ID de la obra: 1492

THE FAVOURITE

Slash
NC-21
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 59 páginas, 17.720 palabras, 8 capítulos
Descripción:
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Capítulo 3

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Max lo observa con atención, por un pequeño instante pudo ver esas pecas que no había notado la primera vez que lo vio detrás de aquella cortina durante la selección. Le parecía tan bonitas, incluso podía creer que algunas tenían forma de corazón. Y esa mirada cargada de tanta confusión, miedo e inocencia. ¿Todos los donceles eran así de bonitos? —Igual no deberías verme —Insistió el pelinegro —Puede ser peligroso para ambos. Max todavía sentía curiosidad por saber de dónde venía ese miedo. —¿Qué piensas eso? —Cuestiona mientras da un paso al frente, y el doncel retrocede. Sergio desvía la mirada y comienza a jugar con la tela de sus ropajes. —No quiero que nos castiguen a ambos —Comienza el pecoso sin siquiera voltear a verlo —Te pueden sacar los ojos por mi culpa. Eso es lo que dicen, que el príncipe es un monstruo. El rubio se queda atónito al escuchar esto. —¿Cómo me dijis... —su lengua casi lo delata, pero rápidamente se corrige —¿Cómo llamaste al príncipe? —Es lo que dicen —Continuó el pelinegro —El príncipe es un monstruo que se come a sus concubinas y le quita los ojos a los guardias que las ven. No quiero que me coma ni que le saque los ojos a usted. —Eso no es cierto —Max se apuró en defenderse, no podía creer lo que escuchaba —El príncipe no se come a sus concubinas ni le saca los ojos a nadie. Checo teme que haya cometido una falta muy grande. Por la forma en cómo lo defendía, parecía que Franz era más un amigo que un sirviente del príncipe. —Lo lamento, señor Hermann —Dijo el pecoso sumamente apenado —Es solo que el príncipe me da mucho miedo. El rubio pronto comprendió que el doncel le tenía miedo a la idea de lo que él era. Una imagen construida de puras mentiras. Claro que había una regla de que los guardias no podían ver al harem, pero eso no significaba que le sacaría los ojos. No podía entender de dónde había sacado una idea tan loca como esa. Pero era obvio que eso afectaba la percepción que tenía de él sin siquiera conocerlo, y la idea de haber usado su personalidad como Franz Hermann le servía muy bien para limpiar su imagen. —No te disculpes, entiendo bien a qué te refieres —El príncipe se acerca a él y logra tomar su mano —Se dicen muchas cosas de la familia imperial, te aconsejo que no creas todo lo que te dicen. En el harem muchos mienten por su propio beneficio. Sergio asiente ante esto pero una duda se queda en su cabeza. Si todos mienten, ¿Entonces Franz también lo hace? —¿Conoce bien al príncipe? —Pregunta el pecoso —Quisiera saber lo que usted piensa. Si Franz era cercano a él o lo conocía un poco, tal vez tendría otra perspectiva sobre el tema. —He convivido lo suficiente con él para saber que no le ha sacado los ojos a ningún guardia —Afirma el rubio con una sonrisa —No deberías tener miedo si no lo conoces. —Bueno tampoco es como que quiera conocerlo —Y esas simples palabras de Sergio derribaron su sonrisa —Fui traído aquí a la fuerza, así que no tengo más opción. Max puede ver la tristeza en sus ojos y si decide por conocerlo un poco más. —¿De dónde vienes? —Checo había escuchado esa pregunta toda su vida. Estaba cansado de responderla y si bien no sabía si podía confiar completamente en él, no parecía ser una mala persona. Así que he decidido responderle con la sinceridad con la que siempre lo hacía. —No estoy seguro de dónde soy —Comienza —Solo fui a un sirviente de la familia Kobayashi hasta que el señor Kamui falleció. Me fueron vendiendo y comprando hasta que terminé en este lugar. —¿Y que hay sobre tu familia? —Max no puede evitar preguntar al notar lo triste que se veía ese joven. —No lo sé, no lo recuerdo —Afirma el pecoso —No tengo memoria de ellos. Ni siquiera sé cuándo nací o en dónde. Se me quería o... Si también me vendieron. Es en ese momento que el príncipe se da cuenta de que su pregunta no fue la más acertada. Sergio ahora se miraba deprimido ante esa idea de no saber quién era. —Eres parte del harem del príncipe, ¿Verdad? —Pronto cambia el tema y el pelinegro asiente —Pero eres un chico. —Lo sé, pero soy un doncel —Confiesa el pecoso con cierta vergüenza —Desde que supieron que podría engendrar hijos, aumentó el valor por mí pero también el desprecio. Max comprendía bien a qué se refería. Pues esas dos cosas eran las razones principales por las cuales había llegado a su provincia. —Pero si te vuelves el favorito del príncipe no tendrás que avergonzarte de nada —Señala intentando darle ánimos. —Pero no quiero conocer al príncipe —Insiste el pecoso —Me da miedo. ¿Y si es malo y cruel como todos lo dicen? Ni siquiera debería estar hablando usted, incluso eso es peligroso. Sergio se aleja soltando su mano. —Ya basta de formalidades, trátame de tú —Dice el rubio invitándole a dar un paseo —Con él no tienes que tener miedo, el príncipe no nos haría daño a ninguno de los dos. El pecoso lo duda un poco pero al final termina caminando junto a él. —Parece que lo conoces bien, como si supieras lo que él piensa —Señala el pelinegro lleno de curiosidad —¿Eres un sirviente personal como el otro hombre que se fue con la mujer? Max se da cuenta de que está hablando de Martín, a quién había mandado para llevarse a Alice. Quería que su encuentro con Sergio fuera lo más natural posible, y parecía estar funcionando. —Algo así —Responde el rubio —No deberías temerle al príncipe. Ni siquiera lo conoces bien. —Pero ya te he dicho que no quiero conocerlo —Sergio insiste ante esa idea, desanimando al príncipe una y otra vez —Escuché que es feo. Max se detiene en seco al escuchar esto. Una cosa es que se inventarán historias sobre si castigaba o no a los guardias por ver a su harem. Pero decirle feo era cruzar la línea.. —Eso no es cierto, él es muy guapo —Se defiende rápidamente y luego aclara la garganta al darse cuenta de que ha metido a la pata —Quiero decir, no hay una sola mujer que se haya quejado de él. Cualquiera que lo haga seguramente nunca ha sido llamada a sus aposentos y lo hace desde los celos. Sergio lo mira con atención, le parece muy gracioso lo mucho que se molesta cada vez que dice algo malo del príncipe. —?Acaso te gusta él? —Y su pregunta lo desconcierta. —¿Qué? ¿De qué estás hablando? —Pregunta Max sumamente alterado —Solo digo que te han estado mintiendo... En ese momento Checo suelta una pequeña risa divertido. —Solo estaba jugando —Dice el pecoso entre risas —Se ve que le tienes aprecio al príncipe. Supongo que son muy buenos amigos. Max pronto recobra la compostura y asiente. —Se podría decir que somos los mejores amigos —Afirma mientras continúan su paseo —Insisto en que no deberías temerle, si te mandaron a su harem es porque le gustas A Sergio que le da un escalofríos con tan solo escuchar esto. —No me gusta gustarle al príncipe, seguramente es un viejo feo —Otro golpe más al ego del príncipe y Max se desmayaría —Si están perfecto, ¿Entonces por qué tiene que estar secuestrando donceles para su harem? —Porque así es como funciona —Comienza el rubio —Es la manera en que el imperio puede asegurar la sucesión. —Pues si tiene un montón de mujeres hermosas en su harem, ¿Para qué me quiere a mí? —Insiste el pecoso —Mejor debería dejarme ir a casa. El príncipe suspira pesadamente, no puede creer lo difícil que es ese doncel. Cualquier mujer dentro de su harem estaría más que feliz por ser elegida por él para permanecer a su lado. Pero Sergio no era así, y cada vez que hablaba sobre él parecía detestar lo más y más. Que lo frustraba porque ni siquiera lo conocía. Lo había llamado monstruo, viejo y feo. Que si le sacaba los ojos a los guardias o si se comía sus concubinas. Todo un relato de horror hecho a pura fantasía. —¿En verdad crees que el príncipe es feo? —Pregunta Max acercándose a él y el pecoso asiente, en ese momento lo toma de la cintura y lo pega a su cuerpo —¿Y yo te parezco feo? Checo siente que su respiración se tensa al tenerlo tan cerca. Jamás nadie lo había agarrado de esa manera. Se queda hipnotizado por sus ojos azules, y cuando niega la cabeza intenta no no pensar en eso, baja la mirada hasta encontrarse con sus labios rosados ese bonito lunar que los adornaba. Claro que le parecía muy guapo, pero no se lo iba a decir. Ya le había aclarado desde un inicio que tenía miedo de que ambos fueran castigados por la mínima cosa. Y parecía que Franz no lo entendía. —Señor Hermann, por favor respéteme —Dijo Sergio usando sus brazos para alejarlo de él —Soy parte del harem del príncipe, lo quiera o no. Y no voy a perder mi cabeza por su culpa. Esta respuesta le gustó aún más al príncipe. Porque a pesar de todo mostraba cierta fidelidad a su lado. Así que estaba dispuesto a confesar su mentira y hacerle saber quién era en realidad. —Ya me cansé de mentir —Susurra. Max se cerca de nuevo al doncel y lo arrincona contra un árbol, intentando robarle un beso. Sin embargo, Sergio es bastante listo y cubre sus labios con su mano para evitar que logre su cometido. Gira un poco la cabeza y el rubio solo logra darle un beso a la mejilla. Se queda estático por un momento, hasta que siente un dolor en su entrepierna y suelta un quejido ahogado. —Lo siento, pero usted no entiende —Dice Checo para después alejarse de él. Max se queda tirado en el suelo mientras lleva sus manos a su entrepierna, le había dolido la patada que le metió el doncel. Esa clase de comportamiento no se lo perdonaría a nadie, pero con Sergio era diferente. Y su forma de ser le gustaba demasiado.  Más tarde ese mismo día, Sergio había sido llevado a una sala privada para recibir una clase para entretener al príncipe. Pero no había dejado de pensar en Franz. —Que tipo tan loco —Murmuro. Claro que le parecía guapo e interesante, pero no podía verlo de otra manera. No por lo que no quisiera, sino porque al ser parte del harem sabía que no debía interesarse románticamente de otra persona que no fuera el príncipe. —¿Hola? ¿Sí me estás escuchando? —Dice Yuki mientras le truena los dedos en la cara —Despierta, Sergio. No porque haya sido elegido personalmente por el príncipe significa que tienes todo asegurado. —¿Huh? —Sergio se muestra confuso ante tal comentario. —Agh, deja de perderte tanto en las nubes, si miras demasiado tiempo hacia arriba se terminará cayendo tu cabeza —Yuki vuelve a llamar su atención —Tienes que aprenderte este baile porque entretendrás al príncipe esta noche. El pecoso traga en seco cuando escucha esto. Se sentía muy nervioso al pensar que va a conocer al príncipe, o incluso que Franz estará presente cuando eso pase. No tenía ni dos días que había llegado ahí y el príncipe ya quería llevarlo con él. Tenía miedo, ¿Y si fallaba en el baile y al final el príncipe se lo comía? Decidió que era mejor idea centrarse en el baile y así poder hacer las cosas bien. No estaba listo para morir y menos de esa manera. Después de sus lecciones de baile, Sergio caminó hacia los baños donde se tendría que asear antes de te presentas al príncipe. Pudo ver de cerca el pabellón de harem del príncipe, un lugar tan privado y secreto que nunca creyó ver en su vida. Y aunque él era parte del harem, estaba separado de este por su propio bien. Pero principalmente porque a pesar de que sea un doncel, seguia siendo un  hombre y ellos tenían prohibido entrar ahí. Alice lo ayuda a arreglarse para esa noche. Tanto en el baño como en la preparación de sus ropajes. Jamás había vestido algo así. Le habían hecho ponerse un traje especial de color celeste con dorado. Tenía mucha pedrería, joyas que lo decoraban de la manera más preciosa que jamás había imaginado. Era como si fuera un regalo tan bonito, tan frágil. Se sentía extraño pero también muy bello, aunque entristecía saber que estaba arreglado de esa manera para gustarle al que llamaba monstruo. Camina lentamente por los pasillos para llegar a una sala privada donde un grupo de mujeres tocan música alegre. Se siente sumamente nervioso cuando da un par de pasos para entrar al lugar. Teme que los adornos de joyas que le han puesto en la cabeza se le caigan de lo pesadas que están. En medio de la habitación hay otra cortina dorada que separa al príncipe del resto. Max lo había decidido de esa manera, quería disfrutar de su baile antes de revelarle la verdad. En la habitación hay poco sirvientes, entre ellos Alice y Martín. La música comienza a sonar en una tonada un poco más seductora y tranquila. Sergio comienza su baile, recordando cada paso y movimiento que Yuki le enseñó. Al principio estaba un poco nervioso, pero estaba más preocupado por mantener su cabeza pegada a su cuello. Así que comenzó a mover sus caderas frente al temido príncipe, quien deleitaba antes tal vista. Max lleva una mano a su entrepierna sintiendo lo duro que está con solo verlo de esa manera. Sergio era tan hermoso eres parecía fascinante la forma en cómo se veía. Esos ropajes que dejaban a la vista una gran cantidad de piel y que lo adornaban con las joyas más hermosas. Era perfecto.  Y la forma en cómo se movía, tan cautivante y provocador. Sentía que en cualquier momento se levantaría e iría detrás de él para reclamarlo como suyo. Se relame los labios al verlo moverse de esa manera. Lo deseaba tanto. Saca un pañuelo morado y lo arroja hacia un lado, haciendo que la música se detenga. En ese momento Martín se acerca a él y le susurra en el oído. —¿Desea que sea llevado a sus aposentos esta noche? —Pregunta pero al príncipe no responde al instante. Sabe que Sergio todavía tiene una mala percepción de él y se decide si es momento o debería darle más tiempo. Pero es tan hermoso que le resulta difícil resistirse. Así que finalmente toma una decisión. Quiero que camine por el camino dorado mañana por la noche afirma el rubio ténganlo listo para mí, tan hermoso como ahora. Martín asiente y se aleja para dar una señal y así se lleven al doncel de la habitación. Sergio se marcha solamente confundido decía haber hecho algo bueno o malo. —Tienes bastante suerte —Dice Alice mientras camina a su lado —Has recibido el pañuelo morado. Estarás con el príncipe mañana en la noche. Al pecoso no le gusta escuchar esto. Tiene miedo pero sabe que no cuenta con muchas opciones. Y esa noche, mientras está en su habitación intentando conciliar el sueño, se le ocurre que quizá la única forma para librarse de ese destino sea escapando. Ábre la puerta ligeramente y ve a uno de los guardias afuera de su habitación. —Debo ir al baño —Miente, pero sabe que lo dejarán ir. Claro que lo siguen pero a una distancia moderada. Sergio sigue siendo parte de la arena y no pueden estar completamente pegados a él. Aprovechando la oscuridad de la noche, el picoso se escabulle y logra librarse de ellos. Ni siquiera sabe por dónde va, solo sigue caminando. Y es entonces que encuentra una habitación abierta y bastante solitaria. Esta tiene una salida hacia un balcón, así que sale corriendo para ver si pueden salir por ese lado. Hasta que se da cuenta de que dirige una caída mortal. No había forma de escapar. Y lo peor, no era la única persona que se encontraba en ese amplio balcón.  Nota: disculpen la hora jaja
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