Mirada de Omega
22 de diciembre de 2025, 18:53
Sergio estaba muy nervioso, de eso no había duda.
Ansiaba demasiado ver a su lindo Omega para poder charlar sobre lo que sucedió entre ambos.
—Muchas gracias —Dijo el alfa mientras tomaba un ramo de tulipanes que había comprado para la ocasión.
Suspira pesadamente mientras se dirige hacia su auto y una vez dentro toma su teléfono para comenzar a llamarle.
El timbre suena una y otra vez, hasta aquel finalmente el rubio responde.
—¿Checo? —Pregunta el Omega del otro lado de la línea —¿Paso algo?
Sergio sonríe al darse cuenta de su confusión. Pocas veces le había llamado por teléfono y era lógico que se lo preguntara.
—No, lindo, solo quería saber si podía pasar por ti o si seguías ocupado con tu amigo —Explicó el pecoso mientras acomodaba las flores en el asiento de copiloto.
—Oh, lo siento, es que vine a ver a mi mamá —Comenzo el rubio mientras caminaba a la recepción del lugar —Quizá deberíamos vernos en casa.
—¿Vernos en casa? —Pregunta con cierta mofa —No digas tonterías, voy en camino.
—¿Qué? No tienes que venir, sé que tienes muchas cosas que hacer en el trabajo —El Omega se pone nervioso.
No quería acaparar al alfa cuando apenas están comentando su relación.
—Te recuerdo que es mi suegra, no quiero que piense que soy un maleducado —Responde Checo con una sonrisa —Te veré en unos quince minutos.
Cuelga la llamada y comienza a conducir hacia el hospital donde sabe que está internada Geri.
Ahora estaba más nervioso que antes.
Ya no era como la primera vez que vio a su suegra, pues era consciente de su mentira.
No, está vez era en serio.
Porque ya no se trataba de algún acuerdo donde ambos saldrían beneficiados económicamente.
Ahora Sergio estaba dispuesto a hacer realidad todos los sueños de Max, y no quería que su matrimonio fuera un juego más.
Mientras que por su parte, el rubio entra al hospital y se detiene en la recepción para poder obtener información que necesita.
—Se que me he atrasado un poco, y lo lamento, pero ya tengo el dinero su estancia este último mes —Dijo el Omega mientras buscaba su billetera.
Charles había sido muy generoso con el pago de los postres que el rubio había hecho para su cena de compromiso y usaría ese dinero en quién más le importaba.
—Disculpe, joven, pero la estancia de la señora Verstappen ya está siendo cubierta —Explico la chica quien lo atendía.
Max se mostró confuso ante esto, pero pronto recibió una respuesta que lo dejo en claro todo.
Camina algo apenado rumbo a la habitación de su madre, quien se ve más animada que la última vez.
—Mi niño —Dice Geri con una sonrisa que rápidamente contagia a su hijo —Ven aquí.
Max camina hacia ella y se deja envolver en un cálido abrazo.
Pero la mujer se detiene a apreciar su aroma.
—Estas distinto —Murmura mientras se separan.
El rubio se encoje de hombros porque no quiere delatar más lo que ha pasado.
—Sigo siendo yo —Responde con una sonrisa.
—No, me refiero a que hueles distinto —Explica ella —Si te estás bañando, ¿Verdad?
—¿Insinuas que apesto? —Pregunta en un susurro.
Geri pronto niega con la cabeza.
—Olvidalo, cariño, mejor dime cómo te ha ido —Y rápidamente cambia el tema.
Sospecha que algo ha sucedido con su hijo, porque su ahora es más dulce de lo común.
Y quizá se deba al enamoramiento, lo que la hace más feliz.
—Bien, Sergio y yo estamos bastante bien —Max no pudo evitar delatarse con una sonrisa embobada que adornaban su rostro con sus mejillas coloradas —Y no puedo esperar a que sea tu cirugía y puedas venir a casa.
En ese momento la mujer suspiro pesadamente.
—Yo también deseo irme a casa, a la mía —Aclaro confundiendo a su hijo —¿No pensaras que iré con ustedes o si?
El Omega no comprende esa decisión.
—Claro que es lo que espero, mamá —Confesó —Quiero verte bien, recuperada...
—No me iré a vivir con ustedes después de la cirugía —Sentenció —No lo haré porque ustedes tienen que hacer su propia vida.
Max niega repetidamente con la cabeza.
—No, mamá, yo quiero que vayas —Comenzó con una voz suave, no quería molestarse —Ambos queremos eso.
—Ustedes están próximos a casarse, y no pienso vivir con una pareja que está construyendo su futuro —Respondió mientras acariciaba su mejilla con delicadeza —Quiero que seas un Omega fuerte, responsable y centrado en tu futuro.
—Pero mamá...
—Espero no estar interrumpiendo algo —La voz se Sergio los alerta a ambos, quienes estaban en medio de una pequeña discusión.
—Oh, no, no era nada —Dice Max intentando disimular su frustración.
Sabía que cuando su mamá tomaba una decisión, difícilmente la harían cambiar de opinión.
Pero el alfa se da cuenta de que los ánimos no son muy buenos entre madre e hijo en ese momento.
Así que intenta suavizar el ambiente.
—Traje estás flores —Comenta mientras muestra un pequeño ramo que consiguió cerca del hospital, pues no quería llegar con las manos vacías —Espero que se sienta mejor.
—Ay, Sergio, eres tan lindo —Responde la mujer tomando el ramo —¿Como van con los preparativos de la boda?
Los dos se miran el uno al otro sin saber que responder. Han estado tan ocupados que no habían tocado ese tema.
—Bueno, todavía estamos disfrutando de nuestro compromiso —Comienza el pecoso —Como unos amigos están próximos a casarse, no nos parece oportuno apresurarse. Nos estamos dando espacio entre un evento y otro.
—Ademas, yo quiero que estés presente —Murmuro el rubio observando con atención la reacción de su madre.
Geri asiente comprendiendo la situación, y realmente desea encontrarse bien para la ocasión.
—Eso espero, cariño —Afirma con una sonrisa cálida.
Pero en ese momento alguien más entra en la habitación y es una enfermera quien les indica que llegó la hora del baño para su paciente.
Así que se despiden con animosidad de ella y comienzan a caminar rumbo a la salida del hospital mientras eran observados por algunas jóvenes que conocían al rubio de vista.
Sabían su historia y la de su madre, así que siemore le tuvieron consideración.
Pero el rumor de su compromiso con alfa adinerado corrió tan fuerte como el viento.
Así que le resultaba algo incómodo sentir las miradas sobre él.
Y parecía que Sergio se había dado cuenta de esto, porque no tardo en tomar su mano en señal de apoyo.
—Vamos a casa —Murmuro el alfa con una sonrisa que lo calmó un poco.
Pronto llegaron a la salida y Sergio lo llevo hasta el auto, donde abrió la puerta de copiloto para que pueda ver lo que había comprado para él.
—Eh... —Max se había quedado atontado.
—Son para ti, bonito —Afirma el pecoso acercándose para tomarlas y después dárselas —No sé cuáles son tus flores favoritas, así que compre unas que me recordaban a ti.
El rubio sonrió algo nervioso mientras tomaba el ramo, no estaba acostumbrado a esta clase obsequios.
—Son preciosas —El Omega no tarda el apreciar su delicioso aroma —Muchas gracias, nadie nunca me había regalado flores.
Sergio se afligio un poco ante esto, ¿Cómo es que nadie había hecho algo así por ese lindo Omega?
Pronto saca esas ideas en su cabeza, necesita mentalizarse para esa tarde.
Lo ayuda entrar al auto mientras él se apresura para ir a su asiento, siente que le sudan las manos de lo nervioso que está.
Pronto comienza a manejar mientras pone música relajada y observa de reojo al Omega quién no deja de apreciar su obsequio.
Y el camino a casa se vuelve un intercambio de mirada furtivas sobre el otro.

Cuando llegan, Max se sorprende al ver que se encaminan hacia la terraza donde los espera una mesa bien preparada para ellos dos.
—Gracias Otmar, puedes irte —Le indica el alfa a su mayordomo —Yo me encargo desde aquí.
—Checo... Esto es hermoso —Suelta el rubio observando como el cielo comienza a pintarse de dorado cuando el sol comienza a ocultarse.
—Por favor, toma asiento —Pide mientras mueve la silla para que el Omega se siente.
Max lo hace bastante nervioso porque se notaba el esfuerzo en esa romántica cena.
Y resultaba obvio el motivo detrás de esta.
—Supongo que quieres hablar sobre lo que pasó, ¿Verdad? —Es Max quien da el primer paso en la conversación, sorprendiendo al alfa.
—Así es —Comenzó Sergio mientras tomaba asiento frente a él —Hemos dado un gran pasó entre nosotros, pero quiero saber si eso es realmente lo que quieres.
—Si no lo hubiera querido, no lo habría hecho —Afirmo el rubio, quien jugaba con sus manos por debajo de la mesa para intentar calmarse.
Checo sonríe ante su respuesta, recordando que eso se dio por iniciativa del Omega.
—Tienes razón —Continuó —Pero me refiero a que si tú quieres que esto definitivamente deje de ser un simple trato... —Hace una pequeña para tomar valor —Porque yo... Yo deseo cortejarte.
Max siente sus mejillas arder ante esto, nunca nadie le había confesado querer cortejarlo.
—Y-yo... —Balbucea un poco poniendo más nervioso al alfa —Yo deseo que lo hagas.
Sergio traga en seco.
—¿En verdad tengo tu consentimiento para cortejarte? —Pregunta para asegurarse de que esto es así.
Y el rubio asiente en respuesta.
—Me haría muy feliz.
El alfa sonríe levantándose de su asiento y saca de su bolsillo una pequeña caja de terciopelo azul.
—Compre esto para ti —Continua el pecoso mientras se arrodilla frente a él —¿Me dejarías ser tu alfa?
Abre la caja y muestra un anillo de oro trenzado con unos pequeños diamantes decorandolo.
—Sergio... —Murmura el rubio anonadado y dejando que tome su mano para que lo coloque en el dedo de en medio de su mano izquierda, junto a su anillo de compromiso.
—Un anillo de cortejo en el dedo del corazón —Responde el alfa en un susurro.
Max sonríe ante esto, nunca se había sentido más preciado por alguien.
Todo era perfecto.
Y el resto de la tarde fue maravillosa.
Sergio se había empeñado en hacerle pasar una buena comida a su lado, conversando tranquilamente sobre los temas banales del día a día.
Cuando todo termino, se despidieron del otro para cada uno ir a sus habitaciones.
El Omega se acostó en su cama y observo aquel anillo en su dedo, tan bonito y delicado.
—Mi alfa... —Susurró para después cerrar los ojos sin dejar de pensar en él.
Pronto se quedó dormido, pero fue despertado por el estruendo de un rayo en medio de la noche.
Los ruidos fuertes lo estresaban.
“¡Cállate, ya deja de llorar!” podía recordar la voz de su padre gritándole en medio de la lluvia
Niega un par de veces con la cabeza para alejar esos malos recuerdos.
Se levanta de la cama y camina hacia la habitación del alfa, tocando la puerta un par de veces antes de que este abra.
—Perdón... —Murmura el Omega —¿Puedo dormir aquí está noche?
Checo nota lo apagado que se ve, y se pregunta si la lluvia le dará miedo. Pero no lo cuestiona, solo lo deja entrar.
Juntos se acomodan en la cama, pero con cada rayo parecía que omega temblaba.
Así que el alfa decide distraerlo.
—Sobre la boda, puede ser después de que tu mamá se recupere de la operación —Comienza el pecoso acomodándose para abrazarlo por la espalda —Le podemos pedir a Charles que no recomiende a su organizador.
Entonces Max recuerda que había algo de lo que quería hablar.
—Checo... —Lo llama mientras se voltea para mirarlo de frente —¿Por qué pagaste el hospital de mi mamá? Eso no estaba en el trato.
El alfa suspira pesadamente ante esto.
—Max, solo me interesa que seas feliz —Responde para después darle un corto beso en los labios —Y ya no hay ningún trato, no te preocupes por eso. Déjame cuidarte.
El rubio siente sus mejillas arder ante esto y sonríe mientras se acomoda en su cuello.
—Gracias.
Sergio pronto lo vuelve a abrazar para atraerlo hacia él y Max levanta la mirada para buscar sus labios.
De pronto lo que era una noche lluviosa que le recordaba los malos momentos de su vida, se convirtió en una calida estadía llena de mimos y besos.
El alfa comienza a dejar una serie de besos en su cuello, algo que al principio le causa cosquillas pero que pronto toma otro tono.
Max no tarda en ser colocado sobre las piernas del pecoso y toma la iniciativa de quitarse la parte superior del pijama.
Checo continúa dejando un camino de besos en su pecho y el Omega comienza a moverse sobre sus caderas, agitando la respiración de su pareja.
—Que travieso eres —Murmura el alfa con una sonrisa y pronto hace que su Omega quede debajo suyo.
Mientras Max se va quitando los shorts del pijama, el pecoso comienza a desnudarse de la parte de arriba.
Y en ese instante la puerta se abre de golpe.
—¡Sergio! —Grita el invitado no deseado apenas los ve —Ay, carajo...
El humor de Checo cambia en un instante al sentir que su Omega se ha visto expuesto por un intruso.
Lo observa tapándose con las sábanas al sentirse avergonzado por como los encontraron.
De pronto el alfa se levanta de la cama de manera brusca y toma del cuello a su amigo obligándolo a salir de la habitación junto a él.
—¿Qué haces aquí, Carlos? —Reclama sumamente molesto.
—Perdóname, señor, no pude detenerlo —Dice Otmar llegando hasta ellos.
—Lo siento, Sergio, perdón —Repite el castaño sabiendo que había invadido su privacidad —Pero tenía que hablar contigo porque creo que se cuál es el secreto de Charles, y tiene que ver contigo.

Nota: perdón el retraso con el capítulo, es que se me juntaron muchas cosas :,c