ID de la obra: 1490

𝐋𝐀 𝐇𝐈𝐉𝐀 𝐎𝐒𝐂𝐔𝐑𝐀

Het
NC-21
En progreso
2
Tamaño:
planificada Maxi, escritos 33 páginas, 10.735 palabras, 5 capítulos
Descripción:
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Mientras dormías

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Podía recordar perfectamente lo que vestía, que hacía y dónde estaba cuando todo empezó. El viento que hacía mover las ramas de los árboles, el cálido sol iluminando el día y el sonido de sus pasos mientras caminaba por el campo de duraznos. No se dio cuenta de cuando se alejo tanto de la propiedad de sus padres, que ahora se encontraba cerca de una gran villa desconocida. Ella no se habría acercado más de no ser porque algo llamo su atención. Un enorme estanque en donde divisó un cisne que andaba en sus aguas. Camina un par de pasos pero la reja que impedía el acceso no le permitió ver más allá de esa enorme propiedad. Y por alguna razón un escalofríos recorrió su espalda, tensandola por un instante. Le resultaba extraño porque no podía entender que la había puesto así. Aunque solo tenía que prestar un poco de atención hacia la casa para saber que era lo que lo había provocado.  Paso una semana desde el incidente de la joven Wells, y Noah se sentía muy cansado. Había sido un día largo para él, con todas las clases y proyectos que pronto se le vinieron encima, además de haberse unido a un club para créditos extras y así mejorar sus notas. Solo quería descansar en su cama. Pero si había algo que no abandonaba su mente, eso era Elizabeth. Todavía no podía comprender que había llevado a que aquella joven se cayera esa tarde. Claro que su actuar le parecía extraño, pero también tenía un problema para poder mantenerse alejado de ella. Los últimos días no la había visto para nada, lo cual resultaba una tortura para alguien que se encontraba a si mismo buscándola de manera inconsciente; como si algo que no pudiera ver lo mantenía atado a la joven Wells. Era extraño, inexplicable. Solo sabía que le habían recomendado reposo por el incidente, y que por esa razón no había salido del ala de dormitorios femeninos. No era tonto y no quería engañarse a si mismo sobre lo que sentía por ella, ya que le había gustado desde el momento en que la vio. Pero sentía un enorme pesadez al no poder sacarla de su mente, y solo podía describirlo como algo antinatural, peculiar. Pero no sentiría el verdadero impacto hasta esa noche. Se había acostado en su cama más que cansado y no paso mucho tiempo para que cayera en un pesado sueño, uno muy diferente al que hubiera tenido alguna vez en su vida. Era como si estuviera despierto dentro de un sueño. Lentamente abre los ojos y su mirada se topa con el techo de su habitación, sin embargo, siente algo en su pecho que lo hace bajar la mirada. Noah Astor se sorprende al ver a Elizabeth en su cama, quién parecía haberlo estado observando mientras dormía. Sabe que de ser descubiertos ambos podrían terminar expulsados al estar prohibido que dos alumnos permanezcan juntos en una habitación sin supervisión. Pero la rubia no dice nada ni parece reaccionar al respecto. Ella comienza a acercarse a él peligrosamente, posicionandose encima suyo. Noah no sabe que hacer ante eso. Le resulta extraño su comportamiento, principalmente por la forma tan automática en su actuar. El joven intenta hablar con ella, decirle que debería volver a su habitación y que se metera en problemas de seguir ahí. Pero al abrir la boca nada sale de esta. Es como si sus palabras se atoraran en su garganta y al querer tocar su cuello por la extraña sensación de impotencia, ni siquiera puede mover sus brazos. Y en su oído escucha algo extraño, voces irreconocibles pero cuyos balbuceos no tenían ningún sentido. Pronto Elizabeth está completamente encima suyo, con su rostro muy cerca del suyo y sus hipnotizantes ojos mirándolo fijamente. Por más que Noah intente levantarse o hacer el mínimo movimiento, su cuerpo se niega a obedecerlo. Y la joven acorta más el espacio entre ambos, y cuando Noah piensa que lo besara, despierta sobresaltado. Su cuerpo tiembla un poco y un escalofríos lo atrapa. Se sienta en la cama y observa la oscuridad en su habitación. Acerca su mano hacia la lámpara que se encuentra en la mesita de noche y la prende, confirmando que no se encuentra con alguien más en ese lugar. —¿Qué? —Murmura para si mismo y cuando se levanta de la cama siente como si el piso se tambaleara bajo suyo. Su cabeza arde y se tapa el rostro con sus manos, caminando lentamente hacia la puerta. Tiene suerte de encontrar el pasillo vacío sin nadie cerca, así que continúa su camino automáticamente. Debería ir por un vaso con agua para despejar su mente, o ir a la enfermería por la jaqueca que tenía. Sin embargo, en lugar de eso desvía su camino hacia donde no debería estar. Sabía que estaba prohibido entrar en los dormitorios femeninos, pero no parece haber algo que lo detenga. En plena madrugada nadie lo notaría y las nuevas normas del consejo de estudiantil prohibía que los alumnos se mantuvieran despiertos tan tarde. Así que camino sin rumbo aparente, como si algo desconocido lo guiará. Y es cuando finalmente llega a su destino. Sorprendentemente no era el único despierto a esa hora. Elizabeth, quién había salido al baño, regresaba a su habitación cuando de pronto fue interceptada por aquel joven. La rubia en un principio se asusta, pero pronto lo reconoce. —¿Noah? —Murmura la joven intentando que el pelinegro reaccionara. Hay algo extraño en él. Es como si no estuviera en conexión consigo mismo. Elizabeth observa como el joven acorta la distancia entre ambos y sus manos se posan en su cintura. La tiene arrinconada contra la pared, y pronto sus respiraciones se entremezclan, elevando más la tensión. Piensa que en cualquier momento le robara un beso, pero simplemente no sucede. Es como si aquello que lo impulsaba a actuar de esa manera, también lo retenía. La rubia lleva una de sus manos a la mejilla del joven Astor y rápidamente se da cuenta de que no se encuentra bien. —Estas ardiendo —Le dice mientras levanta la mano hasta su frente confirmando que el pelinegro tenía fiebre —Te llevaré a la enfermería. Logra hacer espacio entre ambos, obligando a que dejara de tomarla por la cintura y lo agarra de la mano para llevárselo por los pasillos. Ninguno dice nada y finalmente llegan a la enfermería, donde ella toca una y otra vez la puerta hasta que finalmente alguien abre. El encargado no estaba muy contento por haber sido despertado a tan altas horas de la noche. Sin embargo, se percató que era una emergencia cuando vio a Noah empapado en sudor. Rápidamente lo atendió y llamo al prefecto para que estuviera al tanto de la situación, mientras Elizabeth fue mandada de regreso a su habitación. Todo había sido sumamente extraño, y se sentó en su cama a analizar la situación. La forma tan extraña de actuar de su compañero, y justo después de haber tenido un sueño con él, uno que ella misma provocó al no poder olvidar esa tarde que la cargo. Y cuando termino fue al baño, para después encontrarlo en el pasillo. ¿Acaso estaba relacionado? El solo pensarlo era una locura. No le quiso dar más vueltas y se acostó a dormir, está vez intentando mantener su mente en blanco.  Al día siguiente la noticia de lo ocurrido con el joven Astor ya se había esparcido por todo el colegio. Pero no tenían muy en claro quién lo había llevado a la enfermería, solo sabían que era alguien del consejo estudiantil. Durante la clase de química las cosas continuaron con normalidad, pero Elizabeth levanto la mano para ir pedir permiso para al baño. —No hay permisos para nadie y será mejor que terminen la actividad —Respondió el profesor sin siquiera voltear a verla. Así que la clase continuo su curso, aunque se escuchó uno que otro murmullo. —No pidas permisos con él, nunca los da —Le dijo Amanda una vez terminada la clase —Te ves cansada. —Anoche me encontré a Noah en el pasillo, no pude dormir bien —Respondio la joven Wells sin despejar la vista de su camino. —¿Fuiste tú quien lo llevo a la enfermería? —Pregunta su compañera bajando la voz y Elizabeth asiente —¿Y qué hacía él contigo? La rubia se detiene en seco y toma a su compañera del brazo. —Nada, solo lo encontré en el pasillo —Responde con firmeza. La simple insinuación de que estaban juntos la molesto. Principalmente porque si se enteraban que él estaba en el dormitorio de chicas, entonces se haría un gran problema. Pero no sé ha dado cuenta de que alguien la ha escuchado. Marie compartía la clase con Elizabeth y logro escuchar parte de la conversación entre las dos miembros del consejo estudiantil. Era sumamente chismosa, así que no dudo en contárselo a Anne. —Y se molestó cuando Amanda le pregunto cómo es que se encontraban juntos —Afirmo la joven para después beber un sorbo de su jugo —A tu hermano lo llevaron muy tarde a la enfermería. Me parece muy curioso que Elizabeth, quién estuvo días en cama, sea la que lo auxilio. La joven Astor hace una mueca dd molestia al recordar aquella tarde cuando su hermano cargo a esa chica y está le sonrió burlonamente. —Noah no haría eso —Comienza Anne todavía analizando la situación —Él sabe bien que está prohibido que los chicos ronden por el ala del dormitorio de chicas. Esto debe ser obra de Elizabeth. —No creo que sea algo tan grande, quizá solo estén enamorados —Marie suelta una risa después de decir esto. Le gustaba molestar a su amiga con ese tema desde lo ocurrido aquella tarde cuando Noah auxilio a Elizabeth. Se notaba que el asunto fastidiaba a la hermana de este. —Ya cállate —Respondio molesta —Seamos honestas, Noah es un tonto pero no cometería una falta tan grave. —Elizabeth tampoco, y menos estando en el consejo —Le recordó y en ese momento Anne sonrió —No me digas que... —Si, esto podría ocasionar su expulsión —Afirmó la pelinegra —Si Alix se entera podrá sacarla por faltar a las reglas. —Estas loca, eso también metería en problemas a tu hermano —Señaló. —Noah estará bien, porque es Elizabeth quién fue a buscarlo —Fue lo último que dijo Anne antes de levantarse sumamente animada. Pronto se puso manos a la obra para comenzar a correr el rumor de que Elizabeth era una promiscua que había buscado a un alumno en medio de la noche y que por esa razón ella llevo a Noah a la enfermería. Porque ella estaba en el dormitorio de chicos a altas horas de la noche. Y el rumor de que Elizabeth había hecho eso llegó hasta los oídos de la prefecta Lisa, quién la mando a llamar a su oficina. La rubia no sabía porque razón parecía que todo el mundo murmuraba por algo y la observaban demasiado. Esto la tenso y la puso muy nerviosa. ¿Acaso sabían algo? Pensó. Una vez dentro de la oficina pudo notar lo estresada que estaba la prefecta. —Elizabeth, hay un rumor preocupante sobre ti —Comenzo la mujer mirándola fijamente a los ojos y la joven solo sentía su corazón latir muy rápido —Tus padres fueron muy claros sobre el cuidado de sus hijos. Y no queremos ningún problema con el señor Wells, asi que ayúdame a ayudarte. —¿Q-que rumor? —Elizabeth balbucea un poco, no le gustaba hacia donde se dirigía esa conversación. —Se dice que fuiste tú quien llevo a Noah Astor a la enfermería ayer por la noche —Comenzo la mujer haciendo aumentar los nervios de la joven —Y que ustedes estaban juntos momentos previos a lo ocurrido. —¿Qué? —Es lo único que sale de los labios de la joven. —¿Te metiste o no al dormitorio de varones ayer por a noche? —Cuestionó la prefecta —Lo que más me preocupa de este rumor, es la insinuación de que dormiste con el joven Astor. Esto último le ocasionó un deja vi. “¿Lo hiciste Elizabeth?” pregunta su madre después de darle una bofetada “Idiota, lo arruinaste” Siente como si se le escapara el aire de los pulmones. ¿Por qué estaba pasando eso? Y justo cuando creía que su vida se empezaba a acomodar de nuevo. Los señalamientos, las miradas juzgadoras, podía sentirlo a flor dd piel. Ahora entendía porque sus compañeros la miraban tanto, incluso llegó a pensar que habían descubierto lo que pasó ese verano. Y aunque no fue así, el rumor por si mismo era horrible para una joven de su posición y de una familia tan conservadora. —No, no es cierto —Se apresuró en responder —El prefecto John llegó anoche y le dije todo. Nos encontramos en el pasillo del baño, y él me pidió ayuda. No pasó nada más. Pero la mujer parecía dudar de lo que la joven decia. Lisa era amable con los Wells precisamente por ser una familia poderosa. Pero no le gustaba que el mal comportamiento de uno de ellos pudiera dañar gravemente la imagen del colegio. Y Elizabeth se agarraba a la silla con fuerza. No podía creer lo que escuchaba. No podía soportarlo una vez más. 
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