Egoísmo
22 de diciembre de 2025, 18:52
Christian caminaba de regreso a casa.
Ese dia tenia trabajo pero el jefe decidió que saldrían temprano para fumigar el lugar como lo hacían cada cierto tiempo.
No podía negar que estaba contento porque podría pasar más tiempo con su hijo.
Pero apenas cruzó el umbral de la puerta y se dio cuenta del enorme silencio que había en casa, tuvo un mal presentimiento.
—¿Max? —Lo llamo mientras caminaba por los pasillos del pequeño departamento —¿Hijo?
El silencio sepulcral y la falta de rastro hizo que se pusiera muy nervioso.
Comienza a revisar cada parte del lugar como si fuera a encontrar algo diferente en cada intento.
Desesperado, tomó su teléfono y marca el número de su hijo, pero no responde.
Sabe que eso no es un buena señal, así que llama a su amigo Frédéric para preguntarle si está en su casa.
—Max no ha venido por aquí, ¿Estás seguro de que no está con su amigo Carlos? —Frédéric más que preocuparse, se molesta.
No es la primera vez que Max sale de casa sin avisarle a nadie.
Le frustra la actitud de ese niño mimado, pero guarda silencio pues sabe lo mucho que Christian ama a su hijo.
—Tampoco responde las llamadas, iré a su casa porque no puedo quedarme sentado esperando —Afirma el rubio mientras sale del departamento.
Los minutos se hacen eternos, pues no tiene idea de cuánto tiempo había pasado desde que su hijo salió de casa.
Ya eran casi las seis de la tarde cuando salió de casa de los Sainz sin ninguna respuesta del paradero del joven.
Tenía miedo de que se hiciera de noche y no poder encontrarlo. Incluso su teléfono seguía apagado y Carlos tampoco le dio ninguna respuesta que lo pudiera ayudar.
Quiso denunciar su desaparición a las autoridades, pero al ser mayor de edad le dijeron que tal vez había huido de casa con alguna pareja que desconocía.
—Mi hijo no haría eso —Afirma Christian con un nudo en la garganta, se siente tan desesperado que recurre a la última persona con la que le gustaría hablar en ese momento.
Aun guardaba esa tarjeta de presentación que le había dado con su número en esta, aunque ya estaba algo maltratada.
—¿Diga? —Escucha su voz al otro lado de la línea y traga en seco.
—Hola, abogado Wolff —Comienza el rubio algo nervioso —Necesito su ayuda, ocurrió algo.
Toto sabe que no puede ser algo bueno apenas percibe el tono serio de su voz. No esperaba esa llamada, y mucho menos esa noticia.

Por otro lado, mientras Torger se enteraba de todos los detalles de la desaparición del joven y buscaba la manera de ayudarlo a encontrarlo, un auto se dirigía la aeropuerto.
Pierre Gasly era un hombre trabajador.
Había prestado sus servicios a la familia Verstappen desde hacía ya cinco años, así que tenía la total confianza de Jos para poder hacerse cargo de la tarea encomendada.
Baja del auto y entra, no sabe lo que le espera apenas ve al joven pelinegro que sale con cara de pocos amigos.
Yuki Tsunoda había llegado repentinamente de Japón, donde residía con su familia la cual no sólo gozaba de un buen renombre, sino también de honor.
Era un jovencito serio y bastante educado, pero su llegada apenas prevista era algo por demás interesante.
Ni siquiera habían avisado con tiempo, lo mandaron en el primer vuelo para que llegara lo más rápido posible.
—Joven Tsunoda, lo llevaré a la residencia Verstappen siguiendo las indicaciones del señor Jos —El castaño se tensa cuando siente como la mirada del pelinegro lo escanea de pies a cabeza.
—¿Eres el chofer? —Pregunta Yuki con una media sonrisa y Pierre asiente —Sí que eres guapo.
No cruzan más palabras, ni siquiera cuando están en el auto.
Pero el castaño sabe bien que lo está viendo, observando cada parte de él y esperando una reacción a su visible interés.
Llegan a la casa de los Verstappen y Pierre solo se enfoca en continuar con su trabajo, mientras que el joven se pasea por toda la casa.
Después de dejar las maletas en la habitación de invitados, el castaño estaba más que dispuesto a marcharse para continuar su trabajo porque ha dejado a su jefa en el restaurante con aquel joven tan familiar.
Cuando va saliendo de casa, los dos hermanos Verstappen iban llegando.
—Hay muchas personas que se parecen a otras, te lo juro —Insistió Mick mientras caminaban por el jardín —No le des mas vueltas, te prometo que es solo un malentendido.
Vaya que era un malentendido, uno que se había creado a base de mentiras.
Al rubio no le gustaba la idea de engañar a su hermano con excusas que ni él mismo creía.
—¿En serio lo prometes? —El pecoso miraba con seriedad a su hermano mayor, sabiendo bien que este no se andaba de juegos con sus promesas.
El mayor de los verstappen titubea un poco, sabe que tarde o temprano tendrá que decirle la verdad, pero eso todavía no era su decisión.
No le gustaba mentir, pero no tenía opción.
—Te lo prometo —Confirmó todavía inseguro de sus palabras.
—Finalmente un alma en esta casa —La voz de Yuki interrumpio la conversacion de los hermanos, haciendo a Mick agradecer al cielo por dicha intervención.
—¿Yuki? —Dice Checo acercándose a él —Vaya sorpresa, ¿Estás de visita?
El más joven negó con la cabeza.
—Mis padres hablaron con mi padrino para que me quede un tiempo en Mónaco —Afirma el joven mientras se sienta en una de las sillas del amplio jardin —Asi que tendrán que soportarme un tiempo.
Sonríe ligeramente, sabe que no debe ahondar más en el tema.
—Pensé que tus padres querían que tuvieras una educación más tradicional —Pero a Mick nada se le escapa.
—Decidieron ser más flexibles este último año escolar —Miente y rápidamente busca cambiar de tema —¿Y qué hay de ustedes?
Los jóvenes comienzan a ponerse al corriente en sus vidas mientras que el cielo se va oscureciendo, y unas nubes grises amenazan con arruinar el buen dia.
Se adentran en casa cuando comienza a llover, pero continúan su plática cerca de la chimenea.
—Charles quiere ir al cine —Dice el pecoso mientras lee un mensaje en su teléfono.
—Ve, diviertete un rato —Mick parece interesado en que salga de casa, lo necesita lejos.
—Mamá se molestara conmigo si no me ve en casa —Afirma encogiéndose de hombros —Le diré que otro dia.
—Sal con Yuki, apuesto a que se llevara muy bien con Charlie —El rubio insiste y tiene suerte de que el más joven se muestre animoso ante la idea de salir de casa —Yo me encargo de mamá, ve a divertirte.
Checo lo duda, pero al final acepta y decide arreglarse para su salida con amigos.
Mick mira el reloj con impaciencia, desea que se marche para poder hablar libremente con su madre y su comportamiento, el cual lo percibe como desconsiderado.
—¿Seguro que no quieres venir? —Pregunta Sergio cuando están a punto de marcharse.
—No te tengo ganas de ir, estoy muy cansado. Ustedes diviertanse por mí —Insistió el rubio y después los ve yéndose.
La presencia de Yuki, aunque inesperada y un poco inoportuna, ayudó a que el pecoso ya no estuviera insistiendo con el tema de aquel joven cuyo aspecto estaba muy relacionado a su padre.
Mick estaba más que molesto, pues le había mentido a su hermano por culpa de su madre y no solo eso, también le hizo una promesa que sabía era falsa.
Nunca pensó encontrarse en una situacion asi.
Amaba mucho a su hermano, lo había cuidado desde pequeño y siempre veló por su bien. Sabía que lo hacía por su bien, pero no podía evitar sentirse tan culpable.
Y quizá todo habría sido más sencillo si Sophie no se hubiera aventurado a llevarse a aquel joven de su casa.
Porque con esa simple decisión terminó de sellar la relación entre ambos.

Por su parte, Max se tomaba fotos con su nuevo teléfono.
—¿Cuando nos iremos a casa? —Pregunta el rubio sin despegar la vista de la pantalla.
Su nueva mamá le había contado sobre la confusión en el hospital y él rápidamente le creyó.
Le gustaba la idea de ser rico, de tener el mundo a sus pies y no vivir con la incertidumbre de si el dia de mañana podrá comer algo.
Tuvieron una tarde bastante movida. Fueron de tienda en tienda para surtirse de todo: zapatos, ropa, y demás artículos electrónicos.
Sophie creía hacer bien al darle todo aquello que, a su perspectiva, merecía. Porque según ella, no era egoísta como su esposo, quien no se movió para darle lo mejor a aquel joven.
Pero había un tema que todavía debían abordar.
—No puedo llevarte a casa —Afirmó la mujer y el joven se giró a verla sumamente indignado.
—¿Por qué, mamá? Soy tu hijo, no tengo porque vivir en ese lugar —Max estaba molesto, sentía que le habían dado una realidad que se la arrebataron al cabo de unas horas.
Sin embargo, Sophie era muy lista y sabía cómo mover sus piezas.
—Primero debemos arreglar todo, ya que Christian no quiere dejarte ir —Señalo la mujer —Él dice que eres su hijo, todavía no comprende la situación.
Pronto vio los resultados de sus maquinaciones.
—Pero yo no quiero vivir con él —El rubio se puso colorado ante la idea de perderse una vida de ensueño por culpa de su padre —Soy mayor de edad, no puede retenerme.
Ella lo sabía bien, pero llevárselo sólo haría que Christian armara todo un escándalo y la prensa no dejaría en paz a su familia.
Debía ser más inteligente.
—Lo lamento mucho, cariño —Sophie acaricio sus dorados cabellos —Pero, ¿Cómo hacérselo entender?
Max no supo qué responder, porque sabía que su padre era demasiado necio como para comprender sus deseos.
Pero Sophie ya había dado el primer paso en todo esto, demostrándole la vida que podía tener a su lado.
Continúan su camino y Pierre se estaciona afuera del edificio donde viven los Horner.
Bajan del auto y entran mientras son seguidos por el chofer, quien lleva todas las bolsas de compra hasta llegar al departamento.
Sophie no puede disimular el asco que le dan las personas que se topa en su camino, y observa con disgusto el diminuto lugar donde vive su verdadero hijo.
—¿Y Christian te deja solo todo el día? —Pregunta la mujer mientras mira con desdén aquella pequeña cocina donde su hijo está preparando café —No es necesario que hagas eso, cariño, podrías lastimar tus lindas manos.
El rubio igual termina la tarea y le entrega una taza de café a su madre, quien limpia la orilla con una servilleta.
—La mayor parte del tiempo estoy solo, a veces me visita Carlos, es mi mejor amigo —Responde tan animado como frustrado por volver a estar en ese lugar que tanto detesta.
Intenta no sonar grosero cuando habla sobre su vida con su padre, pues no quiere desagradar a su madre. Sabe que debe jugar el juego si quiere irse con ella.
Y mientras ellos están conversando, Christian recorre las calles preguntando por su hijo, con un hilo de voz y su cuerpo completamente empapado por la lluvia.
Toto se estaciona a su lado, le ha pedido que vaya con él a buscarlo pero el rubio se niega, pensando que separados podrán abarcar más terreno.
—No servirá de nada si te enfermas —Le dice alzando la voz —Sube, te llevaré a casa.
—No me iré sin mi hijo —Insiste entre lágrimas —No estaría en paz conmigo mismo.
En ese momento Toto se baja del auto y lo toma de la mano para obligarlo a ir hasta el vehículo.
—Christian, debemos movernos para revisar si ha vuelto o esta con su amigo —Afirma el pelinegro sin titubear y abre la puerta del copiloto —No te puedes derrumbar, él te necesita.
El rubio no dice nada y entra al vehículo, pero se la pasa llorando en silencio durante todo el viaje.
Torger tiene un temperamento inamovible, siendo muy firme en sus decisiones pero también imperturbable al momento de enfrentar tiempos difíciles.
Y si había algo que realmente le molestaba, era la intervención de terceros en su trabajo.
Se estaciona por un momento antes de llegar a su destino, pues reconoce el auto de Sophie afuera del edificio.
Ve a la mujer salir del lugar y al chofer abrirle la puerta para que entre al vehículo, siendo una fracción de segundo donde sus miradas se encuentran y ella simplemente lo ignora, para después marcharse.
—¿Qué pasa? —Pregunta Christian en voz baja al verlo estático al volante.
—Nada, solo recordé algo —Afirma el abogado y avanza con su auto hasta llegar a la entrada del edificio.
Christian baja del auto cuando se percata que hay una luz que ilumina su departamento.
Esperanzado, corre escaleras arriba.
—Mierda... —Susurra Torger para después seguirlo.
El rubio es un desastre con las llaves, estando tan nervioso que tarda más de lo normal en abrir la puerta y el abogado le da alcance.
—¿Hijo? —Pregunta Christian apenas entra al lugar —¿Estás en casa?
Camina por el pasillo hasta llegar a su habitación, donde lo ve muy concentrado con una laptop que él no le había comprado.
Toto no quiere ser intrusivo, pero observa una enorme cantidad de bolsas de compras cerca del sofá y no tarda en darse cuenta de lo que ha pasado.
—¿Por qué nunca tocas antes de entrar? —La respuesta de Max no es lo que esperaba escuchar —Las personas educadas siempre tocan la puerta, tú no.
—¿Qué? —Christian se queda estático en su sitio al escuchar esto —¿De que hablas? —Da unos cuantos pasos y mira un teléfono bastante moderno conectado a la corriente de energía —¿De donde sacaste esas cosas?
Temiendo haber educado mal a su hijo, el mayor se acerca buscando una explicación.
—Me las compro mi mamá —Y su respuesta se siente como un balde de agua fría cayendo sobre su cuerpo. Entonces se acerca lo suficiente como para cerrarle la laptop a su hijo —¡Oye! ¿Qué crees que estás haciendo?
Christian toma la laptop y el teléfono, separándolo de su cargador.
—¿Qué estoy haciendo yo? ¿Qué estás haciendo tú? —Reclama —¿Regalos de tu madre? Ella falleció hace años.
—Hablo de mi verdadera madre —Max responde intentando quitarle los objetos de las manos, pero es en vano —Mi mamá quien vive en Mónaco, quien me dio a luz, habló de ella. ¿O crees que no se lo que me has estado ocultando?
El mayor se queda inmóvil, no podía creer lo que acababa de escuchar.
Ahora que la verdad había sido revelada, sabia que tenia todas las de perder al ver la actitud con tales regalos.
Pero su enojo pudo más.
Comenzó a tomar todas las cosas nuevas que habían en la habitación, y Max se puso a perseguirlo al ver que se dirigía a la sala por el resto.
—¿Qué estás haciendo? Es mío —Reclama el joven y se queda estático al ver a aquel hombre desconocido observando todo.
—¿Quieren eres? —Dice Christian volteando a verlo, estaba más que furioso —¿Como puedes llamar "madre" a aquella mujer? ¿No tienes respeto a la memoria de tu madre?
Y lo que escucha le rompe el corazón.
—Pero ella no es mi mamá.
Enojado, se gira hacia Torger y le ofrece las cosas.
—Tómalas, llevalas a esa mujer —Comienza —Dile que mi hijo no necesita que lo compren, que se quede con estas porquerias. Dáselo.
El abogado no piensa jugar con fuego y termina tomando todos los objetos para después marcharse, mientras que Max intenta detenerlo en vano y Christian cierra la puerta con llave.
—¡Te odio! —Grita el joven antes de huir hacia su habitación.
Christina se sienta en el sofá y llora amargamente. Ese era el peor escenario imaginable, pero su casa no era la única que estaría en caos esa noche.

En casa de los Verstappen estaba a punto de desbordarse todo.
Sophie llega y no da ni tres pasos hacia su habitación cuando es interceptada por su hijo mayor.
—Pero miren a quien tenemos aquí, a la madre del año —El tono de su voz era por demás sarcástico —¿Te divertiste en el restaurante con tu verdadero hijo?
La mujer se detiene y lo mira con molestia.
—¿Por qué me hablas así? —Responde con la voz fría que la caracteriza —No tengo que darte ninguna explicación sobre con quién salgo a comer o no.
Esto claramente molesta a su hijo.
—¿Crees que esto es un juego? —Se notaba el enojo que venía cargando todo el dia —¿Como puedes actuar así? ¿Te das cuenta de lo que hiciste hoy?
Ella suelta una pequeña risa hastiada.
—Mick, eres muy joven para entender lo que una madre haría por su hijo —Comienza mientras toma sus manos con las suyas —Max vive en una realidad muy diferente a la nuestra, no es justo para él.
—¿Y qué es justo para Checo? —Contraataca soltándose de su agarre —¡Tuve que mentirle! Le menti a mi hermano sobre ver a nuestra madre con su verdadero hijo.
—¡Mick! —Sophie alza la voz llamando su atención, no quiere que nadie lo escuche —Guarda silencio o al menos baja la voz.
—¡No, no me vas a callar! —Grita el joven provocando el escándalo que ella quería evitar —¡Estoy harto de todo esto, ya no quiero mentirle a mi hermano!
Incluso Pierre podía escuchar los gritos provenientes de la casa. Mick tenía una voz muy fuerte que hizo que más de uno alzará la ceja.
—¡Cállate y comportate! —Sophie intenta ser autoritaria, pero falla —¡¿Qué se supone que quieres que haga?! No le puedo decir a Sergio que él no es mi hijo, ¿Y que debería hacer? Dime, ¿Lo devolvemos a su familia? ¿Eso quieres?
La tensión era tan palpable que se podía sentir en el aire.
—¿Qué? —La voz del pecoso los hizo sobre saltar.
Con tantos gritos, ninguno de los dos se dio cuenta de que había regresado del cine junto a Yuki.
Una avalancha de preguntas se agolparon en la mente de Checo, quién no estaba listo para lo que iba a escuchar.