El Omega perfecto
22 de diciembre de 2025, 18:53
Max se encontraba acostado con la cabeza apoyada en el pecho de su alfa.
Se había quedado dormido después de haber llorado por una hora después de regresar a casa.
En ese tiempo Sergio pudo reflexionar lo que debería hacer de ahora en adelante, pero principalmente como proteger a su Omega del escándalo hasta que esté pasase.
Sabía que el rubio se sentía muy mal por lo que había sucedido. Y no era para menos.
Nico había cruzado la línea. Su comportamiento mezquino marco un antes y un después en su amistad con Lewis.
Porque él no toleraría ninguna falta de respeto hacia su Omega.
A la mañana siguiente, cuando el sol salió y la alarma comenzó a sonar.
Sergio ni siquiera se molestó en levantarse de la cama. No quería despertarlo.
Su bienestar se había convertido en su prioridad.
Max se estira ligeramente y cuando abre los ojos puede notar como el Alfa lo mira detenidamente.
—¿Tengo algo en la cara? —Murmura haciéndolo reír —No te burles.
Parecía estar más tranquilo, lo cual alivio el corazón del pelinegro.
—¿Ahora no puedo admirar a mi Omega en silencio? —Responde el pecoso para después acercándose a él y darle un corto beso en los labios.
Max sonríe un poco pero pronto su sonrisa se desvanece.
—¿Qué te pasa? —Sergio no tarda en preocuparse por el repentino cambio en el omega —¿Dije algo malo?
El rubio niega con la cabeza mientras desvía la mirada.
—N-no hay nada que admirar —Comienza con la voz temblorosa —Nunca seré como ellos.
—¿De qué estás hablando, amor? —Checo lo toma de la barbilla para obligarlo a verlo, pero el Omega no se lo permite.
—Mira mis manos —Responde mostrándole ambas palmas para que las viera —No son delicadas, suaves... No como las de Charles o Nico... Yo jamás seré perfecto.
En ese momento el alfa toma sus manos con las suyas y después le da un par de besos.
—Eres perfecto para mí —Comienza el pelinegro mirándolo fijamente a los ojos —Amor, tus manos reflejan todo tu esfuerzo. Las marcas de un valiente Omega que saco adelante a su familia.
Max no dice nada, simplemente se recuesta de nuevo en su pecho y cierra los ojos mientras una lágrima se desliza por su mejilla.
—Mi hermoso Omega, no quiero que seas alguien más —Sergio continúa hablando, quiere dejarle las cosas en claro —Me voy a casar contigo, no con Charles o Nico. De esos dos tontos que se encarguen sus alfas. Yo te quiero a ti.
Esto último logra sacarle una pequeña risa al rubio.
—No sé por qué razón Nico me trató así —Comienza el Omega sin despegarse de su pecho —Nunca le hice algo malo. Solo quería agradarle.
—Nico es un idiota —Sergio acaricia los suaves cabellos dorados de su amado —Esta celoso.
En ese momento Max se separa de su prometido y lo mira fijamente a los ojos.
—No seas mentiroso —Le dice mientras se sienta en la cama —No lo digas sol por hacerme sentir mejor. No hay forma en que él este celoso de mi.
—No te estoy mintiendo, amor —Sergio lo imita sentándose a la par —No encuentro más sentido que ese.
—¿Y por qué estaría celoso? Él si es un Omega de clase alta, yo solo soy un mesero que llegó muy lejos —Señala el rubio cruzándose de brazos —Sin el trato no estaría aquí.
—Nico tiene un alfa que ni siquiera lo puede defender —El alfa rápidamente responde —Y no eres un mesero que llegó lejos. Eres mi Omega, al que yo elegí. Y el trato fue lo mejor que pudo pasarme, así pude concerte a ti.
Sergio lo toma de la barbilla y se acerca a su rostro para robarle un dulce beso.
El Omega sonríe mientras su prometido le deja una serie de besos por sus labios y mejillas.
Y en ese momento Otmar toca la puerta, recibiendo el permiso para entrar.
Lleva una bandeja de comida para la pareja, y estos le agradecen por esto.
—Tengo una llamada perdida de mamá —Dice el rubio mientras veía su teléfono —Voy a llamarle.
Max sale de la habitación mientras su alfa tomaba un poco de café, y el beta seguía ahí fingiendo recoger la ropa para hacer la lavandería ese día.
—Debes de tener una opinión muy importante para decidir lavar la ropa ahora —Señala el alfa notando como su mayordomo solo se estaba haciendo el tonto.
—Me preocupa el estado del señor Max, lo ocurrido en la residencia Hamilton fue muy impresionante, señor —Responde Otmar mientras se acerca a la cama con una calceta en la mano.
—Siempre te enteras de todo, ¿No? —El alfa sabe bien lo chismoso que es el beta.
—Hago mi mayor esfuerzo, señor —Confiesa haciéndolo reír.
—Él está bien, solo que Nico se ya vuelto una piedra en el camino —Responde el alfa —Pero ya pasará.
—Si me lo permite señor, quizá sea bueno que se tomen unos días fuera de la ciudad —Sugirio el mayor —En lo que las aguas se calman.
Sergio ya lo había pensado de esa manera.
Quiza un viaje le haría bien a su Omega, pero tampoco quería abrumarlo llevandoselo tan lejos de casa.
Entonces recordó que había un lugar que no había visitado hace años.
—Ya se a donde iré con él —Responde el pecoso y pronto se da cuenta de algo —Que curioso que este viaje sea después de que me pediste un par de días libres y dije que lo pensaría.
—Las vueltas del destino, señor —Dice Otmar para después salir de la habitación dejando a su jefe con una pequeña sonrisa en los labios.
Pronto Max regresa a la habitación y se sienta junto a su prometido.
—Mamá solo quería saber cómo estabamos, está algo nerviosa porque su cirugía es en unos días —Explica el Omega antes de comer una fresa.
—Vamos a visitarla está mañana, le pediré a Otmar que empaque nuestras cosas —Comenzó el alfa confundiendo al rubio —Viajaremos está tarde, claro, si no tienes planes.
Max negó con la cabeza, realmente no tenía nada planeado pero ese repentino viaje le resultaba sorprendente.

Esa mañana llegaron al hospital donde se encontraba Geri, la madre de Max, quién se sorprendió pero también alegro al verlos.
—Mi niño, que lindo te ves cada vez que vienes a verme —Dice la mujer para después acariciar su mejilla —Y Sergio, muchas gracias por venir y cuidarlo bien.
—Es mi deber como alfa —Responde el pecoso —No quiero que les falte absolutamente nada.
Conviven un buen rato con ella, pero Max se pone nervioso cada vez que pregunta sobre la boda.
—Lo que quería mi Omega, lo tendrá —Es la única respuesta que tiene Sergio hacia esa pregunta.
Y no era mentira.
Después de lo ocurrido con Nico, el alfa estaba más que aferrado a callarle la boca a ese tonto Omega y darle una majestuosa boda a su lindo prometido para que el otro se retorciera de envidia.
Si Nico quería presumir de su posición en la sociedad, entonces haría que Max estuviera por encima de todos.
—Debo ir al sanitario, ahora regreso —Dice el rubio para después salir de la habitación.
En ese momento Sergio y su suegra se quedan solos.
—Checo... ¿Te puedo decir así? —Pregunta la mujer y él asiente —Dime la verdad, ¿Todo esto de la boda es real?
—Claro que lo es, quiero que él tenga todo lo que desea —El alfa se apura en responder.
No entiende de dónde a surgido está duda.
—¿De verdad lo quieres? —Pregunta y él asiente rápidamente —Prométeme que lo vas a cuidar, por favor.
Esto lo pone muy nervioso, ¿Por qué de repente está pidiendo algo así?
—Se lo prometo con mi vida —Afirma el pecoso —Suegra, ¿Esta pasando algo que no sepamos?
Geri suspira pesadamente y cuando responde baja la voz.
—No deseo la cirugía —Confiesa tomando por sorpresa al alfa.
—¿D-de que está hablando? —Sergio quiere creer que escucho mal y pronto se le va la lengua —¿Como se atreve? ¿Tiene idea de todo lo que Max ha sacrificado?
Claro que estaba indignado.
Su Omega había trabajado tan duro durante años para darle todo lo necesario a su madre durante su enfermedad.
Incluso se comprometió con un completo extraño para poder pagar la cirugía.
Y todo para que ella al final dijera que siempre no la quiere.
Aunque el reclamo del pecoso había roto con la formalidad, Geri no se lo tomo a mal. Lo entendía.
Ya esperaba esa reacción.
—¿Sabes lo que tengo? —Pregunta y él asiente —Sindrome del corazón roto, algunos le llaman estar enfermo de amor. Le pasa a los omegas cuando un alfa se aleja y la marca comienza a desvanecerse. Me estoy muriendo.
—Y por eso debe hacer la operación —Checo la interrumpe sumamente frustrado —Por favor, sino lo hace Max sufrirá y mi presencia no será suficiente.
Sergio lo sabe bien.
Él perdió a su madre cuando era niño y jamás pudo superarlo, solo aprendió a vivir con ello.
La perdida de una madre omega era difícil siendo alfa, peor siendo omega debido al fuerte lazo que generaron desde que era un bebé.
Sabía lo mucho que Max se esforzó para poder curar a su madre, y no podía con la idea de que esto no se lograra.
—La cirugía me hará olvidar el amor por mi esposo —La mujer continúa ignorando sus ruegos —Pero... ¿Y si también olvidó el amor que le tengo a mi hijo? ¿Cómo podría vivir sin poder darle todo mi cariño? Sería romper nuestro lazo.
Sergio niega con la cabeza muchas veces, su aroma se vuelve más pesado y siente como las lágrimas se asoman.
La muerte de un padre tocaba sus fibras más sensibles.
—Créame cuando le digo que será peor si usted no acepta la cirugía —Afirma el pecoso levantándose de su silla para después dar vueltas por toda la habitación —Hágalo por Max, por favor.
—Lo hago por él, prefiero morir antes de dejar de amarlo, es mi único hijo —Sus explicaciones no le hacen ningún sentido al alfa —Y estaré más tranquila sabiendo que estaras a su lado. Que no se quedará solo.
Checo estaba comenzando a molestarse.
Sentía que era una decisión egoísta el no querer la cirugía. No comprendía sus razones.
Y su aroma comenzó a ser un poco picoso, molestado ligeramente a la Omega.
Esto porque se dio cuenta de un pequeño detalle
—¿Me lo está diciendo para que yo le de la mala noticia? —Cuestiona mientras se acerca a la cama y la mujer no responde —No lo haré. No voy a romperle el corazón.
—Checo, por favor... —Le ruega pero él hace oídos sordos —Si lo hago yo será peor...
—Saldremos de viaje está tarde, espero que al volver me diga que reconsidero su decisión —Dijo el alfa tomando su abrigo y el de su Omega, para después salir de la habitación sin esperar su respuesta.
Estaba sumamente molesto, pero hacia todo lo posible por disimularlo.

Mientras tanto, Max tiraba de la cadena del baño para después abrir la llave del lavabo.
Toma un poco de agua y moja ligeramente su rostro.
De su pequeño bolso saca un cepillo y pasta de dientes que siempre cargaba desde que era muy joven.
—Debe ser por lo de ayer, me altere mucho —Murmura para si mismo.
Comienza a lavarse los dientes después del mal sabor de boca que le quedó al regresar la comida.
No quiero regresar con su alfa y que su aliento le resulte asqueroso.
Mientras cepilla sus dientes no puede dejar de pensar en que habrá provocado el vómito.
¿El desayuno de esa mañana?
¿El estrés de lo que ocurrió el día anterior?
¿Ese aroma a hospital que ahora su nariz no soportaba?
¿O quizá...?
—Ay no... —Susurro para después enjuagarse la boca —No puede ser.
Recuerda perfectamente ese evento en su mente.
“¿Quieres que tu alfa te deje bien llenito?”
Esa estúpida frase que Sergio le dijo antes de darle su nudo.
Y entonces se dio cuenta de que a ninguno de los dos se le ocurrió usar algún método anticonceptivo.

Nota: discúlpen la hora. Que sepan que así siempre voy a actualizar pq soy más un animal nocturno que no entiende que debe levantarse a las 5am para ir a chambear.