CUESTIÓN DE HONOR
22 de diciembre de 2025, 18:53
Todas las flores se marchitan.
El invierno le arrebata muchas cosas a la tierra cuando la fina y fría capa de nieve lo cubre todo.
Los días de primavera de Sergio habían llegado a su final.
Tendría que toparse de nuevo con la helada y solitaria vida en el palacio, donde parecía ser otra pieza de ajedrez de su tío.
Pero incluso las reinas de vez en cuando tienen que recordar su lugar.

Meses después.
La campaña contra Francia había llegado a su fin con un resultado agridulce para Inglaterra. El costo fue bastante alto, pero lograron lo que el rey deseaba.
Sin embargo, otra guerra estaba a punto de desatarse en su propio palacio.
Con el inminente regreso del rey, el duque de Norfolk creyó oportuno que la reina regresara al palacio de Hampton Court y así haciendo que Sergio abandonara Chelsea Manor, el lugar que le recordó a su hogar.
Teniendo que cumplir con sus deberes como la reina consorte, el pecoso no tuvo mas opción que abordar el carruaje que lo llevaría de regreso a su terrible realidad.
Y todo su sequito estaba bastante nervioso.
—¿Se encuentra bien, majestad? —Pregunta Lady Alice al ver cierto atisbo de dolor en el rostro del pelinegro y este niega con la cabeza —¿Desea que nos detengamos?
Sergio asiente y la pelirroja golpea el techo del carruaje mientras da ordenes de detenerse.
Una vez pausado el viaje, el pecoso sale con cuidado y solo da unos cuantos pasos antes de regresar la comida.
Sus damas lo auxilian mientras él acaricia con delicadeza su abultado vientre.
—Deberíamos detenernos a descansar, nuestra reina no se siente bien —Afirmo Lady Abigail preocupada por la salud de su majestad.
Era bastante tarde por la noche y el camino era algo difícil por las constantes lluvias, y parecía que el cielo los amenazaba con atraparlos en una.
—No estamos muy lejos de Richmond —Esta vez fue Lady Hannah quien hablo, haciendo que las demás damas voltearan a verla —Quizá el duque sea bondadoso y nos de refugio.
Resultaba complicado hablar de Max Fitzroy después de que descubrieran su amorío, pero al menos la joven tenia razón en algo.
Si querían descansar, no había duda que el palacio de Richmond era la mejor opción para todos.
El pecoso tomo el pañuelo que Lady Alice le ofrecía y lo paso sobre sus labios, aclarándose la garganta para decir algo.
—Iremos a Richmond —Ordenó.
Regresaron de nuevo al carruaje y continuaron su camino, pues el palacio de Richmond no estaba lejos de su ruta para Hampton Court.
Cuando arribaron no había nadie mas feliz que el duque, quien había regresado de un viaje y ahora se reencontraba con su amante.
—¿Qué haces viajando en medio de la noche? Es peligroso —Afirmo el rubio una vez que se acomodaron en el palacio y se encontraban cerca del fuego de la chimenea en uno de los salones privados —Lo es para ambos.
Max coloca una mano en el vientre del pecoso, sabe bien que ese bebé es suyo.
—Norfolk requiere mi presencia con urgencia, el rey regresara pronto —Respondió Sergio con los ojos adormilados.
—Estas agotado, Norfolk es un idiota como regente —Su comentario lo hace reír en medio del cansancio —¿Recibiste mis cartas?
El pecoso asiente y coloca su mano sobre la suya en su abultado vientre.
—Tus palabras son hermosas —Murmuró intentando ocultar una sonrisa.
—Es lo que siento por ti —Respondió en el mismo tono —Eres muy especial para mí.
El rubio se acerca a su rostro y atrapa sus labios en un dulce beso.
Cualquiera que los viera pensaría que se trata de un matrimonio lleno de amor, desconociendo el verdadero lazo que los une.
—Me avergüenza haberlas quemado —Confeso recostándose en su hombro —Me hubiera gustado conservarlas.
El duque recordó que, junto a sus cartas, venían una indicación que él dejo muy en claro: Todas debían ser quemadas para no dejar evidencias de su amorío.
—Es por el bien de todos —Respondió mientras no dejaba de acariciar su vientre —¿Has pensado en algún nombre?
Sergio se queda en silencio por un momento y luego niega con la cabeza.
—No lo sé, todavía me cuesta creer que tendremos un bebé —Confiesa mirándolo fijamente a los ojos —¿Y tú?
El rubio se gira haciéndolo levantarse de esa posición y le da un beso en la frente.
—No creo que al rey le importe mi opinión al respecto —Señaló —Pero si pudiera elegir, si fuera un niño se llamaría Patricio, me gusta mucho ese nombre. Era de mi abuelo
Sergio sonríe, le ha agradado esa propuesta. Y si bien el rey no le preguntara a Max, él también lo puede sugerir.
—Patricio... Es lindo —Murmuró con una sonrisa que solo provoco que su amante le diera un beso en la mejilla —¿Y si es una niña?
—Debería tener un nombre tan hermoso como ella... ¿Elizabeth? No, mejor Victoria —Respondió Max con una gran sonrisa, incluso podría imaginar lo linda que seria —Mi dulce Victoria.
Se acerca al pecoso y le da un par de besos más que solo lo hacen reír.
Y mientras ellos disfrutaban de la privacidad de su amor, Lady Alice tenia que lidiar con su sequito en otra sala.
—No fue una buena idea venir —Afirmo Lady Abigail rompiendo el silencio que llenaba la habitación —Mientras más cerca estén del otro, más obvio será para todos.
—¿El que exactamente? —Pregunto Lady Hannah llamando la atención de todos —¿Sobre su relación? ¿O sobre la criatura que lleva en el vientre?
Y la pelirroja tuvo suficiente.
—¡Silencio! —Dijo alzando la voz —Tú, dime, ¿La reina estaba en cinta antes de partir de Hampton Court?
El caballero Jo asintió rápidamente.
—Nuestra reina estaba en cinta desde antes de llegar a Chelsea Manor —Afirmó el pelinegro.
—Lleva el hijo de nuestro rey en el vientre —Complemento Xavi quien entendía bien la situación en la que se encontraban desde el primer momento.
Llevaba mas de una década en la corte, sabia bien como se movían las cosas.
—Su majestad la reina estaba en cinta antes de partir de Hampton Court, y esa es la única verdad —Señaló Lady Alice como si esto fuera algo que todos debían recordar —Aquel que se atreva a negarlo y levante injurias en contra de su majestad, tendrá que enfrentar la ira del rey, ¿Entendido?
Todos asintieron ante esto y la noche transcurrió con tranquilidad, sabiendo que por la mañana retomarían el camino de vuelta a la corte y debían cuidar bien sus lenguas.
Comprendían que sus vidas dependían de que nadie se enterara de lo que estaba ocurriendo a espaldas del rey, pero seria cuestión de tiempo saber si eran tan leales como parecían.

A la mañana siguiente, en el palacio de Hampton Court todo era un caos.
La familia Wolff estaba atravesando una crisis desde hacia meses gracias a la mala reputación de su única hija, una que parecía atraer la deshonra con cada paso que daba.
Ya era complicado que todos supieran que era la amante del rey, pero la respuesta de la reina a la carta de Lady Doriane termino de sentenciar todo.
Todavía podía recordar con claridad aquella mañana donde recibió la carta con el sello de su majestad.
Un águila con una corona.
Hecho especialmente para Sergio.
Pero el contenido de esta no fue del agrado de nadie de su familia.
“Doriane, recibí tu carta con la misma emoción que el día de mi boda.
Te prometo que no me interesa en lo absoluto lo que pase contigo.
No deseo que vuelvas a ser parte de mi séquito de damas, porque claramente ya no lo eres.
Como decidiste ser su zorra, ya no te quiero cerca de mí.
Así que cuando escuche tu nombre, solo pensaré en la pvta del Rey”
Era devastador.
Norfolk sabía que su influencia ahora dependía de la labor de Sergio como la reina consorte.
El lazo de sangre que comparten es lo único que lo une al trono y no podía perderlo.
—No quiero que te aparezcas frente a él, o frente a ninguno de los dos —Afirmó Torger a su hija antes de marcharse para recibir a la reina.
Debería haber llegado en la madrugada, pero la lluvia los atraso en su camino y ahora los recibiría después del amanecer.
—Solo espero que pueda perdonarnos a todos —Murmuro Lady Susie Wolff a su esposo, la duquesa se miraba muy nerviosa.
¿Y como no podría estarlo?
Estaban condenados.
Caminaron hacia la puerta principal del palacio y formaron una fila para recibir a la reina y su séquito.
Pero se sorprendieron al ver qué no venía sola.
Max FitzRoy cabalgaba delante de todos, dirigiendo el séquito de la Reina y saludando como si se tratara de mismísimo monarca.
Cuando finalmente llegan, baja de su caballo y se apresura a ayudar a la reina a bajar de su carroza.
Sergio viste de manera elegante, con un hermoso vestido púrpura digno de la realeza y con bordados de hilo de oro y plata.
Una capa terciopelo rojo escarlata lo cubría del frío de la mañana y su cabello estaba cuidadosamente arreglado con un tocado francés adornado con pierdas preciosas.
Él sabía que debía recordarles a quien tenían en frente.
Las trompetas alertaron a todos de su presencia y no tardaron en reverenciarlo.
—Su majestad, la reina Sophie Wolff —Anunció el heraldo.
Sergio camino lentamente al lado de Max, quién hacia todo lo posible por ocultar una sonrisa.
—Majestad, sea bienvenida —Dijo Torger mirándolo a los ojos, pero la indiferencia del pecoso lo puso nervioso.
—Mi reina, ha vuelto sana y salva, que dios la proteja —Dijo Lady Susie manteniendo la vista en el suelo, no podía con la vergüenza.
El pelinegro solo asintió y continuo su camino.
—Necesito descansar —Afirmó acariciando su barriga.
Los demás cortesanos le rindieron tributo a su paso, pero Sergio solo quería llegar a su habitación.
No soportaba estar en Hampton Court, no cuando había vivido un paraíso en Chelsea Manor.
La frialdad de la corte, sumadas a las intrigas palaciegas y traiciones eran insoportables.
Max se despide del pecoso con una seña, no pueden pasar tanto tiempo juntos sin que empiece a llamar la atención.
Así que se aleja por el bien de ambos.
Sergio continúa su camino, saludando a todos a su paso pero con intenciones de no quedarse mucho tiempo.
—Majestad, el duque de Norfolk ha organizado un banquete por su regreso —Murmuró Lady Alice al darse cuenta de como la reina pasaba de largo a su bienvenida —Si no asiste será una clara muestra de desprecio.
—Bien, porque es exactamente lo que siento por él —Afirmó el pelinegro sin detenerse.
—Mi reina, no es apropiado que comience una guerra con él —La pelirroja bajo más el tono —Es un hombre muy poderoso en la corte.
—Como si su posición actual no fuera el resultado de mi matrimonio —Señaló Sergio firme en su decisión.
Lady Alice estuvo a punto de decirle algo cuando de pronto el pecoso se detuvo en seco.
Al voltear se percató de aquello que lo hizo detenerse.
Frente a ellos, en aquel pasillo rumbo a su habitación se encontraba Lady Doriane Wolff.
La rubia sonrió al verle, y le hizo una reverencia mientras acariciaba su pequeña barriga de embarazo.
—Majestad, bienvenida —Dijo Lady Doriane con una animosidad fingida.
Sergio estaba anonadado al percatarse de su estado.
Era muy claro que en ese vientre había un bastardo del rey y su prima parecía estar muy orgullosa de eso.
Sin embargo, esto lo enfureció.
No solo era la traición, sino también el descaro.
Y actuó de la mejor manera en que se le ocurrió, aprovechándose de su poder.
—Lady Doriane —El pelinegro la llamo y ella se acercó sin dejar de tocarse la barriga —¿No te lo deje en claro en mi carta? No te quiero ver cerca de mi, y por eso te expulso de la corte.
La sonrisa de la rubia pronto desapareció.
—¿Qué? No, majestad, se lo ruego —Dijo Lady Doriane acercándose a él, pero Lady Alice se interpuso en su camino y la tomo del brazo para alejarla —¡Sueltame!
—No te atrevas a querer lastimar a su majestad —La pelirroja supo aprovechar mejor la situación —Guardias, llevense a esta mujer lejos de su majestad.
Jo y Xavi se apresuraron en tomar a la rubia por ambos brazos.
—¿Qué desea que hagamos con ella? —Pregunto el más alto a la reina.
En ese momento Sergio se volteó hacia Alice para pedirle ayuda.
—Enciérrenla en la torre, que aprenda cuál es su lugar —Respondió la pelirroja.
Ambos guardias voltearon a ver a la reina visiblemente confundidos, pues no seguirían las órdenes de su dama.
—Obedezcan —Y Sergio la respaldo.
—¡No, no, no! ¡Sueltenme! —Comenzó a gritar la rubia mientras era sacada a rastras —¡Soy la hija de Norfolk! ¡Mi padre es el regente! ¡Sueltenme, se los ordenó!
Pero de nada servirían sus gritos.
Sergio estaba bastante molesto y no la quería cerca, más ahora al verla en cinta.
Sabía que eso sería un problema a futuro.

Nota: Espero que les haya gustado, nos leemos el otro sábado ❤️