ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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LEALTAD

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Cuando Perséfone fue raptada, no solo su madre busco por ella. Las ninfas recorrieron toda la tierra en busca de alguna pista de su paradero. Sergio podía sentirse solo en ese mundo, en esa fría corte. Pero tenía a sus ninfas, sus damas, quienes venían por él. Y ellas no lo traicionarían, ¿Verdad?  TW ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Sergio se acercó al duque y este dio una pequeña palmada en su pierna para invitarlo a sentarse. —¿Así que quieres asegurar al heredero en tu vientre? —Pregunta con cierta mofa —Puedo darte mi esperma las veces saque sean necesarias para que eso pase. El pecoso se coloca encima suyo y acorta el espacio que hay entre ambos para robarle un beso. Max sonríe ante esto y sus manos se posan sobre las suaves piernas del pecoso, acariciandolas de arriba a abajo y devorandolo con la mirada. —No puedo alejarme de ti —Murmura el pecoso para después robarle otro beso —Te deseo tanto, y sé que no está bien. Aún así no puedo evitarlo. —Y yo no te puedo dejar ir —Respondió el rubio en el mismo tono mientras lo tomaba de la cintura —Te quiero llevar conmigo, lejos de la corte, de todos. El pelinegro sonríe ante la idea de estar lejos de ese lugar que solo le ha traído desgracias. Sin embargo, sabe que es una simple fantasía en la cual no debe caer. —Al menos tómame esta noche, como la primera vez —Susurró para después volver a besarlo. Esta vez es más atrevido, demandante. Sus lenguas bailan entre ellas mientras sus fuertes manos lo atraen hacia su cuerpo y un gemido escapa de sus labios cuando siente su hombría bajo suyo. Max lleva su mano a la entrepierna del joven y acaricia su coño sin mucha vergüenza. —Estas tan mojado, ¿Llevas toda la noche pensando en mi? —Pregunta sin dejar de tocarlo y el pecoso no es capaz de formular una respuesta ante sus actos —Estas tan hambriento de mi polla que viniste a buscarme en medio de la noche. Eres demasiado travieso, mi amor. Checo lo mira fijamente cuando lo escucha llamarlo de esa manera. Le gusta mucho que se refiera a él de esa forma y no puede evitar sonrojarse al respecto. —Maxie, hazme el amor otra vez —Le pide con esos ojos cafés con un tinte verdoso que parece tenerlo hipnotizado. El rubio asiente y libera su miembro de sus ropajes para ayudarlo a posicionarse sobre él. Sergio levanta las caderas y deja que su amante se acomode en su entrada hasta baja sobre él, con ese pedazo de carne deslizándose dentro de su suave coño. Se sostiene de sus hombros con fuerza y ahoga un gemido que lo deja con las piernas temblando. Es la primera vez que lo hace de esa manera y le resulta extraño que sea él quien marque el ritmo. Pero Max no lo deja solo en la tarea y pone sus manos en su cintura para ayudarlo a moverse. —Mi hermoso Sergio... —Murmura el duque cuando lo ve esforzándose por llevar un ritmo constante cuando lo está montando —Toma lo que es tuyo, bonito. —Uhm... Maxie... —Dice el pecoso en el mismo todo —Me arruinaste por completo. El pelinegro no es capaz de retener sus propios gemidos, realmente disfruta de estar montando aquel hombre que siempre lo miraba con deseo. —Mira como montas está polla —Suelta el rubio mientras sus manos recorren sus carnosas piernas hasta llegar a sus nalgas —Rebotando en mi carne como si no fueras una reina perfecta. A Sergio le causa gracia su comentario, le parecía estúpido pero entendía su juego. —Soy tu reina, tienes que complacerme —Respondió en el mismo tono juguetón. Max sonríe y le da una nalgada que lo hace dar un pequeño brinco. —Sere un leal sirviente, majestad —Comenzo tomándolo de la cintura para que se detuvieran, algo que lo tomo por sorpresa —¿Y como quiere que complazca a la reina? ¿Llenándolo con mi polla todos los días? Entonces el duque logra voltear la situación en un movimiento rápido pero cuidadoso. Ahora el joven estaba debajo suyo y no tardo en intrudir su miembro en su coño. —M-max... —Balbucea un poco el pecoso cuando el mayor lo toma de las piernas como si quisiera abrirlo para él —No olvides correrte dentro... El rubio vuelve a sonreír antes de que sus embestidas se vuelvan más bruscas y poco discretas. Gime sin vergüenza con cada estacada, y el pocoso no es capaz de controlarse. Verlo tan posesivo lo excitaba demasiado. Golpea el interior del joven como si su vida dependiera de ello, le gusta la idea de llenar su vientre con su esperma. —Un hijo no será suficiente, te haré veinte —Murmura para después agacharse y robarle un beso. Checo baja su mano hasta su coño y comienza a tocarse al sentirse desesperado. Nunca lo había hecho pero recordaba lo bien que se sintió cuando Max lo toco la noche anterior, y definitivamente no fue mala idea. La doble estimulación llevo a que el pelinegro no dejará de gemir sin poder controlar su tono. —Maxie, por favor —Suplicó el pecoso con los ojos llorosos —Ya no lo soporto más. Sabe que ha estado reteniendo su orgasmo durante mucho tiempo, pero disfrutaba tanto hacerle el amor que hacía lo posible por durar más tiempo. Sin embargo, Checo había sido muy atrevido esa noche y eso fue algo que él no dejo pasar. El pelinegro se corre entre sus piernas mientras deja caer el peso de su cuerpo en la cama, y Max no deja de follarlo. Sabe que lo quiere, que lo necesita. Así que termina corriendose dentro del joven, soltando cada gota de su esperma en su interior para volver a asegurar el heredero. Lo observa completamente sudado y agitado, con su vientre contrayendose por todo el esfuerzo. Sale de él y lo envuelve en un abrazo, dándole una serie de besos en el cuello y la mejilla. —Soy tuyo, mi amor —Murmuró el duque a su oído. Le gustaba pensar que se pertenecían el uno al otro, y no dejaría de repetirselo en toda la noche.  Pero algo más había ocurrido durante ese lapso de tiempo. Desde que Sergio despertó y decidió escapar de su habitación para ir a la del duque, tuvo una sombra pegado a él. Lady Hannah McMillan había estado sospechando de la cercanía de la nueva reina con el único hijo del rey. Los toqueteos innecesarios y las miradas cómplices fueron el inicio de una teoría que poco a poco se tejía en la mente de la joven. Pero todo termino de confirmarse cuando esa noche fingió quedarse dormida al notar lo impaciente que parecía su majestad al respecto. Apenas el pecoso se levanta para alejarse de ella, Lady Hannah lo sigue sin hacer algún ruido y lo ve entrar a la habitación del duque. Se acerca a la puerta y la abre ligeramente para poder observar lo que sucede ahí dentro. “No puedo alejarme de ti” “Tomame está noche como la última vez” “Hazme el amor otra vez” Escuchar a la reina confesando indirectamente sus pecados no era algo que esperaba encontrar esa noche. Y tampoco verla desnuda sobre él. Lady Hannah se aparta de la puerta y comienza a caminar de nuevo hacia la habitación de la reina. Pero al girar en la esquina de un pasillo casi grita de la sorpresa que se llegó al toparse de frente con Lady Abigail. —Dios, me asustaste —Afirma Hannah con una sonrisa nerviosa —¿Qué haces despierta a esta hora? La joven la toma del brazo para acercarse más a ella. —Ambas sabemos porque —Señaló —Me percate cuando la reina se marchó y te vi seguirla. Ella lo está haciendo con él, ¿Verdad? Su pregunta la toma por sorpresa pero decide fingir que no sabe nada. —¿Qué? Ya estás muy agotada Abi, debemos ir a dormir —La toma de la mano para llevarla de nuevo a su habitación pero al llegar los guardias parecen haberse vuelto locos. —La reina no había salido de la habitación —Dice Xavi visiblemente preocupado. —Nos habláramos percatado de eso —Señaló Jo con el mismo estado de alerta. —No es necesario que la busquen, yo sé que ella... —Lady Alice buscaba calmarlos hasta que vio a las dos dama llegar —Mierda... Todo se le estaba saliendo de las manos. —¿Y la reina? —Pregunta Xavi notando que habían regresado solas. La pelirroja les había mentido respecto a la ubicación de su majestad. Les aseguro que esta estaba con sus damas faltantes, algo de lo que tampoco estaba segura. Pero esto no sirvió de nada cuando las vieron regresar solas. —La reina está con el duque —Solto Lady Abigail rompiendo en llanto —Y nos cortaran la cabeza a todos. —Cierra la boca —Dijo Lady Hannah bastante molesta por la imprudencia de la joven. —Eso es imposible, el duque Max FitzRoy es leal a su majestad el rey —Señaló Xavi incrédulo ante la confesión —Él nunca haría eso, es un hombre de honor. —Y la reina no yaceria con otro hombre, ella comprende bien lo que es la traición —Aportó Jo bastante seguro de sus palabras. —Nosotras la vimos entrar a su habitación —Insistió Lady Abigail —Si vamos ahora todavía los podemos encontrar. En ese momento Lady Alice le dio una bofetada que la hizo callar. —Silencio a todos —Comenzó la pelirroja y suspiró pesadamente antes de continuar —Ustedes están aquí porque juraron proteger a su majestad la reina. No para exponerla en un momento de intimidad. Estas últimas palabras fueron suficiente para hacerles entender que no era ninguna mentira. —Entonces... —Xavi no pudo continuar porque sería interrumpido por la dama de mayor experiencia. —Tienen que guardar silencio sobre esto o sus cabezas de verdad terminarán en una pica —Advirtió tensando a todos —Si ustedes no son leales a su majestad, nadie lo será. —Pero ella nos pone en riesgo con sus acciones —Esta vez fue Lady Hannah quien levantó la voz —No es justo para nosotros. A ella no le importamos. Todos parecían estar de acuerdo con lo que dijo, pero Alice era muy buena con las palabras. —¿Y quién les creerá si dicen eso? —Preguntó notando como ninguno parece arrendar la respuesta —El rey preferirá decapitarlos a todos ustedes antes que a ella. Demuestren que ganaron su lugar y serán recompensados. Porque si deciden ser tus enemigos, me aseguraré de que paguen por ello. Esto pareció dejarlos callados a todos. Y la pelirroja finalmente les indica que vayan a dormir, porque no podrán cambiar nada de lo que ha sucedido. Si bien la mayoría empatizaba con la reina, también pensaban en su propia seguridad. Pero quién estaba segura de que no se dejaría intimidar, esa era Lady Hannah.    Al día siguiente las tensiones continuaron durante el almuerzo. Ya resultaba obvio para todos lo que ocurría entre la reina y el duque. La forma en como este lo veía y tocaba denotaba no solo familiaridad, sino también complicidad. Habían decidido que el rubio haría demostración de sus habilidades con el caballo. Esto fascinó al pecoso, que parecía cada vez más entregado a esta relación extramatrimonial. La demostración fue aprovechada con una distracción por una de sus damas para intentar escapar de esa lectura. Lady Hannah McMillan no podía esperar a regresar a la corte y darle las noticias al conder Horner. Había un compartimiento secreto donde ella podía ocultar una carta que sería tomada por uno de los granjeros que cuidaban la propiedad. Estos se encontraba en las mismas caballerizas cerca de donde estaban todos. Sin embargo, cuando Lady intentó llegar hasta donde se encontraba este compartimiento falso en el suelo, una de las correrás de un caballo se enredó en su zapato y este termino siendo asustado por la intrusa. No hubo tiempo ni para meter las manos, y cuando se dio cuenta estaba siendo arrastrada por ese caballo en el campo abierto. Max es alertado de esto por la reían, y es él quien corre a auxiliar a la joven montando su caballo. Logra detenerlo y liberarla, aunque ya se había lastimado el rostro y las manos. Rápidamente la llevan a la propiedad y el pecoso busca algunas hiervas para poder aliviar su dolor. La joven llora por sus heridas que parecían ser superficiales, pero es la reina quien más se empeña en atenderle. —Tranquila, por favor, no llores —Murmura el pecoso con una calidez que la deja sin palabras. Pero es quizá esto algo que pueda cambiar el rumbo de lo que sería el destino de ambos en medio de esas intrigas palaciegas. Solo sería cuestión de tiempo para averiguarlo.    Nota: disculpen la tardanza y si hay algún error. Lo escribí medio dormida xd
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