EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
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224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
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LA GRAN TRAICIÓN

Ajustes
Creer que con el paso del tiempo la situación entre ambos se calmaría, había sido el pensamiento más ingenuo que había tenido Sergio en los últimos meses. Por el contrario, todo se había vuelto más tenso. Ni siquiera el anuncio del embarazo de la reina pudo calmar al rey, quién poco a poco fue demostrando que el cariño que sentía por la reina había terminado. Desde aquel accidente en el caballo, Jos había tenido un cambio en su personalidad volviéndose un poco más volátil y paranoico. Pero el cambio más grande había sido la falta de afecto que ahora sentía hacia la reina. Era como si el golpe hubiera borrado todo sentimiento hacia ella. Sergio creyó que podía tolerarlo, principalmente porque no sentía ninguna atracción hacia el rey. Pero si hubo algo que le molestara, fueron la serie de decisiones que había comenzado a tomar desde que despertó de esa cama. El inicio del fin fue decidir no castigar al conde de Essex y al arzobispo por sus acciones contra la reina, su hija y sus empleados. Su abuela había sido asesinada y nadie hizo nada. Además, para terminar rematando todo lo que había sucedido, decidió alejarlo de su hija y eso fue algo que en su corazón todavía resentía. Sin embargo, el pecoso había decidido callar por su propio bien y el de su hijo en su vientre. No quería alterarse como la primera vez, aquella ocasión en la que perdió al hijo del rey. Así que decidió comportarse como la reina que esperaban que fuera, callada y sumisa. La corte murmuraba respecto a la favorita del Rey, Lady Doriane, quién había capturado toda su atención después de su recuperación. Sergio se mostraba muy nervioso respecto al tema, no porque sintiera algo por el rey, sino porque sospechaba que algo más estaba sucediendo. Y quería averiguarlo antes de que lo tomaran desprevenido como la última vez. Era consciente de que su prima le había dado un hijo al rey, y con el nacimiento de este niño también llegaron a oídos suyos los rumores de que Jos quisiera deshacerse de la reina. Supo que en el pasado el rey había intentado legitimizar a Max por medio de un matrimonio con la madre de este. Pero sus planes no llegaron a buen puerto cuando Lady Sophie Kumpen falleció pocos días después del parto. Sin embargo, ese no había sido el destino de Lady Doriane y la simple idea de que el rey retomara ese plan, hacía que la reina se pusiera muy alerta. Esto también lo llevó a pensar en la idea de meter a otra joven en el camino del Rey, porque la facción de los Wolff estaban ganando mucho poder e influencia sobre este. Y Lady Doriane lo estaba disfrutando como siempre había querido. Ahora que ella tenía el afecto del Rey comenzó a hacer uso de este para favorecer a su familia y a sí misma. Y una de las primeras cosas que hizo fue cortarle los ingresos a Sergio, dejándolo bastante limitado dentro de su rol como reina. La corte murmuraba que Lady Doriane se volvería a la siguiente reina, y por esa razón se estaban deshaciendo de Sergio poco a poco. También le quitó algunas propiedades que el rey le había cedido cuando se casaron. Aunque Sergio era la reina, parecía más un limosnero dentro de su propia corte. Y el rey guardaba silencio ante esto, permitiendo que humillaran a su esposa una y otra vez frente a la corte. Norfolk era el más beneficiado ante tal situación, pero también la persona más consciente de que lo que fácil llega, fácil se puede ir. Aunque él había sido quien más había insistido en que su hija no se involucrara con el rey, ahora le incitaba a retener su atención a como de lugar. Y no podía olvidar que todavía tenía muchos enemigos. El conde de Essex la estaba pasando muy mal al no haber conseguido eliminar a la reina de su camino. Al menos se había salvado de la ejecución. Pero ahora el problema estaba en que no importaba si lograba deshacerse de Sophie, Lady Doriane se había vuelto más influyente que la reina y esta era hija directa de su mayor enemigo. Y le había dado el ansiado hijo varón. Si Norfolk era lo suficientemente inteligente, impulsaría a su hija a tomar el rol de reina y terminaría ejecutando a su sobrina. Así que Horner estaba muy atento Y paranoico al respecto. Todo en la corte era tensión, una tan fuerte que sentían que en cualquier momento se desataría la locura. Y vaya que lo haría.  Con el embarazo de Sergio siendo algo de conocimiento público, sus apariciones en la corte se volvieron más limitadas. También estaba el factor de que no quería toparse con su prima, quién ahora parecía ser una reina sin corona. La última vez que la vio, esta le había arrebatado las joyas personales de la reina y ahora las lucía mientras se regocijaba en cada cena en la corte. Pero había un evento estaba próximo a ocurrir y realmente no se sentía con ánimos de asistir. Con su abultado vientre de ocho meses de embarazo, sabía que la ansiada fecha de parto estaba próxima a llegar. Eso era lo único que mantenía emocionado al rey en relación a la reina . Jos estaba muy expectante en cuanto al sexo del bebé. Todos sabían que él ansiaba al niño varón pero si Sergio volvía a “fallarle”, Entonces no le quedaría más que rezar por piedad. Porque el rey no le perdonaría que no cumpliera con la única tarea que se le había otorgado. Y entonces sí llevaría a cabo aquel plan para legitimizar el hijo que tuvo con su amante. —Pronto daré a luz y el rey está más enfocado viendo justas y emborrachándose hasta caer desmayado —Se quejó el pecoso mientras miraba por la ventana —Celebrando el cumpleaños de esa mujer. —No piense más en ellos, majestad —Dijo Lady Abigail mientras arreglaba su cabello. —Los odio —Soltó Sergio con una rabia que nunca había experimentado —Llevo meses sin ver a mi hija. Ni siquiera sé cómo la están cuidando, o si se acuerda de mí. —Majestad, tranquilícese —Lady Alice se acercó a él y tomo su mano —La princesa está bien, el rey no permitirá que maltraten a su hija. —¿Cómo podemos saberlo? Hace tan solo unos meses casi la declara bastarda —Señaló —Y Doriane me cortó los ingresos para que no pudiera pagarle ni un solo vestido, nada. Para que no tuviera las herramientas para poder ir a verla. La separación con su hija había sido muy dura para él. Ese castigo que le impuso porque ahora parecía odiarle, simplemente lo estaba matando. Lo lleva a acariciar su vientre pensando que después de que dé a luz le hará lo mismo con su bebé recién nacido. Pero él se juró a sí mismo que eso no pasaría, no otra vez. —Majestad, el rey desea verla —Dijo Lady Hannah entrando a la habitación. El pelinegro suspira pesadamente. Cuando el rey quería verlo casi siempre era para tener una conversación fría y distante. Sergio ya se había cansado de intentar agradarle, porque nada de lo que decía parecía gustarle. Rendido deja su habitación en compañía de sus damas y se acerca a donde el rey está esperándolo Jos da la orden de que la reina entre sola, como siempre, para que nadie se dé cuenta de la inexistente relación entre ambos. —Majestad —Dice el pecoso deteniéndose frente a él y haciendo una reverencia. Ya sabía lo que seguía. Preguntas aburridas sobre su día y la corte. No podía ser más equivocado. —He recibido noticias sobre Victoria —Comenzó captando totalmente su atención —Se encuentra bastante bien de salud, pero es obvio que extraña a su madre. Sergio siente un poco de Esperanza Al escuchar esto último. ¿Acaso el rey podría reconsiderar su decisión? —Sé que la extrañas mucho. Han sido unos meses muy difíciles para ti —Continúo el rey —Pero quiero saber una cosa, ¿Qué estarías dispuesta a hacer para poder volver a ver a tu hija? La forma en cómo Jos se refería a la princesa marcaba una distancia, lejanía y falta de conexión con la pequeña. No era “nuestra hija” sino “tu hija”. Y eso solo confirmaba lo que Sergio ya sospechaba, el rey nunca creyó que Victoria fuera suya. Aunque en el fondo quería creer que marcaba esta distancia porque se trataba de una niña, y no de un niño. Que su molestia era esa y no otra cosa. Pero no era momento para ponerse a discutir ese tema. —Sabe bien, mi señor, estaré dispuesto a todo por poder tenerle mis brazos otra vez —Entiende bien que esa es la respuesta que él quiere escuchar. Y así es. Pero Sergio no está preparado para la petición del Rey. —Entonces deberás matar a Max FitzRoy. Su respuesta lo deja sin palabras. No entendía por qué le hacía tal petición y mucho menos en ese momento. ¿Qué pretendía? ¿Acaso era otro de sus juegos? —¿Quiere que mate a su hijo? —Pregunta el pecoso intentando pensar que ha escuchado mal. O quizá el recordatorio de que es su sangre hace que cambio de opinión. Pero no podría estar más equivocado. —Así es, quiero que lo mates por mí —Reafirma el rey —Y lo tendrás que hacer esta noche. —¿Esta noche? —Repite el pelinegro. Max ni siquiera estaba en Hampton Court, llevaba meses autoexiliado de la corte. —Lo mandé a llamar —Responde Jos con una voz firme —Es la única forma en que te permita ver a tus hijos. Ya puedes irte. Sergio camino lentamente hacia la puerta. No puede terminar de procesar lo que está sucediendo y lo que ese hombre le está pidiendo. Era una cosa tras otra. No se creía capaz de hacer eso, no podía porque lo amaba demasiado. ¿Pero cómo podría salir de algo así? Estaba condenado.  Pasaron las horas con una lentitud que se sentían eternas. La corte estaba desbordando de celebraciones por el cumpleaños de la amante del Rey y Sergio estaba al borde de las lágrimas en su habitación. —Me siento muy mal por el duque —Comienza Lady Abigail —Su propio padre lo quiere muerto. —Debo contarle a Max apenas lo vea —Dice el pecoso —Juntos podremos idear algún plan para evitar eso. —No creo que el rey le permita estar a solas con él si no es para cometer el acto —Señalo la pelirroja —Parece que lleva planeando esto desde hace tiempo. —El duque debería saberlo, o al menos informarle a su amigo para que él le advierta y evite que venga —Propuso Lady Hannah. Pero ya era demasiado tarde, pues a las afueras del Palacio de Hampton Court se pudo ver la llegada del duque. Toda la corte estaba esperando ver una reconciliación entre padre e hijo. Sin embargo, Max no era un idiota y sabía que el llamado de su padre podría tener algo oculto. Estaba muy alerta a cualquier señal de peligro. Sergio traga en seco cuando se entera de su llegada y siente que empieza a sudar frío ante la idea de tener que cometer un acto tan vil. No quiere hacerlo y no está dispuesto a ello. ¿Pero qué pasará si el rey toma represalias en su contra? ¿O se desquita con sus hijos? Niega un par de veces con la cabeza antes de ponerse en pie y salir de sus habitaciones privadas junto a sus damas. El duque ha llegado en el momento preciso para la cena y el baile de esa noche. Durante la cena el rey estaba en el centro de la mesa junto a su esposa y a un lado su amante. Lady Doriane, su favorita, se veía majestuosa con una serie de joyas que pertenecían a la reina. En un inicio cuando se le cuestionó porque se había empeñado tanto en quitarle dichas joyas a la reina, dio a entender que ella lo merecía más por haberle dado un hijo al rey, que no solo llevara su sangre sino también que fuera potencial real para el trono. Claramente se le había subido a la cabeza. A Max se le partió el corazón cuando se enteró de todas las humillaciones que había estado sufriendo su amado a costa de los caprichos de su prima. Pero había quedado embelesado con aquella imagen de su amante y su abultada barriga, cargando el fruto de su amor. —Baila con él —Ordenó el rey hacia su esposa. Jos tampoco era ciego, había visto como su hijo miraba de reojo a la reina en más de una ocasión. —Majestad, no creo que sea prudente... —Comenzo el pelinegro pero no toque no podía hacerlo cambiar de opinión, así que busco una excusa —En mi condición actual no creo que sea apropiado... —He dicho que bailes con él —Pero el rey era bastante volátil y agresivo. Parecía que le gustaba torturarse viéndolos a los dos juntos. Y el pecoso no tuvo más opción que levantarse de su silla y caminar hacia Max. El rubio lo miro con cierta confusión, había intentado mantener una distancia entre ambos para evitar cualquier situación que se pudiera malinterpretar. —Sergio... —Murmura el duque mientras hace una señal con su mano para que se detenga. —Él quiere que baile contigo —Dice el pecoso con una voz apagada —Max, está muy molesto... Max entiende bien que no puede llevarle la contraria a una orden del rey, y no tiene más opción que levantarse y llevarlo en medio de la habitación para comenzar el baile. Toda la corte comienza a murmurar sobre los supuestos amantes que se habían reunido y ahora bailaban descaradamente frente al rey. —¿Qué es esta clase de juego que está llevando él? —Pregunta el rubio en voz baja. —Debes marcharte apenas acabemos de bailar —Responde Sergio en el mismo tono —Ha perdido la cabeza y los dos saldremos muertos de aquí si te quedas. El intercambio de información que estaban llevando acabo entre los dos no pasó desapercibido para el rey. Jos los observaba con recelo. Verlos bailar solo despertó más su furia. Ya no le interesaba Sophie, pero tampoco quería que tuviera la atención de otro hombre. Aunque fue su idea, él terminó furioso y golpeando la mesa haciendo que el baile se detuviera. Sergio trago en seco cuando vio al rey levantándose de su asiento para después señalarlo. —Sophie... —Le llamo con una voz dura, captando la atención de todos. Max quería tomar su mano y evitar que fuera con él, pero sabía que de hacer eso solo se delataría y lo metería en más problemas. Así que Sergio comenzó a caminar hacia donde estaba el rey y este lo tomo del brazo para jalar por los pasillos. Si bien el rey estaba lastimado de su pierna y no podía caminar muy bien, su furia logro cegar el dolor por un momento y finalmente llevo al pecoso a su habitación. —¡Maldita zorra! —Grita el hombre para después cerrar la puerta de golpe —¿Te divertias bailando con ese bastardo? Sergio rápidamente negó con la cabeza. —¡No me mientas! —El rey está a colérico, no era capaz de entrar en razón. —Majestad, yo solo hice lo que me ordeno —Comenzo el pecoso retrocediendo en sus pasos ante el temor de que su esposo se pusiera físicamente violento. —Ese bastardo, lo trate bien, le di todo —Continuó el hombre —¿Y así es como me paga? Llenando tu vientre de bastardos como él. Las palabras del rey ponían cada vez más nervioso al pelinegro. Resultaba obvio que había estado guardando esas ideas desde hacía meses, o quizá más tiempo. Y finalmente había explotado. —Eso no es verdad, majestad... —Comenzó el pecoso pero una fuerte bofetada lo hizo callar. —Ya deja de mentir, zorra —El rey apretaba la mandíbula con rabia —¿Como hiciste para alterar la prueba? ¿O acaso eres una bruja? Por eso me encapriche de ti, por tus trabajos oscuros con el diablo. Sergio niega una y otra vez con la cabeza, sabe que el rey ya perdió la poca cordura que le quedaba. —No soy ninguna bruja —Se defendió, y no pudo controlar su lengua para evitar decir algo que desataría el infierno —Si quiere hablar del diablo, es usted quien desea manchar su alma con el asesinato de su hijo. Un pecado que ni dios mismo podría perdonar. En ese momento Jos se acercó peligrosamente hacia él y lo tomo del cuello. —Maldita bruja —Murmuro —Te matare a ti y tus hijos bastardos. Y le regalaré tu cabeza a ese malagradecido que tanto defiendes. El rey pronto comienza a golpearlo, dándole bofetadas y jalones bruscos. Sergio intenta defenderse, no permitira que lastime a su bebé en su vientre. Jos lo empuja y jala del tocado en más de una ocasión, lastimando su cabeza. Pero de un momento a otro logra hacerlo caer, y su vestido se levanta un poco, mostrando sus piernas desnudas. —Te recordaré que eres mía —Le dice el hombre intentando meterse entre sus piernas, tomándolo con fuerza para obligarlo a abrirlas. Pero Sergio, en medio del pánico, le da un golpe con su rodilla en sus partes íntimas y el rey solloza de dolor. El pecoso sabe que está en un punto sin retorno, así que toma una decisión. Mientras el rey intenta recuperarse del dolor, Sergio se acerca a él y jala de un mueble cercano para que esté caiga sobre la pierna del hombre. —¡Maldita perra! —Grita el hombre intentando quitar dicho mueble de su pierna lastimada, pero el dolor y el aroma repugnante de la pus que emanaba lo debilitan. Entonces Sergio comienza a quitarse el tocando de su cabeza, levantándose del suelo para después colocarse detrás del hombre y enrollar la tela de su tocado en su cuello. Se encuentra visiblemente cansado, pero aún así aprieta tan fuerte como puede hasta que el hombre cae inconsciente frente a él. —Dios, perdóname —Murmura el pelinegro mientras se aleja de él. Parece actuar en automático cuando vuelve a colocarse el velo en su cabeza y arreglar un poco su vestido. Toca su vientre y sabe que debe actuar de manera inteligente. Abre la puerta de la habitación y con lágrimas en los ojos comienza a gritar. —¡Guardias! ¡Ayuda! —Su voz tiembla, pero sabe que de no alertar sobre lo ocurrido con el rey, se verá sospechoso. Los guardias se acercan a él y pronto entran a la habitación. —El rey se ha caído y lastimado, ayudenlo por favor —Pide entre lágrimas. Y es entonces que se percata de una cosa. Baja la mirada y observa la alfombra y sus zapatos estropeados por aquel líquido que ha descendido por sus piernas. Ni siquiera se percató entre el forcejeo, y ahora tenía que afrontar dos escenarios al mismo tiempo. Pero una cosa era clara, no se dejaría vencer.  Pd: un cap más largo de lo normal pero vale totalmente la pena.
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