Juegos perversos
22 de diciembre de 2025, 18:52
Christian alguna vez fue alguien lleno de sueños e ilusiones. Amaba las flores, la música y el baile. Disfrutaba de largos paseos cerca de su residencia en Mónaco, todo era felicidad.
Poco a poco fue descubriendo el amor, la pasión y eventualmente se enamoró, pero a su padre no le gusto que haya sido de un hombre.
Lo echó de casa y lo desheredo.
Desde entonces había estado solo, pues a su familia no le importo si se había casado y tenido un hijo con una mujer para complacerlos. Nunca le volvieron a tender la mano.
Se vio a sí mismo como la única fuerza que lo sacaría adelante en esa vida, lejos de los lujos de Mónaco y el odio de su familia. Él no repetiría ese patrón, pues siempre buscaría ser un refugio para su amado hijo, quien se convirtió en su razón de vivir.
Pero ahora, frente a él, se encontraba aquel hombre del que se había enamorado perdidamente.
Sin embargo, no era un ambiente de romance. Un juego de cupido para unirlo a su lado.
No, no lo era después de escucharlo hablar.
—Este error fue descubierto hace poco, y mis clientes quieren llegar a un acuerdo —Toto ni siquiera lo recordaba.
Su firmeza al hablar, sin titubear y como si se tratara de algo guionizado con anterioridad, tenso a Christian.
¿Cómo podía presentarse así nada mas y decirle que su hijo no era suyo?
—Es mentira —Susurró.
—No lo es, señor Horner —Comenzó el abogado —Pero también debemos hacer una prueba de ADN para asegurarnos de que no haya más errores.
—Max es mi hijo —Respondió levantando un poco la voz —Yo lo cuide desde que era un bebé.
Parecía estar en un estado de negación.
—Señor Horner, mis clientes desean que el proceso sea lo más discreto posible —Continuó Toto sin inmutarse, ya esperaba esa reacción —Si el ADN confirma la identidad del joven, entonces hablaremos de la compensación económica...
—¿Compensación económica? —Interrumpió —No les venderé a mi hijo.
El abogado se dio cuenta de su error, debió escoger mejor sus palabras.
—No es lo que quería...
—¿Creen que porque soy pobre pueden venir y quitarme a mi hijo? —Christian se levantó de la mesa dispuesto a irse —No se acerquen más a nosotros. No necesitamos su dinero, ni mucho menos que llenen de ideas la cabeza de mi hijo.
—Señor Horner, debe entender que esto es por el bien de Max —Dijo Toto persiguiendolo y tomando su brazo con cierta brusquedad —No podrá darle el estilo de vida que mis clientes le ofrecen.
En ese momento se jalo para librarse de su agarre y lo volteo a ver.
—¿Y que pasara si digo que no? —Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas, le aterraba la idea de perder a su único hijo.
—No es intención de mis clientes...
—Responde —Insistió sin dejarlo terminar.
Toto suspiró pesadamente y se quitó los anteojos para tocar delicadamente el puente de su nariz. Estaba muy estresado.
—Señor Horner, Max es mayor de edad —No hacía falta decir más, ambos sabían a qué se refería —Ellos no desean un escándalo donde los mayores afectados serán los jóvenes. Por favor, al menos piénselo un poco.
Entonces sacó una tarjeta de presentación de su saco y se la extendió. Al no recibirla, la dejo en la mesa donde pudiera tomarla cuando se fuera.
El abogado se despidió y, sin decir más, se marchó.
Christian miró por un momento esa tarjeta en la mesa. En su interior era un mar de emociones.
Se negaba rotundamente a la propuesta, pero no podía dejar de pensar en lo que le había dicho.
"No podrá darle el estilo de vida que mis clientes le ofrecen"
Dinero, el maldito dinero.
No podía negar que había sentido recelo ante los ricos después de ser despojado de todo. Pero al mismo tiempo sabía que el dinero podía cegar a las personas, y no quería exponer a su hijo a un mundo tan peligroso.
—Christian, termino tu descanso —La voz de su gerente lo sacó de sus pensamientos.
Rápidamente tomó la tarjeta y la guardó en su bolsillo. Necesitaba el consejo de su amigo, pero esa noche estaría muy ocupado en el restaurante.

Por otro lado, en un tren camino a Mónaco, dos jóvenes se aventuraban a una salida que marcaría sus vidas para siempre.
—Ojalá valga la pena el castigo —Susurró Carlos mientras se removía en su asiento.
—No te van a castigar —Respondió el rubio arreglándose las mangas de su camisa.
—Le dije a mamá que me quedaría a dormir contigo, me matara si descubre que mentí —Se quejó y pronto observó lo arreglado que estaba su amigo —¿Y por qué tanto esfuerzo?
—Esas personas tienen mucho dinero, no quiero verme desalineado —Max continuó arreglándose sin siquiera voltearlo a ver.
—No te arregles demasiado, ellos se dan cuenta de esas cosas —Señaló.
El rubio continuó con lo suyo mientras que su amigo se perdía en el paisaje de la ventana, cautivado por las casas y edificios elegantes de Montecarlo.
¿Quién no querría imaginar una vida ahí?
Pronto se reunieron con Lance, quien los llevó en su auto a Jimmy'z, donde empezarían la fiesta y se vieron envueltos en un ambiente de frescura y luces neón.
La musica a todo volumen tenia a los jóvenes bailando y brincando en la pista.
Pero ellos no se encontraban ahí, sino más bien en una zona exclusiva reservada para los miembros vip.
Estar ahí implicaba que, dentro de una sociedad tan acaudalada como los monegascos, eras lo mejor de lo mejor.
Compartían una mesa con los amigos de Lance, y entre ellos había un joven que captó la atención de Max.
No tardó en entablar conversación con él, el cual parecía corresponder su coqueteo.
—Dime, Max, ¿Vienes aquí seguido? —Preguntó Daniel con una sonrisa encantadora.
El rubio negó.
—No soy tanto de salir de fiesta, mis padres son bastante estrictos —Mintió para después darle otro sorbo a su bebida.
—Bueno, las fiestas aquí suelen ponerse aburridas luego de un rato, ¿Qué tal si nos vamos a un lugar mejor? —Propuso —Hay una fiesta en el casino está noche, quizá te pueda gustar, ¿Te quedarías otro rato por mí?
Max sonrió ante la propuesta, eso era todo lo que había deseado esa noche.
Quizá no era buena idea mentir sobre su vida. Decirle que vivía en la avenida de la Princesa Grace y que sus padres eran empresarios había captado más la atención de aquel joven.
Daniel no parecía sospechar nada de su engaño. Pero sabía que sería cuestión de tiempo que su mentira se cayera.
—Vamos al casino —Dijo Lance mientras se levantaba de su asiento.
Carlos se pego a su amigo, se sentía algo abrumado por la situación.
—Deberíamos volver a casa —Susurró.
—Cállate, no seas cobarde —Respondió el rubio en el mismo tono —Nos invitaron al casino, no me iré ahora.
El castaño no podía evitar sentir que algo no iba bien. Sus instintos lo mantenían alerta al pensar y razonar que estaba rodeado de extraños.
Y no eran cualquier persona, sino jóvenes ricos cuyos límites eran casi inexistentes.

Por su parte, en el casino, un par de hermanos se ponían al día con sus amigos.
—Me alegra saber que estas bien, me preocupe mucho cuando me enteré de tu accidente —Dijo Charles después de abrazar a su amigo —Lamento no haber estado, pero mis padres no me dejaron regresar en el jet para poder verte.
—No te preocupes por eso —Respondió Sergio para después darle un trago a su bebida —No podías saber lo que iba a pasar.
—Pero estás bien, y eso es lo importante —Señaló George sentándose al lado del castaño —Por cierto...
En ese momento George hizo una señal con la mirada. Sergio lo siguió y vio a Lewis sentado en la barra.
—Disculpen —El pelinegro se levantó con discreción y camino hacia donde estaba el moreno —¿Estás escondiéndote de mí?
Había cierta complicidad en su actuar.
—Claro que no, bonito, solo que no te reconocí con el antifaz —Señalo Lewis, pues al ser una fiesta tan exclusiva, los invitados estaban obligados a ponérselos antes de entrar.
—Hay un lugar libre en mi mesa, por si quieres venir —Ofreció haciéndolo sonreír.
—No puedo, tengo que irme temprano a casa —Se excusó —Mis padres quieren que siga siendo el mejor de la clase, lo sabes.
—Casi no nos vemos —Se quejó el pelinegro —En clases no podemos estar juntos de la manera que queremos. Al menos encontremos un momento para nosotros.
Lewis bufó molesto.
—No podemos estar juntos porque Kelly siempre busca la manera de estar cerca —Señaló.
—No la culpes —La defendió —Sabes que es lo que sus padres quieren —El moreno desvío la mirada —Ella lo sabe y no le importa.
—¿Y te casarás con ella mientras me amas a mi en secreto? —Reclamó con cierto asco al momento de expresarse —No es la vida que quiero.
—Lou... —Lo llamó cariñosamente, ese apodo que usaban cuando se refería a él como su pareja —No me casare con ella, estamos buscando la manera de romper el compromiso sin afectarla.
Lewis sonrió con molestia.
—Michel, ya basta de esto —Dijo el moreno visiblemente hastiado —Era divertido cuando no era en serio, pero luego hiciste promesas que sabías que no ibas a cumplir. Es mejor dejarlo aquí.
Sergio vio como su amante se levantaba dispuesto a irse.
—No digas eso, sabes bien lo mucho que te quiero —Insistió el pelinegro tomándolo del brazo cuando paso a su lado.
Entonces Lewis se giro para verlo.
—Tranquilo —Dijo el moreno tomándolo de la muñeca para obligarlo a soltarlo —Puedes llamar la atención de seguir actuando así, recuerda que eres un Verstappen, debes cuidar tu imagen.
Finalmente Lewis se marchó, dejándole un claro mal sabor de boca al pelinegro.
Era muy obvio a qué se refería con eso último. Pues Sergio no era capaz de afrontarse a su familia por el amor que decía sentir por su amante.
Cuando el moreno iba saliendo del lugar, otros jóvenes iban entrando.
Max estaba emocionado, jamás había entrado al casino y mucho menos a la zona más exclusiva de este.
Se sintió en un sueño cuando vio la magnífica fiesta que se estaba llevando acabo. Y agradecía el hecho de que nadie pudiera reconocerlo con la máscara puesta, así nadie diría que es un mentiroso.
Siguieron pidiendo diversas bebidas mientras reía con el grupo de amigos de Lance, quienes habían aceptado al par de amigos muy rápidamente.
El rubio no pudo evitar observar a los demás invitados a la fiesta, especialmente a uno cuya camisa negra le sentaba de maravilla.
—Acompáñame al baño —La voz de Daniel lo saco de sus pensamientos y asintió sin dudarlo.
Ni siquiera despegó su vista de aquel joven que le parecía atractivo pero que lucía algo decaído.
El más alto lo tomo de la mano y se lo llevo hasta una zona alejada de la fiesta, entrando al baño con él y arrinconandolo contra la pared.
Max no pudo formular ni un solo pensamiento cuando sintió los labios de aquel joven sobre los suyos y su lengua invadiendo su interior.
Con una de sus manos lo tomaba de la cintura y con la otra comenzó a recorrer uno de sus muslos hasta casi llegar a la entrepierna.
Pero el rubio logro detenerlo y lo empujó lejos de él.
—¿Qué haces? —Preguntó Daniel algo aturdido.
Max, tan angustiado como confuso, sabía que debía cuidar sus palabras ante aquel tipo.
—¿No crees que vas muy rápido? —Se excuso.
Daniel sonrió como si le hubiera contado un buen chiste.
—Ese es el punto, ¿No? —Comenzó —Por eso pague tú cuenta y te traje aquí. ¿O creíste que podías tener todo eso gratis? No soy idiota, con solo ver tu ropa sé que nunca has pisado Monte Carlo más allá que como turista.
Max se sintió afligido ante esto.
No solo su mentira se había caído, sino también estaba siendo víctima de un tipo depravado.
Pero sabía que no podía mostrar debilidad ante él. No iba a permitir ser tratado así.
—Muévete, me voy —Dijo el rubio intentando esquivar al joven, pero este se interponía en su camino una y otra vez —Quítate o te partiré la cara.
Daniel sonreía burlonamente. Se negaba a dejarlo ir porque sabía que tenía la ventaja sobre él.
—Y ahora está triste por ese idiota... —Mick, quien había ido al baño para encontrar un lugar donde hablar por teléfono, interrumpió la discusión —¿Pasa algo aquí?
Cualquiera se hubiera dado cuenta de la tensión entre los dos jóvenes, algo que alertó al mayor de los Verstappen y le hizo una señal con la cabeza a Max para que se marchara.
El rubio no dudo en salir casi corriendo de ahí. Sabía que tenía que buscar rápidamente a su amigo y regresar a casa.
Se limpiaba la boca con la manga de su camisa, le daba asco pensar en todo lo que sucedió en aquel baño.
Caminó entre las personas y la música comenzó a sonar con un ritmo desconocido para él.
Una mujer subió al escenario y bailaba al ritmo de la música, cautivando a los presentes y dificultando el paso de aquel joven, pues todos se querían acercar a verla hacer un baile de vientre.
Por su parte, Sergio estaba más que listo para irse a casa en una noche desastrosa.
Se despidió de sus amigos y tomo su chaqueta listo para marcharse, hasta que su teléfono comenzó a sonar.
Fue un instante en el que se distrajo para revisarlo, un breve momento donde su camino se volvió a cruzar con el de aquel joven con quién intercambio vidas.
Max, presa de su desespero por huir de ahí, no se fijo en aquel joven que apareció de la nada y los hizo caer ambos al suelo.
El rubio cayó encima del joven y se levantó un poco intentando no marearse por lo brusco del encuentro.
Pero con solo verlo, a pesar de aquel antifaz, pudo reconocerlo. Sabía que era Sergio Verstappen, el atractivo joven que se accidentó.
Sus ojos le parecieron hipnotizantes. Ese café con un brillo verdoso, le resultaban tan cautivadores que casi se pierde en ellos.
Una idea fugaz paso por su mente.
Sabía que era una tontería, pero oportunidades así solo se presentan una vez en la vida ¿No?
Entonces se agachó hasta sentir su respiración en su rostro y junto sus labios en un corto beso.
Luego se levantó y corrió hacia donde estaba Carlos, lo tomo de la mano y ambos escaparon sin dar explicación alguna.
Sergio, por su parte, quedó en shock sobre aquel suelo y fue auxiliado por sus amigos, quiénes solo escucharon el escándalo de los jóvenes escapando.
—¿Qué te paso? —Preguntó Charles sacudiendo su hombro.
—Azules —Susurró Sergio mientras se llevaba la mano a la boca y acariciaba sus labios con sus dedos —Realmente hermosos.
—Debe ser un efecto del golpe —Sugirió George tomándolo del brazo.
Sin embargo, en la mente de Sergio solo se repetía aquel beso. Uno que se sintió muy diferente a cualquier otro.
Pero no sabía quién era la persona detrás de aquella máscara. Y mucho menos el enorme efecto que tendría en su vida.

Nota: Holi, que tengan bonita noche❤️