Los hijos del rey
22 de diciembre de 2025, 18:53
El deseo de tenerlo todo es muy humano.
Incluso si visten de oro y en sus cabezas portan coronas, siempre desearan más.
Pero son aquellos los más atrevidos que deciden desafiar al destino y los deseos de Dios.
Y cuando un rey cree que puede imponer sus propios planes, este hará lo necesario para lograrlo.
Incluso si eso implica enfrentar la ira divina.

Sergio se encontraba en medio de la mesa, observando como todos celebraban su coronación.
Desde el momento en que se le colocó la corona en la cabeza sintió una sensación de ligera libertad.
Al menos ahora tenía un poco de poder sobre su vida.
—Mi reina la más bella —Afirma Jos mientras le da un beso en la mejilla.
El pecoso se muestra incómodo y pronto su mirada se encuentra con la del duque de Richmond.
Traga en seco por un momento e intenta ocultar una sonrisa que se asoma en sus labios.
—Eres la reina de Inglaterra, y sigues siendo muy tímida —Continua el rey mientras posa su mano en su barbilla para obligarlo a verle —¿Cómo está mi pequeño príncipe?
Entonces acaricia el abultado vientre del mientras esté solo lo observa alertado.
No le gusta que lo toque y mucho menos que esté cerca de su hijo.
—Se mueve demasiado —Responde el pecoso colocando su mano sobre la del rey para quitarlo de su barriga —Creo que está ansioso por salir.
Jos sonríe emocionado y vuelve a colocar su mano por más que Sergio no quiere que lo toque.
Busca sentir al bebé moviéndose dentro de la barriga del pelinegro, pero no pasa nada.
—Quizá está cansado —Afirma alejándose —Mi niño será fuerte.
El pecoso sonríe mientras el rey se acomoda en su silla, finalmente se lo ha quitado de encima.
Puede disfrutar un poco más de la fiesta hasta que finalmente cae la noche.
Cuando el rey se levanta para conversar en privado con el arzobispo, el pecoso toma un momento para intentar relajarse.
Pero se muestra muy incómodo con su barriga, cuyo bebé no deja de moverse en su interior.
No entiende porque está tan inquieto, y esto lo hace estar irritado.
—Tranquilo —Murmura Max sentándose a su lado y colocando discretamente su mano en su vientre —Las celebraciones están por terminar.
Acaricia su barriga y el pecoso sonríe pero rápidamente se detiene y levanta la vista para asegurarse de que nadie los este observando.
—El bebé es tan parecido a su padre, que incluso cuando le pido estar calmado sigue mostrándose inquieto —Señala el rubio intentando hacerlo reír.
Y lo consigue.
—Perdón, estoy muy nervioso desde la mañana —Afrmó un poco más relajado —El bebé no deja de moverse y me duele mucho la espalda.
—Lo se, puedo sentir lo inquieto que está —Max sonríe pensando en el fruto de su amor —Si te sientes muy mal, quizá debería acompañarte hasta tu habitación para que descanses.
Sergio lo mira y niega con la cabeza.
—Estoy bien, solo necesito distraer mi mente —Responde y pronto se da cuenta que el rey ha regresado —Será mejor hablar en otro momento.
El rubio se levanta cuando ve a su padre llegar y no tarda en acercarse a él para besar su mano.
—Majestad —Lo saluda con una calidez que hace feliz a su padre —Es una noche maravillosa, y creo que a la reina le gustaría observar las estrellas.
Jos se muestra de acuerdo con esto, pero duda un poco debido a lo tarde que es y a la condición de su esposa.
—Tal vez otro día —Él sabía que ya no tenía la energía para caminar a su lado —No quiero que esté sola tan tarde.
Y entonces el rubio se dispuso a ser muy atrevido y arriesgarlo todo por un momento a solas con su amante.
—Yo podría acompañarle, para asegurarme de que nadie la moleste y que su heredero este a salvo —Max se muestra firme en su propuesta, aunque sabe que podría salirle muy mal.
Sin embargo, el rey está demasiado contento esa noche.
Y termina aceptando.
—Adelante, vigila que este bien mientras mira las estrellas —Afirma mientras se aleja sumamente contento.
Max pronto va hacia Sergio y lo ayuda a levantarse mientras ambos son seguidos por las damas de la reina.
Lady Alice se pone en alerta mientras que, al alejarse, observa como todos comienzan a murmurar.
No está segura si se trata por el actuar del duque y la reina, pero algo definitivamente está siendo la comidilla de la corte.
Algo que no podía ser bueno para ellos.

Y en el castillo de Kimbolton la alegría llenaba el lugar.
—Un niño... —Mumuro Lady Doriane Wolff con una sonrisa en los labios —Es un niño.
De sus labios escapa un pesado suspiro de alivio, pero este es seguido por una risa que solo se podría considerar burlona.
—¿Cómo se encuentra, mi lady? —La joven Lady Nina Gademan se acerca a la rubia, pero está última la aleja.
—¿Ya le informaron al rey? —Pregunta ignorando a la joven y ante el silencio intenta levantarse, pero es detenida por Lady Courtney Crone —¡Sueltame! Quiero que le informen a su majestad sobre el nacimiento de su hijo.
Las jóvenes damas asienten para después alejarse.
—Debería descansar... —Comienza el médico pero pronto es interrumpido.
—Te ordenó que me des a mi hijo —Señaló la rubia y el hombre no tuvo más opción que ceder.
El pequeño de ojos azules la observaba con atención mientras ella sonreía sabiendo que había obtenido lo que tanto deseaba.
Y eso solo era el principio de lo que estaba en sus planes.
Si su padre no la apoyaba para estar en el corazón del rey, ella misma buscaría la forma de tomar aquello que consideraba suyo.
—Tú y yo tendremos el mundo a nuestros pies —Murmuro antes de darle un beso en la frente.
Y la noticia corrió tan rápido como se le fue posible.
Un mensajero fue enviado al palacio de Hampton Court, quién se apresuró para llegar bien entrada la noche.
Fue recibido en el palacio y pronto le informo al rey lo ocurrido.
—Felicidades, majestad —Dijo el arzobispo Helmut y esto lo hizo sonreír —Dios lo bendijo con un hijo.
Jos bebió un gran trago de su copa de vino y después le dio un abrazo de lo contento que estaba.
—Siempre supe que no era mi culpa —Afirmó el rey con una sonrisa y separándose de él.
En ese momento Helmut supo que las cosas se habían acomodado para hacer tambalear la posición de la familia Wolff dentro de la corte y el corazón del rey.
—Asi es, majestad, y quizá la reina le de el heredero que tanto desea —Señaló haciendo que el hombre se volteara a ver a su esposa, quién se encuentra en el salón acariciando su barriga y platicando con su hijastro —Será la voluntad de Dios.
—Y la mía —Murmuró para después alejarse y caminar hacia el encuentro con la reina.
Una vez le da el permiso a su hijo para distraerla, se dispone a partir rumbo al castillo donde se encuentra su amante.
El duque Torger Wolff pronto se entera de lo que está pasando, todos hablan de ello.
Así que no tarda en intentar alcanzar a su majestad antes de que esté parta al encuentro con su hija.
—Mi señor, mi rey... —Le habla pero el hombre no se detiene.
La familia Wolff estaba más que fragmentada, y ahora el bastardo que tuvo su hija podría significar el inicio de fin.
Era demasiado tarde para ir a un viaje imprevisto hacia tal castillo, pero el rey de Inglaterra no se detenía por nada si sus deseos eran ver a su hijo recién nacido.
Torger ni sabe si debería seguirlo para estar a su lado y el de su hija, o si lo mejor era quedarse para hablar con Sergio y amortiguar el golpe.
Pero cuando estaba dispuesto a hacer lo segundo, no lo encontró por ningún lado.
Era como si se hubiera esfumado.
—Torger —La voz de su esposa lo hizo detenerse —¿Es verdad? ¿Doriane tuvo a un niño?
Norfolk se muestra indiferente ante esto.
—Sergio no debe enterarse —Es lo único que escapa de sus labios.
Pero la duquesa se molesta ante esto.
—Nuestra hija ha dado a luz, tenemos que estar a su lado —Afirma dispuesta a irse, pero el hombre la toma del brazo para evitarlo —¡Sueltame! Quizá a ti solo te importa la política, pero yo soy su madre.
—Es la amante del rey y su hijo no es más con bastardo, ¿Qué clase de protección crees que nos dará? —Responde el duque sumamente molesto —Lo máximo que puede aspirar es a una buena pensión. Pero es importante que Sergio no se entere, principalmente en su estado.
—¿Ahora te preocupas por él? —Le reclama —Si Sergio se encuentra en esa terrible posición, no es más que culpa tuya.
—¿Y qué hay de nuestra posición? —Pregunta alzando la voz —Sin Sergio de nuestro lado y con el rey pasando de amante en amante, no tenemos nada.
—Tengo a mi hija, y a mi nieto —Respondio jalando su brazo para soltarse de su agarre —Piensa que es más importante para ti.
Lady Susie Wolff pronto se marcha para ir en busca de su hija y Torger sabe que debe tomar un lado.
No puede seguir jugando a ser neutral cuando solo uno de los dos puede tener el afecto del rey.

Por su parte, Sergio y Max continuaron caminando en los jardines del palacio mientras observaban el cielo estrellado.
—Ya es bastante tarde, debería ir a la cama —Afirma el pecoso tocando su vientre —Me duele mucho y quizá sea una señal que debo descansar.
—¿Puedo darte un obsequio antes de que te vayas? —Pregunta el rubio sacando algo de su bolsillo y el pelinegro asiente —Es una muestra de mi amor por ti.
Toma la mano del más joven y coloca algo en su palma.
Sergio observa ese anillo de oro con un enorme rubí en medio y el duque le muestra el secreto que este oculta.
Con un mecanismo discreto, dicho anillo se abría para ver una escritura grabada en medio.
Una S y una M entrelazadas.
—Es precioso —Murmura el pecoso y pronto su amante lo ayuda a ponérselo justo en el dedo anular, junto con el de su matrimonio con el rey.
—Te amo tanto —Responde el rubio en el mismo tono.
Y cuando estaban apunto de besarse, son interrumpidos por uno de sus acompañantes.
—Mi reina, es necesario que escuché —Afirma Lady Abigail, quién había sido enviada por la pelirroja para que averiguara lo que estaba sucediendo.
—Lady Abigail, no ahora —Lady Alice intenta detenerle.
Ambas habían estado discutiendo si decirle o no.
Mientras que Lady Hannah intento calmarlas a ambas, pero sabían que ella necesitaba escucharlo por la voz de un amigo.
—Dime que está pasando —Pide el pecoso acercándose a ellas.
Max no duda en acompañarlo de cerca, puede notar que algo más está pasando y no parece ser bueno.
—Es Lady Doriane, majestad —Comienza la pelirroja y Sergio niega con la cabeza ante la idea de que se trate de su plan para quitarla de su camino, y no quiere que el rubio lo sepa —Ha dado a luz...
Ni siquiera puede terminar de decirlo cuando ve la decepción en su rostro.
—Es un niño —Completo Lady Hannah.
Fue en ese momento en que Sergio solto un gemido de dolor que lo llevo a sostenerse del duque.
—¿Qué te pasa, amor? —Pregunta el rubio tomándolo del brazo con fuerza —¿El bebé ya viene?
Esta última pregunta la suelta con algo de temor.
Las emociones parecían haber alcanzado al pelinegro y este rompió fuentes en el jardín.
Rápidamente lo auxilian para llevarlo de nuevo al castillo, siendo Max quien lo carga en sus brazos para facilitar su movimiento.
No sabe de dónde saco las fuerzas para poder llevarlo hasta donde sabía que estaría a salvo.
Y cuando llegó el médico el trabajo de parto era inevitable.
—No me sueltes —Ruega el pecoso tomando la mano de su amante.
El rubio asiente y se queda a su lado de rodillas en el suelo.
—Nunca —Responde con firmeza.
Ahora su futuro estaba en las manos de Dios.

Nota: Perdón por la demora.