ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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TW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Max se sentía demasiado caliente. Cuando regresaba de ver a su madre comenzó a sentirse mal. Al principio creyó que era fiebre, pero para cuando se percató de lo que estaba pasando, ya era muy tarde. Se encontraba en su cama dando vueltas sin poder conciliar el sueño. Y en su mente no dejaba de repetirse aquella imagen de ellos dos en el sofá la noche anterior. Una y otra vez, recordando sus besos, caricias y quejidos. Su dulce aroma, uno que incluso todavía podía sentir en la punta de su nariz. Inconscientemente abre las piernas y levanta las caderas como si buscará algo... O alguien. No puede evitar brincar al sentir una punzada en su entrada y percatarse de que ha estado lubricando la última media hora. Cierra los ojos con fuerza intentando contenerse, pero poco a poco el calor se va apoderando de su cabeza. Solo puede pensar en una cosa, y entonces pierde el poco control que le quedaba. Al estar tan ocupado trabajando e intentando pagar las cuentas del hospital de su mamá, Max nunca había experimentado un celo tan intenso. Normalmente duraban poco tiempo y no eran tan fuertes, más por sus inexistentes relaciones. Esto lo volvió irregular, pero al estar en constante contacto con las feromonas de un alfa dominante como Sergio, esto provocó que su instinto Omega se intensificara al creer haber encontrado una pareja. Pero este celo era especialmente fuerte. Baja de la cama y gatea por el frío suelo, recorriendo los pasillos hasta llegar a la habitación de su objetivo. Sergio se encontraba profundamente dormido, desconociendo aquel Omega que acechaba en la oscuridad en busca de su nudo. Pronto el rubio llega hasta su cama y con cuidado se sube a esta, posicionandose sobre el alfa. —Uhm... —Gime despacio mientras se sienta sobre sus caderas y comienza a moverse para generar una fricción conocida —S-sergio... Lleva sus manos al pecho del alfa para sostenerse mejor sin dejar de moverse, ahora se siento un poco mejor. Y el pecoso abre poco a poco los ojos. Algo adormilado, observa al Omega restregando su cuerpo contra el suyo. Su dulce aroma a durazno y algodón de azúcar se intensifica en la punta de su nariz. El Alfa duda si lo que está viviendo es un sueño extraño, porque no cree que sea real. —Max, ¿Qué haces? —Murmura cuando ve como el rubio se acomoda dándole la espalda para poner su enorme trasero sobre su miembro erecto en sus pantalones de dormir —Uhm... No puede evitar gemir ante el contacto, observando aquellas carnosas piernas pálidas pegándose a él. El Omega solo lleva puesto un shorts que hacen que el pecoso se muerda el labio al ver lo apretados que le quedaban. Y es que parecía que se los iba a quitar en cualquier momento. Meneando el culo mientras busca la atención del alfa, Max está desesperado. Bajo la idea de que sea una fantasía dentro de un sueño, el pelinegro lleva ambas manos al trasero del Omega y masajea sus nalgas sin ninguna vergüenza. —Alfa, por favor... —Ruega el rubio sin dejar de moverse —Te necesito... Sergio suspira pesadamente para después darle una nalgada que lo hace brincar. —Mi lindo Omega, rogando por un poco de polla —Murmura y en ese momento Max se levanta para después colocarse entre las piernas del alfa. —Si, dámelo, lo quiero... —Dice el Omega colocando una mano en el miembro del pecoso —Lo quiero dentro de mí. Lo aprieta ligeramente, lo suficiente como para despertar al alfa y que este se de cuenta de que no se trata de ninguna fantasía. Es algo muy real. —¿Max? —Pregunta en un susurro y puede ver la intensidad del celo en su mirada penetrante —Ay no... —¿Qué pasa? Alfa, dámelo ¿O quieres que lo meta a mi boca? —Su pregunta lo desconcierta. En ese momento Max le baja los pantalones de dormir y lo deja solo con sus boxers con los cuales se podía notar con claridad su duro miembro, uno al que el Omega le pasa la lengua por encima de la tela. Y en ese momento Sergio cierra lo empuja con su pie y cierra las piernas. Resultaba obvio que todas esas caricias provocaron que el alfa se excitara, pero gracias al supresor que había tomado las feromonas del Omega no lograron afectar su juicio. —Max, necesitas calmarte —Afirmó el pelinegro sentándose en la cama y viéndolo en el suelo —¿Estás bien? Sergio se levantó para ir hasta donde se encontraba, quizá había sido muy brusco cuando lo alejo de él. El rubio se pone de rodillas frente a él y se agarra a su cintura, colocando una mano en su entrepierna. —Yo lo quiero ahora... —Murmura intentando bajarle el boxer, pero el alfa se lo impide —Por favor, dame tu nudo... Checo traga en seco, pero se mantiene firme en su decisión. Sabe que el rubio no está actuando en sus cinco sentidos y no se aprovechará de su condición. Entiende que eso está mal, por más que le este rogando en el suelo. —No, Max, no tendremos sexo —Respondió con firmeza alejándose de él. Y en ese momento el Omega se levantó del suelo para ir tras suyo, empujándolo contra la cama. —Dije que me des tu nudo, alfa tonto —Max no solo alza la voz, sino que también se coloca encima suyo, aprisionandolo contra el colchón —Te necesito dentro de mi. Sergio estaba en shock, lo había tomado desprevenido y ahora el Omega, que era visiblemente más alto que él, lo tenía en desventaja. —Max, detente —El alfa intenta mostrarse autoritario, quizá hablándole firme lo hará reaccionar —Bajate y déjame. Sin embargo, esto no funciona. —¿No quieres estar dentro de mi? —Pregunta en un susurro que roza sus labios. El pelinegro los observa con atención, labios rosados y gruesos, se muere por besarlos de nuevo. Y es como si el Omega le leyera la mente, porque no tarda en acortar el espacio entre ambos y juntar sus labios en un encuentro caliente. Sus lenguas bailan entre ellas y su respiración se mezclan junto con sus aromas. El olor a licor de café atalcado de Sergio no es tan fuerte al de Max debido a sus feromonas que llenan la habitación. Lo toma de la cintura para acercarlo más a él, le encanta el dulce sabor de sus labios y la forma en cómo se entrega a él en cada beso. Pero pronto recuerda lo mal que está todo esto, y se separa de él con cuidado. Sin embargo, sabe que tiene que ser más listo por el tamaño del Omega. Obviamente él es más fuerte, pero no quería utilizar su fuerza para controlarlo. —¿Quieres mi nudo? —Pregunta un poco nervioso, no sabe si funcionará. Pero el Omega asiente —Te lo daré, solo déjame ir por algo que te ayudará a sentir más rico. Max duda un poco, pero esas eran las palabras que uso la noche anterior antes de comenzar a tocarse. —¿Me lo darás? —El Omega se nota impaciente, pero más flexible al diálogo y el alfa asiente. —¿Me dejas levantarme? —Al ver la duda en su mirada, Sergio se decide por ser más convincente y coloca una mano en el trasero del rubio para darle un pequeño apretón —Te prometo que cuando vuelva te follare tantas veces como quieras. El celo dominaba al Omega, y este asintió rápidamente antes de hacerse a un lado. Sergio se levanta de la cama y con cuidado camina hacia el pasillo y jala de la puerta de la habitación para encerrar al rubio bajo llave. Corre hacia el teléfono de la casa y marca al número de la única persona que lo podría ayudar en ese momento.  Al poco tiempo Carlos ya estaba en el departamento más que listo para afrontar la emergencia. —¿Qué traes puesto? —Pregunta el pelinegro cuando lo ve de arriba a abajo. —Mi equipo de protección contra omegas en celo —Respondió mientras daba una vueltecita para mostrarle todo su conjunto. Llevaba puesto una bolsa negra para cubrir su cuerpo, unos guantes para no tener contactos directo y un cubre bocas con lentes protectores. —Es un celo, no un virus —Le recordó su amigo. —Mira, ya lo arruine una vez con un Omega, no lo haré dos veces —Su respuesta solo provoca la risa de su amigo —¿Qué? Seguramente Max se sienta atraído por mi aroma, no tardará en querer arrojarse a mis brazos. Esta respuesta no le agradó al pecoso, y lo miro con cierto recelo. —¿Trajiste los supresores? —Pregunto cambiando el tema. Había buscado de arriba a abajo algún supresor y no tenía ninguno, por eso le encargó la tarea de traerle al menos uno. —¿Pastilla o inyección? —Respondió mostrando ambos objetos —Estoy más que listo para tranquilizar a ese Omega. Sin embargo, por más animado que se mirara, todavía parecía ponerse algo celoso. —Ya vamos —Dijo sin siquiera voltear a verlo —Solo ten cuidado. Caminan juntos de regreso a la habitación y, apenas abren la puerta, Max se avalanza a los brazos del pecoso. —Sergio, tu nudo, dámelo —El rubio no tarda en rogarle por su atención, sin siquiera ver al otro alfa en la habitación —Lo prometiste. Restriega su cuerpo contra el suyo y Carlos se muestra algo incómodo al verlo tan desesperado por su mejor amigo. —Así ha estado toda la noche, no deja de pedir mi nudo —Dice el pecoso algo avergonzado por la situación —Ayudame. —Oye, Max, ¿Podemos hablar un momento? —Pregunta el castaño pero el Omega niega con la cabeza. —No, quiero montar a mi alfa —Confiesa haciendo que los dos amigos sientan sus mejillas arder de la vergüenza. —Max, por favor, solo toma está pastilla y te sentirás mejor —Sergio le acercó el supresor pero el Omega se negó a tomarlo —Es para que no te duela cuando te de mi nudo. Las mentiras sobre el nudo habían funcionado antes, así que valía la pena intentarlo. —No es estúpido, sabe que con eso se le pasara el celo —Señaló Carlos y esto provocó que el rechazo del rubio fuera mayor. Él necesitaba ser llenado. —Sergio, por favor... —Suplicó el Omega tomándolo de la mano para llevarlo hasta la cama y así abriéndose de piernas frente a él —Solo mételo. —Ay, esto se puso explícito —Dijo Carlos observando a dónde se dirigía todo esto. —Max, yo no... —El pelinegro no pudo terminar de hablar porque las piernas del rubio rodearon sus caderas para pegarlo a él —No hagas esto, por favor. —Dámelo... —Insistió comenzando a mover sus caderas. En ese momento a Sergio se le ocurrió una idea. —Te lo voy a dar, solo abre bien tus piernas —Respondió el pecoso moviendo sus caderas contra las suyas, fingiendo pequeñas embestidas contra el Omega. —Mejor los dejo solos —Dijo Carlos dispuesto a irse. Pero Sergio le hizo una señal con la mano y sin decir palabra le pidió el supresor. Quería aprovechar los quejidos del rubio para meterle la pastilla a la boca. —Uhm... Si... —Se queja el Omega mientras los dos alfas se pasan el supresor —Quitate esto, y dámelo. En ese momento el rubio baja ligeramente el boxer del pelinegro y expone su miembro para tomarlo con su mano. —Ay... —Suelta el pecoso al sentir el contacto y ambos alfas voltean a ver al Omega. —Ugh, que asco —Dice Carlos apenas se percata de la situación —Max, guarda esa porquería, tú no quieres tocar eso. Ni siquiera sabes dónde estuvo antes. —¡Oye! —Sergio alzó la voz visiblemente indignado. —Ahora te toca darle el supresor y además lavarle las manos, cochino —Y el castaño continuo quejándose. Esto molesto a Sergio, quién se alejo del Omega y se acomodo la ropa para guardar su hombría. —Al menos yo sí sé cuándo lo debo ocupar y cuando no —Respondió refiriéndose al asunto con Charles. Carlos, molesto, decidió ponerle en tela de juicio. —Ni sierve esa cosa —Lo acuso olvidándose de cuál era el problema principal esa noche. —Lewis no piensa lo mismo —Y Sergio también. Pero en ese momento el orgullo de un Omega se vio afectado. Y de golpe una almohada fue lanzada contra el pecoso. Checo y Carlos voltean a ver a Max, quién se miraba molesto por lo que escucho. —Alfa, ¿No soy suficiente para ti? —La pregunta del rubio los desconcertó —No me quieres ni aunque me arrastre en el suelo por ti. Sergio se impacto al escuchar esto, y culpo a su amigo de todo esto. Cuando el castaño volteo a ver a su amigo, este le da un almohadazo en la cara. —Idiota, mira lo que provocaste —Se quejó el pecoso dispuesto a ir hacia el Omega para consolarlo, pero Carlos le pego con otra almohada que había cerca. —¿Idiota? Solo intento ayudarte, tonto —Responde el alfa visiblemente molesto. Los dos alfas comienzan a pelear usando las almohadas como armas, pero cuando el pelinegro está ahogando a su amigo con una de estas, escucha algo que lo hace detenerse. —Nunca seré lo suficientemente atractivo para conseguir a un alfa. Max estaba acostando en la cama, mirando fijamente al techo de la habitación. Deja a su amigo medio desmayado en el suelo y corre hacia donde se encontraba el Omega. —Max, no es eso... —Comienza pero es interrumpido por este. —No mientas, no me quieres tocar porque te doy asco —Reclamó el Omega para después darle la espalda. Sergio se sentía desesperado. —Eso no es así, Max, tú nunca me darías asco —Aclaró buscando su mirada —Me gusta como eres, me encanta tu sonrisa y la forma en cómo te sonrojas cuando te pones nervioso. ¿Cómo podría sentir asco por un Omega tan bonito? Max lo voltea a ver esperanzado y en ese momento el pecoso se coloca encima suyo, muy cerca de sus labios. —Entonces demuestralo —Y el rubio lo reta. En ese momento Sergio acorta la distancia entre ambos y junta sus labios en un dulce beso. Carlos se levanta del suelo solo para verlos como se comían las bocas en aquella cama. Pero pronto observa como su amigo logra meter la pastilla en la boca del Omega en medio del acto. Max siente que algo toca su garganta y termina tragando de manera instintiva. El pecoso continúa besándolo hasta que finalmente el Omega se queda dormido. —Vaya tarea, eh —Se burlo el castaño cuando lo vio levantándose. —Vaya idiota que eres, casi lo arruinas —Sergio todavía estaba molesto. —Se puso celoso con Lewis —Soltó Carlos con una sonrisa —Creo que es muy obvio que tienes oportunidad con él. El pecoso sonrió ante esto. Acomodo a Max en aquella cama para que pudiera dormir más cómodo, y le dio un beso en la frente. Se despidió de su amigo, quién lo ayudo a qué todo se solucionará y se fue a dormir. Carlos se marchó pensando en como deshacerse de ese pestilente aroma a Omega en celo antes de desayunar con su sus suegros y prometido. Mientras que Otmar, quién tomaba pastillas para dormir, tuvo que aromatizar el departamento a la mañana siguiente.  Nota: perdón la hora, es que sino luego se me olvida jaja
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