ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
Fandom:
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Deseo familiar

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Sergio decidió no decirle nada a su Omega para que pudieran disfrutar del viaje. Quizá un poco de tiempo de reflexión ayudaría a su suegra a recapacitar sobre su decisión. Y si no era así, ya encontraría la manera de resolver ese problema. Había decidido conducir durante todo el viaje para llegar a una casa de playa bastante acogedora que no visitaba hacía años. No estaba muy lejos de la ciudad, pero se había mantenido distante a esta debido a los múltiples recuerdos que tenía en su mente. —Es hermosa —Dijo Max cuando se estacionaron frente a esta. Checo sonríe ante esto. Esa casa era muy especial para él. Ahí vivió parte de su infancia con sus padres antes del trágico accidente que los separó para siempre. No le gustaba ir ahí porque era una casa familiar para él, y se sentía tan solo porque no tenía una familia a la cual llevar. Pero ahora tenía a Max, y le gustaba la idea de poner crear una vida juntos. Aunque sabía que todo debía irse cocinando poco a poco, como aquellos postres que su lindo Omega amaba hacer para él. —Vamos —El pecoso sale del auto y se apresura en abrir la puerta del copiloto para que el rubio baja —Te mostraré la casa. Max camina junto a él y naturalmente se toman de la mano mientras se dirigen a la puerta principal. Es una hermosa propiedad bastante grande y llamativa. Se encuentra a un par de pasos de la playa y la vista es espectacular. Sergio abre la puerta y el rubio puede ver que, aunque la casa no haya sido habitada desde hacía tiempo, no estaba desatendida. El alfa se aseguraba de que todos los inmuebles de su pertenencia tuvieran el mantenimiento que les correspondía. —Era propiedad de mis padres —Comienza el pelinegro mientras avanzan dentro del lugar —Soliamos venir aquí durante nuestras vacaciones. Después de su muerte de esta propiedad se me fue heredada. Sergio recuerda con amargura con su abuelo quería derrumbarla para construir una mansión en su lugar. Claro que el terreno era muy bueno, pero él no quería eso. No deseaba perder todos esos recuerdos por más que le dolieran. —Debe ser un lugar por especial para ti —Dice Max y el alfa asiente —Gracias por compartirlo conmigo. Sergio sonríe ante su respuesta y acorta el espacio entre ambos para tomarlo de la cintura. Ha estado pensando en algo todo el día y se muere por hacerlo realidad. —Amor, ven conmigo —Comienza el pecoso llamando su atención y juntos caminan hacia una de las puertas de la casa que da hacia la playa —Como bien lo dijiste, este es un lugar muy especial para mí. Por alguna razón Max se siente un poco nervioso. Quizá era el aura romántica que daba aquel hermoso atardecer que teñia el cielo de colores dorados, o la idea de un posible embarazo. Temía que Sergio no quisiera al cachorro, pues fue el alfa quién tuvo la idea de que tomara una pastilla para evitar quedarse en cinta. No sabía cómo decírselo, aunque tampoco estaba seguro de que realmente lo estuviera. Y eso lo ponía nervioso. Pero decidió concentrarse en el ahora, y no pensar demasiado en lo demás. —Se que nuestro compromiso comenzó por un acuerdo, pero yo no quiero eso —Continuó el alfa acercándose a él para tomarlo de la cintura una vez más —Te he confesado que no deseo más esa farsa porque realmente me gustas, y demasiado. Deseo tener todo contigo, y hacerte muy feliz. En ese momento Max sintió algo extraño en su mano, un objeto desconocido. —¿Qué es eso? —Murmura el rubio bajando la vista y observa un juego de llaves en su mano —¿Qué? —Deseo darte está casa —Sergio finalmente revela sus intenciones —Como regalo de nuestro compromiso y una muestra de mi afecto hacia ti. El rubio se siente aturdido ante esto. Era un regalo no solo costoso monetariamente, sino también emocional. —No, no, no —Dice Max intentando regresarle las llaves —Es la casa de tus padres, la casa familiar. —Asi es, y por eso te la estoy dando —Señala el pecoso —Porque seremos esposos, y... Deseo que tengamos un cachorro para poder completar nuestra familia. En ese momento el rubio se queda sin palabras. Sus ojos se llenan de lágrimas ante lo que acaba de escuchar. El alfa realmente quería todo con él. Y fue como si todos sus miedos se hubieran esfumado en un instante. —Mi deseo no es presionarte —Sergio continúa hablando temiendo su silencio sea una mala señal —Sé que has pasado por cosas muy difíciles, pero yo quiero que confíes en mí y en mi amor.  Jamás te lastimare. El alfa toma su mano y la coloca en su pecho, haciéndolo sentir los latidos de su corazón. Max no desconfía de su pareja, sabe que es alguien muy entregado. Pero quiere estar seguro de su propia voz. —Prométeme que nunca me abandonaras —Suelta el rubio con una voz temblorosa. Ese era su mayor miedo. Su padre había abandonado a su familia, dejando a su madre enferma y en cama, mientras que él se afrontaba  a la idea de mantener en pie esa casa. Nunca se lo había dicho a nadie, pero sentía que su padre los dejo por su culpa. Porque lo hizo después de su presentación como Omega. Y no quería tener que sufrir el abandono dd alguien a quien amaba mucho, no de nuevo. Ver a su madre enferma le generó muchos temores, y realmente había sido un milagro conocer a Sergio y aceptar ese trato. Porque cambio su vida para siempre. —Lo prometo, lo hago porque te amo —Estas dulces palabras lo toman por sorpresa. Jamás en su vida creyó escuchar a un alfa decirle que lo amaba con tanta intensidad. Porque sabía que Sergio también tenía una historia familiar trágica y que esos temas le afectaban. Pero aún así estaba dispuesto a formar una. Afrontando la idea de convertirse en la cabeza de su familia, de cuidarlos y protegerlos. —Tambien te amo —Murmura el rubio para después juntar sus labios en un dulce beso. Si Sergio podía ser tan valiente, él también lo sería y se afrontaria a lo que más le temía. Quería ser oficialmente su Omega.  Pasaron un par de horas y cuando la noche cayó, la pareja de enamorados se encontraba en el jacuzzi relajándose a su manera. —Ah... Sergio... —Balbucea el rubio mientras que el alfa pasea cínicamente su lengua sobre su glándula, donde debería ir una marca —Hazlo... El pecoso sonríe ante sus pedidos por una marca. Si bien se muere por hacerlo, quería que el momento fuera especial. —Mi amor, con esos quejidos alertaras a los vecinos —Dice el pecoso con una sonrisa —Mejor relájate, disfruta. Posa su mano sobre la entrepierna del Omega y acaricia su miembro sobre su traje de baño. —Quiero ser solo tuyo —El rubio se queja, es la onceava vez en toda la noche que le pedía su marca. Parecía que en cualquier momento se volvería loco. —Maxie, comportate —Murmura el alfa en su oído —Tendre que educarte a mi manera. En un movimiento rápido el pelinegro llogra deshacerse de los pantalones cortos del Omega, dejándolo completamente expuesto en el agua. —Tómame, Sergio, hazlo. Se mi alfa —Suplica el rubio. ¿Realmente alguien podría culparlo? Tenía un alfa guapo, atento y muy sexy en el jacuzzi, el cual sabe dónde y como tocar, mientras que su lengua y dientes se pasean en su cuello como si quisiera darle su marca en cualquier momento. No puede concentrarse debido a tanto jugueteo, y luego la sensación de su miembro abriéndose paso en su entrada lo saco de quicio. —Ahh... Sergio por favor... —Balbucea el rubio mientras se sostiene de la orilla del jacuzzi —Alfa, dámelo... Sergio sonríe ante esto y pronto le da una palmada en su trasero, desbordando un poco de agua. —Los vecinos pueden escucharte —Le dice al oído y con sus dientes preciosa su lóbulo de la oreja, provocándole un escalofríos —Maxie, quiero que sea especial. Quiero darte mi marca en nuestra luna de miel. El Omega se emociona al escuchar esto. Finalmente el tema de la marca avanzaba un poco. —Por el momento debes comportarte —Continua el alfa mientras mueve sus caderas en un ritmo lento, torturador. Termina llevándolo a la cama, dejando un rastro de agua por todo el pasillo principal de la casa. Disfrutan uno del otro esa noche. Y Max recuerda con claridad las palabras que le dice su alfa cuando le da su nudo. “Mi Omega tan llenito de mi, siempre quiere más y yo también” El rubio se queda exhausto esa noche, y duerme en los brazos de su amado alfa. No había nada que pudiera mejorar las cosas... ¿O si? Cuando despertaron cada uno lo hizo de diferente manera. Max corrió hacia el baño esa mañana, había regresado la comida, otra vez. Mientras que Sergio despertó por la ausencia de su Omega, quién parecía enfermo. —Amor, ¿Te sientes mal? —Pregunta el pecoso acercándose a él. El rubio no quiere decirle nada hasta que esté completamente seguro al respecto. —La comida me hizo daño —Miente. El alfa se preocupa cuando escucha esto, así que comienza a actuar con precisión. —Ire a la farmacia por algún medicamento que te ayude —Dijo el alfa mientras se comenzaba a vestir. Max sabía lo que necesitaba y ese momento vio una oportunidad. —Voy contigo, quiero ver que me podria ayudar —El rubio estaba bastante decidido a qué ese tema no pasará de ese día. Aunque Sergio no desea que vaya en un principio, al final termina accediendo. Juntos van a una farmacia cercana, y mientras Checo comienza a explicarle la situación a uno de los trabajadores, Max pide un favor. —Dame dos, por favor —Murmura el rubio y la cajera entiende bien porque tanta discreción. Lo ayuda y, después de que Sergio casi quiera comprar toda la farmacia, regresaron a casa. El pecoso comenzó a prender la chimenea mientras que, según creía él, su Omega se tomaba sus medicamentos. Pero el rubio estaba en otra misión. —Dios mío, estoy temblando —Dice el Omega para si mismo. Se encontraba sumamente nervioso y hacia todo lo posible para que eso no afectará su aroma y lo delatara. Las dos pruebas de embarazo se encuentran en una mesita de noche frente a él. Solo tenía que esperar unos minutos después de usarlas, y tendría el tan ansiado resultado. Cierra los ojos con fuerza cuando el temporizador hace un sonido anunciando que ya pasó el tiempo requerido. Toma ambas pruebas con los ojos cerrados y suspira pesadamente antes de abrirlos. Suelta un quejido ahogado cuando se percata de su realidad y no sabe cómo reaccionar al respecto. La prueba es positiva. Esta visiblemente aturdido por saberse como un Omega en cinta, listo para darle un cachorro a su alfa. Esos descuidos que llevaron al inevitable resultado, y ni siquiera se habían casado. —Estoy viviendo en pecado —Dice el rubio para después acostarse en la cama. Mira el techo de la habitación mientras continúa procesando la realidad. Jamás pensó que algún día estaría en cinta, cuando ni siquiera se animaba a estar en una relación. Lleva una mano a su vientre y sonríe. —Mi pequeño cachorro —Murmura. Sabe que debe decírselo a su pareja, pero primero quiere disfrutar de la noticia por su cuenta. Se levanta de la cama y se mira en el espejo imaginando como se vería su barriga cuando su cachorro esté más grande. —¿Cómo le diremos a tu papi? —Murnura y una sonrisa se dibuja en sus labios. Una idea cruza por su mente. Sabe que debe ser cuidadoso porque no es algo que hayan planeado, pero con la platica del día anterior comprende que el alfa estará contento con esto. Y es que Sergio había confesado su deseo por tener cachorros, aunque no esperaba que fuera tan pronto. —Mi bebé, mi cachorro... —Susurra el rubio todavía sin poder creerlo —Serás tan amado. De eso está muy seguro. Porque ahora estaba creciendo dentro de él la muestra más grande del amor que se tenía con su alfa. El primer paso de su familia perfecta.  Nota: perdón la hora.
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