ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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PROHIBIDO

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Cuando Perséfone se convirtió en reina, dejó atrás su vida anterior. Incluso si hubiera estado enamorada de alguien más, su destino ya estaba sellado. Aunque un joven Adonis la llevó a disputar su amor con otra diosa, teniendo que compartir su amor por él. Pero Sergio no tenía esa alternativa, porque era un simple mortal convertido en reina. Alguien que no deseaba esa posición, y cuya cabeza estaba en un constante juego de intrigas y poder. Sin embargo, él tenía que decidir que hacer con su propio poder.  Pasaron unos días después de aquella terrible noche, y la reina se negó a salir de sus habitaciones debido a su aspecto y miedo. Sentía que no podía convivir con nadie sin que su esposo comenzará a pensar que le estaba siendo infiel. Y no estaba dispuesto a soportar otro ataque más hacia su persona. —¿Siente dolor, majestad? —Pregunta Lady Alice mientras observa el moretón en el ojo izquierdo del pecoso. —No tanto como con sus mordidas —Responde sin siquiera levantar la vista. Era demasiado obvio para sus damas de compañía el ver el constante maltrato al que era sometido aquel joven, y aunque no lo decía con palabras, su cuerpo era la misma evidencia de esto. El rey era posesivo y violento, le gustaba marcar territorio sobre su cuerpo y hacerle saber que era suyo. Luego lo llenaba de regalos, queriendo comprar su cariño. —Ya no se nota demasiado, y la inflamación ya bajo —Dijo Lady Hannah intentando reconfortarlo, pero era difícil cuando sabía que en cualquier momento se volvería a repetir. —Me siento mal, no tengo ganas de comer —Señaló el pecoso cuando Lady Abigail llegaba hasta él con su comida. —Si se siente muy mal, entonces permítame llamar al médico, majestad —Ofreció la castaña dispuesta a ir por ayuda. —No, es un simple malestar —Sergio no tenía ánimos para lidiar con eso —Quizá simplemente necesite descansar. —Nadie quiere una reina enfermiza —Soltó Lady Doriane sin despejar la vista de su libro. Alice la miro con molestia y negó con la cabeza. —Abbi, lleva la comida de vuelta a la cocina y pide que le preparen un té para su majestad —Ordenó la pelirroja y Lady Pulling asintió para después irse —Hannah, ve con el boticario para que te dé un poco de aceite de tomillo, la ayudara con la inflamación —La pelinegra obedeció al instante —Y tú —Señalo a Doriane —Ve por un poco de agua caliente y prepara el baño, no olvides agregar lavanda. La rubia desvió la mirada antes de levantarse para después caminar hacia los baños privados de la reina. —Eres muy buena otorgándoles tareas, deberías ser la reina —Dijo Sergio con una sonrisa, a lo cual su dama de compañia correspondió. —Disculpe que lo diga majestad, pero no envidio su posición —Confesó —Fui dama de compañía de la reina anterior, ella solo duró un año antes de ser ejecutada. No espero que usted tenga ese destino. El pecoso la miró con cierta tristeza, al menos tenía alguien a quien le importaba de verdad. —¿Ella realmente traicionó al rey? — Su pregunta capto la atención de la pelirroja. — Estaba desesperada — Y su respuesta fue suficiente para hacerle saber que era cierto. Pero había algo que necesitaba aclarar. —Dos de sus damas fueron ejecutadas junto a ella, ¿Como te salvaste de eso? —No podía con su curiosidad, y queria saber si podía confiar en ella. —Solo fui su dama unos meses, me retire de la corte cuando mi esposo enfermo y falleció —Explicó —Cuando regrese, el escándalo ya había estallado. Pobre, sólo tenía dieciséis años. El joven asintió y después soltó un pesado suspiro. —¿Qué pasará conmigo si no logro quedar en cinta? —Pregunto con cierto temor —¿También me cortara la cabeza? Alice se acercó a él y tomó su mano con delicadeza. —No se estrese por eso, usted es joven y entiende bien lo que implica su posición —Afirmó con una sonrisa cálida —Ahora vamos a prepararle para su baño. Checo se levantó de la cama para comenzar a ser desvestido para darse un baño. Estaba más tranquilo sabiendo bien que Alice no traicionó a la antigua reina, asi que podia confiar en ella. Lo que no sabia, era que entre sus damas habia una espía. Lady Hannah McMillan caminaba de regreso a las habitaciones de la reina, pero en el camino se detuvo a dejar una nota debajo de un jarrón que nadie nunca usaba. Al poco tiempo de marcharse, Liam Horner tomó la nota y se la llevó a su padre. Como todos los dias, Hannah siempre les daba información sobre lo que hacía y decía la nueva reina, buscando algo para perjudicarla. Si querían orquestar su caída, tenían que estar tan cerca de la reina Sophie como les fuera posible.  Después del baño, Sergio se notaba más relajado debido a los cuidados de sus damas. Todo parecía ir con normalidad dentro de lo que cabe su situación. Hasta que un visitante llegó a su puerta. —Majestad, el duque de richmond está aquí y desea verle —Dijo Abbi entrando a la habitación. Alice volteo a ver a Sergio con suma curiosidad, le parecía interesante como el hijo bastardo del rey siempre buscaba a la nueva reina en sus habitaciones. —No estoy presentable —Señalo el pecoso, ya que seguía en su ropa de cama. Además, si bien le interesaba bastante aquel atractivo joven, sabía bien que su relación se podía considerar algo imprudente. Principalmente cuando Max demostro interes en él desde antes de ser forzado a ser Sophie. Su dama salio para avisarle al duque que volviera después, pero rápidamente regresó con su respuesta. —Dice que quiere pasear con usted a caballo —Afirmó la castaña —Y que la esperara afuera si desea ir con él. Para suerte del pecoso, Doriane no se encontraba ahí para soltar algún comentario malintencionado, así que termino aceptando. Pronto sus damas lo ayudaron a vestirse de acuerdo a la ocasión. Cuando salió para encontrarse con él, este le sonrió apenas lo vio y le ofreció su mano, pero el pecoso se negó con una sonrisa amable. A simple vista el moretón en su ojo no era tan evidente, pero Max era muy observador. Sin embargo, llegaron a las caballerizas y pronto emprendieron el camino en un sendero que usualmente usaba el rey cuando era joven, pero que ahora casi no era usado más que por su bastardo. —¿No deberíamos ir con ella? —Preguntó Hannah cuando los vio marcharse. —A veces hay que dejarle tomar un respiro, el aire fresco le hará bien —Afirmó Alice confiando en que no pasaría nada extraordinario. Max era muy conocido por ser bastante leal a su padre, y si bien llegaba a ser algo rebelde, no era alguien imprudente o estúpido. Sabia que el rey no le perdonaría ninguna traición. —Este sendero es muy bello y tranquilo, solía venir con mi padre cuando era pequeño —Afirmó el rubio mientras cabalgaba junto a la reina —Quería que vieras el bosque de cerca, sé que creciste en el campo criado por tu abuela. Sergio asintió algo nervioso por tocar un tema tan familiar y suyo. —Le agradezco este paseo —Respondió sin siquiera mirarlo. —Sergio, ¿Puedo ser honesto contigo? —El rubio no sabía el impacto que provocaría el pecoso al llamarlo por su verdadero nombre. —¿Cómo me dijiste? —Murmuró y detuvo su caballo en una zona algo alejada de la vista de la corte. —No me gusta llamarte Sophie cuando sé que ese no es tu nombre —Explicó Max deteniéndose a su lado y bajando del caballo —Ven, hablemos. Se acercó al pelinegro y le ayudó a bajarse de su caballo, tomandolo de la cintura con fuerza para que no se cayera. Pegándolo a su cuerpo con una distancia muy corta, sintiendo la respiración del otro cuando sus rostros se encontraron. —Gracias —Respondió Checo antes de tragar en seco y alejarse apenas sus pies tocaron el suelo. —Quiero saber una cosa y, por favor, se sincero conmigo —Continuó el duque —¿Alguien te está obligando a hacer esto? —Su pregunta lo tensa y este lo nota —¿Es mi padre quién lo hace? Sergio camina lejos de este, y se cruza de brazos incapaz de poder expresar su verdad. Pero su actitud ha respondido la pregunta sin siquiera decir palabra. Max sabe que necesita el tiempo suficiente para poder acercarse a él, así que le da una pequeña palmada al caballo de la reina la hacer que se marché. El galope del animal hace que el pelinegro voltee a ver cómo este se aleja. —Se está marchando, ¿Ahora como voy a regresar? —Se quejó el pecoso mientras se acercaba al rubio —¿Por qué no lo detuviste? —Puedo llevarte en mi caballo —Dijo con una sonrisa acortando la distancia entre ambos —Aunque tu lindo vestido se estropeará, pero he de decir que me gustas más cuando usas pantalones. Checo siente sus mejillas arder ante la coquetería del rubio. No se supone que deba permitir esa clase de cumplidos. Pero no puede negar que le ha gustado desde el primer momento en que lo vio hacia ya unos meses. Su aura tan varonil lo tenía cautivado, pero se recordaba una y otra vez que esto no sería posible debido a su matrimonio con el padre de este. Además, no tenía intenciones de perder la cabeza, literalmente. —Ya deberíamos volver —Respondió el pecoso pasar a su lado para llegar al caballo, pero el rubio lo tomo del brazo. —¿Te duele? —Pregunta casi en un susurro y el pelinegro se pone nervioso cuando se da cuenta como su rostro se acerca al suyo —Tu ojo, puedo verlo. Checo baja la mirada al sentirse avergonzado por la clara evidencia de violencia que sufría en su matrimonio. —Ya estoy mejor, pero no creo que sea apropiado hablar de esto —Dijo sin siquiera mirarlo —Ya vamos. Pero el duque de Richmond no lo suelta. —Solo si me dices la verdad —Comenzó —Sergio, ¿Realmente quieres quedarte aquí? ¿Y si te llevo de regreso con tu abuela? Partiré en unos días, es tu oportunidad de regresar a tu antigua vida. Claramente su pregunta llamo su atención, haciéndolo voltear para mirarlo a los ojos como si quisiera asegurarse de que no le está mintiendo. Pero pronto se obliga a actuar con astucia, sabiendo que aunque escapara, su vida nunca sería tranquila como antes. —Quiero que mi familia viva —Respondió con firmeza —Es lo único que me importa. —¿Y que hay de tu vida? Ese golpe en tu ojo, no quiero saber que más te ha hecho ese monstruo —Y sus palabras lo sorprenden. —Es tu padre, nuestro rey —Le recordó. —Y lo conozco bastante bien, por eso no quiero dejarte con él —Afirmó el rubio —Sergio, solo necesito una palabra tuya y te llevaré lejos de aquí. En ese momento el pecoso soltó un pesado suspiro y aparto la mirada, pero Max lo tomo de la barbilla para obligarle a verlo. Entonces se acercó su rostro y plantó un dulce beso en su párpado lastimado, haciendo que el pelinegro cerrará los ojos y soltara un sollozo. No de dolor, sino de angustia. Era insoportable estar cerca de alguien que no podía tocar. Y esa cercanía y preocupación que le hacían saber de aquello que nunca podría tener. —Max, debemos volver —Susurró. Pero al rubio poco le importo pensar en ese momento, y se acercó a sus labios para probar su dulce miel. Sergio se queda inmóvil ante esto, pero termina posando sus manos en los hombros del duque para apoyarse en él. No es un beso intenso, sino cuidadoso. Lo toma con delicadeza de la cintura para acercarlo a él, y esto hace que el pecoso flaquee un poco. —No podemos —Le recuerda. —Te deseo —Confieza el rubio. Entonces sus labios se vuelven a encontrar, y está vez Sergio se deja llevar cuando se siente acorralado contra un árbol. Suspira entre besos y pronto recuerda lo que sucedió con la antigua reina, empujando al rubio lejos de él. —Basta, Max, ¿Por qué hiciste eso? —Reclamó algo agitado —No debiste hacerlo. No me muestres lo que no podemos tener. —Sergio... —El rubio se muestra apenado por su reacción. —No, está prohibido —Señaló el pecoso —Ambos lo estamos para el otro. No puedes ser mío, no puedo ser tuyo... En ese momento Sergio siente que el mundo a su alrededor se tambalea, y solo alcanza a sostenerse de un abrazo a Max antes de que todo sea oscuridad. 
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