ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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EL HEREDERO

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El destino se forja a base de las decisiones que tomamos día con día. Incluso cuando se cree que la acción es mínima, está podría estar desatando un evento en cadena. Si Sergio no hubiera ido a la corte, quizá no estaría portando una corona en la cabeza. Y si no se hubiera acostado con su hijastro, tal vez no estaría cargando en su vientre al heredero del rey. Pero así como esas decisiones lo llevaron a una situación tan favorable como peligrosa, también habían deudas que saldar. No todo puede ser perfecto.  Sus gritos eran desgarradores. Cualquier persona en el palacio lo podía escuchar sollozando por el dolor del parto. —Por favor, majestad, tiene que pujar —Le pide el médico mientras una de sus damas se ocupa de recoger las sábanas manchadas por la sangre. Sergio niega con la cabeza en repetidas veces, siente mucho dolor y al mismo tiempo debilidad. —No puedo —Murmura el pecoso con dificultad. Pero el rubio toma su mano con fuerza, quedándose de rodillas en el suelo junto a la cama de la reina, con los ojos llorosos y sumamente impotente al verlo así. —Tú puedes, por favor, sé que puedes —Max le responde en el mismo tono para después besar su mano —No te puedes rendir. Este acto no paso desapercibido por el medico Laurent Mekies, quien no tardo en sospechar de su cercanía, pero el sonido de la puerta abriéndose lo distrajo por un momento. —La reina no puede atenderlos —Dijo Lady Alice llegado con sabanas limpias y pronto los guardias se aseguraron de que nadie mas entrase —Están perdiendo la cabeza, todos quieren entrar para presenciar el parto. —No... —Se queja el pelinegro —No los quiero aquí. —No se preocupe, majestad, nadie mas entrara —Afirmo Lady Abigail mientras se acercaba con un paño humedecido para limpiar el sudor en su frente. —Lo lamento mucho, majestad, pero no podemos evitar que el parto sea presenciado —La pelirroja pronto capta la atención del pecoso —Debe probarse su legitimidad. —Yo probare la legitimidad, soy el hijo del rey —El rubio rápidamente quiso dar una solución. —Mi señor, lo siento, pero usted sabe bien que no funciona así —Señalo y con eso pronto un par de damas de la corte se hicieron presentes en la habitación de la reina. —Duque, por favor, retírese —Ordena sergio ante el temor de que su presencia cause mas preguntas que no quiere responder. Max, afligido, no tiene mas opción que obedecer y se retira la aquella habitación. Camina un par de pasos hasta llegar  aun pasillo cercano donde se recarga en la pared mientras sus lagrimas se deslizan por sus mejillas al escuchar los alaridos de dolor de su amado. No puede soportar escucharlo así, y mucho menos sabiendo que no puede estar a su lado para apoyarlo. —Por favor, que ambos estén sanos —Ruega al cielo implorando la clemencia de Dios. A él solo le importa la seguridad y el bienestar de su familia, una que formo en secreto, una de la que nadie mas debería saber. —La zorra esta pariendo —Y escucha una voz familiar a lo lejos —Asegurate de presenciar el nacimiento, y fijate bien en los rasgos del bastardo. Max se oculta con sumo cuidado cuando ve a dos personas caminando por el pasillo, y la luz de las velas solo le confirmaron de quien se trataba. —No es correcto hablar de esa manera —Dijo la mujer de cabellos rojizos —Sigue siendo la reina. —Una pvta será, enviada por Wolff para enredar al rey y con su hija distrayéndolo para que no quite sus ojos de esa mísera familia —Christian escupe las palabras con furia —Ya tenemos suficiente con el bastardo de su hija, y ahora la otra también se pone en parto. —Ya basta, alguien puede escucharte —Responde su esposa, la condesa Geraldine Horner. —¿Te das cuenta de que esto podría significar nuestra ruina? —Continua el conde deteniéndose en seco en medio del pasillo —Tantas esposas y ninguna quedaba en cinta, y ahora estas dos zorras le paren un hijo casi al mismo tiempo. Seguramente se metieron con un lacayo y fingieron que es de él. —Silencio —Insistió la pelirroja —Ya es suficiente. Iré para presenciar el nacimiento, pero ya no quiero escuchar ni una sola palabra de ti al respecto. —Si tenemos suerte será un bastardo, pero rezo para que la zorra se muera en el parto —Es lo ultimo que dice antes de ver como su esposa se marcha hacia la habitación de la reina. Max observa todo esto con una expresión desencajada en el rostro. Todos los insultos dichos y malos deseos de parte del conde no pasarían desapercibidos para él. Christian no lo sabia, pero sus propias palabras estaban forjando su ruina.  Mientras tanto en el castillo de Kimbolton. El rey llego tan pronto como pudo, llamando la atención de todo aquel que estuviera en el lugar o en sus alrededores. Y no fue para nada una sorpresa para Lady Doriane, quien pronto fue arreglada para recibirlo. —Su majestad, el rey. Este es anunciado y pronto todos hacen una reverencia cuando lo ven entrar a la habitación. —Majes... —Comenzó la rubia pero se vio interrumpida. —Mi hijo —Dijo Jos caminando hacia la pequeña cuna donde se encontraba el bebé durmiendo —Ven con tu padre. No se molesta en dejarlo dormir, y pronto lo toma en brazos haciendo que el pequeño se despertase y comenzara a llorar. Lo arrulla con poco cuidado y esto no lo calma, pero el rey decide por ignorarlo. —¿Cómo está de salud? —Pregunta hacia el médico y este, algo nervioso, responde. —Fue un parto complicado para lady Doriane... —Hablo de mi hijo —Señala el rey sin levantar la mirada de su pequeño que sigue llorando. —El bebé está en perfecto estado, nació sano y con unos pulmones fuertes —el médico continuó explicando pero el bebé lloraba demasiado. —Noah... —Dice Jos mirando al pequeño —Me gusta ese nombre. —Es una gran elección, majestad —Lady Doriane no pierde la oportunidad para intentar llamar su atención. Pero ha olvidado un pequeño detalle. El rey levanta la mirada y observa su rojiza piel. —Ha tenido una reacción alérgica, majestad —El médico se apresura a dar una explicación ante el temor de que se moleste con él por no cuidarla bien, y miente —Un par de cremas podrán suavizar el dolor y disimular las marcas. Jos da un par de pasos hacia dónde se encuentra ella, todavía reposando en la cama, y la observa de pies a cabeza. —Deberías cubrirte el rostro —Suelta esto con visible desagrado. La rubia toma un mechón de su cabello para intentar tapar su cara, y desvía la mirada sumamente avergonzada. Disculpe majestad murmura por lo bajo. Y el pequeño sigue llorando, aumentando el disgusto del rey, el cual comenzó a ser evidente. —Ya, ya —Dijo Jos haciendo una señal para que alguien se acercara a llevarse al niño. Entonces una de las damas se acerca y toma al pequeño en sus brazos para tranquilizarlo. —Cuidenlo bien —Ordena observando a las damas que acompañan a su favorita mientras se alejan para dejarlos solos. Sin duda alguna tenía ojo para la belleza. El médico también se retira, aliviado de mantener su cabeza pegada a su cuello otro día más. —¿Se quedará esta noche, majestad? —La rubia hace otro intento, no quiere rendirse. Pero en ese instante alguien los interrumpe. —Lady Susie wolff, duquesa de Norfolk. Anuncian a la madre de la joven y está pronto reverencia al rey. —Majestad —Lady Susie agacha la mirada ante él —Disculpe, solo quería saber cómo se encontraba mi hija. —Su hija me ha hecho el hombre más feliz esta noche —Afirmó el rey con una sonrisa —Mi pequeño Noah crecerá grande y fuerte como su hermano Max. La mujer sonríe algo incómoda. Claramente ese no es el destino que deseaba para su hija y para su nieto, pero ya no había nada más que hacer. —¿Noah? Que hermoso nombre —Es lo único que atina decir. Y como si de una reunión familiar se tratase, alguien más en todas en esa habitación. —Lord Toger Wolff, duque de Norfolk. Toto todavía tomado una decisión al haber llegado a dónde se encontraba su hija. El rostro de Doriane se iluminó al ver a su padre, y sonrió con lágrimas en los ojos al pensar que le ha perdonado. Y aunque ese parece el caso, la gentileza del duque está más ligada a la presencia del rey que a la de su hija. Pero ya había escogido un bando y no sabía si eso le costaría muy caro. Claro que está feliz de ver a su nieto, pero este no era un hijo legítimo y con eso no podía hacer mucho. El rey lo reconocería como suyo y le daría algún rol importante dentro de la corte, pero esa era la única ventaja que podría obtener Lady Doriane en todo esto. Algo que ella pronto comprendió y se lamentó. Sin embargo, no todo estaba sellado para ellos. Solo una cosa podría cambiar eso.    Por otro lado, en el palacio de Hampton Court los gritos de la reina cesaron y fueron reemplazados por el fuerte llanto de un bebé recién nacido. Sergio suspiro pesadamente y dejó caer su cuerpo hacia atrás bastante agotado. Las damas aplaudieron alegres de un buen parto para su reina. Él había sentido como si su cuerpo se desgarraba y de la fuerza sentía que su corazón se detendría en cualquier momento. El tormentoso dolor había llegado a su fin, y ahora le entregaban a su bebé en brazos. Pero cuando lo cargó, los aplausos cesaron. —Felicidades, tuvo una hermosa niña —Dijo el médico y la sonrisa en el rostro del pecoso desapareció. Inevitablemente destapó la parte baja para revisar si esto era verdad y el miedo en su rostro no se hizo esperar. Lady Alice se percató de esto e invitó a las damas a retirarse para dejar descansar a la reina. Apenas se fueron junto con el médico, el pelinegro se echó a llorar. Estaba desconsolado. No solamente había tenido una niña, sino que estará tan pequeña que se veía muy frágil a simple vista. Temía no solo por él, sino también por ella. Sabía bien que esto al rey no le gustaría, y no sabía si tendría otra oportunidad. —Majestad, por favor, no llore —Dijo Lady Abigail sentándose a su lado mientras acariciaba su brazo —Calmese, por favor. Pronto la bebé comenzó a llorar y Lady Hannah la tomo en su brazos para arrullarla. —Intenta calmarte, se que es difícil, pero debes hacerlo por ella —Le pide la pelirroja tomando su mano —Intentalo por ella. Sergio comienza a respirar profundo para calmarse, sabe que su llanto solo altera a su bebé. —¿Quiere que lo llame, majestad? —Pregunta Lady Abigail, y todos voltean a verla —Quizá pueda ayudar. No era algo bien visto que el joven duque se paseara tanto por la habitación de la reina, pero era la única persona que lo entendía. Max pronto fue llevado de nuevo a la habitación. Estaba nervioso, pero su preocupación aumentó aún más cuando vio la expresión derrotada en el rostro de su amado. —¿Están bien? —Pregunta temeroso. Pero se calma cuando ve a la bebé en los brazos de Lady Hannah y puede respirar tranquilo. —Dámela —Dice Sergio y la joven rápidamente se la entrega en sus brazos —Déjennos solos. Lady Alice se muestra algo reacia a esto, pero al final obedece sus órdenes y se retira con el resto de las damas. —¿Dámela? —Repite el rubio analizando esa palabra —¿E-es una niña? El duque de acerca a la cama y observa con atención a la pequeña bebé en los brazos de su amante. —Si, lo es —Responde Sergio casi en un susurro —Yo lo sien... —Nuestra Victoria... —Max lo interrumpe sentándose a su lado para poder verla con más claridad —Es preciosa. El pecoso voltea a verlo con lágrimas en los ojos. —¿No estás molesto? —Pregunta bastante apenado y un par de lágrimas se deslizan por sus mejillas. —Claro que no, es nuestra —Afirma el rubio para después darle un beso en los labios —Somos una familia. Sergio sonríe y se deja mimar por su amante, quién no deja de estar embelesado por su bebé. —Temo la reacción del rey —Confiesa. —Yo hablaré con él —Dijo con una voz firme —Pero nadie les pondrá una mano encima, te lo juro. Max lo abraza y apoya su cabeza en su hombro mientras continúa encantado con el pequeño rincon de amor que creo para ellos dos. Su amor secreto que podría desatar el peor de los destinos.  Nota: disculpen la ausencia 😭 me bloquee
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