Cruel
22 de diciembre de 2025, 18:53
Max esperaba afuera del lugar la llegada de su prometido, quién le había dicho que pasaría por él dentro de poco.
No se ha dado cuenta de que está siendo observado por aquella persona que deseaba quitarlo de su camino.
Su aroma en una combinación de rosa y sándalo delata su presencia.
—Max, ¿Ya te vas? —Pregunta Nico mientras se acerca a él.
—S-si, mi prometido viene en camino —Afirma algo nervioso porque no lo vio venir.
Todavía se sentía con la necesidad de agradarle, porque él realmente quería encajar.
Deseaba que funcionará.
Nico forza una sonrisa ante esto.
Por más que lo intentará, no podía hacer que Max le agradará.
Quizá porque sentía que lo tenía todo más fácil.
Y su repentina escalada social se había dado de manera poco natural.
—Deberiamos salir a comer algún día —Propuso con un ánimo fingido y en ese momento el auto de Sergio se estacionó en la entrada del lugar —Mantengamonos en contacto.
Si había algo que Nico no podía hacer, era mantener una conversación con Sergio.
Porque si a Max le tenía desprecio, a Sergio lo detestaba.
Era como el constante recordatorio de que Lewis solo se casó con él porque no podía estar con el alfa que deseaba.
Y tenerlo cerca solo lo volvía mezquino.
Así que se fue de ahí, dejando solo al Omega para no hablar con su alfa.
Sergio baja del auto mientras Max camina hacia él.
—Hola amor, ¿Como te fue? —Pregunta el pelinegro tomándolo de la cintura.
—Bien, creo que hice nuevos amigos —Responde para luego mirar a su alrededor —¿No es inapropiado estar así en público?
El alfa sonríe ante su pregunta y lo jala hacia él, pegándolo más a su cuerpo.
—¿Así? —Las manos del pecoso lo sostienen con fuerza y la cercanía era una tentación a la que no se podía resistir.
—Si... —Responde el rubio para después terminar de cerrar el espacio entre ambos, juntando sus labios en un dulce beso.
Pero Sergio quiere más que eso.
De un beso a otro, no le importa si lo quedan viendo demasiado cuando se trata de su Omega.
Pero entiende si este se incómoda, así que decide que es momento de marcharse a casa.
Max siente sus mejillas arder cuando el beso acaba, pero termina de ponerse colorado cundo siente un ligero y rápido apretón en su trasero por parte de alfa.
Suben al auto pero la tensión entre ambos es bastante obvia.
—¿Y que hicieron? —La pregunta de Sergio es un burdo intento por iniciar una conversación.
Él ya sabía que iban a jugar pádel, se lo dijo hace días y hasta le enseño.
—Jugamos —Respondió el rubio sin voltearlo a ver.
Podía sentir como su aroma se volvía pesado, atrayente.
—¿Y te la pasaste bien? —El alfa cuestiona mientras se desata la corbata.
Mentiría si dijera que no estaba conduciendo más rápido para llegar lo antes posible a casa.
—Fue divertido —Dice Max y se decide por voltear a verlo, con sus ojos descendiendo hacia aquella zona peligrosa.
Podía notar lo duro que estaba.
Rápidamente aparta la vista, ¿Por qué de repente ese tonto alfa estaba tan caliente?
Pronto llegaron al departamento y al cerrar la puerta Max sintió como la mirada de Sergio se posaba solo en él.
—¿Y habían más alfas donde estaban ustedes? —La pregunta del pecoso lo desconcierta.
Sus celos se hacían presentes en medio del deseo.
—Si, unos cuantos —Respondio el rubio con sinceridad —Incluso Nico me acuso de querer llamar su atención debido a mi faldita.
Checo se sienta en el sofá y extiende su mano para que su Omega se acerque a él.
Max no tardar en llegar a su lado, pero el alfa lo toma desprevenido al hacerlo sentarse en sus piernas.
Pronto sus manos recorren sus piernas, haciendo que se abra para exponerse sobre él.
—Te ves tan sexy con esa falda —Murnura el pelinegro mientras lo toma de la cintura para hacerlo moverse sobre él —¿Recuerdas nuestra lección de besos?
Claro quw lo hacía y todavía se le aceleraba el corazón al pensar en como lo beso esa noche.
Aquella que dio inicio a esa locura de amor.
—Si, pero luego me dijiste que pararamos —Le recordó haciéndolo reír.
—Esta vez no quiero que te detengas, Maxie déjame hacerte el amor —El alfa lleva sus traviesos dedos hacia la entrada del joven cuya tela de su ropa estaba mojada —Y te enseñaré a montar un alfa.
Sus manos lo guian a moverse sobre él, y la fricción de sus cuerpos les arranca más de un suspiro.
—Otmar podría encontrarnos —Le dice el rubio sin dejar de moverse.
—Tiene deberes que atender en el supermercado, y yo también tengo una tarea pendiente con mi Omega —Responde haciéndolo levantarse un poco.
Sus manos rápidas bajan el short de protector que llevaba puesto el Omega, llevandose su ropa interior con ello, y lo deja completamente expuesto a él.
Max ni siquiera es capaz de decir una palabra cuando he como el Alfa libera su miembro de su pantalón.
—Ven Maxie —Lo llama mientras se pega en la pierna —Debes montar a tu alfa.
El rubio puede sentir lo excitado que estaba con su entrada tan mojada que ya no podía ocultarlo.
Se coloca encima suyo y con su mano toma el miembro del pelinegro, acomodandolo en su entrada y dejándolo acceder a él poco a poco.
Los quejidos del Omega se hacen sonoros cuando lo siente completamente dentro suyo y se sostiene de sus hombros para comenzar a moverse.
Sergio lo ayuda a mantener un ritmo constante, también moviendo sus caderas para ayudarlo a mantener el placer.
Pero baja sus manos de su cintura hacia sus suaves piernas, acariciando esas masas de carne que tanto le gustaban.
Y suelta una pequeña nalgada que lo hace temblar.
—Estas loco —Le dice el rubio sin dejar de moverse sobre él.
El alfa suelta una risa ante esto.
—Continua, amor, quiero darte mi nudo —Y sabe bien que palabras usar con él.
Porque a Max le encantaba recibir su nudo.
Esa sensación que lo embriagaba, y lo hacía débil frente a él.
Así que termina cediendo a sus caprichos, buscando el propio.
Y es así como el rubio se aferra a su cuerpo cuando siente la espesa descarga del alfa dentro suyo, y su piel se encaja perfectamente con la suya.
Compartiendo ese momento tan íntimo con un beso, deseando poder estar así para siempre.
Parecía que las cosas poco a poco se iban acomodando solas.
Sin embargo, alguien no estaba de acuerdo con esto.

Pasaron un par de días donde las cosas iban con normalidad.
Max aprendía nuevas recetas y Otmar lo ayudaba en su aventura culinaria.
El Omega era muy amable con él, y Otmar lo aconsejaba sobre lo que era bien y mal visto en sociedad.
Cuando Max recibió un mensaje de Nico, dudo un poco si debería aceptar.
Lo estaba invitando a una comida en su casa con varios de sus amigos, y tenía miedo de no encajar con ellos.
—Usted mismo lo dijo, sus postres fueron un éxito. Seguramente está vez sea igual —El beta lo apoyo para que se animara.
Era una excelente oportunidad para hacer más conexiones.
Al final terminó aceptando.
Ese día preparo tiramisú. Era un postre sencillo pero que no dejaba indiferente a nadie.
Fácil de hacer, disfrutable para todos los gustos.
Guardo con cuidado el postre que había preparado, lo transportaria en una canasta que Otmar había decorado para la ocasión.
—¿Estas seguro de que no prefieres salir a comer conmigo? —Pregunto el alfa cuando estacionó su auto frente a la propiedad de los Hamilton.
Conocía bien el lugar.
Era una casa bastante grande ubicada en las afueras de la ciudad, es una zona muy exclusiva.
—Estare bien, y no haré más amigos si solo me la paso contigo —Señalo para después darle un corto beso en los labios —Te llamaré cuando todo haya terminado.
Sergio asiente y baja del auto para correr a abrirle la puerta a su alfa.
Luego lo ayuda con la canasta, la cual se la da a uno de los lacayos de la propiedad.
—Se que quieres agradarle a Nico —Comenzó el pecoso cuando estaba a punto de irse —Pero si te sientes incómodo, llámame y vendré por ti.
Max sonríe ante esto.
Su alfa realmente se preocupaba por él.
—Estare bien —Responde para después darle un último beso —Nos vemos después.
Sergio, poco convencido, se marcha.
Hay algo que le causa un mal presentimiento. Quizá desde el asunto de la falda.
Recordaba perfectamente que Nico le habia pedido a Max usarla, para después acusarlo de querer llamar la atención de otros alfas.
Y aunque el Omega insistiera en que tal vez era un malentendido, él no creía que esto fuera del todo cierto.
Sin embargo, no pudo convencerlo de no ir. Y ya no había vuelta atrás.
Max entra a la amplia propiedad que si bien ya era maravillosa por fuera, lo era aún más por dentro.
Era lujoso, elegante, y sumamente intimidante.
Todavía no se acostumbraba a su nueva vida, y menos a la de sus amistades.
—Max, bienvenido —Dice Nico llegando hasta él —Eres como un regalo caído del cielo.
—¿En serio? —Max se siente un poco confundido cuando su amigo comienza a caminar a su lado, llevándolo a un lado de la casa que todavía no reconocía.
—Si, lamentablemente ocurrió una tragedia —Comenzo Nico deteniéndose frente a una puerta —El chef enfermo y la comida no saldrá... Solo si tú me ayudas.
En ese momento Max vio la oportunidad de estrechar una amistad formal con Nico.
Ayudarlo no solo ayudaría a su imagen frente a él, sino de todos los invitados.
Y él era muy bueno cocinando, pues no dejaba de practicar.
—No hay problema, por eso somos amigos —Afirmo con cierto ánimo que irritó un poco a Nico.
—Excelente, Porque no avanzas en la cocina mientras superviso que todo esté bien y le doy la bienvenida a los invitado, en un momento volveré contigo para ayudarte —Propuso con una sonrisa forzada y Max asintió —Este es el menú. Si necesitas ayuda, solo dilo. Estaré aquí cerca.
Nico finalmente se marcha con una sonrisa en los labios.
Mientras que su invitado cocinaba la comida de la reunión, el Omega de Hamilton comenzaba a recibir a sus invitados y bebían champagne en espera de que todo estuviera listo.
No tenía intención de regresar a la cocina por al menos una hora.
Había sido muy astuto al aprovecharse de la bondad del Omega.
Después de que salvara el día con sus postres, Nico se puso manos a la obra para intentar averiguar más de él.
Enterándose de que trabajo por un corto periodo de tiempo en el restaurante de Kamui, poco antes de su compromiso con Checo.
Le resultaba interesante la coincidencia, porque su esposo le había contado que Sergio y Kamui eran cercanos desde hacía años.
Y las piezas comenzaban a encajar.
Desde su punto de vista, Max era un chico pobre pero astuto, que supo metersele por lo ojos a un alfa adinerado para salir de su vida de mesero asalariado.
Un escalador social cuyo repentino compromiso solo podía deberse a un amor intenso o simplemente asuntos de dinero.
Ya sea por amor o por dinero, no permitiría que su escalada llegará tan lejos.
Porque si conseguía que Max no fuera aceptado en la sociedad, obligaría a Sergio a marcharse lejos junto a su Omega para poder estar tranquilo junto a su esposo.
Así que esa tarde ideo un plan.
No fue difícil convencerlo o ignorar sus llamados de ayuda.
—Lo siento, parece que mi lacayo está un poco nervioso —Se disculpo con sus invitados —Ire a ver qué pasa.
Camina con rapidez hacia la cocina y ve a Max terminando de preparar la comida.
—No pude seguir el menú porque había platillos que no... Que nunca he cocinado —No quería que pensara que era ignorante —Ya he terminado, así que puedo...
—Eres genial —Comenzó Nico interrumpiendolo —Realmente tienes talento para la cocina —Max sonríe ante esto —Toma.
Nico acerca un sobre hacia él y lo obliga a tomarlo.
Al revisarlo Max niega con la cabeza.
—Dije que ayudaría, no necesitas pagarme —Al principio intenta tomarlo con humor, pero su expresión rápidamente se vuelve de preocupación al notar que no tomara el sobre de regreso.
—Max, eres un buen sirviente —Continua el rubio —Y es lo que siempre serás —Su voz dura y llena de desprecio lo desconciertan —Pero los omegas como yo, no se juntan con tu clase.
—¿M-mi clase? —Max se maldice al balbucear la pregunta.
Pero no puede evitarlo, no entiende porque está recibiendo ese trato.
—Asi es —Dice Nico —No se que hiciste para atrapar a Sergio, aunque no es difícil adivinar. Pero no por eso significa que puedes mezclarte con nosotros. Toma ese dinero y vete. En esta casa, y en otras siempre serás visto como lo que eres; un sirviente, un criado. Así que largo, y no salgas por enfrente. El servicio siempre sale por la puerta trasera, no te confundas.
Max tenía sus ojos llenos de lágrimas.
No había hecho nada malo para ser tratado de esa manera. Incluso si hubiera sido así, ¿Que necesidad había de todo esto?
Quería ser amigo de Nico para poder ser las cercano al entorno de su pareja.
Para no sentirse tan solo.
Sin embargo, un Omega de clase alta le había cerrado la cara en la puerta y lo despertó de su fantasía.
Jamás sería visto como su igual.
Y sin decir nada deja caer el sobre al suelo y comienza a caminar hacia la puerta de servicio.
Sale de la propiedad y manda un mensaje a su prometido.
“Ven”
Tan corto y preciso.
Ausente de su esencia, alertando a su alfa.
Max observa como los invitados continúan llegando, saludanse entre ellos. Ignorando su presencia.
¿De verdad siempre lo verían menos?
¿O acaso era tan insignificante que ni siquiera notaban su presencia?
Baja la mirada hacia sus manos, aquellas que no son tan finas ni delicadas como las de Charles o Nico.
Jamás será como ellos.
Cuando los invitados terminan de llegar, solo puede escuchar el bullicio en el interior del lugar.
Se sienta en las escaleras de la entrada, deseando que nadie salga a correrlo de allí.
Hace un enorme esfuerzo por no llorar, e intenta despejar su mente de lo ocurrido.
“Son omegas idiotas” intento pensar.
Pero él se había esforzado tanto por agradarles.
La resistencia al llanto funcionó al principio, pero pronto sintió desmoronarse cuando el auto de Sergio se estacionó y lo vio bajar.
El alfa se conmocionó al verlo con los ojos irritados y pronto el Omega corrió a refugiarse en sus brazos, desatando un llanto que ya no podía seguir tolerando.
—¿Que paso? —Pregunta el pelinegro pero Max continúa llorando —¿Qué te hicieron?
El Omega se aferra a él, pero Sergio necesita respuestas.

Nota; disculpen la hora.