Capítulo 4
22 de diciembre de 2025, 18:53
El pecoso suelta un grito cuando ve la silueta de otra persona en la oscuridad de la noche.
—Tranquilo, soy yo —Dice Max acercándose a él e intentando tomar sus manos, lo cual logra.
—Señor Franz, me asusto. Pensé que era un fantasma —Responde el pelinegro para después soltar sus manos bruscamente.
El rubio ignora su grosería y sonríe al pensar que estaba muy asustado.
Pero había algo más interesante de lo que hablar.
—¿Qué haces aquí afuera? —Cuestiona al notarlo solo y fuera de las limitaciones del harem, además de que lo vio acercarse peligrosamente al balcón —¿Cómo llegaste hasta aquí tú solo?
El pecoso no sabe si puede confiar del todo en él.
No está dispuesto a dejarse engañar por una cara bonita y palabras amables.
—Me perdí —Miente y comienza a caminar lejos de él —Ademas, quería ver las estrellas.
Max sonríe ante su evidente mentira.
—¿Ver las estrellas? —Cuestiona y el doncel asiente —¿Acaso sabes leerlas?
El pecoso se da cuenta de que su mentira lo llevaria a otra, y rezaba para que no se diera cuenta de esto.
—S-si... El señor Kobayashi me enseñó en su momento —Afirma titubeando un poco —Pero eso fue hace ya mucho tiempo.
Suelta una pequeña risa nerviosa cuando ve a Max acercándose peligrosamente.
El rubio lo toma del brazo y lo hace girarse, arrinconandolo contra el barandal.
Coloca su mano en su barbilla y lo hace mirar al cielo.
Puede sentir como su cuerpo se pega al suyo, dejando nulo espacio entre su espalda y el pecho del hombre.
—¿Puedes leerlas para mí? —Susurra Max a su oído provocandole un escalofríos.
—S-si... —Balbucea bastante nervioso.
Intenta concentrarse, no sabe que decirle porque aunque si era cierto que el señor Kobayashi leía las estrellas, nunca le pudo enseñar como él quería.
Fue una de sus tantas lecciones que quedaron pendientes tras su muerte.
Pero a Max realmente no le interesaba que le leyera las estrellas.
—¿Cómo puedes leerlas sin un pergamino? —Murmura a su odio mientras sus manos comienzan a recorrer su pecho —¿No sabes que necesitas llevar un registro de estás? Su posición es lo mas importante, y también el movimiento...
En ese momento el rubio comienza a mover sus caderas contra el trasero del pecoso, sintiendo como se ponia duro de solo pensar en el baile que había interpretado para él.
Sergio suelta un pequeño quejido, nadie jamás lo había tocado de esa manera.
Las manos de 'Franz' se deslizaban de su pecho a su cintura, deteniéndose en sus piernas y acariciándolo descaradamente.
Había algo que lo sentía presionandolo en su trasero, algo duro que inexplicablemente lo hacía sentir caliente.
Era tan extraño pero atrayente.
Una sensación completamente nueva.
—Te deseo tanto... —Confiesa Max a su oído —Muevete como lo hiciste está noche cuando bailabas.
Y de pronto Sergio se despierta de su fantasía justo cuando el rubio estaba a punto de robarle un beso.
Se aleja de él, empujándolo bruscamente y dandole una bofetada que lo aturde.
—Ya estuvo bueno, señor Franz. Respéteme —Dice el pecoso algo nervioso.
No podía negar que le había gustado tenerlo tan cerca, pero recordó que era parte del harem y permitir eso podría costarle la cabeza.
—Ya deja de decirme así, y no me trates de usted —Max comienza a desesperarse.
El golpe lo molesto mucho.
Ya habían sido dos veces que el doncel le pegaba después de rechazarlo y eso golpeaba fuerte en su ego.
—No quiera actuar como si usted fuera el ofendido, yo estoy enojado —Le dice el pelinegro mientras lo señalaba con su dedo —Me han vendido y comprado, humillado y maltratado. Me traen a este estúpido harem con el feo príncipe y usted no deja de andarme toqueteando.
En ese momento el príncipe se dio cuenta que ya no podía continuar con su mentira.
Había llevado a Sergio a su límite y era mejor ser honesto.
—No soy feo —Comienza el rubio —Ni le saco los ojos a los guardias y ni te voy a hacer daño.
Checo se confunde con su respuesta.
—¿De que habla, señor Franz? —Pregunta visiblemente curioso al respecto.
—Te mentí, mi nombre no es Franz Hermann —Confiesa —Soy el príncipe Max.
El rubio está siendo honesto y se muestra calmado al respecto, sabe que una noticia así podría provocar un shock para el pecoso después de todo lo que pasó entre ambos.
Pero su reacción lo sorprende.
Sergio suelta una risa que solo lo avergüenza.
—Atrevido, mentiroso —Dice el pelinegro —No puedo creer que quería fingir ser el príncipe.
Max se queda en shock al ver que el lindo doncel no le cree.
—No estoy mintiendo —Insiste —Solo fingí ser alguien más para que no me tuvieras miedo. Pero ya no quiero que te alejes de mí.
En ese momento el príncipe se acerca al pecoso y lo toma de la cintura, pero este se hace a un lado alejándose de él.
—Ya deje esa mentira, no funcionará conmigo. Solo lo dice porque quiere tenerme en su cama, atrevido —Y Sergio sigue sin creerle.
—Es verdad, yo te deseo —Pero Max ya no quiere jugar —Pero no miento, soy el príncipe al que le tienes tanto miedo.
—No lograra convencerme, así que deje de jugar conmigo y mentirme descaradamente. Y más si no parece un príncipe —La acusación de Checo no le cae en gracia.
—¿Que no parezco un príncipe? —Repite molesto —Si, te mentí. Pero tú también lo has hecho. ¿O me vas a decir que realmente venías a leer las estrellas? Seguramente querías saltar del balcón.
Los señalamientos del príncipe no eran erróneos.
—No iba a saltar, solo quería escapar. No soy tonto como para brincar sin ver —Responde el pecoso corrgiendolo en su acusación.
Como si no supiera que sería castigado si se enterarán de que intentó escaparse.
—Ni siquiera deberías salir del harem, pero son las libertades que yo te he dado —Max reconoce que ha sido muy consentidor con él —Debería castigarte por tus faltas de respeto.
—No, no, yo no salí por permiso suyo. Yo me salí corriendo —Y Sergio continúa siendo sincero —Señor Franz, ya déjese de juegos. Usted sabe que yo no pertenezco a este lugar.
—¡Que no soy Franz Hermann! —Grita el rubio ya desesperado.
—Shhh... Cállese —Dice el pecoso poniéndole una mano en la boca —Va a alertar a los guardias.
Max lo toma de la muñeca para alejar su mano de su boca y poder responderle.
—Si yo quiero, vendrán tan rápido y te llevarán de vuelta al harem —Señala —Soy el príncipe Max, aunque no lo creas..
—Por favor, señor Franz, no los llame —Ruega el pelinegro tomando su mano —Si usted me ayuda a escapar, le dejaré que me dé un beso.
Sergio no era nada tonto, sabía que eso era lo que andaba buscando ese hombre.
Claro que también quería otra cosa, pero no podía ir tan lejos por su propio bien.
Max sabe que puede tener eso y más del doncel, pero se moría por besarlo en ese momento y ya le había marcado sus límites dolorosamente.
Lo besaría y luego lo mandaría de vuelta al harem, porque no estaba dispuesto a dejarlo ir.
—Esta bien, te ayudaré —Dice haciendo sonreír al pecoso —Pero primero págame.
Rápidamente lo toma de la cintura y lo atrae hacia él. Puede sentir como su respiración caliente choca contra su piel.
El doncel posa sus manos en su pecho y, un poco confundido, las sube hasta sus hombros.
Se le nota bastante nervioso y no puede dejar de verlo a los ojos como si estuviera analizando cada cosa que pasaba.
Max nota como se relame los labios y su miraba baja hacia los suyos, clavándose en ese lunar que decora su labio superior.
Abre ligeramente la boca, como si estuviera a punto de decir algo y se traga sus palabras.
—Quiero probar tu boca, saborear tus lindos labios —Max murmura mientras se acerca a su rostro, y sus labios rozan los suyos con cada palabra.
Pero Checo está muy tenso.
Jamás un hombre lo había tomado de esa manera y mucho menos lo había tenido tan cerca.
Entonces se sincera.
—Jamás he besado a nadie.
Max se sorprende al escuchar esto.
Checo era un joven tan bonito y adorable, encantador y cautivador.
¿Cómo era posible que nadie lo hubiera besado?
Aunque en realidad eso le gustaba aún más, pero igual lo hacía detenerse.
Sergio no le creía que era el príncipe, y no le gustaba que siguiera atrapado en la mentira de Franz.
Si lo besaba, ese beso no sería suyo sino de un hombre que no existe.
Y no quería eso.
—Regresa a tu habitación —Dice el príncipe soltandolo de la cintura —Descansa y desiste de la locura de escapar.
Checo se confunde al escuchar esto.
Si bien era cierto que estaba haciendo un trato por un beso, él realmente queria que lo hiciera.
A sus ojos Franz era tan atractivo como extraño. No sabía cómo reaccionar con él.
Pero le gustaba cuando lo tocaba, y no podía negar que lo encontraba atractivo.
Sin embargo, seguía sin creer que fuera el príncipe y eso lo detenía, aferrándose a unas cadenas invisibles que no le permitían vivir.
—Por favor, ayudame a escapar —Insiste acercándose a él y tomando su manos.
Pero Max ha tomado una decisión de la que nunca dudo.
—Perdón... —Dice el rubio para después acercarse a la puerta —¡Guardias!
Checo se asusta cuando escucha cómo llama a los guardias y lo jala del brazo repetidamente.
Max lo hace soltarlo y comienza a caminar lejos de ahí.
—¡No, por favor, no! —Grita pero de nada le sirve porque los guardias rápidamente llegan y se lo llevan.
No ha podido escapar, y quizá nunca lo haría.
Su destino estaba sellado.

A la mañana siguiente.
Sergio apenas había dormido un poco, estaba molesto con Franz por como lo traicionó y, lo peor, esa noche sería llevado con el príncipe.
Se encontraba en uno de los jardines del lugar, siendo acompañado por los guardias que siempre buscaban no mirarlo a la cara.
Odiaba ser del harem.
—Nos encontramos de nuevo —La voz de Max lo alerta y pronto recuerda que no desea hablarle —¿Pudiste descansar después de tu travesura?
Checo se mantiene en su sitio, y no dice nada. Más bien, voltea la mirada hacia el lado contrario de donde está el rubio.
Max se da cuenta de esto y sonríe.
—¿Vamos a jugar al silencio? —Insiste pero Sergio continúa ignorandolo —Entiendo, estás molesto. Pero debes comprender que no puedo dejarte escapar. Eres parte del harem, y las únicas formas de dejar de dejar de serlo no te gustaran.
Checo se mantiene en su decisión de ignorarlo por completo.
—Sergio, ¿Que puedo hacer para que estés feliz? —Pregunta tomándolo de la barbilla para obligarlo a verlo.
Puede ver la molestia en sus ojos, y piensa que lo ignorara una vez más.
Pero no es así.
—Eso ya lo sabe bien, señor Franz —Responde el pecoso con cierto desprecio haciendo que el hombre lo suelte.
El rubio baja la mirada, sabe bien a lo que se refiere.
—Debes acostumbrarte a tu nueva vida, ya no puedes volver a lo que eras antes —Comienza el príncipe —Se que es difícil entenderlo, pero entre más rápido lo aceptes, mejor. Ahora eres parte del harem imperial y no te puedes marchar.
Max estaba a punto de irse cuando se detiene ante su respuesta.
—No es el príncipe —Dice el pecoso —Pero aún así es tan cruel como dicen que es. Porque no quiso ayudarme a escapar.
El rubio suspira pesadamente, no sabe que más hacer para lograr que entre en razón.
Ya debe abandonar esos sueños de volver con la familia Kobayashi, principalmente porque fueron ellos quienes lo vendieron como esclavo.
—Tendras una mejor vida aquí adentro conmigo, te lo prometo —Quiso tomar su mano pero el doncel no se lo permitió —Esta noche caminaras por el camino dorado, ¿No? Te di mi pañuelo anoche.
En ese momento Sergio levanto la mirada y lo miro con molestia.
—Eso todos lo saben. No porque lo diga significa que creeré que es el príncipe —Y Checo se mantenía reaceo a creerle.
Max sonríe algo triste, no esperaba que su mentira fuera difícil de deshacer.
—Te veré en la noche —Es lo último que dice antes de marcharse.
Espera que para entonces el pecoso pueda comprender la situación.
En el imperio hay reglas establecidas y roles otorgados. Cosas que nadie podía cambiar.
Sergio era un esclavo, un regalo para su harem y tendria que aceptarlo tarde o temprano.

Nota: ¿Cómo les va pareciendo la historia?