INTRIGAS
22 de diciembre de 2025, 18:53
Pasaron tres días desde el accidente y todos en la corte seguían conmocionados por lo sucedido.
Diversos rumores comenzaron a esparcirse, entre dudas sobre la salud del Rey y el futuro de la corona con una pequeña bebé en los brazos de su madre.
No solo los chismes corrieron rápido, sino también las intrigas.
Y como era usual, Max rara vez estaba equivocado.
—¿En verdad está seguro de esto? —Pregunta Horner bastante conmocionado.
—Lo estoy, no encontraban forma de explicar su cercanía —Afirmo el arzobispo —Es claro que ambos comparten más que una simple amistad.
Christian sonríe ante esto.
Era como un niño con juguete nuevo, un regalo servido en bandeja de plata.
No era secreto para nadie el disgusto que sentía por no Wolff, y principalmente por la reina.
Tampoco el desprecio que le provocaba Max FitzRoy, otro estorbo más en sus planes.
—Si esto es verdad, el rey debe saberlo —Comienza el conde —En su situación actual es muy vulnerable.
—Por esa misma razón debemos tener cuidado —El arzobispo lo interrumpe —Será difícil para él poder comprender la idea de que algo más sucede entre ellos dos. Necesitamos pruebas.
Horner lo mira con atención, comprende bien lo que le está diciendo.
—¿Por eso querías verme, no? —Señala haciendo sonreír al mayor —Me necesitas para poder exponerlos.
—Es claro que solo puedo confiar en ti —Helmut lo corrige —Con Norfolk paranoico sobre su nieto, no puede perder el único lazo que su familia tiene con la corona. Si se entera que nosotros sospechamos algo, hará todo lo posible para detenernos.
Christian maldice por lo bajo cuando recuerda que perdió la única espía que podía informarle sobre esta situación.
Todavía lo ponía nervioso el asunto con Hannah, quien parecía mirarlo con odio cada vez que se encontraban.
Intentar poner a las damas y caballeros de la reina en contra de esta sería una tarea en vano.
Conseguir información por medio de un espía era imposible, porque lo más probable era que la reina ya supiera sobre lo que él hacía con Lady Hannah.
Debía buscar una alternativa.
—Nadie de la traicionará, aceptarlo sería admitir la traición de ellos mismos —Horner piensa cada palabra que sale de su boca —desean mantener sus cabezas pegadas a sus cuellos.
—Podríamos ofrecer un indulto —Propuso el mayor —Si el pecado fue cometido por otro, el perdón es más sencillo para aquel que busca el camino de Dios. Si logras conseguir que uno de ellos de testimonio en su contra, entonces no habrá nada que Norfolk pueda hacer para detenerlo.
—Si nos equivocamos, nosotros seremos los traidores —Señaló Horner.
—Se trata de que el rey nos crea —Y Helmut deja más en claro sus intenciones —Si nos equivocamos, busca una alternativa.
El arzobispo no espera respuesta alguna, simplemente se marcha dejándolo con la palabra en la boca.
Christian comprende que no se trata de que algo sea real, sino de que sea creíble.
Repetir una mentira hasta que esta se vuelva difusa con la verdad.
Pero resultaba complicado poder tejer una traición por parte de la reina y su hijastro, cuando el rey parecía cegado ante ellos.
No era que Jos los adorará sin cuestionar, pero eran claramente sus puntos débiles.
Helmut lo sabía y por eso arrojó esa tarea en los hombros de otra persona.
Conocía bien todos los secretos de su Majestad, pero principalmente aquellos que rodeaban a la reina.
Sabía que no se trataba de ninguna Lady Sophie Wolff, que Norfolk no tenía ninguna sobrina y que esté joven, Sergio, no amaba el rey.
Pero incluso él estaba sorprendido ante el actuar de la reina con su hijastro.
Y si se equivocaba, sus manos estarían limpias de culpa.

Por su parte, Sergio se encontraba en la habanera mientras sus damas colocaban un poco más de agua tibia.
El pecoso pronto les hace una señal para que lo dejen solo, ellas hacen una pequeña reverencia para después marcharse.
Desde el accidente del Rey y la irrupción del arzobispo, el pelinegro no había dejado de estar nervioso.
Baja la mirada hacia su vientre y la caricia con sus manos.
No ha podido quedar en cinta para poder excusarse lejos del Rey.
Se deja ir hacia abajo de la bañera, dejando que todo su cuerpo sea cubierto por el agua.
Ahogado, así se sentía.
Los últimos dos años no han sido más que una tortura para él. Y estar en el agua le recordaba un poco su antigua vida.
Una que parecía alejarse cada vez más.
Abre los ojos y por un momento siente que puede ver a su abuela, a sus padres y el hermoso campo que rodea la casa familiar.
Quiero correr hacia ellos y refugiarse en sus brazos.
Pero pronto el llanto de una bebé de alerta y saca la cabeza del agua.
Lleva sus manos a la cara en una señal de frustración, y llama a Lady Alice para que lo ayude a salir de la bañera.
Ya no estaba solo, no como hace unos meses.
Ahora tenía su dulce Victoria y no estaba dispuesto a dejar que ella tenga un destino tan cruel como el suyo.
—Majestad, la pequeña está hambrienta —Dice Lady Abigail cuando lo ve llegar a la habitación.
Sergio rápidamente es vestido de manera apropiada para poder recibir a su bebé en sus brazos y alimentarla.
Le gustaba mucho verla tan tranquila, bonita, ajena a las intrigas de su realidad.
Pero él sabe que entre más rápido actúe, estará un paso más adelante que sus enemigos.
—Lady Hannah —Dice el pecoso llamando la atención de la joven.
—Majestad —Responde la pelinegra acercándose a él.
—Lleva esto con el duque y asegúrate de que nadie te vea —Ordena y la joven asiente para después tomar una carta que le estaba ofreciendo.
Lady Hannah se marcha de la habitación teniendo mucho cuidado de no ser seguida.
—Majestad, ¿Esto es seguro? —Pregunta la pelirroja con suma preocupación —Un tiempo lejos del duque podría ser lo mejor.
—Necesito un bebé —Y la respuesta de Sergio la deja en silencio —Solo él puede darmelo.
Las dos damas intercambian miradas de preocupación.
Ambas sabian por boca de la reina lo que había pasado con el arzobispo y les ordenó estar más alertas.
Pero la necesidad de un heredero no podía hacerse esperar.
Si Sergio no quedaba en cinta en los próximos días, tendría que volver a ingeniárselas para embriagar al rey y convencerlo de que estaba ya haciendo con él.
No podía arriesgarse tanto, y aunque Lady Doriane y su hijo se habían marchado al castillo de Kimbolton, todavía lo ponía nervioso la idea de que Norfolk congeniara con la posibilidad de poner a su nieto en el trono.
Eso es lo que lo estaba estresando.
La inseguridad sobre el futuro de su hija era algo que lo frustraba, y si el rey moría, al menos podría tener algún varón en su vientre que asegurara la legitimidad de ambos hacia el trono.
Y para eso necesitaba a Max.

Esa misma noche, mientras los guardias se postraban frente a las puertas de su habitación, un invitado sigiloso se acercaba por el pasillo.
Max tuvo mucho cuidado de no ser seguido y pronto se detuvo frente a la habitación de la reina.
Los guardias juramentados, Jo y Xavi, lo dejan entrar.
El rubio entra lentamente a la habitación, reconociendo el hermoso cuerpo del joven semidesnudo frente a él, siendo cubierto por una delgada sabana de seda que apenas llegaba a su cintura.
Sonríe al ver tal recibimiento.
La noche era fría, y la cama de Sergio estaba caliente.
—¿Acaso he muerto y llegado al paraíso? —Pregunta el duque con una sonrisa pícara en los labios.
Se encuentra a un par de pasos de él y pronto ve como el pecoso mueve sus pies para tirar de la sábana hacia abajo, quedando expuesto ante él.
—Maxie, ¿Por qué no vienes a reclamar lo que es tuyo? —Sergio abre las piernas invitándolo a su cama.
El rubio pronto se desviste y se sienta en la cama, colocándose entre sus piernas y dejando una serie de besos en estás hasta llegar a su entrepierna.
No tarda en deslizar su traviesa lengua entre los pliegues del pecoso, saboreando cada rincón de su intimidad a la par que le arrancaba diversos suspiros.
Le gustaba complacerlo, ver esa expresión placentera en su rostro, con sus mejillas coloradas donde sus pecas resaltaban aún más.
Con su mano sobre su cabeza y sus dedos enredándose en sus dorados cabellos, tirando de él, pidiendo más.
Y aunque esto le encantaba a ambos, sabían que tenían un tiempo limitado.
—Te amo, pero esto no pondrá un bebé en mi vientre —Señala el pelinegro haciéndolo sonreír.
Max se levanta lentamente y lo observa con atención, como un león cazando a su presa.
Se relame los labios y se acerca a su rostro, respirando pesadamente contra su piel.
—¿Tan desesperado estás por mi? —Pregunta y el pecoso asiente —¿Me quieres adentro? Dilo.
—S-si... —Checo balbucea un poco, le gustaba cuando le hablaba así —Si, te quiero dentro de mi.
El duque sonríe y pronto toma su miembro para presionarlo contra su entrada.
—¿Así lo quieres? —El pelinegro no responden y solo se sostiene de sus brazos cuando lo siente entrar en él.
Max presiona sus caderas contra las suyas, se deja llevar por el calor abrazador de su interior y no tarda en comenzar a moverse contra él.
El pecoso gimotea intentando no hacer tanto ruido, ya no están en Chelsea Manor.
Así que el duque presiona sus labios contra los suyos, callando un poco sus quejidos y pronto sus lenguas comienzan a danzar entre ellas.
Sergio abraza la cintura de su amante con sus piernas, nunca se había sentido tan lleno de él.
Quizá el tiempo que estuvieron lejos del otro o las constantes interrupciones que los hacían incapaces de consumar su amor.
Deseaba tener otro hijo suyo, solo de él.
—Hazlo dentro de mi —Susurra, pero su amante tiene otros planes.
—Solo si tú estás arriba —Y lo condiciona.
Checo no sabe bien cómo hacerlo, y pronto ve como Max se separa de él.
Así que solo sigue sus indicaciones.
El duque se acuesta en la cama y se deleita con la imagen del pecoso acomodándose encima suyo.
—Tómalo y ponlo dentro de ti —Dice Max cuando lo ve observando su miembro —Debes montarme.
Sergio toma con cuidado la hombría de su amante y recuerda lo que este le hace con la lengua, y quiere hacer lo mismo.
Bajo la atenta mirada del rubio, Checo lleva su miembro a su boca y con su lengua envuelve aquel falo caliente.
El duque suspira pesadamente, nunca pensó que haría eso y ahora sentía que en cualquier momento se correría en su boca con tan solo verlo.
—No, no hagas eso —Rapidamente lo detiene.
—¿Lo hice mal? —Pregunta el pecoso reincorporandose.
Se sentía apenado por no poder hacer lo mismo por él.
—No es eso, es que de seguir así no podría poner al bebé en tu vientre —Confeso el rubio algo avergonzado —Quiero correrme dentro de ti, pero no así.
Sergio suelta una pequeña risa ante esto y opta por seguir adelante.
Max lo ayuda a sostenerse mientras el pecoso se acomoda sobre él, tomando su miembro con cuidado para colocarlo en su entrada.
Poco a poco lo deja abrirse paso en su coño, hasta que finalmente lo siente por completo dentro suyo.
Checo suspira pesadamente y siente como su amante toma sus manos para ponerlas en sus hombros.
—¿Estás bien? —Pregunta el rubio al verlo inmóvil.
—S-si... Es solo que... —No puede terminar de decirlo.
La sensación le resulta indescriptible.
—¿Te gusta? —Pregunta el duque con una sonrisa y el pecoso asiente.
Pronto Max posa sus manos en la cintura del pelinegro y lo ayuda a moverse sobre él.
Checo hace movimientos lentos pero precisos, ahogándose en su propio placer y mordiendose la lengua para no ser tan ruidoso.
—Mueve tus caderas, amor —Le pide el rubio y él obedece.
Sergio gimotea y su amante sonríe al verlo tan entregado al placer, uno que solo él podía darle.
Baja sus manos hacia su trasero y manosea sus carnosas piernas.
Max sabe que ya no puede más con ese ritmo, así que lo hace pegarse a su pecho mientras él lo toma de sus piernas y mueve sus caderas contra las suyas.
Checo se abraza a su cuello y gime en su oído, algo que solo lo motiva aún más.
No puede parar hasta dejarlo lleno de él.
Y cuando finalmente llegan al clímax, el rubio lo hace besarlo para ahogar aquel grito que amenazaba con delatarlos.
Abrazándose el uno al otro, con sus cuerpos cansados y completamente entregados al placer.
Son ignorantes del caos afuera de esa habitación.

Nota: JIJOMANO