Omega mío
22 de diciembre de 2025, 18:53
TW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO.
Sergio se queda sin palabras al observarlo de esa manera.
Muchas preguntas se agolparon en su mente, pero era como si su mejor fantasía se hubiera hecho realidad.
Incluso llega a pellizarse para asegurarse de que no estuviera confundiendo la realidad con un sueño.
Pero cuando comprueba de que esto no es así, entonces algo se remueve en sus pantalones.
—¿Max? —Pregunta algo nervioso —¿Qué estás haciendo?
El rubio, quién se había mentalizado todo este tiempo, termino levantandose lentamente de la cama para comenzar a caminar hacia él.
Se encuentra muy nervioso al temer ser rechazado, pero la mirada del alfa recorriendo su cuerpo de pies a cabeza le dan algo de seguridad.
—Quiero que me toques —Confiesa casi en un susurro.
Entonces lleva la mano del alfa hasta su cintura y termina de cerrar el espacio entre ambos con un candente beso.
Sergio titubea un poco al inicio, pero pronto comienza a dejarse llevar.
Con su lengua invade la boca del Omega y lo invita a un baile sensual que solo aumenta el calor entre ambos.
Pronto siente las manos del rubio sobre sus pantalones y traviesamente acaricia la polla del alfa hasta ponerla dura.
El pecoso le sigue comiendo la boca como a él le gusta, y toca delicadamente la lencería que lleva puesta.
No sabe cómo o por qué se ha decidido por hacer eso, pero no puede negar que se siente sumamente excitado al verlo así.
—Seré un buen Omega para ti —Murmurs el rubio para después deslizarse hasta quedar de rodillas frente a él.
Comienza a desabrochar su cinturón para después bajar el cierre de los pantalones del alfa, exponiendo su hombría solo cubierta por sus boxers.
El Omega siente que se le hace agua la boca y se relame los labios antes de acercar su lengua a esa delgada tela para comenzar a lamer aquel falo todavia oculto.
Sergio suelta un pesado suspiro mientras posa una de sus manos en la cabellera rubia del Omega.
Cree que en cualquier momento lo tomara del brazo y lo llevará a la cama para hacerlo suyo.
Y en ese momento un recuerdo viene a su cabeza.
“Primero sé honesto contigo mismo. Porque es muy difícil cuando un alfa solo quiere acostarse con un Omega, y luego se quedan atrapados en una relación sin amor”
Las palabras de Charles resuenan en su cabeza.
Él no quería arriesgarse de esa manera si todavía no había un cortejo de por medio.
No solo era cruzar la línea, sino superarla por completo.
Cualquier regla, cualquier trato.
Todo se iría a la basura si sobrepasaba ese límite.
Pero lo que más le preocupaba era lastimar a Max en el proceso, porque él no sabía si era capaz de sentir esa clase de amor por alguien.
Cuando él nunca creció con algún tipo de cariño.
—No, Max, basta —Dice el alfa tomándolo del brazo para hacerlo levantarse del suelo —No podemos hacer eso, lo siento. No está bien.
Max sonrió un vuelco en el estómago al escuchar esto. Realmente creyó que Sergio quería lo mismo.
Ese beso en el hospital.
Los celos que sintió hacia Daniel.
¿Acaso confundió su actuación con cariño?
Traga en seco pensado en lo tonto que ha sido.
Lo escucha hablar solo mucho que lamenta esto, pero a ese punto ya es más ruido blanco.
Era como si las palabras no llegarán a sus oídos de lo aturdido que estaba.
—¿Puedes irte, por favor? —Es lo único que sale de sus labios.
Sergio se siente como un idiota, pero piensa que es lo mejor para ambos y solo se limita a asentir mientras sale de la habitación.
Apenas el alfa se marcha, Max se regresa a la cama y se cubre con las sábanas.
No sabe cómo reaccionar ante su rechazo.
Intenta analizar que hizo mal, pero todo lleva a una misma respuesta.
Él no es Lewis.
Y por más que intente ignorar aquel recuerdo en su mente, todavía tiene memorias difusas de la noche de su celo y como Sergio mencionó al moreno.
No solo era diferente la historia entre ambos, sino que Lewis tenía una educación y buen familia, algo de lo que él carecía.
Creía que quizá por una vez alguien lo escogería, pero parecía que no era la ocasión.

Por su parte, Sergio se encerró en su habitación mientras repetía por lo bajo:
“idiota, idiota, idiota...”
Sabía bien que, por más buenas intenciones que tuviera, lo había arruinado.
Quizá fue muy brusco y se dejó llevar por el impulso de querer evitar un error.
O tal vez nunca debió tocar esa puerta en primer lugar.
No quería lastimarlo.
Le gustaba tanto y se sentía tan tonto.
Se sienta en la cama y lleva sus manos a su rostro.
—¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti? —Murmura mientras se recuesta en la cama.
Todos esos momentos juntos, la tensión, los besos.
Recordaba perfectamente esa mañana cuando hablo con Carlos sobre lo que estaba sintiendo.
Pensarlo todo el tiempo no podría significar solo atracción sexual ¿O si?
Max ocupaba su mente como si allí viviera.
Su riza, sus ojos azules y sus dorados cabellos.
Incluso recordaba la primera vez que lo vio y se arrepentía de lo grosero que había sido.
Y su dulce voz, tan amable y tierno. Con ese delicioso aroma a durazno y algodón de azúcar.
Podría vivir toda su vida solo mirándolo.
“¿Eso es estar enamorado, no?”
Recordando la conversación con Carlos, esa pregunta comenzó a repetirse en su mente.
¿Acaso él estaba enamorado de Max?
En ese entonces solo pensó en la posibilidad de sentirse atraído, pero amar a alguien nunca lo había experimentado.
O al menos eso creía.
Lo más cerca que estuvo fue con Lewis, pero no funcionó.
Y nunca lo iba a hacer.
Las ideas de un futuro juntos nunca llegaron a buen puerto y siempre había algo que los separaba.
Pero Max no era Lewis y él lo sabía.
Entonces su mente comienza a pensar en la estúpida condición del testamento de su abuelo.
Tantos líos por culpa de ese viejo.
¿Cuál era la obsesión que tenía para que consiguiera una pareja que llegó al punto de ponerlo en su testamento?
Si él no había podido aventurarse en los terrenos del amor era por culpa de la mala crianza que recibió.
Nunca llorar, nunca sentir demasiado.
Desde que fallecerion sus padres el color y amor desaparecieron de su vida.
Y creyó que nunca lo volvería a encontrar, hasta que una noche un Omega le dio una bofetada que cambiaría el rumbo de las cosas.
Desde entonces todo había tomado un tono distinto.
Tenía miedo de arruinarlo, pero pronto pensó que eso era algo que su abuelo le echaría en cara.
Y si de algo iba a servir en su vida, era en darle el valor de llevarle la contraria.
No tendría miedo de sentir.
Ya no más.

Por su parte, Max se levanta de la cama algo desanimado, sabiendo que ahora Sergio ya no lo miraría de la misma manera después de intentar llevar su relación a otro nivel y quizá eso signifique el fin de su acuerdo.
Se sentía como un tonto, y ya quería quitarse esa lencería para ponerse algo más cómodo.
Pero en ese momento escucho unos pasos apresurados acercándose y de pronto la puerta se abrió de golpe.
El alfa lo observa de la cabeza a los pies, y el rubio piensa que le va a decir que se vaya, que no quiere nada con él.
Porque él no es Lewis.
Sin embargo, pasa todo lo contrario y podría decirse que lo tomó desprevenido.
Así que siente sus piernas temblar cuando sus ojos se encuentran y está a punto de decir algo, pero las palabras no salen de su boca.
Sergio camina hacia él con paso firme y, cuando está a tan corta distancia, se quita la camisa de un jalón, haciendo que los botones caigan al suelo.
Max se queda atónito observando su pecho desnudo y ve como sus manos bajan hasta la hebilla de su pantalón para comenzar a quitarse el cinturón.
Tira el objeto a un lado y luego toma al Omega de la cintura para pegarlo a su cuerpo.
Un suspiro escapa de los labios del rubio, jamás lo había visto actuar de esa manera.
Tan decidido, tan dominante, tan territorial.
El alfa no tarda en buscar sus labios, siendo posesivo al momento de reclamar su lengua.
Max al principio titubea un poco, pero después no duda en llevar sus manos al pecho de su prometido, con su calida piel rozando la suya.
Y pronto siente las manos de este en su trasero, soltando un pequeño quejido cuando masajea sus suaves nalgas, como si hubiera estado deseando hacer eso todo el tiempo.
En ese momento el pelinegro se separa un poco y murmura:
—¿Seguro que quieres hacer esto?
El rubio siente que le falta el aire y no puede con la opresión en su pecho.
Nunca se había sentido más excitado.
Y como respuesta baja su mano hasta la el pantalon del alfa y lo desabrocha como lo había hecho antes, tocando su hombría mientras se muestra una sonrisa pícara.
Sergio no necesita saber más y vuelve a comerle la boca tal como al Omega le gusta.
Comienza a orillarlo hasta la cama, donde lo recuesta con cuidado y se coloca a su lado.
Max lo mira con atención y observa como la mano del alfa se posa sobre su pecho, en aquel delicado sostén de encaje blanco.
—Es tu primera vez, ¿Verdad? —Pregunta el pelinegro y el rubio asiente —Puedo ser muy bueno contigo —Baja lentamente su mano hasta el trasero del Omega —Puedo ser muy malo —Acaricia una de sus nalgas sin ningún tipo de vergüenza —O puedo ser ambos.
Su mano aprieta su pálida piel y le arranca un suspiro al más joven.
—Q-quiero que seas ambos... —Balbucea un poco al responder y esto le gusta al alfa.
—Te diré que hacer, pero también podemos detenernos cuando tú quieras —Afirma y esto le da la confianza para continuar.
Pronto el pelinegro lleva su mano de nuevo al pecho del rubio y jala hacia abajo parte de la lencería que lo cubría.
Con sus dedos toca la punta del pezón rosado del Omega y esto lo hace soltar un pequeño quejido.
—Maxie, eres tan bonito... —Susurra el alfa —¿Por qué no mueves tu lindo trasero mostrando lo que quieres?
El rubio siente y comienza a mover sus caderas haciendo que sus nalgas se presionen contra el miembro erecto del alfa que se asfixia dentro de sus boxers.
—Alfa, tómame —Dice casi en una súplica.
Puede ver ese deseo en sus ojos, como un fuego en su interior que necesita ser atendido.
Deja en paz aquel pezón para centrarse en aquello que tanto desea.
Toca de nuevo aquel sonrosado trasero perfectamente decorado por una tanga de lencería blanca.
Renueve la tela un poco y hace que el Omega lo tome para poder abriese paso entre sus nalgas, separandolas con su mano y así observando su colorada entrada.
Siente como su miembro se renueve en su ropa interior y se relame los labios ante tal imagen.
—Oh Max... —Murmura a su oído —Me pones tan duro.
Max siente sus mejillas arder de la vergüenza al escuchar esto, nunca se había expuesto tanto a alguien más.
Pronto el pelinegro lleva su mano a la boca del joven e introduce dos dedos, haciendo que con su lengua los llene de su saliva.
Los saca con cuidado y, bajo la atenta mirada del Omega, lleva estos dos dedos hasta su entrada y comienza a tocarlo muy lentamente.
Max suelta un quejido que solo hace incrementar el sonrojo en sus mejillas.
Nunca había experimentado tal sensación, invasiva pero placentera.
Con el alfa tocando su zona más sensible y su respiración pesada prácticamente chocando en su nuca.
—Oh... —Suelta un gemido que llena la silenciosa habitación —Uhm...
Lo que empezó con un toqueteo lento comenzó a tomar un ritmo que hacía casi imposible que se concentrará.
Y pronto lo sintio introduciendose poco a poco en él, tan lento como placentero, Max jamas pensó vivir algo así.
—¿Te gusta? —Pregunta y el rubio asiente, pero en ese momento un chorro de lubricante natural moja la mano del alfa, quién no puede pensar en otra cosa —Me muero por probarte.
El Omega no deja de mover sus caderas sobre sus dedos, buscando más contacto y dejando escapar pequeños gemidos con cada toque.
Pero en ese momento el alfa ha tomado una decisión.
Saca sus dedos y lo hace acostarse boca abajo, abriendo sus nalgas con sus manos y hundiendo su rostro entre estas.
—¿C-checo?... Ahh... —Por un momento siente que pierde la cabeza cuando su calida y húmeda lengua se posa sobre su entrada, saboreando cada parte de él.
El pelinegro se siente en el paraíso.
Mueve su habilidosa lengua sobre aquel colorado botón que lo está volviendo loco, logrando introducirse dentro de él y haciéndolo gimotear.
El Omega muerde una almohada que tenía bajo suyo e instintivamente intenta cerrar sus piernas, pero no puede porque aquel hombre se lo está comiendo como si estuviera hambriento.
—Oh... C-checo... —Gimotea contra la almohada y siente una presión en su vientre que lo lleva abrir la boca y soltae un pesado quejido.
Sus piernas tiemblan un poco y para cuando se da cuenta ya ha bañado la boca del hombre con su excitación.
Puede sentir su cuerpo sensible ante esto, y como el aire se vuelve pesado.
El alfa sale de entre sus piernas con una expresión nunca antes vista
Max lo observa embriagado de placer, y puede notar lo que ha provocando en él con todo esto.
—Uhm... —Sergio se relame los labios mientras lo voltea a ver —Si así fue con mi lengua, me preguntó cómo será con...
Baja la mirada hacia sus boxers y se puede notar muy claramente como su polla se marca en este.
El rubio se reincorpora lentamente y se da la vuelta para gatear hacia él.
—Quiero... —Murmura el Omega mientras posa su mano en el miembro de su prometido —Lo quiero aquí.
Max saca su lengua frente al alfa y este sonríe mientras se baja los boxers lentamente.
El más joven observa ese pedazo de carne frente a él, y lo toma con cuidado en sus manos teniendo una especie de deja vu.
Bajo la atenta mirada del alfa, el rubio posa su lengua sobre el falo y lo saborea lentamente.
Sergio nunca pensó que ve al Omega así sería una imagen tan erotica que le gustaría retratar.
Con su lengua paseándose sobre su polla, por momentos torpe por su inexperiencia, el alfa lo toma de sus rubios cabellos y lo ayuda a introducirselo en la boca.
Guiandolo en el ritmo de su tarea, Checo se calienta al estar follando la boca del joven.
Sabe que no puede resistir ni un solo segundo más.
—Max, déjame follarte —Pide rápidamente antes de que su mente se pierda en aquella fantasía erótica frente a él.
El Omega lo saca de su boca algo nervioso pero también lleno de deseo, viendo como el alfa toma una almohada y la coloca debajo de su espalda.
Y en ese momento Sergio lo acomoda bien frente suyo, abriendo sus piernas para poner su miembro en su entrada.
—Alfa, tómame —Insiste el rubio algo desesperado.
Ha estado esperando mucho por eso.
Es entonces que puede sentir la cabeza de la polla del alfa presionando contra su sensible piel, abriéndose paso poco a poco.
—Relajate —Murmura el pecoso —Sabes que me detendré si así lo deseas.
Max asiente ante esto y observa como el pelinegro lo sostiene de ambas piernas para tenerlo tan abierto para él.
Su polla de alfa invade lentamente su interior, arrancándole un suspiro pesado mientras ese pedazo de carne lo hacía suyo.
—Uhm... —Gimotea cuando el pecoso se lo toma de la cintura con una expresión de satisfacción en el rostro.
—¿Estás bien? —Se apresura en preguntar antes de hacer cualquier otra cosa.
El rubio parpadea un par de veces antes de asentir y suspira pesadamente cuando el alfa comienza a mover con cuidado sus caderas contra las suyas.
Un calor abrazador se apodera de su interior con cada embestida, que no busca ser brusca pero que poco a poco comienza a notarse una dominancia del alfa.
Pronto el pelinegro lleva una de sus manos hacia el miembro del Omega y comienza a acariciarlo mientras que con la otra lo sostiene firmemente de su cintura.
Max ya no puede controlar más lo que está sintiendo. Siendo una experiencia nueva para él, se vuelve bastante sonoro con cada movimiento del alfa.
Observa como Sergio esta muy concentrado en su tarea, con un par de gotas de sudor cayendo de su frente y entre sus labios mira como presiona su lengua.
Y sonríe cuando ve al Omega completamente sonrojado, con sus labios entreabiertos y con pequeños gemidos escapando de estos.
—Dime si te gusta —Murmura y el rubio asiente —Quiero que lo digas.
—S-si... —Responde con dificultad y pronto acerca su mano hacia el abdomen del alfa, acariciándolo lentamente con sus dedos —D-dame tu nudo... Quiero que seas el primero.
El pelinegro sonríe ante esto, pero sabe muy bien que eso sería demasiado.
Tiene que tener cuidado, no nudo, no marca.
Así que no le responde, solo continúa moviendo su cuerpo contra el suyo.
Incluso es difícil para él poder controlarse, mucho más después de bastante tiempo sin esa clase de acción.
Por lo que termina tomándolo con más fuerza, incrementando la intensidad de sus embestidas y ensartando sus uñas en su pálida piel, dejando hilos rojos como marcas que delataban su presencia.
—C-checo... —El rubio apenas puede decir palabra.
No encuentra manera de describir el calor interno que se apodera de su cuerpo y deja su mente volando fuera de si, perdido en el placer.
Sergio gruñe con cada estocada, se adueña del cuerpo del Omega sin temor alguno. Es todo suyo.
Y todavía no puede creerlo por completo.
Lo observa de arriba a abajo, intentando registrar cada detalle de ese hermoso cuerpo desnudo frente a él.
Hace el esfuerzo para llevar una de sus manos hacia la lencería que cubre los pechos de su lindo Omega y lo arranca de un tirón.
El calor es abrazador y puede sentir como el rubio aprieta su miembro con su cálido interior, sabe que está cerca.
Y solo es cuestión de tiempo para que esté termine deshaciéndose con una fuerte embestida del alfa.
—Oh... —El rubio abre bien la boca dejando escapar un gemido que lo lleva a echar la cabeza hacia atrás y siente como su abdomen se mancha con su excitación.
—Maxie —La voz del alfa lo regresa un poco a la realidad y lo ve poniendo un dedo sobre este para después llevárselo a la boca, sonriendo al probar el resultado de un buen trabajo —Que travieso eres.
Y aunque pareciera que eso había terminado ahí, apenas estaba comenzando.
Sergio procura salir con cuidado del Omega y hace que este se de la vuelta boca abajo.
El rubio se abraza a la almohada que hay bajo suyo y puede notar cómo en el espejo en su pared se refleja lo que está haciendo el alfa.
Apenas ha recuperado el aliento cuando el mayor vuelve a acomodarse entre sus piernas y lo toma de la cintura para comenzar a follarlo.
Nadie podía negar lo cautivado que estaba el pecoso al observar ese enorme trasero de Omega solo para él, además de deleitarse con aquella húmeda entrada que lo recibía tan bien.
Max rápidamente se adapta a su ritmo, moviendo su cuerpo hacia él en cada embestida y excitandose ante tal vision en el espejo.
Ver a Sergio completamente entregado al placer mientras lo sostenía con fuerza de la cintura solo hicieron que la excitación del rubio fuera mayor.
—A-ah... —Se queja cuando siente su pesada mano golpeando su trasero.
—P-erdon, no pude evitarlo —El pecoso rápidamente se disculpa, pues se había dejado llevar por sus pensamientos calientes respecto al Omega.
—Hazlo —Pidió el rubio —Dijiste que también podías ser malo.
Esto causa una pequeña risa en el alfa, quién no tarda en hacerle caso y darle otra nalgada.
—¿Quieres que sea malo? —Pregunta en un tono de voz que el Omega desconocía.
Era diferente, fuerte, profundo, demandante.
—S-si... —Balbucea un poco al responder, no puede concentrarse debido al calor que lo está consumiendo por dentro.
—¿Así? —Pregunta el alfa dándole otra nalgada que lo hace temblar y el Omega asiente.
Entonces el rubio baja sus manos hacia su trasero y se abre para que lo vea en todo su esplendor.
—Tómame, alfa.
Sergio no necesita más y esta vez lo toma con más fuerzas, moviendo sus caderas en un ritmo constante que enloquece al Omega.
Lo tiene tan dispuesto para él.
Observa su trasero rebotando en su polla y ni siquiera él puede acallar sus propios gemidos de placer.
Nunca se había sentido tan bien.
Su dulce aroma a durazno llenaban los pulmones del alfa, quién se sentía embriagado por él.
Acariciaba su cuerpo y se abrazaba él como si en cualquier momento se le fuera a escapar.
Deseaba tanto tenerlo a su lado que creía que en cualquier momento pondría una marca en su cuello, pero no era tan egoísta para permitírselo.
Aprieta su trasero con sus grandes manos, y el Omega suelta un quejido ahora familiar.
—Joder... —Gimotea el alfa cuando siente como las paredes del rubio se contraen hacia él, sabe que ha vuelto a deshacerse por él y tampoco está tan lejos de lograrlo.
Pero no estaba en sus planes hacerlo, solo buscaba satisfacer al Omega.
Y cuando sale de él para alejarse, Max se gira y lo abraza con sus piernas sobre sus caderas.
—Más... —Ek rubio no se detendrá hasta conseguir lo que tanto quiere.
Sergio lo analiza por un segundo, sabe que de continuar podría terminar dándole su nudo.
Y debería darse la vuelta y marcharse.
Pero no lo hace.
Se acomoda de nuevo entre las piernas del más joven y esta vez lleva una de las piernas de este a su hombro.
Ahora sus embestidas son más lentas a comparación de hace unos momentos, con su cuerpo cansado y bañado en sudor, apunto de tocar el cielo.
Debería detenerse.
No puede hacerlo, no porque realmente desea tenerlo.
Max simplemente se mantiene abierto para él, pero atento a lo que le ha pedido.
Quiere su nudo, se lo ha dicho desde el momento en que lo llevo a la cama.
Checo continúa moviendo sus caderas, está vez obteniendo un poco más de ritmo y su respiración pesada llama la atención del Omega.
El rubio lo observa con atención y mira como sus ojos se han vuelto de un café más profundo que lo que recordaba.
Mira como abre la boca y su lengua se pasea por sus colmillos como si fuera un lobo a punto de atrapar a su presa.
Y de un momento a otro el alfa baja su pierna y se inclina hacia adelante, tomándolo de la cintura mientras poco a poco va bajando el ritmo de sus estocadas.
Es entonces que Max experimenta algo de lo que solo había escuchado hablar un par de veces.
Nunca antes había sentido como el pene de un alfa se ensanchaba en su interior.
Como un calor abrazador que lo llenaba al punto de arrancarle la respiración.
Grande, caliente, pesado.
Lo sentía apoderándose de su cuerpo, derramando descaradamente una espesa carga de esperma de alfa.
Y ese momento finalmente perdió la poca coherencia que le quedaba.
—Tranquilo, no te muevas —La voz de Sergio sonaba muy autoritaria en ese momento.
Max solo se limito a asentir mientras dejaba que lo llenara por completo, doliendo un poco al principio y con justa razón, pues el alfa estaba muy bien dotado.
Y el pecoso hacia todo lo posible por no acercarse más a él.
Había cedido a sus deseos de darle su nudo, pero no le daría su marca.
Levanta ligeramente la vista y ve los ojos del omega completamente dilatados, la mirada de un Omega dispuesto a cargar con sus cachorros.
Entregado y devoto a él, dispuesto a seguir cada una de sus palabras al pie de la letra.
—Sergio... —Lo llama y sus miradas se encuentran.
El alfa lucha para no dejarse guiar por sus instintos y no morderlo, y esto el rubio lo aprecia muy en el fondo.
Se había entregado a él, pero el miedo a la marca seguía ahí.
Checo se recuesta sobre el Omega mientras el nudo se mantiene uniendolos a ambos.
Era claro que todavía tenían que hablar después de todo lo que había pasado.
Al menos había dado un paso, pero ahora era momento de definir lo que todo esto significaba para ambos.

Nota: No soy mala 🫵