ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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Toma una decisión

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Después de concretar el acto, el duque mantuvo al pecoso en sus brazos por un breve momento. Le gustaría poder pasar la noche a su lado, pero no podía. Ya no estaban en Chelsea Manor, ahora debían afrontar la realidad de la posición de ambos. —Debo irme —Murmuro el rubio para después darle un beso en los labios. —Lo sé —Sergio acaricia su mejilla con delicadeza. Esos pequeños instantes de felicidad que tenía a su lado, le gustaría que durarán para siempre. Max se levanta de la cama y comienza a vestirse bajo la atenta mirada de su amante. El pecoso toma una fina bata de seda color azul como los ojos de su amado y envuelve su cuerpo en esta. —Regresa con cuidado —Le dice antes de darle un último beso y finalmente verlo partir de su habitación. Apenas el duque se marcha, la puerta vuelve a abrirse y Lady Alice aparece con una expresión que causa preocupación en el pelinegro. —Majestad, disculpe por entrar así —rápidamente hace una reverencia — Pero es urgente que venga conmigo. Checo no cuestiono nada, podía notar lo nervioso y afligida que estaba la mujer. Arregla su cabello y se dispone a ir con ella, quién lo guía a una habitación algo cercana a dónde se encontraban. Mira al guardia Xavi y Lady Abigail hablando en voz baja, y pronto se reverencian ante él. No pregunta, continúa su camino hasta ver de qué se trataba. Y cuando entra a la habitación se queda pasmado al observar a una joven de cabellos castaños completamente amordazada en el suelo del lugar. —¿Que es esto? —Pregunta el pecoso con visible preocupación —¿Qué está pasando? —Es una espía —Afirma Lady Hannah quién, junto al guardia Jo, vigilaban a la chica. —¿Cómo saben eso? —Sergio seguía bastante confundido, pero también molesto —Hablen. En ese momento Lady Abigail y el guardia Xavi entran a la habitación y cierran con cuidado. —Yo la vi siguiendo al duque de Richmond —Comenzo la castaña —Le hice una señal a Lady Hannah para que voltease a verla. —Fue atrapada infraganti queriendo escapar —Señalo Lady Alice —Por suerte Lady Abigail no se equivocó, y Lady Hannah la pudo reconocer. —Es Bianca, majestad, la conocí en una residencia del conde de Essex —Las palabras de Lady Hannah le dieron sentido a todo ese embrollo —Supo que creyó que no la reconocería. —¿Es cercana a los Horner, no? —Sergio pregunta y se acerca a la joven para colocar su mano sobre el pañuelo que mantenía su boca cerrada —No grites, o te puede ir peor. Logra liberar la boca de la joven, quién no dice nada intentando mantenerse a salvo. Sus ojos están llorosos de tanto suplicar que la dejen ir, pero ahora tenía frente a ella a la persona que tenía su destino en sus manos. —Responde, ¿Eres cercana a los Horner? —El pecoso repite la pregunta y la joven asiente bastante temerosa — ¿Qué te pidió hacer? Habla, te prometo que todo estará bien si colaboras conmigo. La espía lo duda un poco, pero al final traga en seco antes de hablar. Quizá pueda conseguir su perdón si ruega a sus pies. —Seguir al duque, vigilarlo —Confiesa frente a todos y pronto se arrastra hacia los pies del pelinegro —Por favor, perdoneme. Le suplico clemencia, tenga piedad, Majestad. Tiene miedo, se ve en sus ojos. Ha sido atrapada después de perseguir al duque como le ordenó su señor. Sabía que era arriesgado, pero Christian le prometió una gran recompensa si conseguía pruebas de la traición de la reina. Creyó que podía salirse con la suya, que nadie la reconocería. Y cuando estaba a punto de marcharse, había sido atrapada. Ahora no le quedaba más opción que rogar por el perdón. Sergio se acerca a la joven y coloca sus manos en sus mejillas, tocando aquel pañuelo que rápidamente lo vuelve a colocar en su sitio, dejándola en silencio. Bianca lo mira con terror, porque temia la decisión de la reina. A quién no había conocido hasta ese día. Pero que estaba dispuesta a perjudicar por un poco de oro. Su silencio era posiblemente la respuesta más obvia. Pero al pecoso le gustaba ser claro con su séquito. —Deságanse de ella —Ordenó y la joven comenzó a arrastrarse para intentar llegar se nuevo a él —No solo traicionó a la corona al espiarme, sino también a su señor al confesar sus actos. Además, ella vio demasiado. Bianca llora e intenta gritar, pero el pañuelo en su boca se lo impide. Nada salió como esperaba. Había traicionado a los Horner al confesar lo que ellos le habían ordenado hacer. Sin embargo, Sergio no toleraba la traición de aquellos que debían servirle y serle fiel. Lady Hannah fue la excepción, una que no se volvería a repetir. Y eso serviría como lección para todos. —¿Dónde quiere que la dejemos, majestad? —Pregunta Jo haciendo que el pecoso lo voltee a ver. —Tengo algunas opciones —Responde antes de darle las indicaciones. Sergio finalmente se marcha junto a sus damas, no era un espectáculo que estaba dispuesto a presenciar. Esa noche se marcó el inicio de una guerra que poco a poco se iba gestando dentro de la corte.  Para mañana siguiente, el Conde de Essex se encontraba desayunando junto a su familia cuando un parloteo llamó su atención. Podía escuchar los pasos apresurados de sus sirvientes afuera de sus habitaciones privadas. —¿Qué es ese escándalo? —Pregunta su esposa visiblemente confundida. —¿Acaso el rey...? —Liam no se atreve a terminar la pregunta. Esto motiva a su padre, Christian, a levantarse de su asiento para salir a ver qué estaba pasando. Camina por el pasillo hasta que se encuentra con Hugh Bird, uno de sus lacayos más leales a él. —¿Qué está pasando? ¿Por qué parece que todo el mundo ha enloquecido? —Christian no tarda en preguntar, pues la situación lo había puesto alerta. Tenía un mal presentimiento. —Señor... —Comenzó Hugh con dificultad, había corrido para darle la noticia —Bianca, una de las sirvientas, ha sido encontrada sin vida. Esta noticia toma por sorpresa al Conde, quién sabe bien de quién se trata. La joven que tomó por espía para seguir al duque de Richmond. —¿Dónde? —Es lo único que logra preguntar. Pero el lacayo no dice nada, solo voltea a ver hacia la ventana que está a su lado. Christian comprende la señal y voltea hacia esa misma dirección, dando un par de pasos hasta que ve como sacan el cuerpo de la joven de un pozo de agua que quedaba gusto enfrente de sus habitaciones privadas. —Padre... —Dice Liam llegando hasta donde los dos hombres se encontraban —¿Esta todo bien? Pero el joven pronto se queda en silencio cuando su mirada se posa en la misma dirección a la que están viendo ellos. —Tiene marcas en su cuello —Comienza el lacayo —Quien lo haya hecho quería asegurarse de que se supiera que fue un asesinato. Horner se queda en silencio por un momento. Sabe bien quién lo hizo y que intenciones tenía al poner el cuerpo tan cerca de sus habitaciones. Era un mensaje muy claro. Lo ocurrido con Bianca era una advertencia de que no se metiera en caminos peligrosos. Christian suelta una pequeña risa ante esto, confundiendo a los hombres a su lado. —Tiene valor —Murmura antes de marcharse de nuevo hacia donde se encontraba su esposa. La condesa Geraldine se acerca a él sumamente preocupada. —¿Qué ha pasado? ¿Acaso Liam tenía razón y el rey...? —No es capaz de terminar la pregunta porque su esposo la interrumpe. —No hay noticias del rey, una sirvienta fue encontrada muerta —Dice Horner sin ningún tipo de tacto y la mujer se sorprende ante esto —No quiero que estés cerca de la reina. La pelirroja no puede decir nada porque pronto su esposo se encierra en su estudio. Es Liam quién se decide hablar con él, pues le había preocupado su actitud. Sabía que algo más pasaba, conocía a su padre. —¿Quién es esa chica? —Pregunta el rubio apenas entra al estudio y su padre levanta la mirada —¿Qué fue todo eso? Christian sabe que ha puesto en riesgo a su familia y no puede ocultarlo por más que lo intente. Mentirle a su esposa no era difícil, pero su hijo lo conocía bien y sabía que algo ocultaba. Algún día le heredaria el condado, pero no podía hacerlo si su familia caía en desgracia por sus propias acciones. Tenía que ser honesto, al menos con él. —Era una espía —Confiesa atrapando la atención de su hijo —Una que yo mandé a seguir a Max FitzRoy. —¿Al duque de Richmond? ¿Por qué? —Liam sabía que a su padre no le agradaba, pero era extraño tomar una decisión tan arriesgada. —Porque el arzobispo y yo sospechamos que tiene un amorío con la reina —Señala y su hijo lo mira sorprendido —Y no creo que estemos equivocados, no después de esto. —¿La reina y el duque? —Repite el rubio —¿Desde cuándo? —El arzobispo me lo hizo saber después del accidente del rey. —No, padre, no me refiero a eso —Solto con una sonrisa burlona —Dejame reformularlo, ¿Desde cuándo creen que están juntos? ¿O creen que es algo reciente? Dios, no lo puedo creer. El rey los va a matar. Liam suelta una risa ante esto. Odiaba a Max por considerarlo demasiado engreído y con su padre congeniaban en el desprecio hacia la reina. —No lo sé, es posible —Horner no tenía paciencia para esas preguntas —No hemos podido interferir la correspondencia de ambos. No tenemos pruebas más que ese actuar cercano entre ambos. —El rey y su hijo bastardo comparten el mismo gusto por las mujeres —Liam continúa degustando ese momento de poder —Me pregunto si también comparten algo más. —¿Cómo qué? —Dice su padre rendido para después suspirar pesadamente. Estaba agotado de tanto pensar en lo ocurrido. —Solo digo que sería gracioso que la princesa Victoria no fuera precisamente eso, una princesa. Y está frase termina por ser un punto de inflexión para la corona misma. Uno que le da una idea muy arriesgada al duque. —Una bastarda, hija de un bastardo —Murmura el conde —Solo se puede comprobar de una manera. Liam mira con atención a su padre, quién se ha tomado muy en serio sus burlas. —Padre, no... —No voy a permitir que esa perra nos quite lo que tenemos, o crea que tiene algún poder sobre nosotros —Afirma Christian levantándose de su asiento —Haremos la prueba de sangre. —Norfolk no lo permitirá, es el regente del rey en su ausencia —El rubio intenta que su padre reconsidere su decisión y lo persigue por los pasillos —Sera una guerra si haces eso. —Torger no es el regente, su majestad confía más en el arzobispo. Es mejor que tomemos su lado antes de que los Wolff caigan —Horner está más que decidido —Esto ya es una guerra, verdad o mentira, ella debe ser quien pierda la cabeza. ¿Estás conmigo o no? Liam lo duda por un segundo, pero jamás dejaría de apoyar a su padre. Era muy arriesgado, y quizá había llevado su tontería muy lejos. Podría arruinar a su familia si el resultado no era el esperado. Sin embargo ya era muy tarde para retroceder cuando el arzobispo se entera del plan y decide tomar una decisión por el rey. Haciendo uso del sello real de su Majestad, aprueba una investigación en contra de la reina, del duque de Richmond e incluso de la legitimidad de la princesa Victoria. Jos se encuentra en cama, siendo dopado con láudano para mantenerlo inconsciente y que, en su ausencia, la vida de su esposa y su hija se ponga en peligro. —Esta hecho, se le informará a la reina está misma tarde —Dijo Horner a su hijo con una firmeza de que eso era lo mejor. Si cortaban a la reina desde la raíz de su poder, el cual era el afecto del rey, sería más fácil dejarla sin cabeza. Y con ella fuera del juego, Norfolk era un blanco aún más fácil. Pero era muy temprano para cantar victoria, porque en ese tablero de ajedrez, Horner se enfrentaba a la pieza más fuerte de todas: La reina.  Nota: sorpresa jaja
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