EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
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224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
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LA AMANTE DEL REY

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Después de su matrimonio con Hades, hubo un joven que captó la atención de la diosa de la primavera. Uno cuya belleza causó una disputa entre dos diosas. Adonis era muy bello, y Perséfone se enamoró de él aunque tuviera que compartir su amor con Afrodita. Pero Sergio no era quien tenía que compartir el amor de Max, sino al revés. Incluso aunque no existiera un cariño hacia el rey. Sabian que debian tener cuidado si no querían tener el mismo final.  Había despertado por simple casualidad. Busco a la reina cuando no la vio en su cama y al poco tiempo se percató de lo que estaba ocurriendo en una de las habitaciones de aquel lugar. —Alice —Murmuró el pelinegro cuando la vio. Se quedó estático en su sitio, era bastante obvio lo que había ocurrido. Incluso sus ropajes estaban desalineados, y su calor corporal lo delataba con solo verle. —Acabo de ver salir al duque de esta habitación —Comenzó la pelirroja acercándose lentamente a él —No quería creerlo hasta verlo con mis propios ojos. Los ojos del pecoso se llenaron de lágrimas al ver la decepción en su rostro. Lady Alice le había hecho saber lo que paso con  la reina anterior y aun así cometió el mismo error. Solo que esta vez era peor, pues se trataba del hijo del rey. Y Checo sabía que no recibiría aplausos y felicitaciones por sus acciones, pero estaba desesperado. —Por favor, Alice, no le digas a nadie —Suplicó con una voz temblorosa e intentando tomar su mano, pero él mismo se detiene a hacerlo por miedo —Necesito un bebé o me matara. —Usted no entiende que con esto nos pone en peligro a todas —Señaló Lady Alice —Nos decapitaran a ambas. Usted por la acción, nosotras por permitirlo. Sergio no puede sostener las lágrimas en tal situación. Nunca había sido su intención exponer a sus damas a ese trágico destino. Pero debía apostar el todo por el todo, y ya no podía echarse para atrás. Ya estaba hecho. Y tenía motivos para actuar así. No solo había perdido el embarazo, sino que su esposo tenía una amante que fácilmente podría reemplazarlo. Lo estaba perdiendo todo, y no lo iba a permitir. —Ella se acuesta con él —Reveló confundiendo a su dama —Doriane es la amante del rey. Lady alice se sorprendió al escuchar esto. No podía creer el descaro de la joven al haber traicionado no solo la confianza de la reina, sino también el amor de su primo. —Majestad... —Comenzó pero no pudo continuar al verse interrumpida. —¿No lo entiendes? Doriane quiere ser la reina, y la única forma de conseguirlo es hacerme a un lado en el corazón del rey... o en su cama —Afirmó el pecoso sentándose en un banco cercano —Yo necesito tener un hijo, así los dos me dejaran en paz. La pelirroja comprendió que había sido una decisión tomada en medio de la desesperación al verse tan vulnerable. No significaba que apoyaba esta elección, pero lo entendía. —Le dije que no confiara en ella —Afirmó sentándose a su lado para tomar su mano —Puedo ver la ambición en sus ojos. Si ahora es su amante, se esforzará mucho para quitarle el afecto del rey y así sacarla de su camino. —¿Ahora lo entiendes? —Preguntó el pelinegro un poco más calmado. —Lo comprendo, mujeres asi no tienen límites —Señaló para luego suspirar pesadamente —Pero, ¿Max Fitzroy? ¿El hijo del rey? De tantos hombres, ¿Por qué él? Sergio desvía la mirada con vergüenza. —Me trata bien —Confiesa —Desde la primera vez fue el único que se interesó en cómo me sentía. La mujer pronto se dio cuenta de que había algo más oculto en aquellas palabras. Y podía verlo en su rostro cuando hablaba sobre él. —¿Estas enamorado del duque? —En ese momento el pecoso levanta la vista pero rápidamente la aparta —Que Dios nos ayude, ¿Y que hay de él? —No lo sé, creo que solo siente deseo por mi —Afirmo algo entristecido al decir esto. Claro que Max había mostrado cierto interés en él, pero no sabía si se trataba de algo romántico o meramente pasional. Le gustaría creer lo primero, pero aquel encuentro parecía estar más guiado por el deseo carnal que sentía hacia él. En un intento de poseer aquello que se creía arrebatado. Alice comprendió lo incomodo que resultaba ese tema y decidió que sería mejor cerrarlo. —Vamos, regrese a la habitación antes de que alguien mas se de cuenta —Dijo ayudándolo a levantarse de aquel banco —No hablaremos más de esto, se lo prometo. Con estas palabras el rostro del pelinegro se iluminó. La mujer comprendió su situación y decidió ponerse de su lado. Arreglaron los ropajes del joven y regresaron a la habitación. Nadie debía saber lo que ocurrió esa noche, o más de una cabeza terminaría en una estaca.  A la mañana siguiente, en el Palacio de Hampton Court las cosas se movian rapidamente. Lady Doriane se encontraba desayunando junto a su madre cuando el duque de Norfolk irrumpió en la habitación. —Padre —Dijo la joven visiblemente sorprendida. —¿Qué te trae por aquí tan temprano? —Preguntó Lady Susie —Creí que tenías una reunión con el consejo. Debido a la campaña del rey inglés contra francia, había de dejar un regente a cargo del gobierno en su ausencia y ese lugar fue ocupado orgullosamente por Torger. Su esposa e hija disfrutaban de los beneficios dentro de la corte, casi como si fueran la mismísima familia real. Sin embargo, esa mañana un horrible rumor comenzó a correr por los pasillos. —¿Eres idiota? —Preguntó el hombre viendo fijamente a su hija —Te hice una pregunta, ¡Responde! El duque alza la voz tan fuerte que hace temblar a las mujeres y sirvientes ahí presentes. —¿Por que le hablas así a tu hija? —A Lady Susie no le gustaba cuando su esposo se mostraba con su carácter fuerte, y le avergonzaba que actuara así frente a los sirvientes —Retirense. Los sirvientes no tardaron en salir de aquella habitación y pronto Torger dio un golpe en la mesa. —¡¿En qué pensabas?! —Preguntó furioso —No, no, tú no piensas. Solo actuas en medio de tu estupidez e impulsividad. Lady Doriane se mantenía callada y con los ojos llorosos. Sabía bien de que hablaba. —¿Puedes parar un momento y explicar por qué actúas así? —Su madre intervino visiblemente preocupada —Ya hemos tenido muchas intrigas en esta familia. La joven miró a su padre implorando que no le dijera nada, pero era en vano. —Sergio se casó con el rey, se convirtió en la reina Sophie y ahora está en cinta —Comenzó Norfolk intentando controlarse —Posiblemente dé a luz al heredero al trono, ¡¿Y tu decides meterte en la cama del rey?! ¡¿Después de todo lo que nos costó el juego de Sophie?! Lady Susie volteo a ver a su hija con incredulidad, no podía creerla capaz de algo así. —Es una mentira, ¿Verdad? —Preguntó la mujer tomando de la mano a su hija —Dime que es mentira. Dime que no hiciste eso. Doriane sentía una mezcla de emociones respecto al tema. Estaba avergonzada por cómo sus padres descubrieron el asunto, y también por su reacción a esto. Pero también estaba molesta con ellos. —¿Cómo se supone que debo pararme frente al consejo y ver a la cara a esos hombres sabiendo que mi hija es la zorra del rey? —Soltó Torger para después llevar sus manos a la cabeza —Idiota, lo arruinaste todo. La rubia estaba harta de la situación, y no guardaría más silencio. Se levanta de su asiento y con la cabeza en alto mira a su padre directo a los ojos. —Yo debí ser reina —Dijo como si fuera un hecho —Yo debí casarme con el rey y no él. Su majestad me prefiere a mí que al frígido Sergio. ¿Qué hay de malo con proclamar lo que es mio? En ese momento el duque le da una bofetada que la regresa a su lugar, sentándose en aquella silla de la que se sostiene para no caer al suelo. —Nunca ibas a ser reina. Su majestad se habria desposado contigo desde hace meses si él lo hubiera querido, pero no fue así —Respondió Norfolk —Ahora eres la amante del rey y eso no nos sirve para nada. Susie se levanta de su asiento y los mira ambos con un atisbo de desprecio. —Primero Sergio siendo transformado en Sophie, y ahora tú con tus deseos de convertirte en reina —Señaló la duquesa visiblemente molesta y cansada —No estarán contentos hasta que todas nuestras cabezas sean colgadas para que la corte nos vea desde abajo. La duquesa deja la habitación tan llena de vergüenza como remordimiento por no haber hecho más por su sobrino. Lamentaba la situación en la que la familia se encontraba, principalmente por el pobre Sergio y la forma en cómo su hija lo puso en riesgo. Decidió ir a rezar para que el rey no mirara a su hija más allá de una simple amante. Y en aquella habitación todo era un caos. —Ahora entiendo porque Sergio te echo de su séquito —Comenzó Torger un poco más tranquilo —¿Cómo se enteró? Doriane lo mira con los ojos llorosos para después desviar la vista. —Nos encontró en su habitación —Confesó casi en un murmuro. Norfolk suspira pesadamente,  no puede creer lo estúpida que es su hija al exhibirse de esa manera. —Le escribirás a Sergio —Sus palabras llamaron la atención de su hija —Le imploraras su perdón, y le afirmaras tus deseos de limar asperezas. —¿Por qué? Ya esta hecho, ademas, tengo el afecto del rey —Señaló la joven bastante indignada ante la idea —No voy a pedirle perdón a ese idiota. —Callate y cuida tus palabras —Torger alzó la voz imponiendo su autoridad sobre ella —El afecto de su majestad no te pertenece. De ser así, él no hubiera permitido que Sergio te echará. Por el contrario, apoyó su decisión. —Lo hizo para que se calmara, hizo todo un escándalo la noche anterior —Respondió con cierto desprecio —Mira, me ha dado este collar como regalo. La rubia señala un collar de perlas que llevaba puesto y su padre se ríe en su cara. —Te trata como una amante, es todo —Y rápidamente la bajo de su nube —Él le dio la razón porque le importa. Y eso es algo que solo Sophie puede lograr. Así que discúlpate antes de que te vaya peor y nos arrastres a todos contigo. Torger camino hacia la puerta dejando a su hija sola en aquella habitación. Lady Doriane estaba muy molesta y, aunque no le gustara, terminó escribiendo una larga carta disculpándose con la reina por su actuar imprudente y desconsiderado.  Por otro lado, en Chelsea Manor las cosas avanzaron lentamente. La reina y el duque almorzaron solos mientras las damas lo hacían a la distancia, pero solo Lady Alice parecía notar el intercambio de miradas entre ambos. O quizá no solo ella. —Este lugar es muy bello —Comenzó Max mientras paseaba junto a la reina en el jardín del lugar —Está lo suficientemente lejos de la corte como para poder tener un secreto. —No lo digas así, alguien podría pensar mal —Dijo Sergio mientras volteaba a ver a sus damas, quienes estaban unos pasos detrás de ellos —Me gusta aqui, me recuerda a casa. El rubio sonríe ante esto y toma su mano cuando el pecoso se tropieza con una roca. —Con cuidado —Dice el duque con una voz suave que sonroja al más joven —Si quieres puedo llevarle una carta a tu abuela. Sé que estará feliz de saber de ti. Sergio sonríe y asiente mientras continúan caminando. Y alguien presta mucha atención a todo esto. El día pasa rápido y resulta mucho más agradable con la presencia del rubio. Las damas se entretienen bordando mientras Sergio y Max platican toda la noche, como si se conocieran de toda la vida. Cada uno termina yendo a sus respectivas habitaciones, y antes de dormir el pecoso propone hacer un dia de campo antes de que el duque se marche. Pero las malas mañas parecen pegarse. El pelinegro se desperto en medio de la noche y, sin hacer ruido, observo como sus damas dormian alrededor de su cama. Se levanta con cuidado y toma su bata para cubrirse del frío. Sus dos guardias habían decidido ir por algo de comer, y después uno haría un recorrido alrededor de la propiedad para asegurar que todo estaba bien. Sergio camina hacia la habitación de Max y abre sin aviso alguno. Lo ve durmiendo en su cama y toca su hombro suavemente hasta despertarlo. Cuando lo hace, se muestra confundido. —¿Sergio? ¿Qué haces aquí? —Pregunta mientras se sienta en la cama. La respuesta ya la sabe. —Solo quiero asegurarme de hacer bien la tarea —Responde el pecoso para después deshacerse de sus ropajes frente él. Max se deleita con la vista de aquel cuerpo desnudo frente suyo y siente la necesidad de saciar su hambre de él. Sergio sonríe cuando el duque hace un lado la sábana y lo invita a unirse a su lado. No es consciente de que alguien lo ha estado siguiendo y está observando.  Nota: nos leemos el otro sábado xd
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