su habitación, una sombra se arrastraba por el suelo al sentirse embriagado por su aroma.
No pudo soportarlo más.

Nota; perdón la hora :c