LA REINA DE FUEGO
22 de diciembre de 2025, 18:53
El palacio de Hampton Court nunca había experimentado tal penumbra.
Los sirvientes iban y venían de una lado a otro, entre murmullos hundidos en la angustian y una tensión palpable que erizaba la piel de más de uno.
Sergio había sido llevado a sus habitaciones privadas para ser atendido de manera urgente.
No era capaz de terminar de comprender como todo se había desmoronado en segundos.
—Respire, por favor, concéntrese en su bebé —Pide Lady Alice intentando hacer que se concentrará.
Lo que había ocurrido en la habitación de su majestad el rey era todo un misterio para la corte.
Sus guardias solo escucharon gritos, lo usual. Sabían que siempre discutían y que el rey terminaba imponiendose sobre la reina.
Ellos no podían intervenir, así que se acostumbraron a ignorar las salvajadas de su Rey.
Pero Sergio si lo sabía, y no estaría tan nervioso de no ser porque no logro su cometido.
Lo último que vio antes de ser sacado, fue al rey en el suelo convulsionando.
Y hasta el momento seguía luchando por su vida.
Era como si todo lo malo en su vida se aferrara en quedarse a como de lugar.
Él ya no quería permitir eso. Ya había sufrido lo suficiente y era momento de saldar cuentas.
Así que escuchó a su dama y comenzó a pujar, porque él también estaba luchando no solo por salvar su vida sino la de sus seres amados.
Su garganta se desgarra con cada quejido, grito y sollozo.
Necesita tomar algo para mantener las fuerzas, así que enreda sus dedos en las sábanas de su cama y continúa luchando.
Porque sabe bien que no debería estar en parto.
Todavía le faltaban unas semanas y tenía miedo por su pequeño.
Pero él jamás se rendía, y esta vez no sería la excepción.
Mientras que sus damas hacían todo lo posible por auxiliarlo.
Lady Hannah limpiaba el sudor de su frente, y Lady Alice le haba las fuerzas para continuar.
En la habitación se mostraba la ausencia de Lady Abigail, quién había sido mandada a vigilar la situación del rey.
Sergio miraba el techo de la habitación cuando con sus últimas fuerzas logro escuchar el chillido de su bebé.
—Se termino, finalmente acabo —Dijo Lady Hannah tomando su mano y el pecoso la voltea a ver algo aliviado.
Estaba visiblemente cansado, pero no podía bajar la guardia.
—¿Cómo está? Díganme, ¿Como se encuentra mi bebé? —El pelinegro se apresura en preguntar.
El médico Laurent Mekies se acerca a él con su bebé en brazos y con una sonrisa le dice:
—Felicidades, es un fuerte varón.
Un suspiro escapó de los labios de Sergio, más aliviado y seguro que nunca.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al sentir que se quitaba un peso de encima y rápidamente pidió cargar a su niño.
El pequeño era la perfecta combinación de sus dos padres.
Sus mejillas regordetas y pequeña naricita colorada.
Cuando Sergio lo vio, sintió que se parecía más a él que a su amado, pero que aún así conservaba rasgos de los Verstappen.
—Es muy lindo, mi hermoso Patricio —Murmuro mientras lo arrullaba.
Apesar del riesgo, todo pareció salir a la perfección.
Pero todavía tenía ese conflicto con la vida del Rey.
Lo necesitaba muerto.

La noticia sobre el nacimiento del hijo del rey se esparció tan rápido por el palacio que hasta las ratas se habían dado por enteradas.
Pero no era lo unico de lo que se hablaba.
La repentina alegría por el nacimiento del heredero se veía opacada por la incertidumbre que generaba la salud de su majestad.
Diversos escenarios se presentarían de ser posible la muerte del rey, y nadie conocía más al respecto que el propio duque de Norfolk.
Torger Wolff fue de los primeros en enterarse de la noticia, y sabía que estaba en una situación vulnerable.
Camina rápidamente por los pasillos del palacio de Hampton Court. Siendo observado por los demás nobles, quienes murmuran al respecto.
Se le notaba nervioso pero también decidido.
Jugueteaba con uno de sus anillos, intentando pensar cuál debería ser su siguiente paso.
Porque sabía que el nacimiento de un príncipe y la inminente muerte del rey podría llevar a su familia a la desgracia.
—Si tenemos suerte, morirá en el parto —Escucha la voz de su hija apenas entra a la habitación.
Torger cierra la puerta con fuerza, llamando su atención.
—Padre —Dice Lady Doriane cuando lo ve llegar y sus damas se marchan —Se dice que se ha puesto en parto.
La rubia intenta
—Es verdad, ya ha dado a luz.
Toto sabía que debía encontrar la forma de mantenerlos a salvo cuando escuchó los sollozos de su nieto.
—¿Y que es? —Su hija se apresura en preguntar —Dime padre, ¿Es un niño?
Doriane estaba visiblemente preocupada por su futuro, porque sabe que de ser un niño perderá influencia en el rey.
Si es que este se mantenía con vida, lo cual era el escenario más conveniente para ella.
—Debes marcharte está noche, llévate al pequeño contigo —Comenzo el duque de Norfolk —No puedo garantizar la seguridad de nuestra familia hasta tener noticias del rey.
Con esas palabras Doriane comprendió que su primo finalmente había dado a luz a un heredero.
Y la huida de Hampton Court solo podía significar una cosa.
—Sergio no haría eso —Señala pero su padre simplemente la observa sin creerle —Él rey no lo permitiría.
La rubia intenta buscar la manera de convencerse a sí misma de que todavía puede salir bien librada de todo lo que ha hecho.
—El rey está en cama luchando por su vida, no saben si pasara la noche y tu hijo resulta un estorbo para los intereses de la reina —Torger habla con firmeza, sabe que debe hacerle saber la situación con crudeza y no venderle ningun cuento.
—Pero todavía está vivo, Sergio no puede hacer nada en contra de nosotros porque no es regente —Y Doriane insiste en su afán de no querer marcharse.
—Créeme que si el rey muere esta noche, Sergio no permitirá que alguien más tome la regencia de su hijo —Afirmó el hombre mientras la tomaba de los hombros —Escúchame, hija. Márchate esta noche no solo por ti, sino también por tu hijo. Déjame todo a mí, junto a tu madre estarán bien lejos de Inglaterra hasta que las aguas se hayan calmado.
—Sabes bien que no nos perdonará —La rubia finalmente parece ceder a lo que dice su padre —No volveremos a Inglaterra si nos vamos.
—No es mi intención que seamos exiliados, pero en este momento no estamos en una buena posición —El duque hace una pequeña pausa antes de continuar —En Francia encontraremos aliados.
En ese momento el hombre se acerca un poco para empezar a hablar en voz baja
—La verdadera sangre del rey debe estar en el trono.
Doriane voltea a ver a su padre sumamente incrédula y sonríe
—¿En verdad deseas eso? —Pregunta todavía sin poder creerlo
Había deseado tanto que su padre la apoyara en sus ideas locas para tener el poder
—Márchate esta noche y tendremos una oportunidad —Afirma y la joven asiente.
Torger había analizado mucho esa situación.
Se había acostumbrado al poder, las riquezas, y no quería perder esa posición.
No podía convertir a su hija en reina, pero podía intentarlo con su nieto.
La idea de controlar el poder detrás del trono era algo a lo que no se pudo resistir.
Pero si quería comenzar una guerra, tendría que mantener a salvo la única arma que le servía para llegar al trono.
Y es así como logró que su familia escapara de Hampton Court antes de que la tormenta se desatara.
Una que parecía inevitable.

Después de que el rey haya sufrido dos convulsiones y se la pasara soy usando del dolor, finalmente estaba dormido debido al opio que lo ayudó a calmarse.
Pero el pronóstico no era bueno.
Estaría mucho tiempo en cama, más que la vez anterior.
Les resultaba sorprendente cómo seguía vivo, pero al mismo tiempo no podía moverse.
Simplemente estaba postrado aferrándose a la vida.
Después de varias horas de agonía, el rey finalmente abrió los ojos. Pero eso era lo único que podía mover.
Su respiración era pesada, como si algo estuviera sobre él evitando que pudiera recibir el aire con normalidad.
Cada vez que se quejaba de dolor un sirviente se acercaba para darle un poco más de opio.
Los médicos ya no sabían qué más hacer.
Su cuerpo presentaba estragos de una vida llena de excesos, accidentes y enfermedades.
Infecciones en heridas que parecían no sanar y llenaban la habitación de un aroma putrefacto.
Ya no quedaba nada de aquel joven príncipe que parecía comerse al mundo.
Ahora era un rey devorado por el mundo, cuyo único reconocimiento fue el atormentar a toda su corte.
Hasta que finalmente alguien se harto de sus humillaciones y maltratos, dejándolo en una situación sumamente vulnerable.
—Quisiera verlo —Dice el pecoso levantándose de la cama.
—Majestad, usted debe descansar —Responde Lady Alice intentando guiarlo de nuevo a la cama.
—Hace unas horas ha dado a luz al príncipe, necesita recuperarse —Señala Lady Hannah quién camina detrás suyo.
—Debo ver al rey —Insiste el pelinegro.
—El rey está en cama sumamente sedado, no responderá ante sus inquietudes —La pelirroja tiene razón, pero Sergio no buscaba eso.
—Dicen que está muriendo, al menos debe saber sobre su hijo —Sergio no se detendrá —No lo dejaré morir sin aclarar la sucesión.
Lady Hannah le hace una señal a Lady Alice para que sepa que ella irá junto a él.
Todas sabían que la situación era muy tensa respecto a la salud del Rey, así que no insistieron en retenerlo.
Sergio camino rápidamente por los pasillos del palacio, saludando a los cortesanos que lo felicitaban por el nacimiento de su pequeño.
Aunque los guardias del rey al principio mostraron resistencia para dejarlo pasar, el pecoso termino recordándoles quién era él y esto le abrió paso a las habitaciones privadas del rey.
Solo los médicos encargados de su cuidado tenían permitido pasar debido a la situación que se había dado con anterioridad entre la reina y la coalición Horner-Marko para deshacerse de los Wolff.
Pero ahora Sergio estaba aprovechando la oportunidad.
Lady Hannah se queda afuera mientras su reina se acercaba a la cama del rey con una hoja en la mano.
—Eres difícil, lo admito, pero no me malentiendas —Comienza el pecoso después de asegurarse de que estaban completamente solos —Eras tú o yo, y yo tengo hijos que proteger.
Jos solo lo sigue con la mirada.
Es bastante consciente de lo que pasó entee ambos y como las cosas llegaron a ese punto.
Pero no podía moverse.
—Y al menos eso harás con ellos, ser útil por una vez.
El pelinegro se coloca a su lado y quita el anillo que el rey usaba en el dedo meñique de su mano izquierda.
Lo hace con dificultad pero finalmente logra su cometido.
—Lo llame Patricio, es un niño muy lindo —Continuó —Y se que será un gran rey.
El pecoso toma una vela para usar su cera y así presionar el anillo sobre está.
—Ya tienes a tu heredero.
Jos hace el intento por hablar, pero le resulta imposible en su estado.
Sergio camina de nuevo hacia él con el documento real en mano y se sienta a su lado.
—Tus hijos no reinaran, pero los míos sí.
Esas simples palabras finalmente le confirmaron al rey lo que tanto sospechaba.
No eran ideas locas de su mente ni invenciones de Horner y compañía.
Sergio lo había traicionado con su hijo Max.
Los bebés que había dado a luz no eran suyos.
Y se había asegurado el trono para ellos.
—¿Sabes? A mí abuela no le gustaba el opio como método medicinal —Continua el pelinegro mientras sirve la medicina del rey en su copa —En dosis altas pueden matar.
Jos pestañea un par de veces mientras lo observa con aquella copa.
—¿Puedes hacerme un último favor? —El rey quiere negar con la cabeza, pero no puede —Te necesito muerto.
Finalmente el pecoso lo obliga a beber el contenido de la copa, no dejando que escape ni una sola gota.
Pronto el rey comienza a sentir los efectos de esta, notando como su respiración se hacía más pesada y su cabeza daba vueltas.
—No es divertido cuando te obligan a hacer algo que no quieres, ¿No? —Es lo último que dice Sergio antes de caminar hacia la puerta.
El pecoso lo observa convulsionando una vez más, pero está vez no pide ayuda para él.
Sale de la habitación con una calma que no levanta sospecha alguna y sigue su camino de regreso con sus hijos.
Había dado el paso más importante, ahora venía la venganza.

Pd: Ya estamos en la parte final de la historia jeje