EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
2 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Lineas difusas

Ajustes
Todos se preparan expectantes de lo que están a punto de presenciar. El rey ha decidido participar en la justa, animado por el ambiente feliz de tan importante día. Pero cuando va rumbo a su caballo es interceptado por alguien. —Majestad, no le aconsejo que lo haga —Comenzó Norfolk —El médico le advirtió tener más cuidado con su pierna. —Tonterías —Suelta el rey sin hacerle caso. —Podria lastimarse —Torger insiste, sabe que eso puede salir muy mal —No está en la mejor condición. Se arriesga demasiado al decir eso, porque al rey jamás le ha gustado que cuestionen su fuerza. Y vaya que jugo con su paciencia. —Montare este caballo al igual que lo hago con tu hija —Responde Jos de manera burlona, haciendo enfadar al duque de Norfolk —Ahora quítate de mi camino, imbecil. Wolff se hace a un lado. Las palabras del rey habían golpeado en su orgullo, así que ya no se molestó en ver por su bienestar. Observa como lo ayudan a ponerse la armadura en la que apenas entra bien, y con dificultad logra subir al caballo. No está en la mejor condición y el pobre animal sufre las consecuencias de esto. Torger sabe lo que puede pasar, pero está demasiado herido como para siquiera molestarse en intervenir otra vez. Regresa rápido a su lugar y pronto ve al rey cabalgando hacia donde se encontraba su hija, Lady Doriane Wolff, y acerca su lanza. —¿Me concede su favor, Lady Doriane? —Pregunta el rey sin ningún tipo de vergüenza. La rubia ata una cinta roja que llevaba con ella y sonríe triunfante de ser el centro de atención. Deseaba tanto ocupar el lugar de la reina que no le importaba lo mucho que murmuraban sobre ella. Jos galopa para acomodarse para la justa, y apenas iniciando recibe un golpe de su rival. La corte se asombra ante esto y pronto muestran preocupación por su rey, pero este decide continuar. El rey confía en que puede lograrlo, así que se avienta junto a su caballo para enfrentar al oponente. Pero un mal golpe lo hace caer bruscamente de su caballo, golpeando con fuerza su cabeza en el suelo. El animal cae junto a él pero pronto logra levantarse y comienza a correr, arrastrando al rey a su lado, cuya pierna mal herida se había atorado en su sitio. —Mierda... —Susurra el duque de Norfolk mientras el pánico se apodera de la corte. Los guardias se apresuran auxiliarlo mientras que su hija se muestra sumamente preocupada ante lo ocurrido. —¡Padre, está muerto! —Grita Doriane levantándose de su lugar para intentar ir hasta donde se encontraba el rey. Sin embargo, es detenida justo a tiempo para no perturbar más la escena. Logran tranquilizar al animal, pero el daño ya estaba hecho. No permiten que nadie se acerque y pronto retiran al hombre hasta llevarlo de regreso al palacio de Hampton Court. —Doriane, ve con tu hijo —Dice Torger en voz baja mientras la toma del brazo —No te puedes quedar aquí si el rey muere. La rubia niega con la cabeza un par de veces. —Mi hijo es un conde —Intenta recordarle, pero sus palabras no tienen efecto en él. —Tu hijo es un bastardo, uno muy odiado por la reina —Torger tiene cuidado al hablar, no desea que alguien más los escuché —Sergio no se quedará con los brazos cruzados. —Él tuvo una niña. —Una princesa, y si tiene suerte una reina —Afirma el hombre haciéndola caminar junto a él —Ve con Noah, y reza para que el rey esté bien. Porque de lo contrario estaremos en muchos problemas. Doriane asiente algo temerosa. Los Wolff no estaban a salvo si no tenían su fuente de poder más importante: el rey. Sergio había sido su eslabón más fuerte, pero lo perdieron como consecuencia de las acciones de la única hija del matrimonio. Ahora estaban a la deriva, y lo sabían muy bien.  Por su parte, Sergio camina a paso veloz mientras intenta evitar a cualquier cortesano que se tope en su camino. Llega a sus habitaciones privadas, y suelta un pesado suspiro cuando se cree solo. Sin embargo, la puerta se abre y deja ver al hombre que lo ha estado siguiendo todo este tiempo. —Amor, tranquilo —Dice el rubio acercandose hacia él. —Nos humilló frente a toda la corte —Comienza el pecoso —No solo trajo a esa mujer, sino que también le dio un título a su hijo. —Hablaré con él —Insiste el duque tomando su mano, no le gusta verlo así —No te preocupes por ella, solo debemos enfocarnos en la seguridad de nuestra Victoria. Max no pierde el tiempo y lo hace refugiarse en sus brazos mientras besa su frente. —Lo sé, es solo que siento que ella nos traerá más y más problemas —Checo hunde su rostro en el cuello del mayor —Soy tan afortunado de tenerte. —No más que yo. El rubio rápidamente busca sus labios en un dulce beso, uno que es completamente correspondido por la reina. —Te amo, por favor, no vuelvas a irte —Murmura el pecoso separándose un poco —Victoria y yo te necesitamos. —Me quedaré a tu lado, te lo prometo —Responde el duque mientras toma su mano para darle un beso —No tienes porque preocuparte por mi padre, él solo le dio el título para mantener contento a Norfolk. Ella no es importante. —Lo sé, y tuve suerte de que anoche conseguí algo —Su respuesta confunde a su amante —Jos estaba muy ebrio, así que no recuerda nada. Y lo convencí de que anoche yacimos juntos. El rubio se muestra algo molesto ante esto, pues la idea de ellos dos juntos lo ponía muy celoso. Pero se traga sus celos porque sabe que no debería ser así. —Sabes que no fue así —La voz del pecoso interrumpe sus pensamientos, era como si le leyera la mente —Amor, yo solo quiero estar contigo. Sergio se acerca a él rodea su cuello con sus brazos para pronto buscar sus labios y pronto la lejanía que hubo entre ellos los termina llevando a la cama. —Eres mío —Max murmura en sus labios. No había dudas de que se extrañaban. El duque le da un último beso antes de levantar la falda de su vestido, deteniendose a apreciar esas bonitas piernas que tanto le encantaban. Comienza a dejar un camino de besos que lo terminan llevando hasta la entrepierna del pecoso, deslizando su lengua de manera descara sobre su coño. —Oh, Max... —Murmura el pelinegro mientras coloca su mano sobre la cabellera rubia de su amante —Hazme el amor, pon otro bebé en mi vientre. El rubio sabía bien como complacerlo y estaba más que dispuesto a ayudarlo. —Lo que usted desee, majestad —Respondio mientras comenzaba a desvestirse para continuar con la tarea. Pero pronto un golpeteo en la puerta los hizo detenerse abruptamente. —Majestad, el arzobispo está aquí —Dijo Jo en voz alta pero al mismo tiempo temblorosa. Ambos amantes intercambian miradas, saben que de abrirse esa puerta muchas cosas se destaparian en ese instante. Max se levanta y ayuda al pecoso a hacer lo mismo, acomodando todo para disimular lo que estaba a punto de ocurrir. —Tienes que irte —Susurra el pelinegro. —No, si lo hago me veré más sospechoso —Respondió el duque mientras acomodaba un mechón del cabello de la reina —Calmate, y sígueme la corriente. Checo parpadea un par de veces antes de tragar en seco. Tiene mucho miedo. —Adelante —El pelinegro da la orden y las puertas se abren. Helmut camina a paso lento, observando todo a su alrededor. La repentina desaparición del duque de Richmond y la reina llamo completamente su atención, levantando sospechas inimaginables. —Majestad —Comienza el hombre —La están buscando por todos lados. Pero supongo que el duque la encontró antes que nadie. Sergio se mira visiblemente confundido. —Me preocupe por su majestad, quería saber si estaba bien —Max rápidamente responde sin mostrar una pizca de culpa —Mi padre ha sido muy duro con ella. —El nacimiento de un heredero es primordial, principalmente en la situación en la que se encuentra la corona —Continuó el arzobispo sin creerse el cuento del duque —Muchas reinas han pasado por estás habitaciones, una más desafortunada que la otra. El pecoso se muestra nervioso ante sus palabras, puede sentir que hay algo más en estás. Y él no estaba dispuesto a dejarse. —Todas muy diferentes entre ellas —Comenzó el pelinegro —Pero afortunadamente tengo a mi pequeña Victoria, la única hija del rey —Hace énfasis en esta última parte —La razón detrás del torneo de hoy. El ambiente se tensa entre los tres. —Así es, una niña —Le recuerda el mayor. —Una princesa —Y Sergio responde casi de inmediato. —Y una futura reina —Añade el rubio. El arzobispo está a punto de decir algo cuando las puertas se abren abruptamente. —Mi reina... —Dice Lady Alice visiblemente agitada —El rey... Tuvo un accidente. Esta noticia los impacta a los tres, y Helmut se queda en silencio analizando su próximo movimiento. Le resulta obvio lo que ocurre entre la reina y su hijastro, pero no estaba en la mejor posición para hacer algo. Sergio camina rápidamente junto al duque para ir a dónde se encuentra su majestad, y toda la corte lo observa con bastante angustia en su mirada Entiende bien que dependiendo de la gravedad del caso las cosas podrían desarrollarse de manera distinta. Y no podía dejar de pensar en su pequeña hija y como esto podría afectar su futuro.  Mientras tanto, los médicos habían hecho todo lo posible por velar por el bienestar del rey. Esa caída pudo haberle costado la vida, pero todavía guardaba algo de suerte. Jos se encontraba profundamente dormido debido al uso de laudano para calmar el dolor. Había estado gritando de dolor desde que reaccionó después de la caída, y durante todo el proceso, al punto de que casi se desgarra la garganta. Su cuerpo dolía como si mil espinas estuvieran encrustadas en este y con cada movimiento se enterraban más en su piel. Tenía las mejillas coloradas del esfuerzo al morder un pedazo de madera para distraerlo del dolor que estaba sufriendo. Y hedor en su pierna era aún peor, con lo lastimada que estaba difícilmente podría volver a cabalgar, o siquiera caminar bien. Sergio camino a paso lento por aquella habitación mientras los médicos se retiraban. Pronto se detiene cuando la peste en su pierna le causa náuseas y el duque le ofrece un pañuelo para cubrir su nariz. El pecoso se acerca lo suficiente para ver qué todavía seguía vivo y no sabía cómo sentirse al respecto. Por un lado, había llegado a pensar que su pesadilla finalmente habría terminado y podría recuperar un poco de su libertad. Y por otro lado, se sentía algo aliviado al saber que todavía podría reafirmar su posición dentro de la corte. Esto porque en el fondo presentía que Norfolk no se quedaría de brazos cruzados siendo el abuelo de un hijo bastardo. Temía que Noah FitzRoy fuera un arma más que usarían en su contra, pero principalmente contra su hija, Victoria. Porque conocía bien las ambiciones de su familia, y no estaba seguro sin un hijo varón. —Hablemos —Propone el rubio. —¿Aquí? ¿Frente a él? —Cuestiona el pecoso con justa razón. —No, aquí —Max toma su mano y lo orienta a una habitación privada bastante bien oculta del ojo ajeno. El lugar es algo frío, pero lo suficientemente asilado para poder hablar entre ellos. —Helmut lo sabe —Murmura el pelinegro apenas se encuentran solos. —Sospecho lo mismo, debemos tener cuidado —Max traga en seco antes de continuar —Y no solo de él. —Claro, Norfolk —Completa pero el rubio niega con la cabeza —¿A qué te refieres? —Horner y toda su familia están detrás de ti —Advirtió el duque con una visible molestia que preocupo a su amante —Los escuché la noche que nació Victoria. —Eso fue hace dos meses —Reclama el pecoso muy indignado —Su esposa estuvo presente, ¿Por qué me lo ocultaste? —No quería preocuparte. —Ocultarnos cosas no nos llevará a ningún lado —Señala el pelinegro. —Y discutir entre nosotros tampoco —Max lo interrumpe —Tengo a alguien vigilando a Horner, pero ordenaré lo mismo para Marko. —¿Crees que ellos estén trabajando juntos? —La pregunta de Checo está cargada de mucho miedo. Dos de los hombres más cercanos al rey en su contra no era nada bueno, y ahora no tenía la protección de su tío. —No, pero no tardarán en hacerlo —Advierte el rubio bastante preocupado —Debemos ser más listos que ellos, ¿Lo entiendes? —Sergio asiente —Me tengo que ir, Helmut no puede vernos juntos. Quédate un momento con el rey, que piensen que te preocupas. El pecoso asiente y se despiden con un beso en los labios. Sigue sus indicaciones al pie de la letra, pero sabe que él tampoco puede quedarse de brazos cruzados a esperar a que las cosas se resuelvan por su cuenta. Principalmente cuando esa noche alimenta a su pequeña Victoria en sus brazos, y entiende que él hará lo necesario para mantenerla segura. Ahora tenía una familia a la cual proteger.  Nota: bonita noche :3
2 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)