ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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Crimen y castigo

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La noticia del nacimiento del bebé de la reina rápidamente llegó a los oídos del rey, quién no dudo en ir a visitarle en su habitación. Sus pasos eran pesados y torpes, pues el dolor en su pierna era insoportable. La puerta se abre de golpe, sin importar lo tarde que es y que la reina necesitaba descansar. —Majestad —Dice Lady Alice bajando la cabeza frente a él y las demás damas la imitan. —Fuera —Ordena Jos y rápidamente la habitación se vacía dejandolo solo junto a la reina y su bebé. El silencio se apodera del lugar y los guardias están más que alertas ante cualquier situación de peligro. Xavi y Jo se preocupaban mucho por la seguridad de Sergio. Todos sabía que al rey no le había caído en gracia la noticia del nacimiento de una niña. No era lo que él esperaba. —¿Una niña? —Suelta el rey tensando al pecoso que se encontraba con la bebé en brazos en la cama —¿Eso fue lo único que pudiste hacer? Era bastante claro que estaba molesto. Jos había creído que Dios lo estaba bendiciendo con su victoria momentánea contra Francia y el nacimiento de otro hijo varón, aunque fuera un bastardo. Pero el nacimiento de su hija no cayó en gracia, y ya no podía hacer nada al respecto. —Le pido me perdone —Murmura el pecoso, sabe que debe intentar apelar a que le tenga consideración, si es que podía. Jos lo observa sin acercarse demasiado, la distancia que marca solo demuestra lo molesto que está con todo esto. En su cabeza solo daba vueltas una cosa: él había tenido dos hijos con dos mujeres distintas, claramente el nacimiento de una niña no era su culpa. —Ya que tuviste a una niña, no te resultará complicado darme a mi hijo —Suelta con una voz firme —Que sea voluntad de Dios que me des a mi heredero, reza para que lo consigas. Lo último es claramente una advertencia que alerta al pecoso. Jos se da la vuelta dispuesto a irse. —Que también sea la voluntad de Dios que mis hijos sean tan fuertes y sanos como su padre —El pelinegro no es capaz de controlar su lengua —Y así la casa Verstappen permanezca en el trono. Sergio disimula perfectamente una sonrisa que se asomaba en sus labios, porque sabe bien quien es el padre de su bebé. Y Max es muy diferente a Jos. El rey suspira pesadamente y se detiene a mirarlo por un momento. —Así será, pero primero necesitas darme a mi heredero —Le recuerda. —Con su permiso, me gustaría nombrarla Victoria —Dice el pecoso intentando no sonar tan brusco, sabe que debe tener cuidado. —Llámala como quieras —Responde el rey antes de marcharse. Sin embargo, hay algo en ese nombre que le ha hecho ruido y no puede evitar pensar en eso. Pero decide ignorarlo, porque tiene cosas más importantes por las cuales preocuparse. Y quizá se arrepentiría más tarde por ellos.  Pasaron un par de semanas donde el rey no visito a la reina, y parecía querer evitarle. Mientras que Max lo visitaba en secreto, adorando a su pequeña bebé que tanto amaba. —Es tan bonita —Murmura el rubio —Creo que se parece a ti. —Pero si es igualita a ti —Responde el pecoso con una sonrisa —Nuestra niña. Max la arrulla en sus brazos antes de que una de las damas de la reina retire a la pequeña para dejarla dormir en su cuna. —¿Y como has estado? Escuche que mi padre no ha venido a verte —Comienza el rubio y pronto un suspiro de su amante lo preocupa. —Todos hablan de eso en la corte ¿No? —Pregunta el pecoso bajando la mirada —Temo que el nacimiento de Victoria le molestó mas de lo que esperaba. Max lo toma de la barbilla para obligarlo a verle. —No te preocupes por eso, amor. Yo hablare con él —Dice como si fuera una promesa —Ya verás que se le pasara. —Ese es el problema —Comenzó el pelinegro confundiendo a su amante —No sé si quiero que se le pase. Estoy muy tranquilo con él lejos, pero sé que tampoco es bueno. —Si te hace sentir más tranquilo, quiero que sepas que no ha ido a ver a esa mujer a Kimbolton —Max toma su mano para darle calma —Y tampoco anda detrás de alguna dama. Quizá se encuentra en un limbo, ha luchado toda su vida por un heredero. —Pero no quiero hacerlo con él —Confiesa el pecoso —No quiero que me toque. Me da asco. Me repugna. El rubio se acerca a él y le da un beso en la frente. —No tienes que hacerlo. Sergio suspira pesadamente. —Esto solo funcionó porque ya estaba en cinta cuando nos separamos y luego tú y yo estuvimos juntos cuando lo perdí —Explica en voz baja —No podré soportar la idea de estar de nuevo a solas con él. Max no sabe que más decirle porque no conoce por completo la naturaleza del trato de su padre con él, pero sabe que no es bueno. Así que solo lo abraza para intentar calmarlo de esos pensamientos que lo atormentan. —Te prometo que arreglaré todo. Le dan último beso antes de marcharse con discreción de su habitación. Sabe que debe ser cuidadoso para no levantar sospechas y se dirige a la cámara privada donde sabía encontraría a su padre. Y no se equivocó. Sin embargo, este no se encontraba solo. —Sera todo un gozo, majestad —Dijo el conde de Essex y pronto su mirada se encontró con la del rubio —Oh, duque, me alegra verlo. Al parecer los dos hombres habían estado hablando en privado, aunque Max no sabía muy bien de que se trataba. —Majestad, ¿Podríamos hablar en privado? —Pregunta Max ignorando a Horner. —Retirate —Ordena el rey y Christian se marcha de mala gana. A sus ojos Max solo es un joven caprichoso que se le ha dado todo a manos llenas. Todo menos el trono. —Padre, se que no me corresponde entrometerme en... —Si vas a hablar de tu madre, hazlo rápido —La respuesta del rey lo desconcierta. —¿Mi madre? —Pregunta en un susurro. Jos lo voltea a ver cómo si fuera lo más obvio del mundo. —Si, Sophie —Reitera mirándolo como si Max ya debería saberlo —¿Qué quieres hablar sobre ella? El rubio se perturba un poco ante la idea de que su padre realmente vea a Sergio como su fallecida madre Sophie. Lo cual lo hace dudar de su cordura. Pero rápidamente se recompone para evitar algún problema. —He escuchado algunos rumores... —No la he visitado porque no he tenido tiempo —Afirma Jos algo cansado, pero pronto suelta un suspiro que delata su mentira —No he podido perdonarle. Max traga en seco al escuchar esto. —¿Perdonarle? —Pregunta algo confuso —Disculpe, majestad, pero ¿Qué falta ha cometido la reina? —Me ha dado una niña, y Lady Doriane me ha dado un niño —Comenzó el hombre —¿Y si me equivoqué al escogerla? Si hubiera cortejado a la hija de Norfolk, y la hiciera mi esposa, no estaría preocupado por mi sangre en el trono. El rubio traga en seco ante esto. No le gustaba la idea de un arrepentimiento de ese nivel, ya que ponía en riesgo a su familia. —¿Y si esto es una prueba de Dios? —Y sabe bien cómo jugar sus cartas. —¿A qué te refieres? —Logra capturar la atención del rey. —Quiero decir, Dios nos desafía constantemente para obtener lo mejor de nosotros —Comenzó el duque escogiendo bien sus palabras —No tendrá un heredero si no visita a la reina. Es una prueba divina. Jos asiente ante esto. En su mente hace lógica pensar que Dios todavía lo reta en la vida y él no se consideraba ningún cobarde. La realidad era que Max sabía bien las debilidades de su padre, por eso uso su fe y el temor por su alma para poder orientarlo hacia el camino que necesitaba. —Quizá tengas razón —Afirmó y Max se esforzó en ocultar una sonrisa —El torneo en celebración por el nacimiento de la princesa será en unos días. Visitaré a Sophie para intentarlo una vez más. Sé que puede darme el niño que tanto necesito. Max asiente ante esto. Al menos había logrado un avance, pero el torneo se prestaba como un buen escenario para sus próximos planes.  Los días pasaron y la noche previa antes del torneo se dio una celebración que lleno de gozo al palacio. Jos reía con una alegría particular pocas veces vista. Estaba feliz, relajado ante la idea de que pudiera cumplir con el desafío. No había dejado de amar a Sophie, pero se sentía herido por ella. Le hubiera gustado tener a un niño y así obtener la tranquilidad que tanto deseaba. —Baila para mí, Sophie —Pidió alzando un poco la voz y dejando sin opción al pecoso. Sergio se levantó de su asiento y camino hacia la pista, pronto Max le propuso bailar y ambos así lo hicieron. Jos estaba animado, y bebia cada vez más vino. Los observaba bailar, pero por alguna razón no se sintió tan feliz al respecto. No era la misma sensación alegre que tuvo la primera vez que los vio juntos. Algo había cambiado. —La princesa Victoria es preciosa, se parece mucho a su majestad —Escucho a alguien hablar. —Victoria... —Murmuro el rey. Ese nombre le resultaba tan familiar pero no podía recordarlo con claridad y un dolor de cabeza se hace presente, tanto que golpea su copa con fuerza contra la mesa. Todos los presentes voltean a verlo y Sergio se preocupa al pensar que algo malo ha pasado. El rey se levanta con dificultad y él corre en su auxilio. —Su majestad está agotado, lo llevaré a su habitación —Afirma el pecoso tomándolo del brazo. Max quiere ayudarlo como la última vez, pero Sergio le hace un señal para que permanezca al margen. Con dificultad lo lleva hasta la habitación donde el rey descansa, y lo acomoda en la cama. —Maldito gordo —Murmura Sergio cuando ve como este se queda dormido apenas su cabeza toca la almohada. Nunca había deseado tanto el final de una persona como lo habia hecho con su esposo. Mira la almohada junto su cabeza y solo piensa en lo fácil que sería para él terminarlo todo en ese momento. Pero solo se acerca para tomar una copa de vino y echarselo encima. —Nunca volverás a tocarme. Sergio se apresura en deshacerse de algunas prendas del rey, simulando el escenario perfecto de un encuentro casual. Una mentira que lo ayudará en su plan. Y así es como duermen en la misma habitación, pero sin estar con el otro. A la mañana siguiente todos piensan que el rey y la reina yacieron juntos la noche anterior, apagando los rumores de una posible separación. Pronto Sergio se da un baño y se alista para el inicio del torneo, donde habría una serie de justas para entretener a la corte. Llega al lugar donde se llevará acabo el evento y toma asiento junto al rey. Este se muestra más tranquilo a comparación de la noche anterior. —Mi amado esposo, me alegra que anoche finalmente me perdonarás el error que cometí al darte una niña —Dice Sergio con una sonrisa forzada. Jos lo mira con confusión. No recuerda nada de lo que ocurrió la noche anterior, pero todos en la corte murmuraban sobre la reconciliación. Asi que simplemente creyó en ello. Las primeras justas inician y uno de ellos es Max FitzRoy, duque de Richmond y Somerset. Se acerca montando a caballo para pasar frente a las damas de la corte, quienes alaban su belleza. Pero él se detiene frente a la reina y acerca su lanza hacia el pelinegro. —¿Me haría el honor de darme su favor, mi reina? —Pregunta el rubio poniendo muy nervioso a su amante. Este acto no fue malinterpretado por el rey, ya que esa mañana Max le convenció de hacerlo para levantar el ánimo de la reina. Aunque se trataba más de una fanfarronería suya. Sergio saca una pequeña cinta amarilla y la ata en la lanza del duque, quién sonríe ante esto. Max se aventura en el torneo y el pecoso se muestra nervioso ante el temor de que esté sea lastimado, pero eso no pasa. El rubio es muy ágil y logra ganarle a su contrincante. —Estas muy nerviosa —Señala el rey algo incómodo. —No me gusta la violencia —Rapidamente se excuso. Temía que su preocupación por Max evidenciara su cercanía. Jos asiente convencido de que quizá sea eso y su mente estaba queriendo jugarle en contra. Pero entonces pasa algo que tensa el ambiente. Lady Doriane Wolff llega acompañada de su padre, el duque de Norfolk. Sergio traga en seco cuando la ve, recuerda lo que le mando a hacer y nota tono blanquecino en su rostro. La joven rubia ha usado cerusa para disimular las marcas en su rostro y su tono de piel rápidamente llamo la atención de todos, quienes murmuraron sobre lo bella que se veía. El rey también le dio la bienvenida sin ningún tipo de vergüenza o respeto por su esposa. Y lo peor estaba por venir. —Lady Doriane, madre de mi hijo Noah FitzRoy —Afirma el hombre con un orgullo que solo lástima al pecoso —He decidido otorgarle a mi hijo el condado de Nottingham, como celebración por su nacimiento. Esta decisión ya había sido tomada por el rey con antelación. En su mente hacia sentido que si la reina era castigada por tener un niña, Lady Doriane debería ser premiada por haberle dado un niño. Sergio desvía la mirada ante esto y Max puede ver como esto lo afecta no profundamente. Incapaz de soportar una humillación así, se levanta de su asiento para marcharse de ahí tan rápido como le resulta posible. Lady Doriane sonríe ante esto y el rey solo hace una mueca de disgusto. —Participare en la justa, hagan que la reina esté presente —Ordena. Sin embargo, mientras el rey se prepara para montar a caballo, Max detiene al guardia y lo convence de que él buscará a Sergio. Pero había alguien que estuvo observando con atención y en silencio. Sospechando que algo más estaba pasando entre la reina y su hijastro.  Nota: perdón el día y la hora.
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