ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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LA HORA DEL LOBO

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Dentro de sus deseos de probar quién tenía el poder, Christian no solo se aseguro de que la alianza con el arzobispo desencadenara la caída de la reina. Sino que también quería darse el gusto de tomarla por sorpresa. Ni siquiera las ratas del palacio se dieron por enteradas de la orden de captura de la reina y los cargos de alta traición. Todo se manejó de la manera más discreta que pudieron encontra. Debían ser cuidadosos o sus planes se podrían estropear en cualquier momento. Es así como ese 2 de mayo, en plena hora del lobo, la reina se despierta gracias a una de sus damas. —La princesa tiene hambre, no ha dejado de llorar —Dice Lady Abigail con cierto pesar por interrumpir su descanso. —Traela conmigo —Ordena y la joven asiente para después marcharse. Sergio se sienta en la cama y acomoda sus largos cabellos a un lado para que no le estorben. —Majestad —Dijo Lady Alice llegando con una jarrón en la mano —Le traje un poco de agua, pero no pensé que le encontraría despierto. —Lady Abigail tuvo que hacerlo, Victoria no deja de llorar —Afirmo el pecoso con una sonrisa recordando que su pequeña lo había estado despertando de esa manera los últimos días. Pronto la joven aparece con la pequeña en sus brazos, y la acerca al pelinegro para que esté le de pecho y así puedan descansar de sus gritos. —Mi niña —Susurro el pecoso mientras le alimentaba y acariciaba sus pequeños dorados cabellos. —Es una princesa hermosa —Afirmo Lady Abigail observando tan dulce escena. Se quedan en silencio por un momento, observando a la bebé ya más tranquila después de comer. —Majestad, debe descansar —Lady Alice se acerca a ellos —La princesa ya está satisfecha, hay que dejarla dormir y volver a la cama. Sergio asiente seguro de eso. También está bastante cansado y sabe que sus damas lo están, aunque no lo dirán frente a él. Lady Abigail estaba a punto de tomar a la pequeña en brazos, cuando un sonido los alertó a los tres. —No puede pasar, es la habitación privada de su Majestad —El caballero Jo hablaba con firmeza. —Es bastante tarde, su Majestad está durmiendo y no le gustará nada está intromisión —Xavi se une a él, pero pronto comienza un forcejeo que hace que las puertas se abran de golpe. Las dos damas se colocan frente a la reina, formando un obstáculo para que no lleguen hacia él y su pequeña. Sergio mantenía a su princesa durmiendo en sus brazos, sumamente asustado por lo que estaba pasando. —A un lado mujer, venimos en nombre de su majestad el rey —Afirmó David Croft, un caballero que servía a los intereses del arzobispo —no querrán cuestionar la justicia de nuestro soberano. —¿De qué justicia estás hablando? —Lady Alice lo reconoce al instante, era el mismo caballero que arrestó a la reina anterior —Llegas en medio de la noche y entras por la fuerza a la habitación de su majestad. —Nuestra reina se encontraba descansando hasta que ustedes irrumpieron —Reclamó la más joven —La princesa Victoria está durmiendo, y estoy segura que al rey no le gustará que se le trate así a su única hija. —¿Cuál hija del Rey? —La pregunta de Joe Saward, quién parecía liderar al resto, tenso al pecoso que ni siquiera podía ver su rostro —Llévenselos a todos. Serán interrogados hasta que suelten la verdad. Más hombres entraron a la habitación de la reina y tomaron a las damas por la fuerza. Lady Abigail y Lady Alice forcejearon con estos, pero no eran tan fuertes como ellos y no estaban armadas para poder defenderse. En un movimiento rápido Sergio se levantó de la cama e intentó huir con su hija en brazos. Abrió la puerta del baño e intentó encerrarse en este, con los llantos de la bebé, quién se había despertado con tanto escándalo, llenando la habitación. Intentaba arrullarla para que se durmiera, pero Saward y sus hombres no tardaban en entrar. —No puedes hacer esto, ninguno de ustedes puede, ¡Soy su reina! —Les recordó pero estos hicieron oídos sordos —¡Alejense de mi hija! ¡No la toquen! Sergio se aferra a la pequeña, pero pronto los hombres logran quitársela de los brazos y lo someten al suelo. —¡No! ¡Dejen a mi hija, no la toquen! —El pecoso grita mientras ve como se llevaban su pequeña de su lado y nunca deja de luchar para liberarse —¡Malditos, lo pagarán con sus cabezas! Logra golpear a uno de los guardias y por un momento parece que va a liberarse, pero en ese instante Saward se acerca a él y le da un golpe en la cabeza que lo deje inconsciente. Incapaz de poder recuperar a su hija, ahogándose en una oscuridad que lo dejas sin aliento. Y mientras cada una de sus damas y caballeros eran arrestados, Lady Hannah había tenido la suerte de estar ocupada buscando aceite de tomillo para aliviar su dolor de cabeza. A la distancia pudo observar aquello que se tejía esa terrible noche. Sabiendo que, de ser descubierto sería atrapada, necesitaba buscar ayuda lo antes posible. Y solo había un lugar donde podría encontrarlo.  Cuando Lady Hannah le contó todo lo que vio al duque de Richmond, este rápidamente entró en cólera. —¿Quién pudo ordenar algo así? —Preguntó furioso. —Escuché que fue orden de su Majestad —Recordó la mujer. —No, esto no puedo hacer orden del Rey —Max era muy inteligente y sabía cómo se tejían las intrigas en la corte —Esto es obra del arzobispo. Sabía que no se había podido quitar esa idea de la cabeza, pero no pensé que lo llevaría tan lejos. —Mi señor, por favor, haga algo —Rogó la pelinegra poniéndose de rodillas frente a él —Se han llevado a todos. Y la princesa, su llanto, siento que me seguirá toda la noche. El rubio estaba furioso de solo escuchar eso. No podía imaginárselo afligido que debió sentirse su amado al tener que atravesar una situación así en medio de la noche. Sin poder reaccionar, pensar o siquiera analizar un poco lo que estaba pasando. Tomado desprevenido, con apenas unas prendas que lo vestían por la noche. Una humillación tramada por dos hombres que lo odiaban demasiado. Llevárselo así, como si fuera una rata atrapada en una jaula. Max sabía que eso no podía quedarse así. —Debes ir con mi amigo Daniel, si te están buscando este es el primer lugar al que vendrán —Afirmó el duque mientras escribía algo en un pedazo de papel —Confío mi vida en él, es un gran amigo y sé que te dará cobijo. Toma un caballo y ve con él. Lady Hannah asiente sin más, y le agradece antes de marcharse. El rubio observa la ventana mientras la sombra de esa mujer se desvanece en la oscuridad. Sabe que él es el siguiente y al menos ha podido liberar a una de las damas para que consiga ayuda con alguien más. Confiaba plenamente en Daniel, se conocían de toda la vida y si bien no le había contado su aventura romántica con el pecoso, sabe que no lo abandonará en esto. Siempre se refirió a él como el único hermano que tenía, y su único aliado. Así que no le quedaba más que esperar a que esté mandara por ayuda, aunque todavía quería averiguar cómo habían obtenido una orden del rey para su arresto. Su padre estaba enfermo y en cama, incapaz de tomar una decisión así. Eso era obra de sus enemigos y lo pagarían muy caro por meterse con su familia. Entonces un fuerte golpe en la puerta le hace saber que pronto se encontrará con su destino. Al abrir se encuentra de frente a un grupo de guardias que lo esperan para llevarlo a la torre verde. No lucha porque sabe que nada de eso podrá cambiar las cosas. Lo llevan por los pasillos en medio de la penumbra de la noche, y en su mente hay mil posibilidades de lo que podría ocurrir. Y solo puede desear que ninguno de los guardias o damas de la reina abran la boca. Porque solo así podrán conseguir pruebas de la traición.  Por otro lado, después de haber llorado toda la noche en una habitación aislada. Sergio intenta controlar su mente y corazón. Quiere creer que hay una posibilidad, que todavía se puede salvar. Pero, principalmente, que su hija puede estar bien. La noticia de la detención de la reina corrió como el agua en un río. Todos se habían enterado de la posible traición que este habría cometido contra el Rey. Y esto llegó a oídos del hombre que lo puso en esa posición en primer lugar. La puerta de la habitación se abre y deja ver al duque de Norfolk frente a él. —¿Acaso fuiste tú? —Pregunta el pecoso con una voz temblorosa. Su tío suelta una risa molesta. —Vine a saber cómo estabas, pero este es el recibimiento que tengo —Señala dando un par de pasos y observando la habitación en la que alguna vez estuvo encerrada su hija —Nunca tuviste cabeza para esto. —Entonces vienes a burlarte —Sergio lo interrumpe, pero Norfolk niega con la cabeza. —No, es solo que eres brillantemente decepcionante —Comenzó —Te elegí a ti sobre mi propia hija. Creí que harías un mejor trabajo que ella. ¿Sabes? El mayor problema de Doriane es que siempre ha sido muy impulsiva y emocional. Así que pensé que tú no serías así —Se tiene un momento para pensar esas palabras —Sergio, eres un chico astuto. No lo voy a negar. Tienes al padre y al hijo comiendo de tu mano. Pero no debiste ser emocional. No alcanzas ese nivel de poder guiándote solo por las emociones de tu corazón. —No es un buen momento para recibir esta lección que tanto te morías por dar —Sergio finalmente lo interrumpe —Lo que se está cometiendo aquí es un acto de traición —Dichas palabras causan una risa burlona en su tío —Me están juzgando por un crimen que no cometí. Mi hija, la princesa Victoria, es de la sangre del Rey. —Yo no te estoy juzgando por ningún crimen, no te confundas —Norfolk señala —Este estratégico plan fue diseñado por un enemigo que tenemos en común, o más bien dos. Así que vengo a ofrecerte un trato. —¿Y por que haría eso? Saldré de aquí tan pronto como el rey descubra lo que han hecho —Aseguro el pecoso —Y todos pagarán por este acto tan vil. Norfolk mantiene esa sonrisa burlona que tanto le molestaba a su sobrino. —¿Todavía no lo entiendes, verdad? —Comenzó —Tienes en contra a dos de los hombres más poderosos en la corte y te niegas a recibir ayuda al respecto. No solo se trata de ti, también tu hija está en riesgo. —Mi hija es inocente, es solo una bebé —El pelinegro parecía perder la paciencia con cada palabra de su tío —No quiero que le hagan daño. —Pero lo harán, ese es el plan que ellos tienen —Y esto solo provoca que el joven casi entre en una crisis, pero Norfolk lo toma de los hombros para obligarlo a verlo —Le harán una prueba de sangre, y para eso necesitan lastimarla. Sé que no es algo que quieres escuchar, pero soy el único que puede ayudarte. Max también fue arrestado y no podrá hacer algo por ti, ni por ella. Sergio sabe que tiene razón, se ha quedado solo en esa terrible batalla. Ya no solo puede pensar en él, sino principalmente en su pequeña hija que no tenía la culpa de ninguna de las decisiones que él tomo. Sabía quiénes eran sus enemigos detrás de este plan traicionero y conocía un poco sobre la prueba de sangre. El pecoso suspira pesadamente antes de hablar, entiende que no hay más opciones. —¿Qué es lo que quieres? Norfolk sonríe triunfante ante esto. Quizá Horner y Marko estaban detrás de todo esto, pero el beneficiado parecía ser él. Sin embargo, debería tener cuidado al jugar con fuego o podría quemarse.  Nota: el final se acerca
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