El sabor de nosotros
22 de diciembre de 2025, 18:53
Cuando terminaron de almorzar, Max finalmente decidió enfrentar su destino regresando al penthouse.
Pero sus amigos insistieron en acompañarlo para ver que regresará con bien.
—¿Estás seguro de esto? —Pregunta Daniel mientras camina a su lado —Quiero que seas sincero y no te sientas presionado a quedarte solo por el dinero.
El alfa no estaba muy convencido de que ese trato fuera algo bueno para su amigo, no le gustaba la idea de que esté aceptará algo en contra de su voluntad.
—Lo estoy, te prometo que estare bien —Comenzó el rubio mientras hacia una señal para detener un taxi —Sergio es una muy buena persona, solo necesitas conocerlo para saberlo.
—Entonces y hablaré con él —Daniel resultaba muy sobreprotector las personas que le importaban y Max lo sabía muy bien.
Y por la forma en que hablo, realmente no seria una amigable conversación.
—No, mejor déjame organizar algo para que nos reunamos los cuatro —El Omega se apuro en querer abrir la puerta del taxi, pero su amigo se le adelantó —Gracias. Ya debo irme.
—Espera, dijimos que te acompañariamos —Le recordó y pronto vio esa expresión familiar en su rostro —¿Por qué no quieres que vayamos contigo?
En ese momento el rubio suspiro pesadamente.
—Porque primero necesito hablar con él sobre lo wue paso, seremos esposos y tú dijiste que un matrimonio no se sustenta de mentiras, por eso no le puedes mentir a Lando —Señaló usando algo que le había dicho hace tiempo —Quizá esto inicio como un trato, pero quiero hacer las cosas bien.
Daniel no tiene más opción que darle la razón en eso, aunque todavía le diera mala espina ese tal Sergio.
—Entonces prométeme que si alguna vez te hace daño, llamaras a mi esposo o a mi, y nosotros iremos por ti —Condicionó el pelinegro y el Omega asintió —Eres como un hermano para mí, lo sabes.
Max sonrió y no dudo en darle un abrazo para agradecerle su apoyo incondicional.
Sabía que su amigo estaba preocupado por él, pero esperaba que con el tiempo se sintiera más tranquilo y se pudiera llevar con su futuro esposo.
—Tambien para mí —Afirmó el rubio mientras se separaban.
No es consciente de que un alfa se acerca a ellos peligrosamente.
—Max... —Y la voz de Sergio hace que voltee hacia donde está —Amor, ¿Dónde habías estado?
El Omega se queda estático al escuchar esto. Claro que el alfa estaba en su papel.
Voltea a ver a su amigo sin saber que decir, pero sabe que no será capaz de actuar de la manera en que Checo espera.
—Oh... —Es lo único que escapa de sus labios.
—Maxie, no respondías las llamadas y me preocupe demasiado —Comenzó el pecoso deteniéndose frente a ellos —Saliste de casa sin avisar, así que te busque por todos lados. Qué bueno que al fin te encontré.
—¿Me buscaste por todos lados? —Murmuró el rubio todavía sorprendido por verlo ahí.
Jamas lo había llevado a la casa de sus amigos, o siquiera contado algo de ellos.
—Claro, eres mi prometido, no iba a dejarte solo —Respondió al alfa sin siquiera voltear a ver al otro hombre en escena —Te extrañe.
Sergio, quién no sale de su papel, junta sus labios en un beso algo atrevido y tomando desprevenido al Omega.
No titubea, introduce su lengua en busca de la del rubio. Y este en un principio no reacciona, pero pronto le corresponde.
Y es Daniel quien se incomoda al ver como ese alfa desconocido le está comiendo la boca a su amigo.
Estuvo a punto de decirle que para, que ya sabía que todo era mentira. Pero los dos se miraban demasiados comprometidos con sus papeles y solo se giro para darles algo de privacidad.
Al poco tiempo se separan, pero Max se queda colorado de las mejillas al sentir por primera vez un beso tan posesivo como ese.
Y es que Sergio no dudo ni un segundo en marcar territorio, incluso cuando su aroma desprendía un picor molesto debido al enojo combinado con los celos, no se detuvo.
Se sintió orgulloso al ver a su Omega tan tímido debido a ese breve encuentro, y se giro hacia donde estaba ese atrevido alfa que lo hizo enojar.
—¿Y tú quien eres? —Pregunta con una voz algo dura, y esto hace que Daniel voltee a verlo.
—¿Disculpa? —Ahors es el otro alfa quién se muestra molesto por su actitud.
Y el rubio pronto se percata de como la tensión creció rápidamente entre ambos.
—Eh, Sergio, déjame presentarte a mi... —Ni siquiera puede terminar de hablar.
—¿Por qué estabas abrazando a mi prometido? —Cuestiona acercándose peligrosamente hacia él —¿No viste ese anillo en su dedo?
Max baja la mirada a su mano y se percata de que no lo lleva puesto.
—En realidad yo... —Y de nuevo es interrumpido.
—No me hables de esa manera —Advirtio Daniel mirándolo fijamente y llenando el ambiente de un picor insoportable.
—Entonces aprende a comportarte —Respondio Sergio encarandolo como si estuvieran a punto de irse a los golpes —Él es mi Omega, no te quiero cerca suyo.
—¿Y quién me va a obligar? ¿Tú? —Y Daniel parecía seguro de querer aceptar el reto.
—¡Traje jugo! —Dijo Lando llegando muy animado y pronto se detiene en seco al ver a su esposo en una especie de confrontación con un desconocido.
Por un momento los tres voltearon a verlo, pero como Sergio no sabía quién era, no le dio importancia.
—¡Aléjate de mí Omega! —Alzó la voz mientras empujaba al otro alfa hacia el suelo.
—¡Sergio, no! —Gritó Max corriendo hacia donde se encontraba su amigo, quién intentaba levantarse del suelo para regresársela al pecoso —¡Ya basta! ¡Ambos detenganse!
—¡Entonces dile a ese idiota que se calme! —Respondió Daniel en el mismo tono.
Lando, quién observaba todo lleno de confusión y pánico al ver como un alfa atacaba a su esposo, no se le ocurre una mejor idea que derramar el jugo y fingir entrar en labor de parto.
—¡El bebé, el bebé! —Grita haciendo que todos se detengan y volteen a verlo.
—¡¿Cómo?! —Suelta Daniel alejándose del otro alfa —¡Dios mio, el bebé! Necesitamos un taxi.
En ese momento voltea a ver hacia donde estaba el taxi que había parado el rubio, pero este ya se había marchado al ver todo el escándalo de la pelea.
—Debemos llevarlo al hospital —Dijo Max llegando hacia Checo, sabía bien que este venía en su auto —¡Rápido, vamos!
El alfa titubea un poco pero termina reaccionando a tiempo para salir corriendo en busca de su vehículo.
—Tengo que ir por la maleta —Recordó Daniel mientras sostenía la mano de su esposo.
—No, tú te quedas con él —Respondió el rubio señalandolo con el dedo como si fuera un niño pequeño —Yo subiré por la maleta, y ustedes esperen aquí a que venga Sergio para que suban al auto.
—¿Con él? —Suelta el alfa y hace una mueca cuando siente el picor en el aroma de su amigo Omega.
—¿Y todavía preguntas? —Max estaba bastante molesto por la absurda pelea que habían tenido ambos alfas —Mejor preocúpate por Lando.
—¡Si, preocúpate por mi! —Dijo el castaño sin salir de su papel.
Ahora no sabía cómo salir de su mentira.
Mientras que Max corrió para buscar la maleta, Daniel le pedía que respirara hondo y un auto se estacionó bruscamente frente a ellos.
Había ido demasiado lejos para detener la pelea.
Respira profundo mientras observa a su esposo en pánico, y este lo hace caminar hacia el auto.
—Tranquilo, amor, pronto estaremos en el hospital —Daniel acaricia su mano con delicadeza y pronto ven regresar al rubio —Ya, vamos, vamos.
Max sube como copiloto mientras que los esposo se encuentran en la parte trasera del auto.
El pecoso comienza a conducir mientras busca como evitar el tráfico.
—¿A dónde vamos? —Pregunta Lando todavía sin saber cómo detener todo esto.
—Iremos al hospital más cercano —Dijo Max volteando a verlo.
—Te llevaré al mejor hospital de la ciudad —Afirma Sergio sin quitar la vista del camino.
—No, tenemos que ir con el doctor de mi esposo, él ha llevado todo el embarazo —Señala Daniel sumamente preocupado —Por favor.
—Esta bien, dime hacia donde ir —Finalmente parecía que ambos se habían puesto de acuerdo en algo.
Entonces Daniel le da la dirección para que comience a manejar hacia el lugar.
—Le llamare al doctor para que sepa que vamos en camino —Afirma el alfa mientras saca su teléfono, pero en ese momento su esposo lo tira de un manotazo —¡¿Amor?!
—Lando está muy callado como para estar en labor de parto —Murmura el rubio mientras voltea a verlo —¿Lando?
—¿Otro semáforo en rojo? —Se queja el pecoso sin prestar mucha atención a lo que pasa con el matrimonio en su auto.
Lando baja la mirada y deja de fingir que está respirando profundamente.
—¡Es que ustedes no dejaban de pelear! —Gritó cansado de sus miradas juzgonas —Derrame el jugo para que me creyeran, ¿Okay?
Daniel suspira pesadamente mientras se recarga en el asiento del auto.
—¿Es en serio? —Murmura Sergio deteniendo el auto —¿Todo fue mentira?
—¡Lando! ¿Cómo pudiste hacer eso? —Reclamó el rubio —Todos nos preocupamos por ti.
—Perdón, en verdad lo siento —Comenzó el castaño —Pero es que ustedes estaban enfocados en pelear que no se me ocurrió otra cosa. Además, él empujó a mi esposo.
Rápidamente señala al pecoso, quién se indigna ante tal reclamo.
—Tu esposo estaba de cariñoso con mi Omega —Intento defenderse.
—Porque es mi amigo y me preocupo por él —Afirmó Daniel algo molesto por la acusación —Yo, a diferencia de otros, no me propasaria con él.
En ese instante Sergio se quitó el cinturón de seguridad más que listo para defenderse.
—¿Qué estás insinuando? —Comenzó el pecoso —Yo jamás me he propasado con él.
—Daniel, ya hablamos de eso, Sergio no se propaso conmigo —Insistió el rubio intentando detener la discusión.
—No estás seguro de eso, y no confío en que te quedes con él, no sabemos que mañitas tiene —Afirmó Daniel mirando con cierto desprecio al pecoso.
La discusión ya se había vuelto confusa para el empresario, quién sintió que había una parte de la conversación que no conocía.
¿De qué habían hablado? ¿Y por qué él estaba involucrado? ¿Acaso tenía que ver con el celo del Omega?
—Max no está obligado a estar conmigo —Afirmó el alfa acomodándose de nuevo en su asiento —Si él quiere irse está en todo su derecho. Yo jamás lo forzaria a algo que no quiere.
Lando observa como la discusión regresa y esta vez se decide por dejarlos hablar.
Solo son dos alfas tontos que no saben escuchar.
Pero entre tantos dimes y diretes, el castaño comienza a sentirse algo extraño y mira hacia abajo para comprobar lo que ya se temía.
—Debe ser una broma —Murmura mientras observa como esos dos siguen peleando —Necesitamos ir al hospital.
—¡Ya callense los dos! —Grita el rubio bastante cansado de todo esto.
—¡Vamos al hospital! —Y Lando también levanta la voz —El bebé ya viene.
—Ya no voy a caer en ese juego —Afirma el pecoso —Y tú, entiende que yo no me aprovecharía de Max.
—No te creo —Insistió Daniel —Y amor, ya no juegues con eso.
—Esta vez no es juego —El castaño se toca su vientre mientras intenta acomodarse para no sentirse tan incómodo como lo está.
—¿Pueden dejar de discutir al menos cinco minutos? —Y Max está muy cansado.
—Bien, ya dejémoslo así —Dice Daniel para luego voltear a ver a su esposo —Ya amor, deja de fingir. Te prometo no discutir más.
En ese momento el Omega lo jala de su playera mientras gime de dolor por una contracción que termino jugando con sus nervios.
—¿Lando? —El rubio se percata de esto y no puede evitar preocuparse.
—¿Quién está fingiendo, alfa idiota? —Pregunta el Omega volviendo a jalarlo de su playera, pero en esta ocasión también lo agarra de sus vellos en el pecho, arrancando más de uno.
Daniel grita de dolor y le da unas palmadas al brazo de Checo.
—¡Maneja ya, maneja! —Su desesperación es evidente.
El pecoso no duda en comenzar a conducir rumbo al hospital más cercano.
Ya no hay tiempo de llamar al doctor o llevarlo al mejor hospital de la ciudad, esta vez necesitaban llegar lo antes posible.
Cuando llegan, la pareja de esposos se apresura para obtener ayuda y en ese momento los dos prometidos ya no pueden hacer nada.
—Buscaré la maleta, está en el auto y la necesitaran —Dice Max para después alejarse de él.
Es bastante obvio que está molesto.
¿Y cómo no estarlo? Si desde que apareció en su vida solo le ha traído problemas tras problemas.

Nota: perdón por el cambio de día, nos leemos el otro lunes ♥️