Hijo de nadie
22 de diciembre de 2025, 18:52
Esa mañana había sido muy complicada para los Horner, principalmente para Christian, cuyo hijo no le dirigía la palabra.
Aunque tenía bastantes motivos para estar molesto con él, también era débil ante el cariño que le tenía y la necesidad de hacer que todo volviera a ser como antes.
Pero era demasiado obvio que eso no sería así.
Si bien Christian no lo admitiría en voz alta, había malcriado mucho a su hijo y eso solo llevo a que el joven desconociera de limites.
Max ya de por si creía merecerlo todo, pero ahora era peor.
Se sentía atrapado en un mundo al que no pertenecía, y culpaba a Christian por no permitirle acceder a aquello que creía suyo.
Así que esa mañana salió de casa afirmando que iría a ver a Carlos, su mejor amigo, y su padre no puso objeción sabiendo que eso solo iniciaría otra discusión.
Estaba limpiando un poco la casa antes de salir a hacer las compras, cuando de repente escucha un golpeteo en la puerta y esto lo hace pensar que su hijo ha regresado y olvidó sus llaves.
Se acerca a la puerta y gira el pomo para abrirla sin siquiera observar por la mirilla para asegurarse de que fuera él.
—Hijo, te dije que siempre cargues tus llaves... —Se detuvo apenas vio al joven frente a él —Hola, ¿Estás perdido?
Puede ver que no es de ese lugar, principalmente por su vestimenta y aspecto lujoso.
Sergio sonrió algo nervioso y notó la confusión en su rostro.
—Hola, ¿Es usted el señor Christian Horner? —El pecoso no balbucea al hablar pero teme haberse equivocado al notar el poco parecido entre ambos.
Entonces algo hizo clic en el cerebro del hombre, quien asiente esperando estar equivocado.
—Así es.
—Soy Sergio Verstappen, su hijo biológico —Y su respuesta solo le confirma lo que ya sospechaba.
Lo mira de arriba a abajo, puede notar la buena vida que ha llevado y luego mira sus propias manos. Sabe que a su lado nunca habría disfrutado de lo mismo
—¿Sergio? —Repite y el pecoso asiente —Es un lindo nombre.
—¿Puedo pasar? —El joven no sabe si esta siendo imprudente debido a la incómoda situación en la que los ha metido.
No iba a mentir, se sintió desilusionado cuando no recibió el afecto que esperaba.
Y su mente quería hacer preguntas que solo lo lastimaría en el estado frágil que estaba.
Además, puede notar que Christian parece reacio a dejarlo entrar, y casi se retracta en su pregunta.
—Claro, pasa —Pero Christian acepta antes de que pueda decir algo más.
No es que le molestará su presencia, es solo que se sentía avergonzado.
Max siempre le reclamaba por el departamento donde vivían, alegando que era muy pequeño y feo.
Que Sergio, un joven que creció con todas las comodidades, viviendo en grandes mansiones y hospedandose en lujosos hoteles, estuviera ahí solo le ponía nervioso.
Porque no quería que viera la pobreza en la que vivía.
Pero el pecoso rápidamente admiró todas las fotografías que adornaban la pared.
Un juego de cartas en una mesita que se veía habían usado hace poco, con lo mucho que al mayor le gustaba jugar solitario.
El aroma a café recién hecho que impregnaba el lugar.
La manera en cómo las cortinas se movían con el viento y un rehilete colocado cuidadosamente en la ventana que giraba al mismo tiempo.
—Que lindo lugar —Dijo el pelinegro para sorpresa del rubio —¿Qué es esto?
El joven señala unas marcas en la pared y Christian se acerca a ver de qué se trata, sonriendo al notar a que se refería.
—Es la altura de mi Maxie —Respondió con sumo entusiasmo —Las fui marcando conforme crecía.
Sergio sonríe pero al mismo tiempo se siente algo celoso. Su familia nunca hizo eso por él, y la forma en cómo brillaban los ojos del mayor solo le hacía saber lo mucho que quería a ese chico.
—Maxie... —Susurró lo suficientemente audible para que Christian lo escuchará.
—Si, Max es mi hijo, pero salió con su amigo —Afirmó para después recoger un trapo que se le había caído cuando fue a abrir la puerta.
No era su intención hacer sentir mal al pecoso, pero era muy obvio su amor por el rubio.
—¿Puedo sentarme? —Pregunta el pelinegro señalando el sofá.
—Oh, claro, disculpa —Christian sonrió torpemente —Debes pensar que soy un mal anfitrión, pero la verdad es que no esperaba tu visita. ¿Te gustaría un poco de café?
—Si, me gustaría mucho —Dijo el pecoso sentándose en el sofá y después lo vio marcharse a la cocina.
Observa todo a su alrededor, y se siente algo emocionado por estar cerca de él, y que esa incomodidad este desapareciendo poco a poco.
—Disculpa si el sofá no es muy cómodo, es algo viejo —Lo escucha decir desde la cocina y pronto lo ve regresar con una taza en la mano —Toma, es soluble pero espero que te guste. Perdón por no poder ofrecerte leche o galletas, ya no tenemos.
Está situación incomoda al joven por cuestiones muy diferentes a las que pensaría el mayor.
Christian nota que algo lo tiene mal, pero piensa que es porque la taza está algo astillada o quizá por el sofá viejo, o tal vez por el café soluble que quizá no quiera beber.
Pero no podía estar más equivocado.
—¿Por qué hace eso? —Pregunta el pecoso y después se aclara la garganta —Quiero decir, y disculpe mi curiosidad, pero no entiendo porque lo hace.
—¿Qué cosa? —El mayor está más cerca cuando lo ve beber sin problema alguno.
—Menospreciarse —Responde Checo dejando la taza en la mesita de café frente suyo —No ha dejado de disculparse por todo, pidiendo perdón por lo que tiene.
Christian se queda sin palabras, no lo vía visto de esa manera.
—Y-yo... —Quiere decir algo pero no sabe cómo.
—Vine aquí a conocer a mi padre, no al sofá o el café —Señaló el joven para después tomar levantarse de su asiento —¿Puedo conocerte? Porque de verdad deseo saber cómo eres.
A Sergio poco le podía importar lo material. Él solo quería saber la clase de persona que era su padre.
Christian, conmovido, asistió.
—Claro, ¿De qué quieres que hablemos? —El rubio rápidamente se mostró abierto a una conversación.
Entonces el pecoso suspira pesadamente.
—¿Cuando se enteró sobre todo esto? —El pelinegro se ve afligido, todavía no perdona la traición de su familia.
—Hace un par de días —Responde el mayor —Un abogado vino a verme y darme la noticia. No lo quería creer.
Sergio rápido sabe que se trata de Torger y continúa su conversación.
Christian le cuenta como terminó en Mónaco el día de su nacimiento.
Y casi toda la conversación giró en torno a una sola persona: Max.
Sobre su tiempo en la escuela, sobre sus travesuras, sus amigos, los festivales escolares, etc.
Claro que le gustaba escucharlo hablar, después de todo era su padre.
Pero el hombre amaba demasiado al joven que crío como su hijo y no podía evitar hablar de él.
Era como si todo su mundo girara a su alrededor.
Esto inevitablemente lo incómodo, pero lo oculto.
Solía ser bueno ocultando la mayoría de sus pesares.
—Me gusta el golf, soy muy bueno —Respondió cuando el hombre le pregunto sobre sus aficiones —He ganado varias competiciones.
Su pasión por tal deporte era notoria, siendo muy talentoso y orgulloso de sus logros.
—¿Golf? Yo era muy malo —Soltó con una pequeña risa —Siempre preferí el padel.
Su respuesta lo sorprende, no parecía alguien que practicará deporte.
—¿En serio? Mamá es buena en el tenis y quizá que Mick lo intentará, pero a él le gustó más el padel —Explica el pecoso con tal emoción al encontrar algo en común: la pasión por el deporte.
—¿Mick? ¿Quién es? —Pero Christian pone su atención en otra cosa.
—Ah, es mi hermano mayor —Responde con una sonrisa —Es muy divertido y siempre cuida bien de mi.
No había duda de que amaba mucho a su hermano.
—¿En serio? —El rubio pregunta y el joven asiente —Mi Maxie tiene un hermano mayor —Suelta un pequeña risa —Cuando era pequeño siempre lloraba porque quería un hermano, y resulta que siempre lo tuvo.
La sonrisa en el rostro del pecoso se desvaneció pero comenzó a buscar otro tema de conversación.
—¿Qué piensa de mí? —No puede evitar preguntar al respecto —Cuando se enteró de todo, ¿Tuvo curiosidad por conocerme?
Lo mira expectante, solo espera que su respuesta no sea tan desafortunada como la conversación que estaban teniendo.
—Si te soy sincero, lo último que pensé fue en eso —Confesó el rubio soltando un pequeño suspiro —Mis conversaciones con Torger se limitaban a negativas sobre querer avanzar en este tema.
Sergio baja la mirada y comienza a jugar con sus dedos.
—Vaya... —Susurra, sin embargo, no se rinde —¿Pero qué piensa ahora? Después de hablar de mi vida y mis hobbys, dígame, ¿Qué piensa de mí?
Le gustaría escuchar algo bueno, que la conversación se centra en él y no en Max.
Le encantaría ver ese brillo en sus ojos, como cuando habla de Max, pero que sea mientras habla de él.
Y su respuesta no lo decepciona.
—Creo que eres un joven muy bien educado —Comenzó escogiendo bien sus palabras —Amable y generoso, te han criado bien.
Esto hace que el pecoso sonreía.
Quizá Christian solo era malo expresándose, y tal vez había una posibilidad de que sí lo quisiera.
Porque eso era algo que lo estaba matando.
Temía mucho a la idea de no ser querido.
—¿Le gustaría irme a ver? —Las palabras del mayor lo alentaron a hacer esa pregunta —No es necesario que vaya a casa si le incomoda, pero puede acompañarme al club de golf. O quizá algún torneo. Tal vez algún día pueda quedarme a dormir y...
Se emociona rápidamente entre la idea de poder estar cerca de él.
Detener ese calor familiar que tanto ha deseado. El amor de un padre que no le exige ser alguien más.
Pero pronto ese dulce sueño es interrumpido.
—Sergio, no creo que sea prudente hacer un intercambio —Y su respuesta solo aflige su adolorido corazón —Ambos llevan vidas muy diferentes. Además, tampoco creo que sea muy buena idea que vengas a verme. Cómo padre, sé bien lo que duele que te hagan eso a escondidas.
Christian se apresura en cortarle las alas, pues esa conversación se estaba inclinando a la idea de cambiar sus vidas.
Y él estaba conforme con la vida que tenía.
Para el mayor, el tener a Max a su lado era más que suficiente, y Sergio sabía que no podía darle el mismo estilo de vida al que estaba acostumbrado.
Pero esto solo lastima al joven.
El pecoso lo mira sin decir nada y por un momento se siente solo, realmente abandonado.
—Bien —Dice levantándose del sofá y tomando su mochila —Tiene razón, quizá sea mejor no vernos. Ya debería volver a casa.
Christian puede ver en su rostro un atisbo de tristeza y quiere decirle algo para reconfortarlo, pero sabe que de hacerlo quizá vuelva a visitarlo y realmente piensa que es una mala idea.
Él no quería que esa familia rica le robaran a su pequeño Maxie, así que él tampoco quería hacer lo mismo tobándose a Sergio.
De lo contrario se sentiría muy hipócrita.
—Regresa con cuidado —Es lo único que puede decirle antes de verlo marcharse.
Se siente mal por haber hecho eso, pero cree que es lo mejor para las dos partes.
Es así como el pecoso sale del edificio y regresa al auto.
Pierre lo nota muy callado durante todo el camino, e intenta generar alguna conversación para alegrarlo.
Nada funciona.
Era como si su mente estuviera perdida en la vista de la ciudad.
Como si no quisiera estar conectado a su realidad.
Llegan a casa y el joven se baja sin decir nada.
Camina a paso firme hasta entrar a la residencia de los Verstappen.
—Hijo, ¿En donde estuviste toda la mañana? Te estuve llamando y no respondías —Sophie rápidamente le reclamó apenas lo vio entrar.
—¡¿Por qué no soy suficiente para nadie?! —Grita el pecoso, liberándose de aquel nudo en la garganta que lo había estado ahogando todo el camino —¡¿Cuando me van a escoger a mí?!
Sergio ni siquiera le da tiempo de responder y se va corriendo su habitación.
Mick, quién estaba en la sala en ese momento y escuchó los gritos, se asomó para ver lo que estaba pasando.
—Yo iré, tú ya hiciste demasiado —Le dice a su madre, quien rápidamente muestra una actitud molesta hacia él.
Pero no dice nada más porque sabe que es verdad, y que Sergio no le hará caso por más que toque la puerta.
Porque sigue molesto con ella, e insistir no es una buena opción, solo lo esperaría.
El rubio va a la habitación de su hermano y toca la puerta dos veces antes de entrar después de escuchar un “adelante” tan bajito que creyó haberlo imaginado.
Camina hacia la cama, donde lo ve acostado en posición fetal y cubriéndose con sus sábanas.
—Hey, pecoso, ¿Qué te paso? —Pregunta sentándose a su lado —¿Quieres hablar?
Entonces se destapa un poco y levanta su rostro dejándole ver las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.
—Fui a verlo —Comenzó —A mi padre, bueno, Christian.
Esto lo pone muy nervioso.
—¿Qué pasó? —Rápidamente se pone la defensiva —¿Que dijo para ponerte así?
El pelinegro se acomoda bien en la cama para sentarse e intenta calmar su llanto.
—Solo hablaba de ese chico, de su amado y adorado Max —Explicó con visible molestia —Incluso si quería hablar de mí, encontraba la forma para volverlo algo sobre él.
El rubio estaba molesto con solo escuchar esto, no le gustaba verlo llorar.
Y al pecoso le dolía recordar la manera en como al hablar sobre Mick logró meter a Max a la conversación.
—No debiste ir a verlo —Dijo el rubio acomodándose para envolverlo en un abrazo —Al menos me hubieras dicho para ir contigo. Pero es natural que hable de él, fue quien lo crío.
—No lo entiendes, no se trata de eso —Su voz se escucha quebradiza al momento de hablar —Entiendo bien que es su hijo, pero es lo que él y mamá hacen al respecto. Las pláticas, las compras, todo eso.
Mick lo mira confundido, no termina de entender lo que quiere decirle.
—Todos lo quieren a él, pero nadie me quiere a mí —Continua para después sollozar en los brazos de su hermano —Pelean por él, no por mí.
Entonces finalmente comprende lo que le ha estado molestando.
Y aunque él no aceptaría por nada del mundo al otro chico como su hermano, sabe que sus padres son otra historia.
Su forma de actuar los delataba.
Por otro lado, aunque ni siquiera conocía a Max o al tal Christian, rápidamente había comenzado a detestarlos.
Esos dos, junto a sus padres y el tío Wolff solo colaboraron para destruir a su familia.
Todos ellos eran malos a sus ojos.