ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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VOLÁTIL

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TW CONTENIDO SENSIBLE. Las madres sufren después de ver a sus hijos en situaciones vulnerables. Sergio lo entendió bien cuando leyó sobre el mito griego de las estaciones, donde Demeter, madre de Perséfone, se entristecía cada vez que su hija regresaba al inframundo. Entonces la tierra sufría con ella. Los árboles no daban frutos, el agua escaseaba y las cosechas no rendían. Incluso todo se sentía tan frío, con la nevada cubriendo el mundo. Y por eso, ahora que el pecoso miraba la lluvia a través de la ventana, se preguntaba si era su madre llorando en el cielo por verlo en esa terrible posición. Porque, lamentablemente, él estaba en un infierno del que no se podría salir con vida.  Después de varios días, la nueva reina no se había dejado ver tanto en la corte. Muchos decían que había caído enferma y se encontraba reposando en cama. La realidad era que Sergio se había sentido muy perturbado por todo lo ocurrido después de la boda. No quería comer ni salir de cama, y el rey le complicaba las cosas al visitarlo cada noche. —Majestad, ya ha pasado mucho tiempo desde que se le vio en público —Comenzó Lady Abigail Pulling mientras le llevaba la comida a la cama —Y tampoco ha estado comiendo bien. Debe de cuidar su salud, ser una reina fuerte. El pecoso no responde, ni se inmuta ante la comida frente suyo. Parece tan desinteresado como las gotas de lluvia que se deslizan por la ventana. —Ni siquiera eres capaz de comer por su cuenta, se la pasa acostado en la cama todo el día —Lady Doriane habla con recelo, se nota la molestia en sus palabras y apenas lo mira —Ni siquiera nosotros podemos salir al aire fresco. —Lady Doriane, cuide sus palabras —En ese momento Lady Alice llegó a la habitación privada de la reina —No olvides tu lugar, estás ante su majestad la reina. La rubia desvió la mirada sumamente. —Es mi prima —Señaló. —Es tu reina —Pero la pelirroja insistió en recordarle su posición. Sergio levanta la mirada notando la tensión entre las dos mujeres, y con su mano hace una señal para que paren. —Basta, dejen de discutir —Pidió el pelinegro y Lady Alice hizo una pequeña reverencia mientras asentía. Doriane no tuvo más opción que hacer lo mismo, pero todos sabían que la ambiciosa hija del duque de Norfolk no estaba para nada contenta con la posición que ocupaba en la corte. Y cuando todo parecía calmado, pronto un escándalo se hizo presente en la puerta de las habitaciones privadas. —¡Déjeme ver a la reina! —Gritó Torger sumamente molesto —Te lo ordeno, muévete. —Lo siento mi señor, pero su majestad no está recibiendo visitas —Respondió Jo, el guardia real juramentado a la nueva reina —Tengo ordenes estrictas de su parte, no puedo dejarlo pasar. Esto pareció enfurecer más al duque, quién en cualquier momento perdería los estribos contra el guardia. —Soy su tío, no cualquier otro lacayo de la corte —Señalo mirando el guardia de arriba abajo —Si supieras cuál es tu lugar, te harías a un lado. Checo escuché esta discusión y no dudó en intervenir. Le parecía que su tío estaba demasiado alterado, y temía que no fuera amable con aquel joven escudero. Se levantó de la cama con sumo cuidado y fue vestido por su dama de compañía favorita, Lady Alice, quién intentó que se viera lo más presentable posible. —No debes recibirlo si no quiere —Le recordó casi en un susurro. Pero el pecoso solo se limito a sonreír con amabilidad para tranquilizarla. No quería más discusiones ni enfrentamientos; pero no podía permitir que las personas a su servicio fueran maltratadas por nobles de alto rango, solo porque él no quería verlos. —Deja que pase —Ordeno con algo de pesar, no se encontraba emocionalmente bien para eso. —Puede pasar —Murmuró Lady Hannah al guardia real y este se hizo a un lado. —Finalmente te dignas a recibir a alguien —Norfolk estaba hecho una furia —Espero que no le estés haciendo estas escenitas al rey. En ese momento la pelirroja volteó a ver a la reina, ya que era bastante obvio que el comportamiento de su tío resultaba indeseable. Checo suspira pesadamente y sabe que necesita estar solo para poder hablar bien con él. —Retirense, por favor —Ordenó el pecoso sin muchos ánimos. —Majestad —Lady Alice no se fiaba del temperamento de Norfolk. —Esperen afuera —Insistió y no tuvieron más opción que obedecer a la reina. Una vez con las damas de compañía fuera de vista, Torger se acercó a su sobrino y lo tomo de la mano con fuerza. —¿Qué carajo estás haciendo aquí encerrado? ¿Acaso todavía no comprendes cuál es tu papel en todo esto? —Reclamó sin soltarlo —Deberías estar posicionando a tu familia en buenos puestos y beneficiar a Doriane con un matrimonio ventajoso. Pero en lugar de eso estás aquí encerrado llorando y lamentándote. Yo puse esa Corona en tu cabeza, no lo olvides. El joven estaba asombrado con la actitud déspota de su tío. Sabía que era ambicioso, pero su forma de actuar contra él era descarada. —Yo no quería esto —Sergio no dudo en defenderse —Solo quería volver a casa, con mi vida en el campo junto a la abuela. Pusiste esta corona en mi cabeza por un deseo egoísta. En ese momento el pecoso cerró los ojos con fuerza ante el impacto de la pesada mano de su tío sobre su mejilla. La bofetada lo hizo tambalear y se sostuvo de la cama para no caer. —¿Acaso quieres a toda tu familia muerta? —Su pregunta lo tensa —¿Quieres que decapiten a tu abuela, a mi madre, frente a toda la corte? La simple idea de que su familia se haya lastimada por su culpa lo carcomía por dentro. Si había llegado tan lejos era justamente para proteger a la persona que más amaba, su abuela. —N-no, no quiero eso —Balbuceo al responder, lo de que le dio la confianza a su tío para continuar con sus amenazas. —¿Qué pasa en esa cabecita tuya que no puedes entender que necesitas un hijo para asegurar tu posición? —Norfolk golpea la frente del joven con sus dedos —Eres una reina solo por matrimonio. Tu corona de momento es de papel, y necesitarás a un bebé en tu vientre para convertirla en una de oro. Sergio baja la mirada a su barriga plana, no había quedado en cinta a pesar de las constantes visitas del rey. —Cuanto más tardes, más rápido perderás el interés de su majestad —Continuó su tío con una voz seria que lo intimidaba —Y pronto buscará a una nueva reina que te pueda reemplazar. Así que ten cuidado, porque muchos podrían morir por tu culpa. Dicho esto, Norfolk se retiró de las habitaciones privadas de la reina. Antes de irse pudo notar como su sobrino intentaba sostener las lágrimas para no llorar frente a él. Sabía que su conversación daría frutos tarde o temprano.  Durante la cena de esa noche, todos cantaban y festejaban para el rey. Jos nunca había estado tan contento, pero las constantes ausencias de su nueva esposa iban jugando con su paciencia. Pero al menos tenía el confort de que su único hijo lo había acompañado más días de lo esperado. Y por alguna razón nadie se preguntaba cuál era el motivo por el que FitzRoy se había quedado más tiempo. —Max, mi hijo, siéntate a mi lado —Dijo el rey antes de beber de su copa de vino. —No tienes que pedirlo, siempre me sentaré a tu lado —Le recuerda el rubio mientras se acomodaba junto a él. Pronto comienzan a platicar de temas banales, hasta que la corte comienza a murmurar sobre la presencia de una persona. Sergio se sentía muy mal pero no quería poner a su familia en riesgo. Ya no se trataba solo de Norfolk, sino de su abuela. Así que decidió hacer una aparición pública para que su tío lo dejara en paz. Todos se inclinaban ante él respetando su posición como la reina consorte de Inglaterra. El rey sonríe cuando lo ve llegar y toma su mano para que se siente junto a él. Y el pecoso tiembla un poco antes el simple contacto de sus dedos. No podía expresar libremente lo asustado que estaba de su esposo. Era difícil estar a su lado, y mucho peor estar a solas con él. Se había acostumbrado a guardar silencio sobre lo que sufría en privado, pero las marcas en su cuerpo eran bastante notorias para sus damas que lo vestían. Pero él todavía no sabía lo mucho que le faltaba descubrir sobre su esposo. —¿Disfruta la velada? —Pregunto Max volteando a verle e inclinándose un poco hacia adelante para poder apreciar su rostro. —Todos son muy alegres —Respondió el pecoso con cierta timidez, no podía negar que se sentía un poco intimidado por el joven duque de Richmond. No el nivel de intimidación que le daba  su tío, más bien de otra clase. Una le podría causar más de un problema. —Convivan más, me gustaría que si llevaran bien ahora que somos familia —El rey hablo sin siquiera voltearlos a ver, estaba bastante concentrado en su comida —Sería bueno que Max tuvieron la figura femenina que lo guíe. Sergio sonríe ante esta respuesta. ¿Cómo podría guiarlo él? Era un joven de 19 años que provenía del campo, alejado de la corte y de todas sus intrigas. Ni siquiera podía defenderse a sí mismo, ¿Cómo podría enseñarle algo a Max? El duque de Richmond era muy bien parecido sus 25 años, teniendo muchas jóvenes damas detrás de él a pesar de su posición como bastardo. Pero era difícil que el rey Jos pudiera engendrar a un heredero al trono a sus ya 51 años. Bastante viejo y enfermo, todos sabían que sería difícil lograr su objetivo. Por eso todos los ojos estaban puestos sobre la nueva reina. Con muchas expectativas, pero también con recelo. Y aunque nadie quería acercarse al rey y su pestilente pierna putrefacta, sabían que estar cerca de él significaba el poder máximo en Inglaterra. —Majestad, ¿Me concede el honor de bailar con usted? —El joven Liam Horner se acercó a la reina sin que esté se diera cuenta de su presencia. Sergio ni siquiera respondió, solo volteó a ver a su esposo esperando su permiso. Deseaba que dijera que no. No conocía a aquel joven, además de que el vestido se le hacía muy pesado y le costaba moverse con este. Y el cambio de rol en los bailes hacía que pareciera que tuviera dos pies izquierdos. Solo quería estar en la cena tranquilo y sin que nadie lo interrumpiera. —Baila para mí —Dijo el rey, derribando sus deseos en un instante. Sergio se muestra incómodo ante la respuesta de su esposo. No crea que sea buena idea, algo le da mala espina. Sin embargo, termina levantándose de su asiento y tomando la mano de aquel joven que oculta sus verdaderas intenciones con una sonrisa. Caminan hacia en medio del gran salón y comienzan a bailar junto con los demás nobles. —Majestad, ¿Me permite ser un poco imprudente? —Comenzo el hijo del Conde Horner. Modera bastante bien el turno de su voz y es discreto al hablarle. —¿Imprudente? ¿En qué sentido? —Cuestiona el pecoso en el mismo tono. —Nunca le había visto en la corte, me llena de curiosidad saber de dónde proviene una mujer tan hermosa como usted —Liam ni siquiera sabe cómo es capaz de decir esas palabras, considerando que cree que se trata de una ramera sacada de las calles de Londres. Aunque claro que no dirá esto de manera pública y mucho menos frente a la reina. —No creo necesario proporcionarle esa información —Respondio el pecoso más que dispuesto para alejarse de él, sentía que no le convenía quedarse cerca del joven Horner —Y debería cuidar más sus palabras. Estaba hablando con una reina, no con una cortesana. Sergio no sabe de dónde sacó el valor para hablarle así. Pero tenía la necesidad de aclarar que no podía referirse a él como una mujer hermosa. Y si ahora estaba en una posición tan alta, no debía dejar pasar dicho acto de imprudencia. Sin embargo, ya era bastante tarde ante los ojos del Rey. Jos había observado detenidamente dicho baile, y en su mente comenzo a divagar. Por momentos confundió a su amada reina Sophie con su antigua reina. Y no fue el único. —El joven horner debería cuidar la forma en cómo se acerca a la reina —Comenzo Daniel Ricciardo, el hijo de un embajador extranjero que se había vuelto muy cercano al duque de Richmond —Quizá debemos recordarle lo que pasó la última vez que un cortesano se acercó a una reina inglesa. —Daniel —Dijo Max llamando su atención, como si lo estuviera regañando por su comentario. Y aunque en un principio parecía que el rey no lo había escuchado, pronto comenzó a reírse sobre esto. Eso llevó a que los demás miembros de la corte rieran junto a él. Pero es entonces que un golpe seco contra la mesa hace que todos se tensen. Jos había golpeado tan fuerte el mueble que hizo que más de uno pegara un brinco de lo asustados que estaban. Su sonrisa desapareció y en su rostro se miraba una expresión que pocas veces significaba algo bueno. Sergio se acercó a su esposo para intentar tranquilizarlo, pero este lo toma de la muñeca y lo saca a rastras del salón. No importa cuánto el pecoso proteste y solloce porque tiene miedo de lo que pueda hacerle. Al final terminó llevándolo a la habitación de la reina, y sus guardias solo pueden cerrar los ojos ante los gritos de horror de aquel joven que pide por auxilio. El pelinegro no solamente era bastante joven, sino también débil físicamente. Así que poco nada podía hacer para defenderse ante aquel hombre que se posicionaba arriba suyo. Que lo había tirado al suero de un golpe después de corretearlo por la habitación. Aquel que levantó la falda de su vestido y lo presionó contra su cuerpo sin previo aviso, incluso sin inmutarse por la sangre que teñía sus piernas color canela. Y los guardias reales se preguntaban cuál era la finalidad de estar al servicio de la reina, si ni siquiera podían defenderla de su propio esposo.  Nota; disculpen que la semana pasada los dejara sin capítulo :( voy a intentar subir otro antes del lunes.
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