LA CORONA
22 de diciembre de 2025, 18:53
Sergio ya no era ese joven que creció en el campo corriendo entre las flores.
Ya no era tan inocente como cuando llego a la corte.
Incluso podría decirse que parte de su brillo se apago desde que pusieron aquel anillo en su dedo.
Pero ahora estaba dispuesto a tomar el control de su vida.
Era la reina y se lo haría saber a todo aquel que se atreviera a intentar interponerse en su camino.

Por la madrugada alguien entro corriendo a la habitación de la reina.
—Majestad, despierte —Dijo Lady Alice moviéndolo para levantarlo —Es urgente.
Sergio abre lentamente los ojos, el embarazo lo tiene bastante cansado y son contadas las veces que puede dormir bien.
—¿Qué pasa? —Pregunta en un murmuro.
La pelirroja lo ayuda a sentarse en la cama y en su rostro se puede ver un atisbo de preocupación.
—Es Lady Hannah, majestad, la encontraron a las orillas del sendero en los limites del jardín —Responde Alice con un nudo en la garganta —Creen que esta muerta.
Sergio no tarda ni un segundo en intentar levantarse de la cama, y su dama lo ayuda a hacerlo.
Colocándole su bata para cubrir su cuerpo, ambos comienzan a caminar en búsqueda de respuestas.
Una de sus damas había desaparecido esa tarde, pero era algo común que Hannah estuviera alejándose de ellas de vez en cuando.
Siempre tenía una excusa, una explicación rara.
Pero el pecoso le creía, pues incluso él tenía secretos.
—Es muy malo —Dijo Lady Abigail cuando los vio llegar —El médico dijo que tiene suerte de estar viva.
Lady Hannah había sobrevivido a la brutal golpizada que le había dado el hijo del Conde.
Tuvo bastante suerte de haber sido encontrado a tiempo para poder atenderla, pues de no haber sido hallada esa noche, quizá otra historia se estaría contando.
Pronto supieron que debería permanecer en descanso absoluto para recuperarse de lo que le había pasado.
Sin embargo, Sergio todavía tenía muchas preguntas por hacer.
¿Por qué? ¿Quién? ¿Cómo?
No creía que hubiera motivos por los cuales alguien querría hacerle daño.
—¿Y si es un mensaje hacia usted? —Preguntó Lady Alice mientras ambos observaban a la mujer en aquella cama —¿Es esto alguna amenaza?
El pelinegro no dijo palabra.
Claro que entendía los peligros dentro de la corte, todas las intrigas llevadas a cabo por deseos de poder.
¿Pero qué podría sacar golpeando una de las damas de la reina?
Y más aún, cuando se nota que la intención era matarla.
—¿Eso quiere decir que nosotras estamos en peligro? —Lady Abigail se miraba muy asustada debido a todo lo que estaba hablando la pelirroja.
—La única persona que nos puede responder eso está en aquella cama —Señaló el pecoso —Así que no saquemos conclusiones hasta que ella nos explique qué pasó.
—Le pido una disculpa, majestad —omenzó Lady Alice —Fue imprudente de mi parte el sacar conclusiones que solo nos pueden terminar alterando.
En ese momento Checo tomo su mano con delicadeza.
—Tranquila, entiendo perfectamente por qué lo pensaste —Aseguró el pelinegro —Xavi, por favor quédate con ella hasta que despierte y avísame por cualquier cosa.
—Como ordene, majestad —Respondió el mayor más que dispuesto a seguir sus indicaciones.
Sergio camino junto a sus damas de nuevo hacia su habitación, donde lo ayudaron a volver a la cama.
—Debemos tener más cuidado, principalmente después de que se de a conocer la noticia —Dijo el pecoso acomodándose —A muchos no les agradara, y necesito saber quiénes son mis enemigos.
Sus damas asienten ante esto.
—Majestad, ¿Cree que alguien quiere hacerle daño? —Pregunta Lady Abigail con cierto temor.
—Naturalmente —Afirmó la pelirroja sabiendo bastante bien como la corte percebia a las reinas.
Sergio acaricia su prominente barriga, le asustaba la idea de que alguien quisiera lastimarlo a él o su bebé.
Pero sabía que eso tarde o temprano pasaría, pues incluso desde su propia familia había reconocido la ambición y la envidia.
—El rey prometió cuidarnos a los dos, incluso si no creo en su palabra, creo en la corona —Dijo el pecoso sin dejar de acariciar su vientre —Soy la reina, llevo en mi vientre al heredero al trono y no permitiré que alguien nos lastime.
Eso era una promesa hecha frente a sus damas, y estás asintieron con la cabeza siendo conscientes de a lo que se enfrentaban.
Al día siguiente recibieron las tan esperadas noticias.
Mientras el rey Jos informaba al parlamento su decisión de coronar a su esposa antes del nacimiento de su vástago.
Hacerlo no solamente le daría más legitimidad a su matrimonio y al bebé en su vientre, sino también aseguraría su lugar como la esposa del Rey.
Nadie podría llevarle la contraria más que él.
Y esto también marcaría la diferencia con Lady Doriane, que no pasaría de ser la amante del Rey.
El verdadero poder estaba en la corona y Sergio la sabía muy bien.
Sin embargo, había cosas que no podía ignorar
—Despertó hace unos momentos y me pidió hablar con usted —Explico Xavi apenas vio que la reina llegó —Alega que tiene algo muy importante que decirle
El pecoso se acerca hacia donde se encuentra la mujer, algo adolorida pero calmada al estar a salvo.
—Majestad —Murmura Lady Hannah cuando lo reconoce —Tiene que saber toda la verdad.
—¿Qué pasó? —Cuestiono el pelinegro —¿Quién te hizo todo esto?
La joven desvía la mirada llena de vergüenza por lo que está a punto de decir.
—Su majestad le hizo una pregunta —Y Lady Alice se mostró firme reconociendo la culpa en su rostro.
La pelinegra respira pesadamente y sus ojos se llenan de lágrimas al recordar todo lo que pasó antes de quedar inconsciente.
—E-el hijo del Conde... —Comenzó con una voz temblorosa —Lord Liam Horner, hijo del Conde de Essex, me dio una golpiza por no contarle todo lo que pasó en Chelsea Manor.
Sergio se puso tensó al escuchar esto.
¿Qué sabían ellos sobre lo que pasó en ese lugar?
—¿Por qué te pregunto eso? —Cuestionó el pecoso con una voz firme.
—Yo solía ser su informante —Confesó sumamente avergonzada —Le pasa información sobre todo lo que hacía, con quién hablaba y a dónde iba.
—¡Traidora! —Dijo Lady Abigail alzando la voz.
—¡Lady Abigail, controlese! —Ordenó Lady Alice intentando no reaccionar a tal noticia.
—Primero Doriane, y ahora ella —Continuó la más joven de sus damas —¿Cómo pudiste traicionar de esa manera a su majestad?
Lady Hannah comenzó a llorar al escuchar esto. Se sentía muy mal por todo lo que había hecho.
—El conde era como un padre para mí, solo quería hacerlo feliz —Soltó entre sollozos —Perdoneme majestad, se lo ruego.
Sergio, quién observaba todo con atención, comprendió que era una situación demasiado complicada.
—Guarden la calma, no sacaremos nada con estar gritandonos entre nosotros —Dijo el pecoso mientras ponía las manos en su vientre —Lady Hannah, ¿Qué más trabajos hacías para ellos? Confiesa, mujer.
—Solo les daba informes, pero no quise contar lo que pasó en Chelsea Manor —Continuó la pelinegra intentando sentarse, pero el dolor era demasiado y dejo de insistir —Se lo juro, yo no dije nada. Él estaba molesto porque no le mandé ninguna carta y se puso muy violento, no pude hacer más por defenderme.
—Incluso como traidora, fuiste leal —Dijl Sergio soltando una risa amarga por lo irónico de la situación —¿Qué te llevo a no delatarme?
Lady Hannah lo vio fijamente a los ojos y trago en seco.
—Usted es mi reina —Afirmó sin flaquear.
Entonces el pecoso entendió que sería bueno mantenerla a su lado.
Porque incluso aunque en su momento Lady Hannah hubiera visto al conde como un padre, ahora su corazón estaba lleno de resentimiento y eso le sería de ayuda.
—Descansa y recupérate de tus heridas —Dijo Sergio antes de marcharse.
Al menos por ahora parecía que solo se trataba de un acto estúpido por parte del hijo del Conde y no una verdadera sospecha de algo más.
Sin embargo, se mantendria en alerta.
El día transcurrió con normalidad, entre cortesanos que mostraban un respeto mucho más grande que antes de la noticia de su coronación.
Y en la cena de vez en cuando su mirada se encontraba con la de Max FitzRoy, pero este solo sonreía y se giraba hacia su amigo Daniel.
Para su buena fortuna no se encontró con Lady Doriane, incluso cuando está fue sacada de la torre de Londres por órdenes del rey.
Aún así, las noticias no tardaron en llegar.
—Lady Doriane será llevada al castillo Kimbolton está noche, será un viaje de al menos dos días —Susurró Lady Alice a su oído.
—Mantiene lejos a su pvta para que yo este más tranquilo —Respondió el pecoso en el mismo tono —Al menos está vez pensó un poco.
La pelirroja se incomoda un poco al temer que alguien pudo escuchar tal comentario y se aleja de ahí.
El duque de Norfolk no estaba conforme con la decisión del rey, pero se mantuvo al margen debido a la noticia de la coronación de su sobrino.
Doriane era su hija, pero el poder lo tenía la reina.
Y eso lo tendría que aceptar, por ahora.

Durante los dos meses que llevo la preparación de la coronación de la reina Sophie Wolff, un plan se había trazado con cautela.
—Puedo hacerlo —Dijo Lady Hannah —Ire yo misma y le pondré el veneno a esa zorra.
Sergio rápidamente niega con la cabeza.
—No, todavía no te recuperas de tus heridas —Señaló —Además, si te ven sabrán que fui yo quien te mando.
—Todos piensan que abandono la corte —Comenzó Lady Alice —Nadie podría pensar que fue ella.
—Es muy arriesgado —Insistió el pecoso —Consigan a alguien que pueda hacer el trabajo sin ser visto. Algún mercenario o algo, pero que no sepa de quién viene la orden.
—Puedo conseguirle a uno, majestad —Afirmó Jo —Se deberá costear el viaje, pero será como una sombra.
Checo lo mira con atención, lo piensa por un momento y al final asiente.
—Si el veneno no la mata a ella, al menos lo hará con la criatura —Dijo el pecoso antes de levantarse de su silla —Que parta de inmediato, no importa cuánto cueste, que sea rápido y limpio.
—Como ordene, majestad —Respondió Jos para después hacer una reverencia y marcharse junto a Xavi y Lady Hannah.
—¿Esta segura de esto? —Preguntó Lady Abigail un poco afligida.
—Si, es necesario —Comenzó el pelinegro caminando hacia su cama —Pronto ambos daremos a luz, y no puedo arriesgarme. Mi coronación es dentro de unos días y quiero estar tranquilo ese día.
—Y lo estará, majestad —Afirmó la pelirroja —Un problema menos.
—¿Qué pasará si Lady Doriane pierde al bebé? ¿Lo mismo que a la anterior reina? —Lady Abigail parecía poco convencida.
—No, ella solo es una amante más que desechara cuando no le sirva —Explicó el pecoso —Si ella pierde al bebé, también lo perderá a él. Pero no la cabeza, en eso tiene suerte.
—Al menos no físicamente —Señaló Lady Alice ayudándolo a acomodarse en la cama.
—¿Y podrá regresar a la corte? Su reputación ya está bastante arruinada, no creo que alguien quiera desposarla y más cuando no pueda tener hijos —Comentó Lady Abigail sirviéndole un poco de agua a la reina.
—Quizá la encierren en un monasterio, pero al menos es mejor que ser decapitado —Respondió el pelinegro —No hablemos más de eso.
—Debe descansar, majestad —La pelirroja acomoda su almohada y lo ayuda a acostarse —Concéntrese en la vida que lleva en su vientre, es el futuro de Inglaterra.
—Hay que rezar para que sea un niño —Comentó Lady Abigail —El rey no la amara si es una niña.
Sergio se entristece un poco al escuchar esto.
—Silencio —Dijo Lady Alice.
—Disculpe, majestad —Respondió la castaña y luego bajo más la voz —El duque Max FitzRoy me pidió que le entregará esto.
En ese momento saco una carta bastante bien doblada.
—Deberían ser más cuidadosos —Señaló la pelirroja —Sé que lo extraña, pero este no es el mejor momento.
Max se había marchado de la corte poco después del regreso del rey, y su intercambio de cartas con Checo solo se intensificó.
—Él vendrá a la coronación, me lo prometió —Dijo el pecoso con una sonrisa mientras leía el contenido.
Después le pasó la carta a Lady Abigail y está la arrojó al fuego.
Las damas se retiraron y Sergio se quedó dormido al poco tiempo de que se fueron.
No podía negar que estaba nervioso, incluso molesto consigo mismo por su decisión sobre su prima.
Pero sabía que ese juego era peligroso, y si no era ella, era él.

Nota; Nos leemos el próximo sábado ❤️