ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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EL PODER

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Podría recordarse a si mismo jugando en el campo. Con una corona hecha de flores mientras corría de aquí para allá. Y su abuela sonriendo mientras lo veía jugar. Ahora, despojado de aquel paraíso terrenal, debía cambiar su corona de flores por una de oro. Cambiando los pétalos por joyas, por perlas que representan cada una de sus lágrimas que inundan el palacio con su destino condenado. Hasta que finalmente vea su propio poder.  Él era un hombre muy inteligente. Había labrado su futuro con esfuerzo y astucia. Todos en la corte lo conocían como “El cardenal”, aunque a él le gustaba que le llamarán “La mano derecha del rey”. Y en privado se llamaba a sí mismo el verdadero monarca. Eso era hasta la llegada del duque Torger Wolff, quién parecía empeñado en su deseo de querer desplazarlo. Su presencia, al igual que la del Conde Christian Horner, no podía resultarle más que entretenida. Nadie había podido demostrar una influencia tan grande sobre el rey como lo había hecho el arzobispo Helmut Marko. Pero este vio como su poder se vería amenazado desde el momento en que Sergio Wolff se apareció en la corte. Lo podía ver en su rostro y sabía bien que la locura del rey lo alcanzaría. “Un gusto pasajero” eso quiso pensar. Sabía que Jos nunca daría un paso más después de lo ocurrido con su última reina, pero estaba muy equivocado. Había estado muy equivocado el último año. Subestimó a Wolff, tomó como un tonto al rey y ahora ambos lo orillaron a una situación indeseada. Ya era suficiente con haber hecho hasta lo imposible para conseguir que Lady Sophie Wolff fuera una realidad, y ahora debía coronarle. Una farsedad envuelta en un vestido con joyas y ahora una corona. La mentira más grande jamás inventada. El pecado de un hombre obsesionado con su lazo de sangre. Y el fracaso del arzobispo ante un ambicioso duque. Helmut se dio cuenta muy tarde. Debió deshacerse de Torger cuando no poseía tal influencia hacia el rey, quién ahora lo favorecía en la corte debido a su parentesco con la reina. ¿Cómo quitarlo del camino de la manera más efectiva y sin perjudicarse a sí mismo? —Ojalá sea una niña —Murmuró cuando vio a Sergio la noche antes de su coronación. Odiaba a los Wolff y deseaba su caída, tanto como los Horner y el resto de la corte.  Era un primero de junio cuando los pájaros cantaron desde temprano para darle la bienvenida al nuevo día. Desde el 31 de mayo habían dado inicio a una serie de festejos para la nueva reina, una que pronto tendría el poder por el cual  todos peleaban. —Despierte, es hora de su baño —Dijo Lady Alice mientras acariciaba su frente —Tenga cuidado al levantarse. —Yo le ayudo, majestad —Lady Abigail no tardo en darle su mano para que se apoyará en ella. Sergio estaba en un visible estado avanzado de gestación y la coronación llegó en un momento bastante corto de margen para el nacimiento del hijo del rey. Logra sentarse con cuidado en la cama y bosteza mientras mueve sus hinchados pies. No puede con el cansancio, pero necesita levantarse para asegurar su futuro y el del bebé en su vientre. Se queda un par de veces dormido durante el baño y sus damas se encargan de cuidarlo mientras lo dejan descansar. Lo ayudan a secarse y vestirse, mientras el pecoso no deja de pensar en lo mucho que desea regresar a la cama. Pronto suena un golpeteo en la puerta y Jo pasa anunciando la llegada de alguien importante. —El duque de Richmond está aquí, desea hablar con su majestad. Sergio asiente, aunque sus damas se ponen nerviosas y estás se retiran por orden suya. Ninguna de las dos están convencidas de que eso sea lo correcto. Max entra a la habitación y sonríe al ver al pecoso con un precioso vestido de seda blanco con bordado en hilo de oro y plata, y perlas adornando cada parte del corpiño. Su cabello está cuidadosamente peinado para ocultarlo con un tocado francés con más perlas en este. No era por casualidad. El blanco lo hacía ver cómo alguien puro, noble, inocente, perfecto. —Mi reina —Dijo el rubio mientras se acercaba a él para darle un beso en los labios —¿Cómo está nuestro bebé? Con su mano acaricia su abultado vientre, y puede notar el cansancio en su rostro. Así que lo lleva de nuevo hacia la cama y lo ayuda a sentarse. —Estamos bien, me alegra tanto verte —Respondió el pecoso cuyo rostro se había iluminado con la presencia del duque —Estuviste lejos mucho tiempo. —Y ya no quiero volver a estarlo —Afirmó el mayor —Te amor, y ahora tendremos una familia. No te dejaré solo. Estas palabras llenan de consuelo y conmueven el corazón del pelinegro. —Mi amado Max, si te quedas conmigo será el regalo más grande que puedas darme después de nuestro bebé —Sergio se recarga en su hombro y sonríe mientras lo observa —Te amo. El rubio sonríe ante esto, se acerca a él y susurra: —Te amo. Uniendo sus labios en un corto beso, se ven interrumpidos cuando Lady Alice se adentra en la habitación. —Majestad, lamento la interrupción, pero es mi deber informarle que el rey solicita su presencia para dar inicio a la ceremonia —Afirmó la pelirroja bajando la mirada. Los dos saben que es momento de despertar de ese sueño fugaz y se separan una vez más. El pecoso no tarda en reunirse con el resto de su séquito y, junto al rey, comienzan un recorrido hacia la abadía de Westminster donde se llevaría a cabo la coronación. La gente ve por primera vez a su a su reina y la saludan ánimosamente. Sergio les sonreí de vuelta y muestra una actitud calida hacia ellos, mientras que Jos se mantiene más distante ante estos. Está tan acostumbrado que no se molesta siquiera en sonreír. Pero le gusta ver a Sophie haciéndolo, porque le encanta presumir a sus juguetes nuevos. Y es que adora a Sophie por la idea que tiene de como debe ser. Toda su fantasía se sostiene de una idea irreal de una mujer que ya no existe. Entonces Sergio se vuelve su juguete favorito, porque le permite vivir ese sueño vacío de una vida que nunca tuvo. Porque si le preguntaran a la Sophie real, a la que existió, tampoco habría querido estar en ese lugar. En la abadía los están esperando diversos nobles deseando ser testigos de otra coronación a una reina. Si tenían suerte, si rezaban con todas sus energías, quizá esa locura acabaría cuando finalmente el rey tuviera su ansiado heredero. Bajan del carruaje que los transportaba a dicho lugar y pronto cada uno toma la posesión que le corresponde para dar inicio a la coronación. Cuando comiencen su camino dentro de la abadía, las damas del pecoso se acomodan detrás suyo. Y justo cuando están pasando frente a los Horner, estos se paralizan al observar a Lady Hannah caminando junto al sequito de la reina. Sergio no flaquea todo el camino hacia el arzobispo, quién tiene una mirada dura hacia él debido a lo poco feliz que se encontra al hacer eso. No creía que Jos coronaria a ese chico. La última vez que coronó a una reina, está termino siendo decapitada por órdenes del rey. Y solo el tiempo diría si Sergio tendría el mismo destino. Cuando finalmente llega frente a él, se detiene mientras acaricia su vientre y pueden dar inicio a la ceremonia. El pecoso no puede dejar de pensar en todo lo que hará una ves que nazca su hijo, en sus deseos de tomar el control de su vida. Puede sentir cierta incomodidad en su vientre, el bebé se está moviendo demasiado y esto hace que se sienta agotado. Y mientras la coronación se llevaba acabo, sus planes se desarrollaban en otro punto del reino.  Lady Doriane observaba a las aves cantar con una amargura que parecía contagiar a todo el que estuviera cerca de ella. La noticia de la coronación no le sentó nada bien. Solo hizo enervar más el odio que le tenía a su primo. Al menos en Kimbolton podía estar viviendo en la comunidad que le otorgaba ser la favorita del Rey. Y si bien estaba lejos de la corte, al menos yo no estaba encerrada en la torre verde. Sabía que la única manera en poder ganar al menos un poco de terreno con el rey, era si ella le daba un hijo varón. Pero todavía faltaba al menos un mes para el nacimiento del bebé, y en ese tiempo se había vuelto algo paranoica. Sentía que las personas murmuraban en su contra. Aunque de por sí su reputación ya estaba bastante manchada. No quería un hijo, lo necesitaba. Sabía bien que era cierto que nadie se casaría con la amante del Rey. Y su plan podría salir muy bien, o muy mal. —Seguramente le deben de estar colocando la corona en este momento —Murmuró para sí misma —Este debería ser mi día, no el suyo. Se levanta de su asiento y camina de regreso a la cama mientras espera que sus damas de compañía entrarán a atenderla. Lady Nina Gademan entra en su habitación con una sonrisa calida y comienza a ordenar todo para arreglarla. Mientras que Lady Courtney Crone llega acompañada del joven Oliver Bearman, un escudero que se encargaba de cuidar a la amante del rey, cargando un paquete especial. —Un regalo de su majestad —Dijo la joven Crone mostrando una caja adornada con una listón rojo. La rubia sonríe al pensar que el rey le ha enviado eso para que no estuviera triste por la coronación de su primo. Abre rápidamente la caja y observan un hermoso vestido amarillo adornado con un delicado encaje. Era muy francés, resaltaba demasiado del resto. Y junto a este venía una nota sin firma. “Quiero verte siempre bella, mi única reina” Emocionada, Lady Doriane exige ponerse el vestido en ese mismo instante. Sus damas no hacen más que obedecer mientras que el escudero se aleja del lugar. Oliver sabe que nada bueno saldrá de esto, pues era un regalo bastante extraño. Sale del castillo y se encuentra con un joven rubio que había fingido ser un lavador para poder infiltrarse. —Ya lo tiene, se lo está probando ahora —Afirma el castaño y rápidamente recibe una bolsa llena de monedas de oro —Esto es solo la mitad. —La mitad ahora, la otra parte cuando ya esté muerta —Respondio Logan Sargeant para después alejarse del lugar. El escudero maldijo por lo bajo, pero decidió volver a su puesto para no levantar sospechas. Y mientras fingía cuidar a Lady Doriane durante un paseo en el jardín, una de sus damas comenzó a sudar y sentirse mareada. Mientras que Doriane comenzó a sentir una comezón y ardor en ciertas partes del cuerpo. Sus náuseas se las adjudicó al embarazo, pero pronto su salud se vio desmejorada. Era como si de un momento a otro se hubiera enfermado. Regresan al castillo y llaman a un médico, mientras que la rubia quiere quitarse ese vestido que tanto la está asfixiando. Oliver puede verlas desesperadas por el malestar, pero es Doriane la que se lleva la peor parte cuando su blanquecina piel se va volviendo roja. Comienza a sollozar mientras el médico intenta calmarla, no puede trabajar si ella no se queda quita. Pero pronto comienza a sospechar de que se trata. Sabe que es veneno, pero solo se limita a preparar un remedio que lo ayudará a combatir el arsénico que fue usado para dañar a la favorita. Se esfuerza tanto como puede, sabe que su cabeza está en riesgo si deja que ella muera. Y tienen tanta suerte como para poder revertir el efecto, pero no para evitar el parto prematuro. —¡Maldición —Grita Doriane mientras puja —¡¿Dónde está el rey?! —Por favor, mi Lady, concéntrese en el bebé —Le pide el médico y ella continúa pujando. Toda esa tarde había sido una locura. La rubia grita hasta desgarrarse la garganta, está empapada en sudor y siente su cuerpo adolorido. Solloza con cada contracción y todavía puede sentir su piel irritada por el veneno que ha salido de su cuerpo, pero le ha dejado estragos. Y cuando finalmente el llanto del bebé llena la habitación, es que ella puede relajarse y suspirar pesadamente. —¿Qué es? Dime, ¿Qué es? —Cuestiona apenas ve al bebé en los brazos del médico. Sabe que ese bebé es la única arma que tiene para defenderse, y ahora necesitaba saber que tanto poder tendría.  Nota: perdón por la falta de actu, ya me estoy poniendo las pilas.
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