ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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TRAICIÓN

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Encerrado en una vida que no deseaba, extrañaba la brisa, las flores y el mundo lleno de color en donde creció. No quería perderse. No quería cruzar esa línea en donde Sergio desaparecía, y ahora era Sophie quien reinaba en su vida. No lo deseaba. Quería seguir siendo él mismo. Pero quizá ya era demasiado tarde para eso... o no.  En los pasillos comenzaron a murmurar sobre el estado de la reina. Incluso se podía creer que hasta las ratas llegaron a escuchar sobre una posible enfermedad, o que el rey estaba condenado a no encontrar una esposa sana y fuerte que le diera el ansiado heredero. Max Fitzroy había llegado con la reina en brazos, sumamente preocupado al haberse desvanecido repentinamente. No tardaron en auxiliarlo, y pronto el rey se hizo presente. —Recorriamos un sendero cercano, no estábamos muy lejos cuando comenzó a sentirse mal y se desmayo —Explicó el rubio cuando el rey, colérico, le exigió una explicación. Claro que estaba alterado, hacia apenas un par de semanas que se habían casado y una situación así era poco deseable. Por un lado estaba el tema de una mala salud en una reina débil, complicando las posibilidades de poder quedar en cinta. Por otro lado, en medio de su locura y desesperación, el rey Jos llegó a considerar que sus esposas había sido asesinadas por su propio consejo y corte. Era una locura pensarlo, considerando que fue él quien firmó sus órdenes de ejecución. —¿La reina está bien? —Pregunta Norfolk al médico, quién había estado examinando a su majestad. Habían pocas personas presentes, solo sus damas y familiares cercanos. No iban a permitir que se expusiera demasiado a la reina. —Esta perfectamente bien —Afirmo el médico para luego mirar al rey —Mis felicitaciones, majestad, la reina está en cinta. En ese momento el rostro del rey irradiaba felicidad. Finalmente después de tantos años y decepciones, sería bendecido con un hijo legitimo. Pero nadie era más feliz que Norfolk. Se podía ver la ambición en sus ojos, y su sonrisa triunfante que adornaban sus labios. Estaba saboreando su victoria. Lady Alice suspiró aliviada, y pronto vio como su reina abría los ojos algo confundido. —¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? —Murmuro el pecoso intentando sentarse, y sus damas se acercaron a ayudarle. Y en ese momento el rey se poso a su lado, tomo su mano con delicadeza y le plantó un beso. —Llevas en tu vientre el hijo que tanto he deseado —Afirmó el rey, sin notar que esto provocó una mueca de molestia en Max —Darás a luz a un niño sano. Sergio apenas logra entender lo que está pasando. No recuerda bien como termino ahí, lo último en su mente fue aquel beso con Max. Y ahora estaba en su habitación rodeado de varias personas que lo felicitaban por algo que no quería. Mira su abdomen todavía sin evidencia alguna de un embarazo, pero no causa ninguna emoción. Porque cuando levantaba la vista y sus ojos se encontraban con los del padre se su hijo, solo podía recordar la forma en cómo llegaron a eso. Y se fuerza a sonreír para él. Soporta una serie de felicitaciones y buenos deseos, pero nadie logra contagiarle el mínimo gramo de alegría. El médico pide que le dejen descansar, que necesita reposo porque el haberse desvanecido no era más que una señal de un embarazo complicado. Poco a poco le van dejando solo, pero su tío le da un beso en la mejilla antes de susurrarle algo al oído. —Reza porque sea un varón, y así no tendremos que preocuparnos nunca más —Dijo Norfolk para después marcharse. Y Checo lo entendía bien, sabía que ese embarazo lo mantenía a salvo no solo de la cama del rey, sino también del verdugo. Aunque no le guste, es su boleto seguro y tendrá que sostenerse de este si quiere seguir con vida.  Pasaron dos días hasta que la reina mejoro en salud y finalmente el rey pudo celebrar las buenas noticias. Se organizó un gran banquete en honor al hijo que no había nacido. Sergio se vio obligado a asistir, y aunque mantuvo su distancia con Max, este no dejaba de mirarlo en busca de su atención. —Max estuvo ahí para cuidarla, estoy muy orgulloso —Afirmó el rey en voz alta, y todos comenzaron a murmurar del buen humor de este —Y ahora ella me dará a mi heredero. Los aplausos no se hicieron esperar, mientras que Jos tomaba la mano del pecoso con fuerza y sonría sin parar. El pelinegro no estaba nada contento al respecto, y se sintió algo desconectado a todo lo que estaba pasando a su alrededor. La noche se hacía larga, y el rey había festejado demasiado. Ni siquiera podía levantarse por su cuenta. —Sostente de mí —Dijo Max ayudándolo a levantarse —Te llevaré a descansar. Entonces el rubio movió la cabeza ligeramente mientras veía a la reina, indicándole que lo acompañará. Checo lo duda demasiado, pero termina levantándose para seguirle. Jos camina torpemente, y el duque no acepta que nadie más lo ayude. Todos le tienen mucha confianza. Llegan a la habitación del rey, y Sergio entra junto a ellos, pero Max le da indicaciones a los guardias para que no se metan. Intenta posicionar al rey en la cama, pero este se tambalea y termina profundamente dormido en el suelo. —Maldito ebrio —Murmuró Max observándolo dormir. —Ten cuidado, alguien podría escucharte —Señaló el pecoso debido a su forma tan poco amable de referirse al rey —Ya debería volver. En ese momento Max camina hacia Sergio, acortando rápidamente la distancia y tomándolo de la cintura para juntar sus labios en un dulce beso. —¿Qué haces? —El pelinegro lo empuja ligeramente para separarse de él —¿Estas loco? —Locamente encaprichado de ti —Confiesa acercándose de nuevo, y haciendo que el pecoso retroceda en sus pasos, chocando con la pared —No he dejado de pensar en nosotros. —No hay un nosotros —Le corrigió rápidamente —Y nunca lo habrá. Una sonrisa desafiante se dibuja en los labios del rubio, relamiendolos antes de pegarse más al pelinegro. —Entonces dime que no te agrado. Que mis besos te dan asco y no quieres volver a verme, y te prometo que te dejaré en paz —Retó. Sergio lo mira fijamente a los ojos, pero termina flaqueando y su mirada desciende hasta sus labios, observándolo con deseo. Sus manos se posan en el pecho del duque, puede sentir cada respiración chocando en su rostro y no puede evitar recordar lo mucho que le gustó como lo había besado. Sus dedos alcanzan el cuello de los ropajes del rubio y, sin titubear, lo hace terminar de cerrar el espacio entre ambos. Es la respuesta que tanto deseaba. Pronto Max lo abraza de la cintura y saborea el dulce néctar de sus labios, introduciendo su lengua en busca de un contacto más íntimo. El pecoso titubea un poco, nunca había experimentado esa clase de acercamiento. Jos solo buscaba una cosa de él cada vez que lo visitaba, pero solo en una ocasión lo beso y esa vez fue en su boda. Max era más pasional al momento de acercarse a él, pero también muy cuidadoso. Sus dedos acariciaban sus cintura con delicadeza, pero su boca era un poco más atrevida cuando se trataba de reclamar aquello que creía era suyo. Porque el rubio siempre lo sintió así. Él lo vio primero, él lo quiso primero. Y no necesitaba ponerle un vestido para poder desearlo. Nunca se quedaba demasiado tiempo después de las bodas de su padre, pero no podía renunciar a Sergio. Sentía que era capaz de arrastrarse por el suelo solo por él. Se decía a si mismo que estaba encaprichado, pero solo era cuestión de tiempo para reconocer el verdadero flechazo. Caminan torpemente hasta llegar a la cama, y Max no tarda en colocarse encima suyo, atacando su cuello con una serie de besos. Pero Sergio despierta de su fantasía y vuelve a empujarlo para quitárselo de encima. Sabe que de continuar así, no solo terminaría de reafirmar su traición al rey, sino también cometería un pecado al yacer con otro hombre que no fuera su esposo. —Basta, no podemos —Dijo el pecoso levantándose de la cama —Esto está mal. Max se acerca un par de pasos a él, quiere reconfortarlo para que se calme, pero el pelinegro se niega. —Sergio... —Lo llama con una voz calmada. No quiere alterarlo más. —Este juego es demasiado peligroso, será mejor separar nuestros caminos —Afirmó Checo antes de caminar hacia la puerta y salir de la habitación del rey. El rubio lo observa irse, pero no insistira más en el tema si este realmente no lo quiere cerca. Y no era ausencia de deseo, sino el temor al cruzar una línea peligrosa. Una que podría costarle la vida a ambos.  Tres días después Max se marchó del palacio para regresar a su ducado. Nadie cuestión su decisión de irse, pues hacia tiempo que debió regresar a sus deberes como duque de Richmond. Sin embargo, nadie sabía que se había marchado después de ser rechazado y fríamente ignorado por Sergio. Este último estaba lidiando con sus propios problemas, y si bien su embarazo era una buena noticia para el reino, Inglaterra pronto se enfrentaba a una nueva crisis. El sudor inglés atacaba al norte del reino, y pronto se tomaron medidas preventivas para la familia real. El rey pronto partiría a una campaña militar contra Francia, y Sergio sería mandado a Chelsea Manor, una residencia perteneciente a la corona donde estaría aislado de cualquier intruso. Nadie podría acercarse a la reina durante su embarazo, así que se asegurarian de que estuviera cómodo con todas sus damas. La noche previa al viaje, el pecoso se encontraba durmiendo en su cama cuando despertó de una terrible pesadilla. Era bastante tarde y sus damas probablemente se encontrarían durmiendo. Así que decidió dar un paseo para despejar su mente de los malos pensamientos. Camino hasta la cocina donde tomo una manzana para después regresar a su habitación mientras la comía. Pero algo hizo que se desviara del camino. Llegó hasta la habitación del rey y vio que sus guardias no estaban por ningún lado. Sin embargo, un mal presentimiento invadió su cuerpo cuando escuchó una serie de quejidos que provenían del interior de esta. Abrió la puerta y su corazón se destrozó al reconocer a las personas en aquella cama. Lady Doriane, su amada prima a quien le había dejado pasar un serie de groserías, se encontraba yaciendo con el rey en su cama. El ruido que hizo la puerta al abrirse provocó que ambos voltearan a verle, haciendo que se detuvieran. —Majestad —Dijo Doriane tapándose la parte superior de su cuerpo con una sabana. Sin embargo, Sergio simplemente azotó la puerta después de salir de la habitación. La rubia intento disimular una sonrisa que se asomó en sus labios. Pero la satisfacción le duró muy poco. —Quítate —El rey la aparto de su lado y cubrió su cuerpo con su bata antes de darle alcance a la reina. Sergio apenas había avanzado un poco debido al shock emocional que fue presenciar eso. No por el rey, sino por Doriane. Él la adoraba y nunca pensó que llegaría tan lejos con sus celos. Se sentía traicionado por toda su familia. Su tío lo había vendido al rey, y ahora su prima estaba asegurando su caída. Encaprichar al rey con otra mujer era una manera muy baja de deshacerse de la nueva reina. —Sophie —Jos lo toma de la mano e intenta abrazarlo, pero el pecoso se resiste —Calma, por el bien del niño, no te comportes así. Lo jalonea intentando controlarlo, es brusco y lo lástima. Sergio se asusta y hace todo lo posible para alejarse de él. Ya no puede más. —¡Déjame sola! —Grito el pecoso, pero sus propias palabras lo asombran y termina corriendo hacia su habitación. Sus guardias lo ven regresar hecho un mar de lágrimas y pronto escuchan diversos gritos desde su habitación. Sergio solloza al punto de sentir que su garganta se desgarra. “Sola” ¿Desde cuándo él comenzó a creer que realmente era Sophie? Ya ni siquiera se podía reconocer a si mismo. No le gustaba la idea de perderse, pero parecía que lo estaba haciendo. Todos lo llamaban Sophie, usaban pronombres femeninos para referirse a él, y esto causaba una crisis de identidad que no podía manejar. Comenzó a arrojar todos los objetos en su habitación, haciendo un desastre total. De pronto siente un jalón que hace que su cuerpo se tense, y en sus piernas se desliza un líquido que toma con sus dedos para ver con claridad si su mayor temor se ha hecho realidad. El color carmesí es solo la confirmación de tal terrible noticia. —No, no, no —Susurra mientras limpia toda la sangre y la sensación solo parece empeorar cuando no puede controlar lo que está pasando —No, quédate dentro, quédate ahí. Posa sus manos en su entrepierna como su quisiera mantener las cosas en su lugar. La cantidad de sangre es demasiada, tanto que se desliza entre sus dedos y no hay nada más que pueda hacer que seguir sollozando. Cuando Lady Alice llega en su auxilio, cierra la puerta al ver aquella horrible escena frente a ella. La reina había perdido el embarazo y, de saberse, podría hasta perder la cabeza.  Nota; perdón la hora jaja los Tkm, nos vemos hasta el otro sábado.
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