ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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OBEDIENCIA

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Perséfone comió semillas de granada, y con esa simple acción quedó atada para siempre al inframundo. Con su familia traicionadolo y dándole la espalda, no había algo que atara a Sergio a ese infierno. Pero Max parecía ser como esas semillas de granada, el fruto prohibido que probó y lo terminó de atar para siempre a él. Sin embargo, ¿Podría este amor prevalecer incluso con la separación constante que tendría que enfrentar? ¿Acaso este amor prohibido daría sus frutos a un futuro prometedor? No lo sabían, de momento solo tenían sus cabezas todavía pegadas a sus cuellos.  Un par de días después. Lady Hannah observaba a los pájaros cantar a través de su ventana. Todavía recordaba el cielo azul que veía cada mañana cuando paseaba con su padre. Cuando ella quedó huérfana de niña, el conde Horner se encargó de velar por su futuro. Su familia estaba bien posicionada, pero con la muerte de sus madres ella solo pudo acudir a un familiar lejano. Y claro que Christian estaba interesado en cuidar de ella, principalmente por la enorme herencia que había obtenido. Se volvió su tutor legal, pero siempre manejo todo con discreción. No buscaba que ella destacará para llamar la atención de algún noble, pues deseaba casarla con su hijo en dado caso el rey no tuviera alguna princesa por la cual apostar. Siempre debía ser obediente, y creció sintiéndose en dedua con él. Realmente no le importaba mucho traicionar a la reina siempre que el conde la tratara bien. Pero Liam complicaba mucho las cosas, y no le gustaba estar cerca de él. Lamentablemente no había podido acceder a su herencia, pues el conde Horner era muy astuto y retenía su poder sobre ella a base de manipulación emocional. Él era como un padre para ella, y eso lo ayudo a tener ventaja. —Hannah, ¿Estás despierta? —La voz de la reina la saca de sus pensamientos y la puerta abriéndose solo le da el tiempo suficiente para sentarse en la cama. —Majestad —Dice la joven algo apenada por no poder levantarse. —No te esfuerces, solo traje un té de hiervas que te ayudará a sentirte mejor —Respondió el pecoso sentándose a su lado. Era bastante temprano por la mañana, así que apenas llevaba una bata capa que cubría su cuerpo del frío. Lady Hannah se avergüenza un poco al recibir tanta atención por parte de la reina. —No es necesario, majestad —Afirmó la joven pero Sergio insistió hasta que la hizo tomar la taza —Le agradezco. —Mi abuela solía prepararme este té cuando me sentía mal, me ayudaba a relajarme —Comenzó el pecoso mientras la veía beber un sorbo —Pero creo que no nos has contado una cosa, ¿Qué hacías en las caballerizas? La joven se queda en silencio un momento y vuelve a beber del té mientras su cerebro trabaja tan rápido como puede para encontrar una excusa. —Solo quería acariciar al animal —Explicó intentando sonar lo más tranquila posible —Pero no supe cómo acercarme y lo asusté. Checo asiente, parece una excusa creíble y no quiere pensar nada extraño de su joven dama. Quiere confiar en ella. —Debes tener más cuidado, pudiste haber muerto a causa de tu curiosidad —Respondió tomando su mano con delicadeza —Tengo que irme, debo despedir al duque. Sergio no pudo ocultar su tristeza al decir esto, pero era una realidad que debía afrontar. Se levantó de la cama dispuesto a marcharse, pero Hannah tenía algo más que decir. —Lamento no poder acompañarla a despedir al duque, sé que lo aprecia mucho —Soltó. Esto hizo que el pecoso se girara para verla algo nervioso, pero luego sonrió intentando controlarse. —No te preocupes, le daré tus buenos deseos —Afirmó antes de marcharse. Camino a paso acelerado hasta su habitación, no le había gustado para nada lo dicho por la joven. “Sé que lo aprecia mucho” no dejaba de repetir esa frase en su cabeza. ¿Realmente sabía algo o solo estaba jugando con su mente? Estaba a punto de llegar a su habitación cuando decidió desviar su camino. Ni siquiera se molestó en tocar la puerta, simplemente se metió. —¿Qué pasa? —Preguntó Max cuando lo vio entrar —¿Estás bien? El rubio se acercó rápidamente a él y tomo sus manos con las suyas, dándole un beso para intentar calmarlo. —Ella sabe... —Susurró el pecoso. No le gustó su tono de voz tembloroso y el miedo en sus ojos. Esa simple frase implicaba demasiado. —¿Quién sabe? —Preguntó sumamente preocupado —Dime, Sergio, ¿Quién sabe? Ambos sabían lo peligroso que sería si su aventura se hacía de conocimiento público. Pero a Max le preocupaba mucho que Sergio estuviera en peligro por culpa de ese deseo ferviente que sentía por él. Porque no le importaba morir a manos de su padre, aunque todos lo creían incapaz de eso, pero no soportaba la idea de perder a aquel joven de ojos cafés con tintes verdosos que le había robado el corazón. No lo podía permitir. —Hannah, creo que sabe algo o al menos lo sospecha —Confesó el pecoso algo nervioso, pero el rubio termino abrazandolo para consolarlo. —Tranquilo, ¿Por qué piensas eso? ¿Acaso te dijo algo? —Tenía que tener toda la información completa antes de reaccionar. —Dijo que yo te apreciaba mucho, pero la forma en que lo mencionó fue extraña —Explicó —Como si quisiera que yo supiera algo. Max lo mantuvo pegado a su cuerpo, dejando que recostara su cabeza en su pecho y acariciaba sus oscuros cabellos para intentar calmarlo. —Respira, bonito, no dejes que el miedo te gane —Murmuró —Nadie puede tocarte. Entiendelo, ellos te sirven a ti, no al revés. No te permitas perder el control. Sergio asintió y se separó un poco de él para verlo fijamente a los ojos. —¿Y que hago ahora? —Pregunto en el mismo tono. En ese momento el rubio le dio un corto beso en los labios y junto su frente con la suya. —Actua con normalidad, de lo contrario estarás delatandote —Señaló mientras cerraba los ojos y lo escuchaba respirar profundamente —Ella no es nadie. No tiene pruebas ni testigos. Su palabra no vale nada. Checo asintió separándose de él. —Esta bien, intentaré actuar mejor —Respondió el pecoso un poco más calmado —Será muy difícil estar lejos de ti. —Lo harás bien, eres muy listo y capaz —Murmuro acercándose a él. En ese momento Max lo tomo de nuevo por la cintura para acercarlo a él y le plantó un beso en los labios un poco más atrevido. El pelinegro no puso resistencia, se dejó llevar en los brazos de su amante y pronto lo tenía contra la cama. —Max, mis damas están esperándome —Le recordó el pecoso —Nos van a escuchar. —Estaré lejos de ti por meses, déjame tenerte una última vez —Le pidió para después continuar besándolo. —Hazlo rápido —Respondió el pelinegro. Pronto lo hizo subirse a la cama y ponerse en cuatro dándole la espalda. A Max le encantaba esa vista tan lasciva del joven y le dio una pequeña nalgada antes de acariciar su expuesto coño. Estaban tan mojado que sabía que no podía perder más el tiempo. No tardo en introducirse dentro de él, tomándolo de la cintura para acomodarlo mejor a sus embestidas. Sergio mordía la sábana bajo suyo, intentando guardar el mayor silencio posible en la habitación. Por su parte, Max era un poco más atrevido al momento de follarlo, pero sabía que contaba con poco tiempo antes de marcharse. —Eres mio, recuérdalo siempre —Murmuró segundos antes de alcanzar el climax. Al menos quería dejar eso en claro. Porque no podía evitarlo, sentía muchos celos de su padre. Y esto era en muchos sentidos.  Cuando los dos amantes terminaron de dar rienda suelta a su deseo, Sergio limpio cualquier evidencia con un paño húmedo y después se marchó a su habitación. Sus damas lo ayudaron a vestirse y Alice se percató de cierta marca colorada en la pierna del joven. No dijo nada, ni siquiera tenía que preguntar. Ya lo sabía. —Llego una carta para usted, majestad —Dijo Lady Abigail acercándosela. Sergio como aquella y pronto sospecho de quién se trataba al ver el sello que contenía este. Se trataba de un águila, el escudo de armas de la fama Wolff. “Querida prima, mi amada reina. Lamento mucho la situación que ha provocado un abismo entre nosotras. Eres importante para mí y quiero que sepas que estoy dispuesta a limar asperezas. Sé que estás molesta y lo entiendo perfectamente. Pero recuerda aquello que nos une más que a nadie en el mundo. Un lazo de sangre que nos ha conectado todas nuestras vidas. Solo nos tenemos la una a la otra. Por favor, no permitamos que una situación así me separe para siempre. Todavía tengo afecto por ti en mi corazón, y espero que tengas espacio para mí en el tuyo. Sé que eres bondadosa y justa, así que te imploró una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. Te amo con todo mi corazón, Lady Doriane Wolff” El pecoso sonrió algo molesto y arrugó aquella carta en sus manos para después arrojarla al fuego. Terminaron de vestirlo pero Sergio quería escribir su respuesta ya que solo tenía una cosa que decirle a su prima. Y una vez terminada su carta, se dispusieron a acompañarlo a despedir al duque. En la entrada estaban las dos damas junto a la reina y sus caballeros. Max salió del lugar y se acercó al pecoso, tomando su mano para darle un beso. —Debo marcharme pero sepa que rezaré por usted, mi reina, para volver a verle —Afirmó el rubio pasándole algo a la mano del joven para después soltarlo —Que dios nos permita reunirnos de nuevo en Hampton Court, para recibir las buenas nuevas junto a su majestad el rey. —Rezare todos los días para que eso ocurra, y que Dios lo regrese a mi... A nuestro lado —Respondió el pelinegro algo melancólico. Dicho esto, Max subió a su caballo para comenzar su trote lejos de Chelsea Manor, siendo observado por su amante con un atisbo de tristeza en su rostro. Sergio bajo la mirada para observar aquello que el duque le había dado, era una nota: “Mi flor silvestre, te escribiré cada noche” Sintió como su corazón se aceleró al leer esto y sonrió tontamente sin disimular ni un poco. Pero luego recordó la conversación que habían tenido antes. Entonces se giro para ver a sus acompañantes, los cuales con su mirada podía delatar aquello que ya sospechaba. —A-alice... —Balbuceó un poco al llamarla. —Majestad —Respondió la pelirroja acortando la distancia entre ambos. Nervioso, tuvo que hacer una pregunta que no le gustaba. —E-ellos... —Tuvo un comienzo difícil —Dime la verdad. Su tono de voz era suave pero asustadizo, algo que conmovió a la mujer. Pero le pidió sinceridad, y eso le daría. —Todos lo saben —Afirmó para su mala suerte. El pecoso los observo a todos con detenimiento, algunos no pudieron evitar apartar la vista. Era un desastre y se sentía solo en eso. Traga en seco antes de comenzar a caminar hacia su habitación No podía creer lo descuidado que había sido. Alice lo sigue de cerca y lo ve sollozando cuando entra a la habitación. —Majestad, guarde la calma, nadie dirá nada —Se apresuró en tranquilizarlo —No hablarán porque son leales a usted y le obedeceran siempre, lo han jurado. Pero eso no lo mantenía tranquilo. —¿Qué más saben? —Cuestionó mientras llevaba sus manos a su vientre. —Nada más, se lo prometo —Dijo la pelirroja —Ellos saben que usted estaba en cinta cuando se marchó de Hampton Court, y nada de eso cambiará. Y si el duque le ayudo, entonces no toque más el tema. —Hannah lo sabe —Señaló el pecoso —Me lo dio a entender esta mañana. ¿Confías en todos ellos para que no digan nada? Lady Alice suspiró profundamente. —Jo y Xavi son caballeros juramentados a ustedes, han prometido cuidarle, cuidarán su honor —Insistió la pelirroja. —No hay honor en la traición —Murmuró el pecoso —He cometido un pecado y me dejé llevar por la lujuria, y ahora los he puesto en riesgo a todos. El pelinegro se sentó en la cama con los ojos llenos de lágrimas. —Tiene que sobreponerse, esto es un juego, siempre lo ha sido —Señaló Alice sentándose a su lado —No puede ponerse a llorar y a lamentarse. Hizo lo que creía correcto para sobrevivir, no se deje vencer. La mujer tenía razón cuando se refería a esto como un juego. Todo era intrigas, estrategias, traiciones. Pero aquí no se perdía una ronda, sino la vida misma. Y Sergio tendría que aprender a jugar bien sus piezas, cuidar sus movimientos y saber diferenciar a sus enemigos de sus aliados. Él era la reina en ese tablero de ajedrez.  Nota: perdón la tardanzaaa y la hora jaja
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