ID de la obra: 1490

𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐎𝐒𝐂𝐔𝐑𝐀

Het
NC-21
En progreso
2
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 33 páginas, 10.735 palabras, 5 capítulos
Descripción:
Notas:
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CAMPO DE DURAZNOS

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El verano era la estación favorita de los mellizos. Cuando el clima era cálido y las aves cantaban. Ese momento en donde la familia unida pasaba las vacaciones en una de sus residencias en Italia. Bastante alejados de cualquier ciudad, pasaban su tiempo en una finca donde tenían todas las comodidades que podían desear. Y si bien Christopher era muy bueno conviviendo con algunos amigos a los que veía a menudo para escaparse al pueblo más cercano, su hermana era todo lo contrario. Cualquiera notaría la sobreprotección en la que la mantenían, pero también estaba abandonada en muchos sentidos. Así fue como en uno de esos dias termino saliendo accidentalmente de la propiedad familiar y terminó en un campo de duraznos. Estar ahí le daba una tranquilidad que le resultaba atrayente. Y con el paso de los días sus visitas se hicieron más frecuentes. Le gustaba recostarse bajo un enorme árbol por varias horas, incluso hasta quedarse dormida. Pero bajo tanto la guardia, que no se dio cuenta de que no estaba sola.  Elizabeth caminaba a paso acelerado. Cualquiera pensaría que algún desquiciado la iba siguiendo por la forma en como actuaba. Era extraño, preocupante. ¿Como una simple fruta podía causar tanto revuelo en ella? No tarda en salir hacia el patio, muy cerca de donde se encuentra el campo de fútbol donde algunos jóvenes se encontraban practicando dicho deporte. Su expresión molesta llama la atención de algunos presentes, y esto hace que apresure el paso. ¿Cual era el punto de todo esto? Ni siquiera sabía para donde iba, solo necesitaba alejarse de todos. Y, cuando siente que nadie la está viendo, se echa a correr hacia una de las zonas más solitarias de todo el colegio Worsley. Avanza torpemente entre los árboles, y se tropieza con una rama que había en el suelo, cayendo de rodillas y arrancándole un gemido de dolor. Pero había algo más, eso que la hacía sufrir internamente al punto de soltarse a llorar mientras se recuesta en el suelo y abraza sus piernas. Su llanto es desgarrador, dejando escapar toda esas desesperación que la estaba consumiendo por dentro.  Sin embargo, no ha estado sola todo ese tiempo y el crujir de unas ramas la alertan. Pronto siente como alguien toca su hombro, pero ella le suelta un manotazo para obligarle a alejarse. —¡No me toques! —Elizabeth se voltea a mirarlo, esperando a ver el rostro de arrepentimiento de su hermano. Pero no era así. —L-lo siento —Balbuceo el joven Astor alejándose de ella —Es que saliste casi corriendo y quería saber si estabas bien. La rubia se puso nerviosa al darse cuenta de su error y torpemente intento levantarse del suelo. Noah le ofrece su mano para ayudarla y ella acepta todavía avergonzada. —Perdón, fui grosera contigo —Elizabeth  se separa un poco y juega con sus propias manos mientras habla —Estaba llorando porque me caí, pero no te preocupes. Estoy bien. Al pelinegro le parecía curioso esa necesidad de explicar algo que no había cuestionado en primer lugar. Se había dado cuenta de que la chica se puso mal por aquella fruta, y todo fue una reacción en cadena que no tenía una razón clara de ser. —¿Segura que no te lastimaste? —Insistió mientras le quitaba una hoja seca del cabello. Elizabeth lo observa con atención, siente un deja Vu que le deja una mala sensación en el cuerpo y retrocede un par de pasos. —Solo fue la caída, estoy bien —Insistió deseando acabar con ese tema. Noah se da cuenta de la incómoda que está y decide no indagar más en el asunto. Por alguna razón se siente demasiado interesado en ella, quizá porque era bonita o muy fría, lo que la volvía un reto. Pero no pensaba de ella en esa manera. Es solo que cuando miraba sus ojos se sentía algo atontado. Y un silencio incómodo se apodera del lugar haciendo que el joven Astor tenga que buscar algún tema de conversación para que la chica no lo deje ahí solo. —Nunca había estado en este lugar —Comenzó algo nervioso al no saber si le haría caso. —Es muy bonito —Elizabeth voltea a ver los hermosos árboles que rodean el lugar, dándole un aspecto más privado y acogedor. Hay unas cuantas flores amarillas marchitas en el suelo. El clima frío no les está ayudando. —Pero también muy apartado, me asombra que nadie lo esté usando —Noah se queda observando como el lugar tenía una camino secreto que los conducía a un jardín secreto. —Eros —Dijo la rubia tocando una estatua que apenas podía notar la figura. Este parecía abandonada por la institución debido a la cantidad de ramas que lo rodeaban. —Si se le da mantenimiento, quedará como nuevo —Afirmo el joven mientras volteaba a ver a su acompañante —Crees que el consejo pueda... —No creo que la escuela quiera cubrir la restauración de este espacio, simplemente parece congelado en el tiempo —Elizabeth retrocede en sus pasos, siente que no deben estar ahí —No es correcto que salgamos de las limitaciones de Worsley. —Pero no estamos saliendo —Señaló Noah para después acercarse peligrosamente a ella —A menos que así lo quieras. La rubia se puso nerviosa ante ese acercamiento. Se suponía que debía marcar los límites tal como su madre le había ordenado. Su mirada la delata cuando sus ojos observan los labios del joven, cuya sonrisa se asoma al darse cuenta de esto. Aún así, ella no flaquea. —Debemos regresar o nos castigarán. Esto lo hace sonreír, porque le parece absurdo la idea de ser castigo solo por estar ahí con ella. Pero no la cuestiona más, sabe que la ha puesto nerviosa. Y al menos eso le hace saber que quizá tenga alguna oportunidad.  Al día siguiente, Elizabeth se encontraba preparándose para irse a clases cuando un malestar se hizo presente. Últimamente se había sentido muy nerviosa, incluso paranoica. Temía que al dar un paso se estuviera equivocando. Y aunque al principio intento ignorarlo, pronto una idea la llenaría de terror. Estando en la clase de biología y analizando la anatomía humana, una imagen en su libro la hizo darse cuenta de algo que había estado pasando por algo. Traga en seco y levanta la mano llamando la atención de todos en el aula. —¿Si, señorita Wells? —Pregunta la maestra al verla. —Solicito permiso para ir al baño —Es lo único que dice antes de que la docente acceda a su petición. Elizabeth se siente algo abrumada por esa idea en su mente y toma un poco de agua con sus manos para después mojar su rostro. No es capaz de despejar su mente. —Es solo un retraso —Murmuro intentando mientras se veía al espejo y comenzaba a acomodar su cabello —No significa nada... Pronto lo que parecía ser alguien desenredando su cabello para acomodarlo, comienza de jalar de estos mechones en medio de su desesperación. Deja su cabello en paz y lleva sus manos a la cara, ahogando un grito que la estaba asfixiando. Toma aquel brazalete que usaba todos los días en su mano izquierda, ese que tiene un dije de corazón que lo adornan de manera adorable. Molesta, lo arroja con fuerza contra el espejo y termina provocando que este se rasgue pero los pedazos no caen. La joven traga en seco al ver lo que ha hecho en medio de su furia y toma su brazalete para después salir de ahí de regreso al salón. Vuelve a tomar asiento, pero no deja de mover su pie con impaciencia. Marie, quién compartía esa clase con ella, observa el cambio de actitud en la joven y no dice nada hasta la hora del almuerzo, cuando se lo cuenta a su amiga. Esto lo aprovecho la joven Astor, sabiendo que la siguiente clase la compartía con su hermano y la chica Wells. El profesor de ecología les dio instrucciones para poder asistir a su clase, usando botas de lluvia para poder salir al campo. Mientras la rubia se alistaba, Anne se sentó frente a ella. —Elizabeth —La llamo haciendo que levantara la vista —¿Te encuentras bien? —S-si... Es solo el clima, es muy frío —Mintió sin entender bien porque le había preguntado eso. Pero la pelinegra deseaba cortar con aquello que podría ser un problable a futuro. Y se decidió por ser más directa al respecto. —Cuando salgamos al campo, por favor, deja en paz a mi hermano —Comenzó la joven Astor dejándola a un más perpleja —Si estás enferma, no quiero que lo contagies, ¿Lo entiendes, verdad? Alix se molestaría, y tú acabas de entrar. Elizabeth no dice nada, solo la observa marcharse. Nunca pensó que tan pronto como pisara Worsley ya había alguien intentando controlarla además de su hermano. Suspira pesadamente y se apresura para unirse con el resto del grupo. Y si bien ella no se dejaría intimidar por la joven Astor, si mantuvo cierta distancia con el hermano de esta. No por él, o por ella. Más bien por aquello que todavía no escapaba de su cabeza. No pudo prestar ni el mínimo de atención en toda la excursión, solo pensaba en una solución. Y cuando estaban subiendo una pequeña colina para regresar al colegio, una idea bastante arriesgada se le cruzó por la cabeza. Esta tenía un barandal para darle equilibrio a todo aquel que pasar por esa zona. Una donde rara vez ocurría algún incidente. Nadie se dio cuenta del momento en que se quedó detrás del grupo, observando detenidamente aquel tramo tan inclinado como peligroso. Voltea hacia atrás solo un momento, esto para asegurarse de que nadie más esté viendo. Entonces suelta el barandal, perdiendo el equilibrio al dar un simple paso hacia adelante. No se molesta en sostenerse de algo, y aunque mete las manos para evitar daños mayores, gime de dolor al primer contacto con el suelo. Todo pasa tan rápido que apenas puede terminar de procesar cuántos metros a rodado colina abajo. El aroma a pasto fresco la envuelve, la tierra mojada en sus manos es espesa y un pesor se cierne sobre su cuerpo. Abre los ojos y solo ve el cielo azul, con pájaros surcándolo con tranquilidad. Pero su cabeza arte y pronto lleva la mano hacia donde recibe esta sensación, tocando un líquido carmesí que rápidamente deduce de que se trata. Se ha golpeado la cabeza en su caída, pero no lo suficientemente fuerte como para perder el conocimiento. —¡Elizabeth! —Escucha una voz familiar, al parecer alguien si le había estado prestando atención —¿Estás bien? Noah se acerca con suma preocupación, arrodillándose a su lado mientras que coloca su mano lo suficientemente cerca de la joven pero sin tocarla. La rubia asiente, entendiendo que le está pidiendo su permiso para hacer contacto físico. —Estoy bien, solo me tropecé —Miente pero la sangre en su cabeza muestran todo lo contrario. Pronto llaman la atención del grupo, pues algunos de sus compañeros llegaron a escuchar el grito del joven Astor. Y no tardan en murmurar sobre la chica que se cayó en el camino. —Elizabeth, ¿Qué te pasó? —Christopher no tardó en acercarse cuando se percató de que se trataba de su hermana —Estás sangrando, dejame ayudarte. Cuando el mellizo intento tocar a su hermana, esta se apartó y tomó del brazo al pelinegro. —Te llevaré a la enfermería —Noah entendió la preferencia de la joven hacia él, y no dudo en cargarla en sus brazos para caminar de regreso al colegio. Sus compañeros pronto se hicieron a un lado para dejarlos pasar y el profesor se acercó para asegurarse de que la joven estuviera consciente. —¿Qué está pasando? —Preguntó Anne al notar tal alboroto. —Dicen que alguien se lastimó —Respondió Marie en un tono bajo intentando no llamar demasiado la atención —¿No deberías dar indicaciones? Eres del consejo, ¿No? Anne asiente un poco cansada, el trayecto de regreso a Worsley había sido pesado en esa excursión y ahora todo se atrasaba por alguien que no supo mantener el equilibro en dicha zona boscosa. —Hagan espacio para que puedan pasar —Comenzó la joven Astor para que sus compañeros no estorbaran en el camino —Muevan... No es capaz de terminar lo que está diciendo porque se distrae cuando ve pasar a su hermano cargando a Elizabeth en sus brazos. Y cuando su mirada se encuentra con la joven rubia, esta no solo la observa fijamente, sino también le dedica una media sonrisa que parecía solo ella pudo notar. Los Wells son conocidos por ser muy astutos y habilidosos para conseguir lo que quieren, pero a ojos de Anne Astor, Elizabeth no solo era una serpiente que podría arruinar la estabilidad dentro del consejo, sino también crear una tensión con su hermano. —¿Elizabeth es la chica que se lastimó? —Marie se apresura a llegar a su lado, pero la nota tan molesta que no deja que toque su mano —¿Qué pasa? —Creo que vi su verdadero rostro. Aunque Anne era muy buena leyendo a las personas, la realidad es que la ayuda de Noah le vino como anillo al dedo a la joven Wells. Porque para ella la hermana de este se lo había ganado al estarla molestando. En la enfermería le piden que descanse, pero ella exige ser llevada a su habitación. No había más daños físicos que el golpe en la cabeza, pero en la madrugada de esa noche se confirmo aquello que ella tanto estaba buscando. Elizabeth suspiro aliviada cuando vio sangre en su ropa interior, creyendo haber esquivado una bala. Un problema menos, una mentira más. 
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