Embriagador
22 de diciembre de 2025, 18:53
Sentía su cuerpo relajado, todavía aturdido.
Abre los ojos lentamente y su mirada se encuentra con la de aquellos ojos cafés con un poco de verde que lo cautivaban.
—Finalmente despertaste —Murmura el alfa con una voz tan suave que se siente como si estuviera tocando una nube —Te quedaste profundamente dormido.
Max lo mira tan embobado que le saca una sonrisa algo nervioso.
—¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? —Sergio pregunta algo temeroso de que quizá el Omega se haya arrepentido de lo que hicieron.
Pero eso no es así.
—¿Dormí en tus brazos? —El rubio murmura al soltar su pregunta.
Todavía no puede creer lo que hicieron y sentía que era como un sueño del que no quería despertar.
—Claro, ¿De que otra forma sería? —Y el alfa parecía maravillado con él —Te quedaste agotado. Dime la verdad, ¿Acaso fui muy brusco contigo?
Max sonrió apenado y sintió sus mejillas arder de la vergüenza.
Rápidamente niega con la cabeza, todavía no puede creer lo que ha pasado.
En ese momento el pelinegro se acerca a su rostro y atrapa sus labios en un dulce beso.
Le arrebata suspiros que escapan de sus labios y el rubio posa sus manos en la cintura del alfa para atraerlo hacia él.
Sergio no duda en saborear los labios del Omega, y se inclina un poco hacia él para continuar besándolo.
—Max, me encantas... —Dice en un susurro.
Entonces el rubio suelta un pequeño gemido y sus manos buscan tocar más del mayor.
Sin embargo, rápidamente es detenido.
—No seas travieso —Murmura el pecoso tomando su mano —Ya me tendrás otras veces. Por ahora descansa, duerme tranquilo en mis brazos.
Max asiente algo derrotado, pero se confirma en recostarse en su pecho y escuchar su corazón latiendo en su oído, mientras se deleita con su delicioso aroma de alfa que poco a poco se mezcla con el suyo.
Pronto cae víctima del cansancio y sus ojos se sienten pesados, dejándose llevar por profundo sueño.
Sergio sabe que los omegas se cansan demasiado después de tener su primer encuentro, pues su cuerpo no está acostumbrado a esa clase de actividades.
Así que lo deja durmiendo junto a él, acariciando sus dorados cabellos y sonriendo por lo afortunado que se sentía al saberlo su Omega.
Claro que no le había dado su marca, pero realmente sentí que era suyo.
Se había entregado a él por una razón, y esa quizá era que Max también sentía algo por el alfa.
Tendrían que aclararlo pronto, pero de momento lo dejaría descansar. Pues podía notar el cansancio en su rostro y no quería perturbarlo.
Estaba tan relajado que lo dejó durmiendo durante un rato mientras pedía algo a domicilio y se levantó a atender la puerta para recibir el paquete.
Resultaba un poco vergonzoso, pero era necesario.
Y cuando Max despertó en medio de la noche, supo que era momento de dárselo.
—¿Qué hora es? —Pregunta el rubio algo somnoliento.
—Las once de la noche con treinta y tres minutos —Responde el pecoso tomando un vaso con agua que ya tenía preparado para él..
—Dios, he dormido prácticamente todo el día —Su respuesta hace sonreír al alfa.
—Mira, ¿Sabes lo que es está pastilla? Es para que no tengamos algún accidente por nuestra travesura —El pelinegro rápidamente llama su atención.
Max toma la pastilla en su mano y la observa bien.
Sabe lo que significa, no es ningún idiota.
—Si la tomo, no tendremos ningún cachorro —Señala y el alfa asiente.
—Max, nos acostamos y debemos ser responsables con nuestro cuidado —Comenzó el pelinegro —Ni siquiera hemos hablado bien entre nosotros.
—No nos acostamos —Y la respuesta del Omega lo confunde —Hicimos el amor.
Sergio sonríe ante esto.
—Claro que lo hicimos, y te di mi nudo —Le recordó —Pero espero que estemos iniciando algo lindo, y quiero hacerlo bien. No pienso atarte a mí con mi marca o de alguna otra manera. Quiero que estés a mi lado porque eso es lo que deseas.
Max lo sabe bien, porque también le da miedo tener un cachorro sin un padre que este a su lado.
Le encanta Sergio, pero tiene que ser realista sobre los riesgos, así que toma la pastilla.
Sabe que es lo mejor para ambos, aunque no descarta la idea de que en un futuro puedan iniciar una familia juntos.
Aunque quizá todavía sea muy pronto para soñar.

Al día siguiente los prometidos desayunaron con normalidad, a excepción de que Max estaba muy hambriento.
—Esta será mi vida a partir de ahora —Dijo Otmar cuando vio el desastre en la habitación del rubio.
Tenía que limpiarlo todo.
—Visitare a Lando, quiero ver al pequeño Oscar —Comentó Max mientras arreglaba la corbata del pecoso antes de que esté se marche al trabajo.
—Saldre a almorzar con Carlos, pero si quieres podemos vernos en la tarde, claro, si no tienes nada más que hacer —Señalo el alfa y su Omega negó con la cabeza —Pasare por ti cuando estés listo.
No duda en acercarse a su rostro y darle un dulce beso de despedida.
Y mientras el alfa se va al trabajo, Max se encamina hacia el hospital donde todavía se encuentra su amigo.
Cuando llega a su habitación, este se encuentra con su bebé en su pecho.
—Perdón, debí tocar —El rubio rápidamente se disculpa dispuesto a irse.
—Tranquilo, como si tú no tuvieras lo mismo —Se burla el castaño —Uhg, oye, ¿Por qué hueles así?
Max comienza a oler su ropa y revisar su calzado por su piso algo que no debía.
—¿Huelo mal? —Pregunta algo tímido y avergonzado al respecto.
—Apestas a alfa —Señaló su amigo —¿Acaso te pusiste la ropa de tu millonario prometido o por qué hueles como él?
El rubio sonríe ante esto, le gustaba saber que todavía se percibía así.
—No me puse su ropa —Respondio mientras se apoyaba en la orilla de la cama.
—¿Entonces te quedaste dormido junto a él? —Lando lo mira confundido, es claro que algo ha pasado.
—Podria decirse que si —Admite el rubio con sus mejillas coloradas ardiendo de la vergüenza en admitir algo así.
—¿En serio? —Su amigo rápidamente pregunta mientras acomoda al bebé que estaba bastante dormido —¿Qué hablaron? ¿Acaso tuvieron una cita y después...
—Lo hicimos... —Max lo interrumpe confesando lo que hicieron.
—Se quedaron durmiendo después de ver una película... —Pero Lando completa la frase quedándose en shock por lo que ha escuchado —¿Qué?
En ese momento el rubio traga en seco pero decide continuar.
—Seguí tú consejo de seducirlo —Comenzó Max y el castaño no daba crédito a lo que estaba escuchando —Pero sabía cómo hacerlo, sabes que nunca lo había hecho. Así que me puse a ver algunos vídeos y me entregué a él.
Lando se queda en silencio por un segundo y llama a la enfermera para que se lleve a su bebé.
Una vez solos, finalmente se suelta.
—¡¿TE ACOSTASTE CON SERGIO?! —Grita con una mezcla de emoción y desconcierto.
—E-es lo que me dijiste que hiciera —Max rápidamente se excusa.
No sabe porque su amigo se sorprende si solo siguió su consejo.
—Yo hablaba de conquistarlo, llevarlo a un cortejo real —Señaló el castaño —No puedo creer que te acostarás con él.
Max pronto comenzó a sentirse avergonzado.
Había entendido mal el consejo de su amigo y se dedicó a ver una serie de videos que le dio una idea de lo que debía hacer en la cama con el alfa.
Aunque al final le había dado el resultado que tanto deseaba.
—Creo que malentendi tu mensaje —Dijo el rubio sentándose junto a él.
—Más bien entendiste lo que quisiste —Se burló su amigo, quién no duda en darle una palmada en el hombro —¿Y como fue? ¿Lindo o rudo?
Lando logra sacarle una sonrisa, haciendo que así se relajara un poco.
—Maravilloso —Afirma todavía nervioso —Y luego me abrazo toda la noche. Nunca me había sentido tan feliz.
—Te entiendo —Dice Lando tomando su mano —Me paso lo mismo ahora tengo un bebé al cual cuidar.
Los dos amigos ríen ante esto.
Un mensaje malinterpretado lo llevo a arriesgar el todo por el todo, y parecía haber ganado.
Quizá era el momento más maravilloso de su vida, pero también sabía que debía hablar con él sobre lo que eso significaba para ambos.
Porque para él lo era todo.
Sin embargo, necesitaba saber si eso era real y lo que pasaría con su acuerdo.
El alfa le había dado a entender que buscaba algo serio, pero necesitaba que fuera claro y lo demostrará.
Ya que Max no se andaba con juegos.

Por su parte, el día paso rápido para el alfa, quién pronto se encontró con su amigo para almorzar en el restaurante de Kamui.
El luegar donde conoció a su adorable Omega.
—Te lo juro, Mark me va a matar en cuanto tenga la oportunidad —Afirma Carlos para después soltar un pesado suspiro.
—Entonces no le des tantas oportunidades —Señaló su amigo —Porque créeme que le has dado varias, y si no te hace algo es por misericordioso.
El castaño pronto le da un ligero golpe en el brazo y el pecoso se echa a reír.
—¿Y que me dices de ti? ¿Cómo te va con ese omeguita tuyo? —Comienza Carlos sumamente atento a su reacción, viendo como se molesta ligeramente por la forma en cómo se refería al rubio —¿Max ya está más tranquilo? ¿O sigue pidiendo que te lo lleves a la cama?
No es nada tonto, lo ha estado observando desde que llegó.
Había algo diferente en su amigo y solo esperaba la oportunidad que lo confesara o que pudiera hacerlo decirlo.
—Max está bien.
Checo responde secamente.
En el fondo se había molestado por el “omeguita”, no le gustó como lo llamo.
—Bien de bien o, ya sabes, bien —Esta última palabra la arrastró de más, con una expresión cómplice en el rostro.
—Bien de bien —Comienza Sergio y pronto busca cambiar el camino de la conversación —Voy a pedirle un cortejo está noche.
—Creí que su relación era falsa.
—Lo era, pero ya no quiero que lo sea —Afirma el pecoso.
Y pronto el silencio gobierna en su mesa, pero Carlos ya no puede con eso.
—Te acostaste con él —Afirma Carlos con una expresión burlona y toma por sorpresa al pelinegro —No lo niegues.
—No es así, no nos acostamos —Sergio rápidamente negó las acusaciones.
Le resulta complicado entender cómo llego a su conclusión.
Además, el alfa no estaba dispuesto a ventilar sus intimidades y mucho menos las de su Omega.
—No intentes negarlo, apestas a él —Señaló el castaño —Ese aroma tan dulce es agobiante.
El pecoso inhaló profundamente, le encantaba como su aroma se mezclaba con el de su Omega.
Pero rápidamente retomo la compostura.
—No es así, y ya no hablemos de eso —Pidió con una voz firme, algo que me hizo saber a su amigo de que ya no soportaría alguna bromita de su parte —¿Cómo vas con la boda? Ya está a la vuelta de la esquina.
—No me cambies el tema —Insistió Carlos, pero la paciencia de su amigo se agotaba.
—Ya hasta, no te diré nada de mi situación con Max —Sergio se mostró firme con su respuesta —Tú deberías enfocarte en la tuya con Charles, ya de por sí tienes a tu suegro queriendo deshacerse de ti. Estás a punto de casarte, aclara tus prioridades.
El pecoso no se molestó a esperarlo a que terminara de comer y simplemente pidió la cuenta.
No tardo en irse, ya no quería ser bombardeado con sus preguntas.
Y Carlos se sintió un poco agobiado por sus palabras.
Era cierto, estaba apunto de casarse y no podía seguir soportando la frialdad de Charles.
Si su amigo podía avanzar, en secreto, con Max. Él también podría hacerlo con su Omega.
Así que compra una botella de vino y unos chocolates para ir a la casa del Charles y así poder hablar tranquilamente.
Se confesara incluso si recibe una negativa, igual se casarían.
Pero podrían ponerse de acuerdo en cómo quieren vivir su matrimonio.
Y cuando llegó vio que no se encontraba solo.

Nota: disculpen la ausencia 😭 ♥️