HIJA DE INGLATERRA
22 de diciembre de 2025, 18:53
La tensión era palpable.
Se había comprobado que la reina no había cometido ningún acto de traición.
Y ahora todos comprendían que en las últimas horas se había cometido una serie de actos de injusticia.
Unos que necesitaban un castigo ejemplar.
—Bien, es suficiente —Dijo el rey llamando la atención de todos —Terminemos con esto, pues ya se ha demostrado la inocencia de la reina.
Sus palabras se sentían pesadas, como si no hubiera tenido lo que quería.
Y no es como si estuviera deseando una traición, pero había algo que lo hacía dudar profundamente de la lealtad de su esposa.
Sergio pronto se dio cuenta de una cosa, algo que le hizo hervir la sangre; el rey estaba cerrando el tema sin siquiera poner un castigo.
—Majestad, se han dicho muchas mentiras en estas últimas horas —Comenzó el pecoso acercándose a él —Nuestra hija crecerá bajo la sombra de lo ocurrido frente a toda la corte.
Intenta tomar su mano buscando una cercanía fabricada, pero el hombre simplemente se jala y no deja que lo toque.
—He dicho que es suficiente —Reafirma el rey —Ya basta, Sophie.
En su voz hay un dejo de desprecio, como si todo el cariño que le había jurado hace tiempo se hubiera esfumado de la noche a la mañana.
La reina se queda en pie frente a toda la corte y toma a su hija en brazos sumamente preocupado.
Siente que algo está mal, que el peligro no ha pasado.
Max se acerca lentamente hacia él y se coloca con discreción a su lado.
—Esta será la última vez que nos veamos —Murmura el rubio disimulando sus palabras —Lo sabes bien, tú también lo notas.
Checo lo mira de reojo y comienza a arrullar a la princesa.
—¿Vas a marcharte? —Responde por lo bajo.
Le duele el corazón con solo pensarlo.
—Él no va a estar tranquilo conmigo en la corte —Señala.
—Y yo no lo estaré si te vas —Sergio lo interrumpe
—No será por mucho tiempo, volveré en unos meses cuando las aguas se hayan calmado —El Duque lo dice como si fuera una promesa —Es lo mejor para todos.
Max es consciente de que su presencia solo traerá más problemas. Y no quiere arriesgar a su familia a una situación similar a la que atravesaron.
Claro que no lo iba a dejar desamparado, contaba con la ayuda de su amigo Daniel y que este protegería a la reina en su ausencia.
—Estoy en cinta —La confesión del pecoso lo hace titubear un poco.
—Con más razón debo marcharme —Afirmó el rubio —Si tienes miedo de él, recurre a Dios. Es a lo único que le teme.
No hubo más intercambio de palabras.
Sergio solo pudo ver su espalda cuando este se marchó.
Intenta no verse afectado por esa despedida que no parecía un adiós.
Pero no hay mucho que puedan hacer al respecto, ambos saben que el rey no está contento y no pueden darle otra oportunidad a sus enemigos para deshacerse de ellos.
Ya que resulta bastante obvio que cuando se sepa sobre su embarazo, los rumores resurgirán y es posible que no tengan tanta suerte para entonces.

Sergio regresa junto a sus damas a sus habitaciones privadas, pero no es capaz de tener tranquilidad en su corazón.
Con Max lejos, ahora solo contaba con sus damas y sus guardias.
No tenía resentimiento hacia su amado, entendía que lo hacía por el bien de ambos y principalmente el de sus hijos.
—Mi reina, ya todo pasó —Comenzó Lady Abigail —Ahora tiene a la princesa Victoria a su lado y los rumores se han disipado.
—Piense en la princesa —Sugirió Lady Alice —Lo necesita más que nunca.
—Tiene que mostrarse fuerte frente a la corte —Afirmó Lady Hannah sentándose a su lado —Sus enemigos no descansarán hasta verla caer, pero usted ha demostrado lo equivocado que estaban y continúa teniendo el favor del Rey.
En ese momento Sergio observó a su pequeña dormida y negó con la cabeza.
—No, eso no es verdad —Comenzó el pecoso —Yo ya no tengo el afecto del Rey, y he sido tan ingenuo que no me he dado cuenta cuando lo perdí.
—¿Qué está diciendo, majestad? —La pelirroja toma su mano intentando calmarlo, sabe que continúa alterado por todo lo sucedido y no es para menos después de lo que pasaron.
—Puedo verlo en su rostro, no está contento —Continúa el pelinegro —Tengo la sensación de que está decepcionado porque probé lo contrario.
—Majestad, ¿Por qué el rey querría eso? —Pregunta la más joven de sus damas —La princesa Victoria es su heredera.
—Y estaba más que dispuesto a declararla bastarda —Sergio la interrumpe rápidamente —Él no está tranquilo con el resultado, y yo tampoco.
—Majestad, ¿Usted cree que el rey esté buscando reemplazarla? —Y Lady Hannah hace la pregunta que más teme.
Pero sabe que debe ser sincero con ellas y consigo mismo.
—De lo contrario no hubiera seguido adelante con la prueba —Señalá el pecoso —Si lo hizo es porque de verdad lo cree. Y si es así, entonces no estamos seguros de nuestra posición. Ninguno de nosotros está a salvo hasta que yo pueda darle un heredero.
—He escuchado que Lady Doriane ha sido llamada por su padre el Duque de Norfolk para que se presente en la corte —Comenzó la pelirroja —Ese es otro problema.
—¿Pero como deshacernos de Doriane? —Cuestionó Lady Abigail —La última vez no funcionó y regresó a la corte con más poder que nunca.
—Norfolk va a intentar posicionarla con el rey, dejen que lo intente —Continuó el pelinegro —Que el rey se distraiga con ella. De igual forma ya tengo lo que quiero.
Las damas observan como su reina lleva su mano a su vientre y la acaricia con suavidad.
Ni siquiera les da tiempo a reaccionar cuando la puerta se abre de golpe.
Era como un déjà Vu de lo que había pasado al inicio de su pesadilla, pero esta vez fue el rey mismo quien entró a la habitación.
—Salgan —Ordena con una voz autoritaria.
Las mujeres, asustadas, obedecen sin rechistar.
Sergio se levanta de la cama teniendo a la pequeña en sus brazos y hace una reverencia a su esposo.
—Majestad, no me avisaron que venía o me hubiera arreglado para usted —Miente.
Su repentina visita le causaba mucho miedo, pero no estaba dispuesto a mostrarlo.
—Veo que te has acomodado de nuevo en tus habitaciones —Comienza el hombre observándolo con detenimiento y camina lentamente hacia él —¿La princesa está dormida?
Sergio asiente y mantiene a la pequeña contra su pecho.
—Le he dado de comer y no tardó en quedarse dormida —Responde —Parece que estaba muy cansada o quizás simplemente me extrañaba.
El rey pronto se sienta en una de las sillas y hace una señal para que le entregue a la niña.
Checo lo dudo mucho, no se siente cómodo entregándole a su hija.
Pero sabe que no puede negarse, así que la pone en sus brazos con mucho cuidado.
Jos carga a la pequeña Victoria y la mira sin mucha emoción, mientras que el pecoso se mantiene alerta a cualquier movimiento que haga.
—La princesa debe recibir la mejor educación —Comienza el rey sin siquiera mirarlo —Tendrá los mejores tutores y damas para ella.
—Eso es maravilloso —Sergio no sabía qué decir, pero intentaba agradarle de nuevo.
No porque lo quisiera, sino porque necesitaba hacerlo para su seguridad y el de su hija.
—Pero tú no vas a ser parte de eso —Y las palabras del Rey lo desconciertan.
—Majestad... —Murmura el pecoso en un tono bajo.
Cientos de posibilidades pasaron en su mente, ideas o excusas de qué podría estar llevando el rey a decir eso.
Y el miedo se hace presente al pensar que aún siendo declarado inocente, sea castigado por mera vanidad de su majestad.
—La princesa Victoria será criada por una institutriz personal y crecerá fuera de la corte hasta su mayoría de edad —Comenzó el rey pero esas palabras solo significaban una cosa para la reina —Ya no la verás más.
Eso fue como una estaca al corazón del pelinegro.
Le era imposible imaginar una vida sin su amada Victoria, su pequeña por la cual haría todo.
El fruto de su amor con Max, lo que más amaba en este mundo.
—No, por favor, Su Majestad se lo ruego —Sergio rápidamente se arrodilló frente a él y comenzó a sollozar —No me separe de mi hija. Se lo suplico, no la aleje de mí.
Jos ni siquiera se inmutó ante esto
—Entiendelo, Sophie, ni siquiera debiste de haberla criado desde el principio —Señaló —Las reinas no amamantan a sus hijos. Te permití quedartela por un tiempo, pero Victoria pertenece a la corona. Y ella crecerá como una hija de Inglaterra, así que debes aceptarlo.
—Pero ella es mía —Insistió el pecoso con lágrimas en los ojos.
—Ningún hijo que yo haya puesto en tu vientre es tuyo —Declaro el hombre levantándose con algo de dificultad.
Llama a los guardias y estos entran junto a una mujer rubia, quien toma a la pequeña en brazos.
—¡No, dámela! —Grita Sergio levantándose del suelo e intentando ir detrás de la institutriz —¡Es mía, es mi hija!
Angela Cullen ya sabía lo que le esperaba cuando se le otorgó la tarea de ser ella quien criara a la princesa.
La pequeña comienza a llorar en sus brazos, resultado de todo el escándalo que se estaba gestando, pero la mujer continúa su camino ignorando los sollozos de la reina.
Ella solo seguía órdenes.
Los guardias se marchan y Sergio se queda a solas con el rey.
—Sophie, necesito que entiendas cómo funciona todo esto —Comenzó el hombre —Demostraste tu inocencia, pero es verdad que has mostrado cierto comportamiento inapropiado.
El pecoso lo mira aturdido, confundido y cansado de todo lo que estaba atravesando.
Puede sentir que algo más se está tejiendo en la mente del Rey. Lo sabe, lo presiente.
Y es momento de usar la última carta que le queda, aquella que podría ser la llave para solucionar todos sus problemas.
—No he hecho nada más que seguir cada orden que usted me ha dado —Reclamó con una voz dura y en su mirada se reflejaba el desprecio que sentía por el rey —¿Acaso es un crimen haber dado a luz a una niña? Usted ha permitido que se me haya humillado frente a toda la corte, aunque le haya dado una hija o incluso que yo esté en cinta.
El rey se queda sin palabras ante esto.
Había llegado a la habitación de la reina no solo con la intención de arrebatarle a su hija de sus brazos, sino también para confrontarla sobre su extraña relación con su hijastro.
Pero los hechos habían dado un giro inesperado.
Aunque creía que todavía ocultaba algo, la posibilidad de otro heredero nubló su mente.
—¿Estás en cinta? —Pregunta para asegurarse de que escuchó bien.
Y Sergio sabe muy bien como jugar sus cartas.
Porque alguien tan obsesionado con la idea de ser elegido por Dios aceptara cualquier señal como una obra divina.
—Es una bendición de nuestro señor —Afirmó el pelinegro —En tiempos de oscuridad ha decidido recompensar nuestra fortaleza.
Sabe bien que la religión es el punto débil del Rey, se lo ha dicho su amante.
—Otro hijo de Inglaterra —Comienza el rey —Mi heredero.
Pronto se acerca al pelinegro y coloca sus callosas manos en su vientre.
No ha recuperado el afecto del Rey, Pero ha conseguido calmarlo al menos por un tiempo.
Y si viene este se marchó feliz de sus habitaciones, no podía decírse lo mismo de la reina.
Cuando sus damas se enteraron de lo ocurrido, unas intentaron tranquilizarlo y otras soltaron en llanto.
Tocando su vientre, viendo hacia la ventana en medio de la noche, notando como el duque iniciaba su marcha lejos de Hampton Court.
Una lágrima se deslizaba por la mejilla de Sergio.
Parecía una pesadilla que nunca acabaría.
Sus enemigos terminaron sin ningún castigo, su abuela había sido ejecutada, lo separaron el amor de su vida y ahora la arrebataban a su hija de sus brazos.
Tenía un pase asegurado por algunos meses.
Pero sabía que el tiempo se le agotaba y necesitaba sacar a todos los que estorbaban en su camino.

Nota: deseenle pronta recuperación a su autora que se enfermó de gripa :c