ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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BASTARDO

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El invierno era tan frio como la vida en la corte. Nadie pensaría que sentarse en el trono podría sentirse como un castigo divino. Vestido con las mejores telas, portando tocados de piedras preciosas y usando oro de pies a cabeza, con una corona que en cualquier momento podría hacerlo perder la cabeza. Era tan asfixiante como los vestidos que usaba. Tan pesado como las joyas que cargaba. Y tan solitario y vacío como el corazón del rey.  Lady Doriane paso las siguientes horas suplicando por ser liberada. Nunca pensó que su primo seria capaz de tratarla de esa manera, no le parecía justo. Desde su punto de vista, entendía que estuviera algo resentido con ella, pero sabia que él no amaba al rey, ¿Entonces por qué se molestaba? Para la rubia todo fue injusto desde el principio. Se suponía que ella se casaría con el rey, no él. ¿Había algo de malo en querer tomar aquello que se cree siempre tuyo? Incluso podría decir que le estaba haciendo el favor al mantener al rey lejos de su cama, así ya no estaría llorando por tener que dormir con él. —¿No te pedí que te alejaras de él? —La voz de su padre la saca de sus pensamientos, y el hombre cierra la puerta tras de si —¿Por que insistes en hacer todo lo contrario a lo que te ordeno? —Padre —Dijo la joven acercándose a él para intentar darle un abrazo, pero este se lo niega y esto la entristece un poco, pero no se rinde —Por favor, dime que me sacaras de aquí. Cualquiera podría pensar que la torre de Londres era un lugar de mala muerte, pero en realidad dependía demasiado del rango de la persona encerrada. En el caso de Lady Doriane, al ser hija de un duque, tenia ciertos privilegios al estar en la torre verde, recibiendo una habitación cómoda y algunos sirvientes que la atendían. Un trato que era bastante diferente al de otros prisioneros. —¿Si quiera tienes idea de lo que se te acusa para poder encerrarte aquí? —Norfolk se veía molesto, pero también cansado —Me tuve que enterar por terceros que mi hija esta encerrada en la torre verde por atacar a la reina. La rubia se queda estupefacta al escuchar esto. El atacar a la consorte del rey era como golpearlo a él mismo. —Y-yo n-no... —Balbucea sumamente nerviosa —Jamás haría algo así. Padre, sabes bien que yo no haría eso... Torger la ve suplicándole con esos ojos llenos de desesperación. —No sé que creer de ti —Y su respuesta la aflige aun mas —Estos meses has actuado como una extraña para mi. Doriane decide arrodillarse en el suelo mientras unas cuantas lagrimas se deslizan por sus mejillas. —Por favor, padre, tú no creerías algo así, soy tu hija —Respondió mientras sollozaba y tomaba su mano para ponerla en su mejilla —Por favor, si no lo puedes hacer por mi, al menos hazlo por mi hijo. Tu nieto. Norfolk frunce el ceño al escuchar esto. Había detestado la noticia de su hija embarazada del rey, porque arruinaba sus planes de desposarla a un joven con buena posición y el cual tuviera una gran herencia. Lejos del peligro de ser la amante del rey, quien había tenido varios amoríos de poca importancia donde las únicas afectadas eran las damas a las que cortejaba hasta que finalmente accedían a sus deseos. No quería ese destino para su hija. Deseaba que fuera reina o, sino lo conseguía, al menos que se convirtiera en duquesa. Pero ahora todos se referían a ella como la pvta del rey. —Un bastardo —Dijo el hombre con una voz firme —¿Quieres que me enfrente a la reina por un bastardo? Esta pregunta se sintió como un fuerte golpe para la joven. Sin embargo, ella no se iba a rendir. Porque sabia que no era el resultado de una aventura sin importancia. —Sigue siendo el hijo del rey —Afirmo con un cinismo que solo le provoco una pequeña risa. Esto confundió a la joven. —¿Y eso qué? —Dijo el hombre alejándose de ella —Max también es su hijo, y no lo ves poniéndole la corona en la cabeza. El único hijo que importa, es el que le dé la reina. Y esa no eres tú. Norfolk sabe que su hija puede ser muy impulsiva, pero todavía no podía descifrar si era muy ingenua o estúpida. —Aún no. La respuesta de Lady Doriane dejo en claro sus verdaderas intenciones. No sé trataba de un simple capricho de tener al rey, ella quería la corona. Y no le importaba pasar por encima de su familia para conseguirlo. —¿Sabes? Quizá la reina tiene razón y merezcas estar encerrada en esta torre —Fue lo último que dijo su padre antes de salir. Por más que la rubia llorara, no parecía que alguien fuera a abrirle. El duque de Norfolk estaba dispuesto a sacar a su hija si está se mostraba dócil y manejable, obediente. No la quería desafiante, impulsiva, tonta. La creencia de convertirse en reina iba bastante ligada a la idea de querer deshacerse de Sergio y eso implicaba arruinar el hasta ahora perfecto trabajo de Torger. Y no iba a permitir que la estupidez de su hija condenará a toda su familia.  Por su parte, Lady Hannah caminaba lejos de las habitaciones privadas de su majestad la reina. Había logrado encontrar una excusa para alejarse del séquito que la acompañaba, y poder escabullirse hasta poder reunirse como informante. Sus pasos eran algo rápidos, y miraba cuidadosamente a su alrededor para asegurarse de no ser vista. Cuando finalmente llega, siente como alguien la toma del brazo con fuerza y la obliga a entrar a la habitación. —Sueltame, me lastimas —Dijo la joven mientras Liam Horner, el heredero del condado de Essex, la jalaba con fuerza —Me duele, ya basta. Pronto el rubio la suelta arrojandola contra una silla cercana. —¿Dónde has estado? No respondiste a ninguna carta —Reclama con una voz dura que la pone nerviosa —Te pusimos en esa posición para que fueras útil y nos dieras informes sobre la reina. Pero te desapareces por meses ¿Y ahora pretendes actuar como si nada? La castaña estaba muy asustada, principalmente cuando la tomo de los brazos y la sacudió para que le respondiera. —N-no fue mi intención —Dijo balbuceando un poco —Tuve un accidente y... Ni siquiera pudo terminar de hablar cuando una bofetada la hizo caer al suelo. —Eres estúpida e inútil, no se porque mi padre perdió tanto tiempo confiandote a ti está tarea —Comenzó el rubio sumamente molesto —Yo le dije que lo mejor era deshacernos de la reina antes de que el embarazo se desarrollara, pero el confío en que podrías encontrar algo para arruinarla. En ese momento Lady Hannah abrió la boca, pero nada salió de sus labios. Solo se quedó pensando en que si había algo que podría arruinar a la reina pero, por alguna razón, no era capaz de decirlo. Porque incluso con su actitud poco amable, la reina Sophie nunca tomó represalias en su contra. Jamas le levantó la mano ni la maltrato. La cuidó cuando tuvo su accidente, y le creyó su mentira sobre lo que había ocurrido. —Tú sabes algo —Y Liam no tardo en sospechar —Dilo, y mi padre te recompensará. Sin embargo, Hannah no quería decirlo. No le importaba la recompensa, sino el trato. Toda su vida había estado ligada a los Horner, y cuando finalmente creía que podía ser aceptada por ellos, entendió que solo se trataba de qué tan útil resultaba para ambos. Nunca la iban a tratar de la manera en que ella deseaba. Entonces, ¿Por qué debería seguir a su lado? —No sé nada —Afirmó levantándose del suelo. Había tomado una decisión. Pero cuando pasó a su lado para intentar irse, Liam la tomó del brazo y le impidió avanzar. —Puedo verlo en tu rostro, crecimos juntos y sé cuándo mientes —Dijo con una sonrisa —Hablaras por las buenas, o por las malas. Lady Hannah jamás se había sentido más asustada que en ese momento. Empuja al joven para intentar salir corriendo, pero él es más fuerte y la retiene. —Habla, perra —Le dice el rubio mientras le quita su tocado y la despeina. Comienza a darle un par de cachetadas que hacen que su mundo de vueltas, hasta que el joven cierra su mano en un puño. No tiene piedad, está muy molesto con ella por no hacer lo que él quiere. Y es que esa dinámica se había marcado a lo largo de la vida de ambos. Siempre le recordaba que su padre le estaba haciendo el favor de cuidarla. Que debería estar agradecida porque no la abandonaron. Pero siempre se olvidaba de mencionar la enorme fortuna que le pertenecia a ella y de la cual ellos se adueñaron. La castaña hace todo lo posible por defenderse, lo araña, muerde y grita,  pero él es más alto y fuerte que ella. Sometiendola con facilidad, la joven ya no es capaz de decir más palabra de tanto maltrato. Pero cuando el rubio decidió que debería  darle más que solo golpes, la puerta se abre y el conde se horroriza al ver la escena. —¿Qué estás haciendo? —Su presencia lleva a que su hijo baje la falda de la joven —¿Eres estúpido? Lo toma del cabello y lo hace levantarse del suelo. —Padre, yo... —Intenta decir algo, pero Christian no está dispuesto a escucharlo. —¿Cómo pudiste hacer algo tan idiota? —Reclama —Te iba a casar con ella, y la mataste. —Yo no... —Sacala de aquí, que nadie sepa lo que pasó —Le ordena y ahora es Liam quien tiene que enfrentar las consecuencias de sus actos. Lady Hannah parecía estar sin vida, así que no había más solución que tirar aquello que ya no les servía.  Por otro lado, Sergio estaba terminando de tomar su baño caliente cuando recibió la noticia de la llegada de su majestad, el rey. Sus damas lo ayudaron a vestirse mientras Lady Alice le pedía que guardase la calma. —¿Crees que vaya a ver a esa mujer? —Pregunto el pecoso con una expresión seria en su rostro. —¿Quiere que la muevan a la torre sangrienta? Su delito es mayor, no debería estar en la torre verde —Afirmó la pelirroja mientras le daba indicaciones a Lady Abigail para que trajera el tocado. —¿Cuál delito? —Murmuró Sergio —Ambos sabemos que ella no intento atacarme. Lady Alice se acerca a él y le responde en el mismo tono. —Es la salida más fácil para deshacerse de ella. Sin embargo, Sergio todavía no podía dar ese paso. Por más que odiara a su prima, no se creía capaz de llevarla a la torre sangrienta donde el destino de sus habitantes era casi siempre la muerte segura. No estaba seguro de ser capaz de matar a su propia sangre. Lady Abigail se acercó a ambos y comenzó a colocar el tocado en el cabello del pelinegro. Una vez listo, el séquito de la reina salió a recibir al rey. Era bastante tarde, el sol se había ocultado y ahora el fuego daba luz a aquel frío palacio. Se formaron el fila para recibirlo, y este descendió, con ayuda, de su caballo. El pobre animal se notaba agotado. Con dificultad, el rey camino hacia su esposa y tocó su abultada barriga de embarazo. Después le dio un beso en la mano y lo obligó a caminar a su lado. Se notaba que le costaba avanzar, intentando no apoyarse en su pierna dañada por una úlcera sin sanar. Era como si se estuviera pudriendo en vida. Y aunque la noche de celebración se llevó acabo de acuerdo al trabajo del duque de Norfolk, hubo una noticia que amargo la noche del pecoso. —Mi reina, el rey ordenó la liberación de Lady Doriane Wolff —Murmuró Lady Abigail a su oído. El rey ya sabía del embarazo de su amante, y tomo el encarcelamiento como un acto provocado por los celos de la reina. Sergio se levantó de su asiento e ignoro los llamados se su esposo, caminando hacia su habitación. —Sophie, ¿A dónde vas? —Jos lo seguía tan rápido como podía —No te he dado permiso para retirarte. Ambos llegaron a la habitación del pecoso, donde los dos guardias se tensaron al verlos llegar. —No puedo quedarme en esa mesa a que me sigas faltando el respeto —Afirmó sumamente molesto —¿Por qué no le pides a Doriane que te acompañe? Si quieres que ella sea tu reina, ve y sientala en el trono. Ni siquiera se trataba de celos, sino de rabia y frustración. Había tolerado sus maltratos y abusos por meses, ¿Cómo podía pagarle así? —Ella no es importante —Y el rey no planeaba que está conversación se alargará —No podría ponerla en tu lugar. —Esta en cinta —Sergio no tardo en echárselo en cara —¿Cuál es la diferencia entre ambos? Ella también te dara un hijo. Jos no toma en serio todo esto, piensa que solo son celos. Y para un hombre que había recibido la frialdad de su esposa por meses, esto le hizo pensar que tenía su corazón. —Eres mi reina —Afirmo acercándose a él —Pídeme  lo que quieras para compensarte, pero piensa en mi hijo y cálmate. Jos solo pensaba en el heredero en su vientre, y eso le dio una idea al pecoso. Una vez su tío le dijo que su poder dependía de su matrimonio, pues no había corona en su cabeza. Era una reina sin poder y no iba a permitir que las cosas siguieran así. Se había propuesto jugar el juego, y ganaría.  Nota: Wenas, perdón por el atraso del cap :(
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